77. Ninguna persona contaminada puede entrar en el templo (Nm. 5:3)
“Así a hombres como a mujeres echaréis; fuera del campamento los echaréis, para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito”
La
cuestión de la pureza ritual, como parte del pacto que en su momento Dios hizo
con su pueblo, era algo de relevancia capital.
Números
5
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Manda
a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los
que padecen flujo de semen, y a todo contaminado con muerto. 3 Así a hombres como a mujeres echaréis;
fuera del campamento los echaréis, para que no contaminen el campamento de aquellos
entre los cuales yo habito. 4 Y
lo hicieron así los hijos de Israel, y los echaron fuera del campamento; como
Jehová dijo a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.
En
Números 5:2–3 se establece un mandato normativo claro dentro de la legislación
del Pentateuco: las personas que se encuentran en estado de impureza ritual
deben ser expulsadas temporalmente del campamento de Israel. El texto no
describe un hecho histórico aislado, sino una disposición jurídica general,
dictada directamente por Yahvé a Moisés, cuyo cumplimiento es obligatorio para
toda la comunidad, sin distinción de sexo o condición.
El
campamento no debe entenderse como un simple asentamiento humano. De acuerdo
con la teología bíblica del Éxodo y Números, se trata de un espacio sacralizado,
porque en su centro se encuentra el tabernáculo, lugar donde Yahvé declara
habitar “en medio” de Israel (Éxodo 25:8; Números 2). La presencia divina
convierte al campamento entero en una extensión del ámbito sagrado, aunque con
distintos niveles de santidad.
Las
personas mencionadas en Números 5 —leprosos, quienes padecen flujos corporales
y quienes han tenido contacto con un cadáver— no son consideradas culpables de
un pecado moral. Su condición es de impureza ritual, definida y regulada
previamente en Levítico y en el propio libro de Números. Esta impureza no
implica maldad personal, pero sí una incompatibilidad temporal con la cercanía
del espacio donde reside la presencia divina.
La
razón de la exclusión se expresa de forma explícita en el texto: evitar que el
campamento sea contaminado, dado que Yahvé habita en él. El problema no es la
persona en sí, sino el efecto jurídico-religioso de su estado ritual sobre un
espacio santo. La medida busca proteger la santidad del lugar, no castigar al
individuo, y cesa una vez que la persona cumple el rito de purificación
correspondiente.
Este
mandato revela un principio teológico-jurídico general: la presencia de Dios
impone límites objetivos de acceso. Si una persona impura no puede permanecer
siquiera en el campamento, que es el nivel más amplio del espacio sagrado, con
mayor razón no puede acercarse al tabernáculo o santuario, donde la santidad es
más intensa. Esta lógica se confirma en otros textos, como Levítico 15:31,
donde se advierte sobre el peligro de contaminar directamente el tabernáculo.
Números
5:2–3 no formula una exclusión arbitraria, sino una regla estructural del
sistema de santidad bíblico: la cercanía a la presencia divina exige
condiciones específicas de pureza ritual. La exclusión del impuro es temporal,
reglada y funcional, y tiene como finalidad preservar la coherencia entre la
santidad de Dios y el espacio donde Él decide habitar entre su pueblo.
El entendimiento natural apunta a una
perfección física de aquel que fuese a servir ante Dios, pero de igual forma, y
para su iglesia, apunta a una perfección espiritual requerida para lo mismo.
Los elegidos saben que están llamados a triunfar y llegar a ser reyes y
sacerdotes con Cristo en el reino venidero (Revelación1:6; 5:10), pero de ya la
función sacerdotal, bajo al sacerdocio de Melquisedec reestablecido por Cristo,
implica para el cristiano su desempeño a través de Jesús como Sumo Sacerdote:
Hebreos
10:19-20
Entonces,
hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la
sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que El inauguró para nosotros por
medio del velo, es decir, Su carne
Este acceso al Lugar
Santísimo, ganado por Cristo, implica para los cristianos la compartir con
Jesús la función sacerdotal:
1
Pedro 2:9
Pero
ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido
para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los
llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Romanos
15:16
para
ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote
el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea
aceptable, santificada por el Espíritu Santo.
Este desempeño de la función
sacerdotal por los cristianos no implica la perfección y santidad de estos
últimos sino el inicio de la función en tanto los creyentes son edificados:
1
Pedro 2:5
también
ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un
sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por
medio de Jesucristo.
Y como parte de esta función
hay desempeños específicos a los que los creyentes con llamados unidos a Cristo
Jesús:
Romanos
12:1
Por
tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus
cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable (agradable) a Dios, que es el
culto racional de ustedes.
Romanos
6:13
ni
presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los
muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.
Hebreos
13:15-16
Así
que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de
alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No se
olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos
son los sacrificios que agradan a Dios.
Más, sin embargo, y este es el nivel
espiritual que debe entender la iglesia, ese desempeño, de ya, está siendo
requerido para realizarse de manera perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro
1:15-16) y, sobre esto, a lo largo de la Escritura encontramos
exhortaciones, admoniciones, correcciones que conllevan en la vida del
cristiano al perfeccionamiento y la santificación, y cuyo sentido principal
conlleva a la obediencia debida a la verdad revelada.
Lucas
6:46
¿Y por
qué me llamáis: ``Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
Mateo
7:21
No
todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el
que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo
Romanos
2:13
…porque
no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley
serán justificados.
Santiago
1:22
Sed
hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos.
Mateo
7:24
Por
tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será
semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca;
El evento culmen de lo
anterior está dado por la enseñanza dada por Jesús respecto del fin de los
tiempos, cuando aquellos que pusieron por obra las funciones de profeta,
sacerdote y rey serán reconocidos para completarlas en su persona de una manera
completa, total, perfecta, santa y gloriosa:
Mateo 25:31-46
31 Cuando el
Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con
él, entonces se sentará en su trono de gloria,
32 y serán
reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros,
como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
33 Y pondrá
las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
34 Entonces el
Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino
preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
35 Porque tuve
hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero,
y me recogisteis;
36 estuve
desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis
a mí.
37 Entonces
los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te
sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?
38 ¿Y cuándo
te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?
39 ¿O cuándo
te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
40 Y
respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a
uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
41 Entonces
dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno
preparado para el diablo y sus ángeles.
42 Porque tuve
hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
43 fui
forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y
en la cárcel, y no me visitasteis.
44 Entonces
también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento,
sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
45 Entonces
les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno
de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.
46 E irán
éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
Con todo y todo, estando aún en esta carne,
es posible –como posibilidad no como permisividad- que los elegidos tropiece,
caigan, vamos: pequen, siendo que por ese solo hecho se estarían incapacitando
para el servicio al que han sido llamados, por lo que, en tanto aquello no pase
y sean rehabilitados están imposibilitados en ejercerlo, ¿y cómo lograr esto?, arrepintiéndonos
de los pecados y pidiendo perdón a Dios por medio de Jesucristo.
1 Juan 2:1
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que
no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a
Jesucristo el justo.
Romanos 8:34
¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el
que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de
Dios, el que también intercede por nosotros.
1 Timoteo 2:5
Porque hay un solo Dios, y también un solo
mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre
Hebreo 7
22 Por tanto,
Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.
23 Y los otros
sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían
continuar; 24 mas este, por cuanto permanece para
siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por
lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,
viviendo siempre para interceder por ellos.
26 Porque tal
sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los
pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que
no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero
sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque
esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que ninguna persona
contaminada puede entrar en el templo, sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado referido a esa perfección y santidad espiritual requerida de ya
para todo el que como hijo de Dios tenga participación en el reino venidero.

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