115. No matar el cordero de Pascua mientras todavía hay levadura alrededor (Ex. 34:25)
"No
ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta
la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua”
La fiesta de la Pascua,
inicia el calendario de las fiestas de Dios. Esta fiesta era celebrada por el
Pueblo de Israel, conforme a la ordenanza, el 14 de Nisán. Nisán era el primer
mes del calendario dado por Dios a Su pueblo, como es un calendario luni-solar
no corresponde exactamente con el nuestro calendario actual, por lo que el mes
de Nisán cae entre marzo y abril cada año, siendo que específicamente el 14 de
Nisán puede caer en Marzo o en Abril cada año. Nisán abre el calendario dado
por Dios a Su pueblo precisamente cuando la vida comienza de nuevo cada año, en
lo que conocemos con primavera. La Pascua, así como las restantes fiestas que
caen en primavera - Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- marcan, al
igual que las cosechas tempranas de esa estación, ese inicio con el que Jesús
abrió la consumación del plan de Dios, el resto de las fiestas - Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- de manera significativa
caen en otoño, época de la recolección final de los frutos de la tierra, con lo
que se cumplimenta el plan de nuestro Creador.
De manera trascendental la
Pascua es una sombra del sacrificio redentor que en su momento haría por toda
la humanidad. Pascua (פסחא, Pesaj), significa Pasar en referencia a cuando el ángel de la muerte pasó por alto
las casas de los hebreos que habían marcado sus muertas con la sangre del
cordero evitando la muerte de sus primogénitos cuando cayó la décima plaga
sobre Egipto, esto es sombra del sacrificio de Cristo cuando derramando Su
sangre nos libró de la esclavitud del pecado y nos salvó de la muerte.
Al igual que el cordero
pascual, Cristo es seleccionado el día 10 de Nisán. El 9 de Nisán Jesús estaba
en Betania (Juan 12:1), al día siguiente, 10 de Nisán, va a Jerusalén y la gente lo aclama como el
que viene en el nombre del Señor, como el rey de Israel (Juan 12:12-13).
La idea de tener el cordero
pascual desde el 10 y hasta el 14 de Nisan era para inspeccionarlo y estar
seguro que cumplía los requisitos dados de ser sin defecto, esto inicia cuando
el 10 de Nisán Jesús echa a los mercaderes del Templo y es cuestionado por los
sacerdotes por hacer eso, es decir, lo estaban examinando, dando Jesús en sus
respuestas prueba de ser sin defecto alguno (Mateo 21:23-27; 22:35-40), esta
examinación no terminaría sino hasta su sacrificio el día 14 de Nisán. Y
todavía previo a este sería revisado por Anás, sumo sacerdote del Sanedrín
(Juan 18:12-14), por Caifás, sumo sacerdote del Sanedrín (Mateo 26:57-68), por
Herodes, rey de Judea (Lucas 23:6-12), y por Pilato, prefecto de la provincia
de Judea (Mateo 27: 1-2, 11-14), en este sentido claramente este último,
Pilato, llega a decir “No encuentro delito en este hombre” (Lucas 23:4).
Ahora veamos algo
impresionante que tiene que ver con el momento en que debía celebrarse la
Pascua, hacerse el sacrificio pascual. ¿Alguna vez te has preguntado de que si
existiera un momento específico y exacto para la Pascua tendríamos un problema
ya que o Jesús la celebró en el momento correcto mientras que Su sacrificio fue
en el momento incorrecto o bien Jesús la celebró en el momento incorrecto y Su
sacrificio fue en el momento correcto? ¿Cómo conciliar estos dos momentos?
La pascua debía ser
celebrada la noche del 14 de Nisán (Éxodo 12:6,8), entre las dos tardes (Levítico
23:5), el 14 de Nisán (Números 28:6), a la puesta del sol (Deuteronomio
16:6). Éxodo, Números y Deuteronomio no
dejan lugar a dudas que la celebración de la Pascua sería al inicio de Nisán (recordar
que para Dios los días se calculan de tarde en tarde, es decir el día comienza caída
del sol y termina hasta la siguiente caída del sol -Génesis 1.5 “la tarde y la
mañana de un día”-), por lo que su celebración sería a la caída del sol, cuando
comienza la noche propiamente dicho. Sobre la cuestión del término las dos
tardes de Levítico 23:5 para el sacrificio de la Pascua, es asombroso como es
que Jesús cumplió con las dos interpretaciones existentes. Para los Saduceos y
los Samaritanos “entre las dos tarde” significa al anochecer, ya que de esta
manera definen el período de tiempo que va desde la puesta del sol a la
oscuridad total. Por esta razón ellos sacrificaban al cordero inmediatamente
después a la puesta del sol del 14 de Nisán y es decir que cenaba al comienzo
del 14 de Nisán, como lo hizo Jesús (Mateo 26:20). Mientras que los fariseos
consideraban que “la primera tarde” como el tiempo posterior a la primera caída
del sol, es decir, después del mediodía hasta la hora novena (las 15.00 hrs.) y
la segunda tarde desde la hora novena hasta la puesta del sol. Por eso
sacrificaban al cordero “entre las dos tardes” es decir entre la novena y la
décima hora (entre las 15:00 y 16:00 hrs.) y lo comían a la noche, es decir al
comienzo del 15 de Nisán, por eso después de la Santa Cena, al día siguiente
cuando Jesús es llevado al Pretorio, algunos de los sacerdotes no entraron para
poder luego celebrar la Pascua (Juan 18:28). Jesús cumplió ambas
interpretaciones, que al parecer y solo por esto pueden ser válidas ya que
celebró la Santa Cena al inicio del 14 de Nisán, a la puesta del sol, iniciando
la noche (dejándonos ese memorial para siempre) y a la vez fue muerto “entre
las dos tardes”, es decir, a la hora novena (Mateo 27:45-56), 15:00 horas. Así
que tenemos un momento para la celebración (al inicio del 14 de Nisán) y otro
para la consumación (14 de Nisán, entre “dos tardes”), siendo que ambos los
cumplió Jesús.
Jesús celebró la Santa Cena
al inicio del 14 de Nisán (Mateo 26:20), fue muerto en la cruz el 14 de Nisán
entre dos tardes (Mateo 27:50, 57-60), fue muerto en Jerusalén, dónde Dios
había establecido se celebrara la Pascua (Juan 12:12, 19:4; Marcos 15:25)
aunque fuera de sus puertas como ofrenda por el pecado (Levítico 4:12), y no se
le quebró hueso alguno (Juan 19:36). La sombra de comer la carne del cordero
pascual –lo cual sólo podía hacerlo todo siervo comprado (1 Timoteo 2:6; Romanos
3:25; Hebreos 10:12)- se clarifica cuando “Jesús [ ] dijo: De cierto, de cierto
os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no
tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53).
Sobre esto, el profeta
Isaías predijo el sacrificio supremo de Jesucristo: al señalar que “más él
herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Isaías profetizó además que “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”
(v. 6). El Mesías iba a ser “angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como
cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca” (v. 7). “Por cárcel y por juicio fue quitado; y
su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los
vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido” (v. 8).
El rey David, cuyos escritos
se remontan unos 1.000 años antes de la muerte de Cristo, también profetizó sobre
la humillación y el dolor insoportable que sufriría Jesús durante su
crucifixión: “más yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y
despreciado del pueblo. Todos los que me
ven me escarnecen” (Salmos 22:6-7). “He sido derramado como aguas, y todos mis
huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de
mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi
paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; me ha cercado
cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis
huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan” (Salmos 22: 14-17)
Los alcances de este
sacrificio, si bien estaban contenidos en sombra en la celebración de la pascua
judía, serían claramente expuestos en los primeros años de la iglesia de Dios.
Pedro hablando al respecto señalo sobre Jesús en 1 Pedro 2:24 que “llevó él
mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando
muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis
sanados”. Pablo escribiendo a los Hebreos señaló en cuanto a Jesús que “en la
consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio
de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26); escribiendo a los Romanos señaló que “Cristo,
cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6),
escribiendo a los Corintios les dijo que “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue
sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7)
Si bien la reconciliación
que el sacrificio redentor de Jesús con su muerte nos ganó ante el Padre, el
efecto pleno de esto excede incluso lo que pudiéramos decir o pensar: ser parte
de Su familia divina (Efesios 2:19) como reyes y sacerdotes (Revelación 5:10) y
coheredar con Jesús todas las cosas (Romanos 8:32).
Ahora
bien, en cuanto a la levadura, la levadura es un símbolo del pecado. Mateo 16:5-12
lo explica:
5 Llegando
sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
6 Y Jesús les
dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
7 Ellos
pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.
8 Y
entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de
poca fe, que no tenéis pan?
9 ¿No
entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil
hombres, y cuántas cestas recogisteis?
10 ¿Ni de los
siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?
11 ¿Cómo es
que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la
levadura de los fariseos y de los saduceos?
12 Entonces
entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan,
sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
El no comer nada leudado y el retirar de nuestras casas la
levadura es un símbolo de la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16)
a la que el cristiano está siendo llamado.
Pablo escribiendo a los Corintios les indica esto al
señalar “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura
leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva
masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue
sacrificada por nosotros. Así que
celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y
de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios
5:6-8)
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no matar el cordero de Pascua
mientras todavía hay levadura alrededor, sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado referido a la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16)
a la que el cristiano está siendo llamado.

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