109. No vender el diezmo de la manada (Lv. 27:33)
“No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo estableció la
contribución que, para el servicio del Templo, debía darse en la figura del
diezmo. Dicho diezmo no era sino la décima parte de todo lo que se hubiese
ganado, de lo cual se hablará más delante, pero dejó algunas cuestiones muy
claras al respecto.
Levítico
27
30 Y el diezmo
de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de
Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. 31 Y
si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su
precio por ello. 32 Y todo
diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será
consagrado a Jehová. 33 No
mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el
que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.
En
esta cita hay cuatro cosas que identificar: Primero, todo el diezmo es de
Jehová, a Él debe darse. Segundo, solo del diezmo de la tierra, simiente o
fruto, puede rescatarse pero dando adicional la quinta parte de su precio
[ejemplo: si lo recolectado eran cien ómer de trigo, el diezmo eran diez ómer,
si por cualquier cosa se quisiese rescatar (no dar, pues) esos diez ómer, se iría
con el sacerdote para que tasara ese diezmo, suponiendo ese diezmo el sacerdote
lo tasara en cien gerah, dado que la quinta parte son veinticinco gerah, se tendrían
que dar al Templo, para no dar aquellos diez ómer de trigo, ciento veinticinco gerah].
Tercero, eso del rescate del diezmo no aplicaba para vacas u ovejas. Y cuarto, si
alguien, del diezmo de vacas u ovejas, decidía cambiar por otras vacas u ovejas,
dado que no se podía hacer eso (ya se dijo en el punto tercero), ambos eran de Jehová.
Ahora
bien, sin duda que la ley sobre el diezmo tiene una connotación eminentemente
práctica, concreta y material: contribuir con las funciones asignadas al Cuerpo
de Cristo, la iglesia de Dios.
En
varias ocasiones, la Escritura arroja entendimiento sobre este tema.
Proverbios
3:9-10
Honra
a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus
frutos; Y serán llenos tus graneros con
abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.
1
Timoteo 5:8
porque
si alguno no provee para los suyos, y
mayormente para los de su casa, ha negado
la fe, y es peor que un incrédulo.
1
Corintios 15:42-44
Así
también es la resurrección de los muertos. Se
siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra,
resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra
cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo
espiritual.
Gálatas
6:8-10
Porque
el que siembra para su carne, de la carne
segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará
vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo
segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de
la familia de la fe.
1
Timoteo 5:17-18
Los
ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y
enseñar. Pues la Escritura dice: No
pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno
es el obrero de su salario.
1
Corintios 9:4-13
¿Acaso
no tenemos derecho de comer y beber? ¿No
tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los
otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no
trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus
propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta
el rebaño y no toma de la leche del rebaño?
¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No
pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por
nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que
trilla, con esperanza de recibir del fruto.
Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si
segáremos de vosotros lo material? Si
otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no
hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún
obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas
sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar
participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que
vivan del evangelio.
Lucas
6:38
Dad,
y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro
regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a
medir.
Todas
las citas anteriores tienen un referente que puede ser entendido respecto de la
obligación que como creyentes se tiene de aportar los recursos necesarios para
que la Gran Comisión asignada por Cristo a Su iglesia pueda realizarse (Marcos
16:15), con todo y todo, y al igual que con las leyes dietéticas, ¿no hay una
enseñanza espiritual que devenga de este entendimiento material? Sí que la hay
y curiosamente está relacionada con lo que se vio al analizar las leyes
dietéticas.
Pensemos
esto: la iglesia es referida en la Escritura como el Cuerpo de Cristo:
Colosenses
1:18
Él es
también la cabeza del cuerpo [que es] la iglesia; y Él es el principio, el
primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía.
Colosenses
1:24
Ahora
me alegro de mis sufrimientos por vosotros, y en mi carne, completando lo que
falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la
iglesia,
1
Corintios 12:12-14
Porque
así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del
cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo.
Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos
o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo
Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos
1
Corintios 12:27
Ahora
bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y [cada uno] individualmente un
miembro de él.
Efesios
4:11-13
Y El
dio a algunos {el ser} apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a
otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos
a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición
de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Efesios
5:23
Porque
el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, [siendo]
El mismo el Salvador del cuerpo.
Efesios
5:29-30
Porque
nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así
como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo.
Siguiendo
la analogía dada en las leyes dietéticas, las cuales proveen alimento
considerado como apto para consumo a nuestros cuerpos físicos, ¿qué sería el
alimento físico del Cuerpo de Cristo?, ¿de dónde provendrían los recursos
materiales que requiere para funcionar de igual forma que nuestro cuerpo
material debe hacerse de recursos para estar vivo? La respuesta es de los
diezmos.
Los
diezmos, tienen una connotación eminentemente práctica, concreta y material:
contribuir con las funciones asignadas al Cuerpo de Cristo, la iglesia de Dios.
En ese sentido el símil de los diezmos que se entregan para ello puede
compararse con los alimentos que nos son dados para su consumo. En ambos casos,
tanto en el Cuerpo de Cristo, Su iglesia, como en el caso de nuestro cuerpo
material, se requieren de recursos, de insumos materiales para subsistir, esos
recursos están dado en el caso del Cuerpo de Cristo por los diezmos y en el
caso de nuestro cuerpo material por los alimentos aptos para consumo.
¿Y
a dónde nos lleva esto? Pues a la enseñanza espiritual subyacente en la
materialidad de los diezmos: que en este nosotros, al cumplir con la ley
relativa al diezmo, somos en figura como aquellos animales considerados aptos
para consumo humano pues proveemos al Cuerpo de Cristo de los insumos, los
recursos materiales que requiere para su subsistencia.
Así
como los animales considerados aptos para nuestro consumo nos proveen de lo que
necesitamos para nuestra vida física, con una subyacente enseñanza espiritual
en ello, de igual forma esos son figura nuestra cuando a su semejanza nosotros
proveemos al Cuerpo de Cristo de lo que necesita para su vida física.
Recordemos
que las leyes dietéticas fueron dadas “para hacer diferencia entre lo inmundo y
lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se
pueden comer” (Levítico 11:47), es decir, para apartar, en otras palabras santificar,
aquellos alimentos considerados aptos para consumo humano (1 Timoteo 4:3-5), ¿y
cómo define la Escritura a los creyentes “que guardan los mandamientos de Dios y la fe
de Jesús”? santos (Revelación 14:12). Así que tanto los alimentos como los
creyentes son santificados, puestos aparte para un uso santo, siempre y cuando
cumplan con lo que la misma Escritura establece.
Ahora
bien, ¿uno podrá ser considerado como un animal limpio, si se permite la
comparación, como un creyente santo, si no está cumpliendo con lo que se supone
es su deber material de proveer a Cuerpo de Cristo de lo que necesite? “¿Robará
el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos
robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque
vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquías 3:8-9). Un poco difícil
considerar una respuesta afirmativa a la pregunta anterior cuando la Escritura
misma señala a quien obra de esa manera como maldito, y no sólo maldito sino
doblemente maldito: Malditos sois con
maldición.
Cuando
se analizó lo relativo a las leyes dietéticas se concluyó que el hilo conductor
de las cuatro categorías de animales aptos para consumo humano de aquellos que
no lo son tiene que ver de manera general con la manera de alimentarse así como
la forma de caminar, lo cual tienen un referente respectivamente relacionado
con el leer, estudiar, meditar de manera constate sobre la Palabra de Dios
mientras se avanza por el Camino mediante la fe y las obras y los dones y los
frutos del Espíritu, considerando el testimonio que ante los hombres el
cristiano debe dar, haciendo todo buscando agradar a Dios, dejando que la
Palabra de Dios nos prepare para el Reino Venidero mediante el impulso
adicional que el Espíritu Santo de Dios imprime en el andar por el Camino del
cristiano.
En
ese sentido, ¿podrá considerarse como quien el lee, estudia, medita de manera
constate sobre la Palabra de Dios mientras se avanza por el Camino mediante la
fe y las obras y los dones y los frutos del Espíritu, considerando el
testimonio que ante los hombres el cristiano debe dar, haciendo todo buscando
agradar a Dios, dejando que la Palabra de Dios nos prepare para el Reino
Venidero mediante el impulso adicional que el Espíritu Santo de Dios imprime en
el andar por el Camino del cristiano, si esa personas no cumple con alimentar
de manera perfecta y santa al Cuerpo de Cristo? La respuesta difícilmente
podría ser afirmativa cuando la misma Escritura, respecto de quienes se
comportan así, señala “porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquías 3:9) y cuando uno de
los Diez Mandamientos señala “No robarás” (Éxodo 20:15)
De
igual forma, ¿cómo son llamados los animales que no cumple con lo establecido
para ser considerados aptos para consumo humano y por lo tanto no alimentan de
manera perfecta y santa al nuestro cuerpo material? La Escritura los llama inmundos.
¿Y un animal inmundo puede presentare como ofrenda a Dios? “si fuere algún
animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová” (Levítico 27:11).
Pedro
exhorta a los fieles de todos los tiempos diciendo “os ruego por las
misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1), ahora bien, si no se está proveyendo
de manera perfecta y santa para las necesidades del Cuerpo de Cristo,
volviéndonos inmundos al símil de los animales no aptos para consumo
humano, si se le está robando a Dios,
violando así Su Ley, ¿podrá considerarse uno como ofrenda acepta por Dios, como
“sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”?, ¿podrá uno conspirarse como parte
de los santos, los “que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”
(Revelación 14:12)? Cada quien responda.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no vender el diezmo de la
manada, sigue vigente más sin embargo espiritualizado, referido a lo que cada elegido
hace para contribuir con las funciones asignadas al Cuerpo de Cristo, la
iglesia de Dios, sin cambiar, disminuir o incumplir, para ser, en el símil de los
animales aptos para el consumo, miembros aptos para el servicio.

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