16. El pueblo ha de reunirse cada séptimo año para oír la lectura de la Ley (Dt. 31:10-13)
“Y
les mandó Moisés, diciendo: Al fin de cada siete años, en el año de la
remisión, en la fiesta de los tabernáculos, cuando viniere todo Israel a
presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta
ley delante de todo Israel a oídos de ellos. Harás congregar al pueblo, varones
y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que
oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las
palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a
temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde
vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella”.
La
lectura de la Ley a que hace referencia la cita de Dt. 31:10-13 se da en el
contexto de la Fiesta de los Tabernáculos, ¿está vigente o no está vigente esta
ordenanza como tal, es decir, como una fiesta a celebrar cada año? Para
responder esto hay que entender la fiesta en sí.
En
el Antiguo Testamento Dios le estableció a Su pueblo siete fiesta que debían de
celebrar, cada una representaba un momento del plan de Dios para con la
humanidad, Su familia. Las primeras cuatro fiestas eran aquellas con las que
iniciaba el año bíblico y que se refieren a Pascua, Panes sin levadura,
Primicias, y Pentecostés. Las primeras tres fiestas Pascua, Panes sin levadura
y Primicias se celebraban en el primer mes del año bíblico conocido como Nisán
o Abib que correspondería a nuestro Marzo-Abril, con lo que se generaba un
vínculo cronológico en cuanto a su observancia, y se conocen como fiestas de
primavera por darse en esa estación. Para celebrar la siguiente fiesta,
Pentecostés, se contaban cincuenta días a partir de la última fiesta del grupo
anterior, es decir de Primicias, con lo que si bien Pentecostés caía dos meses
después de Nisán o Abib, es decir caía en el mes de Siván, aun así estaba
relacionada con las tres primeras fiestas pues su celebración dependía del
conteo que se hiciera de la de las Primicias.
Pascua
era sombra del sacrificio de Cristo cuando derramando Su sangre nos libró de la
esclavitud del pecado y nos salvó de la muerte. Panes sin levadura era un
símbolo de la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16) a la que el
cristiano está siendo llamado. Mientras que todas las demás fiestas de
primavera se celebran en un día dado, Panes sin levadura es la única que abarca
un período de tiempo, siete días, donde el primero y el ultimo son de reposo.
Ese periodo de tiempo se refiere a la vida de cada persona como individuo, la
vida de la iglesia como congregación, y la vida de la humanidad como
colectividad, ambos, como ya se comentó, viviendo una vida de perfección (Mateo
5:48) y santidad (1 Pedro 1:16). Primicias era sombra de la resurrección de
Jesús quien al subir a Dios después de resucitar cumplía así la sombra del
mecimiento de la gavilla como ofrenda a Jehová en la figura de Su ascensión.
Pentecostés simboliza la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y
Discípulos, precisamente cincuenta días después de la fiesta de las Primicias,
como dice Hechos 2:1-42.
Después
de las primeras cuatro fiestas de las siete decretadas por Dios, Pascua, Panes
sin levadura, Primicias, y Pentecostés, conocidas como las fiestas de
primavera, seguían las fiestas de otoño, las tres últimas de las siete
decretadas por Dios: Trompetas, Expiación, y Tabernáculos. Estas tres últimas
fiestas, al igual que de las de primavera, estaban íntimamente relacionadas,
siendo que las tres tenían su verificativo en el séptimo mes del calendario
bíblico, Tishri. Trompetas se celebraba el 1er día de ese mes, Expiación se
celebraba el día 10 de ese mes, y Tabernáculos se celebraba el día 15 de ese
mes, con lo que, al igual que con las fiestas de primavera, se generaba un
vínculo cronológico en cuanto a su observancia. Estas tres fiestas apuntan a
los tres momento del plan de Dios para con la humanidad, Su familia, que aún
están por realizarse. Trompetas tendrá su cumplimiento a la segunda venida de
Jesús y la resurrección/transformación de los suyos, de los fieles, de aquellos
que hayan calificado para ser resucitados/transformados a la venida de Jesús.
Expiación apunta a ese momento después del milenio en que toda la humanidad, no
los santos resucitados al inicio del milenio quienes fueron reyes y sacerdotes
con Cristo y para quienes la segunda muerte ya no tiene dominio, tendrá la
oportunidad, no una segunda sino la única de conocer la verdad y aceptar la
salvación que les es ofrecida. Tabernáculos, la última fiesta en el orden de las
establecidas por Dios tiene un primer referente de la sombra representativa a
cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros,
pero esto lleva dos momentos diferentes de los misma pero íntimamente
relacionados: los siete días de la fiesta de los Tabernáculos referidos a
partir del momento cuando Jesús regresa a regir las naciones (lo cual empieza
desde el milenio) y el octavo día de la fiesta de los Tabernáculos referido al
momento posterior cuando el Padre habita entre Su pueblo, pero de igual forma
se refiere a nosotros cuando lleguemos a ser tabernáculos de Dios.
Como
puede verse al observarse las primero cuatro fiestas que ya se han realizado en
la historia de la humanidad, las fiestas de Dios no están vigentes ni han
dejado de estarlo, han comenzado a volverse vivientes con lo que la celebración
de las mismas ha cesado como tal ya que su realización ha comenzado a tener
cumplimiento a partir del advenimiento de Cristo siendo así que la ordenanza de
leer la Ley en Tabernáculos, como sombra apunta hacia ese momento cuando el
conocimiento de Dios cubra la tierra como las aguas del mar cubren los océanos
(Habacuc 2:14).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que el pueblo ha de reunirse
cada séptimo año, en la Fiesta de los Tabernáculos, para oír la lectura de la
Ley sigue vigente, no como una fiesta a realizarse sino como una sombra de lo
porvenir ya que su cumplimiento apunta en una primera instancia al regreso de
Cristo y su pleno cumplimiento cuando somos transformados de igual forma en
tabernáculos donde mora el Espíritu Dios morando el Padre entre Su pueblo con
Su Ley escrita en nuestros corazones.

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