112. Al matar un ave por una ofrenda de pecado no partir su cabeza (Lv. 5:8)
“Y
los traerá al sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación; y
le arrancará de su cuello la cabeza, mas no la separará por completo”
Lo
referido en Levítico 5:8 forma parte de las normas dadas para ofrenda por el
pecado
Levítico
5
1 Si alguno
pecare por haber sido llamado a testificar, y fuere testigo que vio, o supo, y
no lo denunciare, él llevará su pecado. 2 Asimismo
la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia
inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no
lo supiere, será inmunda y habrá delinquido. 3 O
si tocare inmundicia de hombre, cualquiera inmundicia suya con que fuere
inmundo, y no lo echare de ver, si después llegare a saberlo, será culpable. 4 O si alguno jurare a la ligera con sus
labios hacer mal o hacer bien, en cualquiera cosa que el hombre profiere con
juramento, y él no lo entendiere; si después lo entiende, será culpable por
cualquiera de estas cosas. 5 Cuando
pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó, 6 y para su expiación traerá a Jehová por su
pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como
ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado.
7 Y si no
tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su
pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el
otro para holocausto. 8 Y los traerá al
sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación; y le arrancará de
su cuello la cabeza, mas no la separará por completo. 9 Y rociará de la sangre de la expiación
sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la sangre lo exprimirá al pie del
altar; es expiación. 10 Y
del otro hará holocausto conforme al rito; así el sacerdote hará expiación por
el pecado de aquel que lo cometió, y será perdonado.
11 Mas si no
tuviere lo suficiente para dos tórtolas, o dos palominos, el que pecó traerá
como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina para expiación. No
pondrá sobre ella aceite, ni sobre ella pondrá incienso, porque es expiación. 12 La
traerá, pues, al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella su puño lleno, para
memoria de él, y la hará arder en el altar sobre las ofrendas encendidas a
Jehová; es expiación. 13 Y
hará el sacerdote expiación por él en cuanto al pecado que cometió en alguna de
estas cosas, y será perdonado; y el sobrante será del sacerdote, como la
ofrenda de vianda.
Levítico
como libro, presenta todas las disposiciones relativas a la relación de Dios
con su pueblo. Dicho libro establece cuestiones relacionadas con el culto, la
vida social y la vida particular de la comunidad. De igual forma busca
considerar todas los diferentes escenarios a los que se puede ésta enfrentar al
tratar de poner en práctica todas esas disposiciones.
Lo
anterior no quiere decir que en extensión y profundidad se aborden todas las
cuestiones relativas a lo anterior, prácticamente eso sería imposible por las
diferentes opciones y circunstancias que pueden darse, pero sí establece pautas
generales que permiten normas un criterio que incluso sirva para aquellas
situaciones no especificadas en el libro.
Una
de estas consideraciones están dadas precisamente en Levítico 5 relativo a las
ofrendas de pecado. Respecto de esto se establece que “para [la] expiación
traerá a Jehová por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una
cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación
por su pecado” (v. 6), pero también se aclara que “si no tuviere lo suficiente
para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos
tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto”
(v.7), e incluso llega a señalar que “si no tuviere lo suficiente para dos
tórtolas, o dos palominos, el que pecó traerá como ofrenda la décima parte de
un efa de flor de harina para expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni sobre
ella pondrá incienso, porque es expiación” (v. 11). De esta forma es más que
claro que no había excepción alguna en cuanto a la obligación de presentar una
ofrenda para expiar el pecado cometido pues estas normativas consideraban
incluso la capacidad del oferente.
De
lo anterior se establece que, considerando la capacidad del oferente, en esta
situación en particular, que la cordera o una cabra relativa a la ofrenda por
el pecado era equivalente a dos tórtolas o dos palominos y ambos a la décima
parte de un efa de flor de harina.
Ahora
bien, en el caso específico de estas ofrendas por el pecado, y representadas
éstas por la cordera o la cabra o las dos tórtolas o los dos palominos o la efa
de flor de harina, que se presentaba para ello,
éstas eran sombras de lo venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio
redentor de Jesús.
1 Pedro 3:18
Porque también Cristo padeció una sola vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la
verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y
no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Colosenses
1:22
sin
embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte,
a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,
Pablo
disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos
Hebreos
10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y diciendo
luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero,
para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,
se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque con
una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es el
pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca más
me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues donde
hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que,
hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo,
20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y teniendo
un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.
24 Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no dejando
de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto
más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Todo
lo anterior es interesante ya que se hubiese dispuesto como ofrendas de pecado
solo las tradicionales de cordero o cabra, aquellos cuya capacidad no se los
permitiese no hubiesen participado de la expiación que trae la ofrenda por el
pecado, y dado que las mismas apuntaban al sacrificio redentor de Jesús hubiese
quedado establecido en sombra que no todos alcanzarían la salvación que por su
sangre derramada se obtiene.
Pero
al establecer las disposiciones anteriormente comentadas donde
independientemente de la capacidad de cada quien todos podían participar de las
ofrendas por el pecado para alcanzar expiación, esto como sombra apuntaba a que
todos, grandes y pequeños, independientemente de nuestra culpabilidad,
independientemente de nuestras características, independientemente de nuestras
circunstancias, alcanzaríamos redención por el sacrificio de Cristo Jesús.
Ahora
bien, específicamente relacionado con Levítico 5:8 que señala que al matar un
ave por una ofrenda de pecado no partir su cabeza al indicar “Y los traerá al
sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación; y le arrancará de
su cuello la cabeza, mas no la separará por completo”, puede uno ver, a la luz
de todo lo dicho anteriormente, la alegoría de Jesús y su iglesia: Jesús,
cabeza de la iglesia (Colosenses 1:18) muere por el pecado de todos (1
Corintios 15:3), luego resucitando parte lejos “para recibir un reino y volver”
a los suyos (Lucas 19:12), sin desampararlos del todo (Mateo 28:20).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que al matar un ave por una
ofrenda de pecado no partir su cabeza sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado referido al cumplimiento completo, pleno y total del sacrificio
redentor de Jesús quien se ofreció a sí mismo enteramente al Padre como
expiación por nosotros, por todos, independientemente de nuestra culpabilidad,
independientemente de nuestras características, independientemente de nuestras
circunstancias.

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