122. No quebrar ningún hueso del segundo cordero (Nm. 9:12)


 “No dejarán del animal sacrificado para la mañana, ni quebrarán hueso de él; conforme a todos los ritos de la pascua la celebrarán”

 

Lo dispuesto en Números 9:12 forma parte de las instrucciones dadas para la celebración de la Pascua.

 

Números 9

1 Y Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: 2 Los hijos de Israel celebrarán la pascua a su tiempo. 3 El decimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la celebraréis a su tiempo; conforme a todos sus ritos y conforme a todas sus leyes la celebraréis. 4 Y habló Moisés a los hijos de Israel para que celebrasen la pascua. 5 Celebraron la pascua en el mes primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el desierto de Sinaí; conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés, así hicieron los hijos de Israel. 6 Pero hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron celebrar la pascua aquel día; y vinieron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día, 7 y le dijeron aquellos hombres: Nosotros estamos inmundos por causa de muerto; ¿por qué seremos impedidos de ofrecer ofrenda a Jehová a su tiempo entre los hijos de Israel? 8 Y Moisés les respondió: Esperad, y oiré lo que ordena Jehová acerca de vosotros.

9 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 10 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros o de vuestros descendientes, que estuviere inmundo por causa de muerto o estuviere de viaje lejos, celebrará la pascua a Jehová. 11 En el mes segundo, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, la celebrarán; con panes sin levadura y hierbas amargas la comerán. 12 No dejarán del animal sacrificado para la mañana, ni quebrarán hueso de él; conforme a todos los ritos de la pascua la celebrarán. 13 Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo; por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado. 14 Y si morare con vosotros extranjero, y celebrare la pascua a Jehová, conforme al rito de la pascua y conforme a sus leyes la celebrará; un mismo rito tendréis, tanto el extranjero como el natural de la tierra.

 

La disposición relativa a no romper hueso alguno del Cordero Pascual tiene su cumplimiento de igual forma en Jesús, Cordero de Dios.

 

Juan 19

31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo[b] era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. 36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. 37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

 

La relación entre el Cordero Pascual y Jesús, el Cordero de Dios, pueden claramente verse cuando Juan señala, respecto de no quebrar hueso, “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas … … Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo”. Con todo y todo esto tiene una comprensión espiritual subyacente.

 

Para entender esto hay que iniciar señalando que lo material de la instrucción, no romper hueso, se refiere al cuerpo, luego entonces pasar va lo espiritual para ver a qué se refiere éste.

 

La Palabra claramente señala que Cristo es la cabeza de la iglesia y la iglesia es su cuerpo

 

Efesios 1:22-23

Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

 

Efesios 5:23

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

 

Colosenses 1:18

Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.

 

Lo señalado por estas porciones se refiere a la relación entre Cristo y su iglesia.

 

Cristo es la cabeza. De Él proviene la vida, la dirección y el sustento del cuerpo. Como la cabeza rige al cuerpo, así Cristo rige a su iglesia.

 

La iglesia es su cuerpo. No es una organización meramente humana, sino un organismo vivo, unido a Cristo. "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo" (1 Corintios 12:12).

 

Colosenses 2:19

 

"...no asiéndose de la cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios."

 

De esta forma todo lo referido a la relación entre Cristo y la iglesia se cumple en Él: la vida que procede de la cabeza —Cristo— y la unidad del cuerpo —la iglesia— no dependen de la voluntad humana, sino de Aquel que es el principio y el fin.

 

Pero entonces, ¿cuál es la verdad subyacente a no romper hueso al Cordero?

 

Si Jesús es la cabeza de su iglesia y la iglesia su cuerpo y el cuerpo de manera natural tiene huesos que lo soportan debemos buscar su correspondiente espiritual en la iglesia, ¿qué la soporta, que la une, que le da firmeza y coherencia?

 

Efesios 2:20-22

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

 

Colosenses 2:19

...no asiéndose de la cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

 

Efesios 4:16

de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

 

1 Timoteo 3:15

Pero si tardo, para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

 

De todas estas citas podemos ver que aquello que le da firmeza y coherencia a la iglesia es su doctrina, la verdad revelada de la cual es depositaria, y eso de que los huesos del Codero no serían rotos habla de que la doctrina de la iglesia, la verdadera iglesia, se mantendría incólume a lo largo de los siglos.

 

La presencia histórica de la iglesia, una, es decir, constante y permanente durante estos más de dos mil años, es necesaria para cumplimentar lo que al respecto la Escritura señaló respecto que el Hades no prevalecería contra ella (Mateo 16:18), pero de igual forma, como se comentó para cumplimentar la oración dada por Jesús al Padre con respecto de Su iglesia de Juan 17 relativo al “ser uno”, ésta debía ser una en sustancia, es decir, relacionada con el ser, siendo sus características, según la Escritura, durante toda su existencia pequeña (Lucas 12:32), perseguida (Mateo 10:22; 24:9), débil y despreciada por el mundo (Juan 15:19; 17:16; 1 Juan 2:15).

 

La presencia histórica de la iglesia nos ayuda para cribar al 99.99% de las iglesias, congregaciones y denominaciones cuya existencia no ha sido constante en los últimos dos mil años.  En cuanto a sustancia distintiva nos ayuda a diferenciar la verdadera iglesia de Dios, pequeña, perseguida, débil y despreciada por el mundo, de la iglesia apóstata grande (Revelación 17:1, 15), perseguidora (Revelación 17:6; 18:24), y poderosa y apreciada por el mundo (Revelación 17:2; 18:3, 9-10), que también existiría junto con la verdadera iglesia de Dios durante estos últimos dos mil años.

 

Pero con todo y todo, las dos anteriores características requieren necesariamente de que en lo primordial de la iglesia, es decir en sus creencias, ésta no hubiesen cambiado en todo este tiempo, manteniendo invariable su esencia doctrinal.

 

Con todo y todo, ¿hay base en la Escritura que implique que la verdeara iglesia sería una durante toda su existencia en cuanto a su esencia doctrinal es decir, que su doctrina sería una sola y la misma?

 

Isaías 8:16, hablando sobre el futuro del pueblo de Dios, señala “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos”. Es decir, la enseñanza doctrinal se completaría en tiempos de los apóstoles de Jesús. Pero, ¿esto se corrobora en el Nuevo Testamento?

 

Judas 1:3 señala “Amados, por el gran empeño que tenía en escribirles acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribirles exhortándolos a luchar ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos”. Así tenemos que en tiempos de la iglesia naciente, ya se consideraba que había una doctrina completa, firme y definitiva, no en proceso de dilucidación.

 

Pablo escribiendo a los Romanos les amonesta diciendo “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17). De nuevo ya había una doctrina establecida, cualquier desviación de ella era considerada división y tropiezo.

 

Juan en su primera carta señala de esos que causaban división y tropiezo diciendo “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19). Aquí claramente Juan declara que todo aquel que se desviaba de la fe “dada una vez a los santos y para siempre”, es decir, que no permanecía en la verdadera fe, en realidad no eran parte de la iglesia. En ese mismo sentido más delante Juan señala en esa misma carta De igual forma señala “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre” (1 Juan 2:24), es decir, que la doctrina original recibida permaneciese en cada uno de los miembros de la iglesia de Dios.

 

Pablo escribiendo a los Colosenses les dice “si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro” (Colosenses 1:23). En tiempos de la iglesia primitiva había una fe completa, total y definida y Pablo amonestaba a permanecer en esa fe y más aún a no moverse de ella.

 

Pablo escribiendo a los Tesalonicenses les dice “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más” (1 Tesalonicenses 4:1). De nueva cuenta la enseñanza dada se ponía como referente para comportarse correctamente conforme a la voluntad de Dios.

 

Pablo escribiendo a los Hebreos les dice “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.  Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:1-4). Aquí Pablo agrega el atender sin desviarse a la enseñanza que la iglesia tenía desde su inicio aclarado que la misma había sido dada por Jesús, que esta había sido confirmada por quienes la oyeron y que Dios mismo, a través de prodigios y señales, la había testificado.

 

En la cita de Juan 17:20, que ya hemos analizado, Jesús e oración al Padre con respecto de Su iglesia se dice “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”, así que necesariamente la iglesia de Dios proclamaría lo que desde los inicio ya era su cuerpo doctrinal establecido siendo que los nuevos conversos creerían lo mismo llevando así el mismo mensaje a través de los siglos.

 

Pablo confirma esto pues al escribir a Tito le dice “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9). Una misma doctrina, una misma fe, retenedor de la palabra tal y como se le ha sido enseñada, no cambiándola, no adicionándole.

 

Pablo escribiendo a los Corintios señala “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1-2). De igual forma más delante, en esta misma carta Pablo señala “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Al igual que las citas anteriores se señala la necesidad en permanecer en la verdadera doctrina, en la verdadera iglesia, añadiendo Pablo que de no ser así se habría creído en vano, es decir, cualquier cambio o desviación doctrinal no habría servido de nada sino que al contrario habría sido en demérito de la salvación.

 

Las anteriores citas, respecto a la iglesia en cuanto suesencia doctrinal, no dejan lugar a dudas. En tiempos de los Apóstoles, durante los primeros años de la iglesia naciente, quedó establecida la base doctrinal, completa, plena, correcta, que debía ser entendida y realizada por la iglesia y a la cual los miembros del Cuerpo de Cristo debían sujetarse sin cambios ni desviaciones so pena de poner en riesgo la salvación adquirida.

 

Esta aclaración es más que pertinente ya que, aunque parezca increíble, hay quienes aducen sobre el tema en un sentido completamente contrario bajo el argumento de la revelación progresiva. ¿Qué es esto de revelación progresiva? Tomando Juan 16:13 que dice “cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” algunos aducen que durante la vida de la iglesia está iría progresando en la verdad hasta llegar a la plenitud de la misma. Como ya vimos en las citas anteriores esto es incompatible con lo que las mismas indican, pero no puede menos que decirse que esta cita de Juan 16:13 va en el sentido de crecer en la fe, no de andar dando tumbos de una creencia a otra.

 

Pablo escribiendo a los Efesios les dijo sobre la iglesia “Y él mismo [Cristo] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:11-15).

 

Las verdades de la iglesia permanecen inamovibles, pero el crecimiento de uno en cuanto a las mismas es el que va avanzando llevándonos a grades de verdadera madurez espiritual. No es la iglesia en su doctrina la que cambia, somos nosotros en nuestra comprensión de las verdades reveladas la que va madurando, creciendo, fortaleciéndose.

 

Pero incluso si uno tomara como verdadera el argumento de la verdad progresiva tendría que aceptar que una cosa es avanzar en la verdad y otra muy distinta ir dando bandazos en la misma, diciendo un día una cosa y al otro otra muy distinta. No puede decirse que el Espíritu de verdad va guiando una iglesia hacia la verdad plena cuando ésta primero rechaza las imágenes en el culto y luego las acepta, cuando primero señala que sólo Jesús es mediador y luego acepta la mediación de santos y vírgenes, cuando acepta primero que el sábado es el día de descanso de Dios pero luego lo cambia al domingo, cuando primero acepta que sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de él y luego dice que lo que en realidad existe es una trinidad. En fin. Incluso el argumento de la verdad progresiva implica avanzar en una misma línea, no en diversas, variadas y contradictorias. Proverbios 24:21 dice “Hijo mío, teme al Señor y al rey. No te juntes con los rebeldes” (algunas versiones traducen “rebeldes” por “inestables”, otras por “innovadores”).

 

La iglesia primitiva tenía una serie de doctrinas completas, establecidas y conocidas, doctrinas que, como se vio en las citas anteriores, se mandataba a creerlas, defenderlas y crecer en ella. Pensar en que las mismas pudieron haber cambiado es contra la Escritura y el mismo sentido común, pero sobre esto Pablo enfáticamente dice en Gálatas 1:6-9: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.  No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.  Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.  Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”.

 

Esta cita es demoledora para quien defienda el cambio doctrinal en la iglesia a través de los siglos.  En consonancia con todas las que ya se han visto señala un solo cuerpo doctrinal de creencias en la verdadera iglesia, quienes piensan diferente claramente dice que se han alejado, aclara enfáticamente que no hay otro Evangelio y termina no con una sino con dos anatemas (maldiciones) para quien anuncie verdades diferentes.

 

Realmente es complicado aducir a favor del cambio doctrinal de la iglesia sin ir contra la misma Escritura y el sentido común que señala que no pueden ser verdades dos cosas opuestas que se presenten como tales.

 

La verdadera iglesia de Dios, no sólo ha existido a lo largo de estos dos mil años, no sólo ha mostrado las características que se esperaban de ella, sino que su doctrina ha sido la misma. Cree que la Biblia es inspirada por Dios, cree que Dios es eterno, infinito, todopoderoso, cree en Jesús como el Hijo de Dios, principio de la creación por medio del Quién todas las cosas fueron hechas, cree asimismo en el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús, cree que Jesús estuvo real y exactamente tres días y tres noches en la tumba, cree que el Espíritu Santo es dado por el Padre, a través de Jesús, a cada creyente, cree que el nombre bíblico para el Cuerpo de Cristo es iglesia de Dios, cree en el bautismo –sólo de adultos- por inmersión, cree que la Cena del Señor debe observarse una vez al año el 14 de Nisán, cree en la vigencia de los Diez Mandamientos incluyendo el mandamiento señal que se refiere al sábado como día de reposo, cree en la inconciencia de los muertos y que su inmortalidad es condicional, cree en el Milenio como el período posterior a la segunda venida del Señor donde Sus santos reinaran con Él como reyes y sacerdotes. Entre otras cosas.

 

La iglesia de Dios no cree en lo que cree  porque lo haya descubierto recientemente estudiando la Biblia, tampoco porque crea que las verdades hayan comenzado a ser restauradas a través de ella, y menos por que esté proponiendo nuevas interpretaciones a la Escritura. La iglesia de Dios cree en esto porque así le fue enseñado y trasmitido durante los más de dos mil años de su existencia, siendo esta fe la misma que tenía la iglesia primitiva, escrituralmente demostrable, manteniéndose inamovible con el tiempo.

 

La iglesia apóstata, que aunque también ha existido estos más de dos mil años, pero siendo grande, perseguidora, y poderosa y apreciada por el mundo, ha ido cambiando las creencias originales de la iglesia. Cree en una trinidad donde Padre, Hijo y Espíritu Santo son Dios, cree que Jesús no estuvo real ni exactamente tres días y tres noches en la tumba, cree en el bautismo de infantes, cree en un nombre diferente al bíblico para designar al Cuerpo de Cristo, cree que la Cena del Señor no es una vez al año sino cada vez, cada día, en que celebre ésta ese memorial, no sólo no cree en la vigencia de los Diez Mandamientos sino que los ha cambiado permitiendo el uso de imágenes en el culto y la observancia del domingo como día de reposo en vez del sábado, cree que los muertos están conscientes sea en un cielo, un purgatorio o un infierno y que su inmortalidad no es condicional pues incluso si fueron inicuos vivirán por siempre atormentados, no cree en el Milenio ni mucho menos que los fieles del Señor heredarán la tierra como reyes y sacerdotes con Cristo. Entre otras cosas.

 

El pequeño gran problema es que todas estas cosas, ni bíblica ni históricamente, formaban parte del cuerpo doctrinal de la iglesia primitiva sino que fueron adicionadas, modificadas o innovadas, al igual que muchas otras cosas más, posteriormente y a lo largo de estos dos mil años.

 

Pablo señala en 1 Timoteo 6:3-5 “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,  está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tale”.

 

Con todo lo anteriormente considerado, ¿a quién podría referirse Pablo al referirse a los que enseñan otra cosa y que no se conforman con las palabras de Jesús ni con la doctrina?, ¿a la iglesia de Dios que existiendo estos dos mil años se ha mantenido fiel a las creencias y prácticas de la iglesia primitiva o a la iglesia apóstata que enseña cosas que ni bíblica ni históricamente formaban parte del cuerpo doctrinal de la iglesia primitiva sino que fueron adicionadas, modificadas o innovadas, al igual que muchas otras cosas más, posteriormente y a lo largo de estos dos mil años permeando a todas las iglesias que han salido de ella?

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no quebrar ningún hueso del segundo cordero sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a la invariabilidad a lo largo de los siglos de las verdades reveladas contenidas en la doctrina original de la verdadera iglesia de Dios. 


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