51. No permitir que habiten en Israel (Ex. 23:33)
“En
tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra mí sirviendo a sus
dioses, porque te será tropiezo”
Los
mandamientos que Dios dio a su pueblo como parte del pacto, eran siempre en un
contexto de libertad: Dios quiere lo mejor para nosotros, pero no puede obligar
a que lo aceptemos. De Esta forma, lo señalado por Éxodo 23:33, tanto de manera
natural como espiritual, debe entenderse en el contexto de la opción, la
decisión y la consecución. Veamos.
La
opción.
“Pero
la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios
había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de
todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los
árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio
del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.
Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el
día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios,
sabiendo el bien y el mal”
Siguiendo
la línea de todo lo expresado hasta este momento, puede verse en esta parte del
relato como es que la decisión que posteriormente nuestros primeros padres
tomaría no estuvo exenta de la oportunidad de tomarla entre opciones mutuamente
excluyentes: una referida a obedecer a Dios, la otra referida a desobedecerle.
Lo
interesante del relato es ver la manera en que la opción que presentaba el
Enemigo, referida a desobedecer a Dios, era presentada. Si se analiza con
cuidado puede verse que lo dicho por el Enemigo no era totalmente una mentira,
tampoco era una verdad completa, sino que la manera en que la opción referida a
la desobediencia era presentada incluía de ambas, pero para poder presentar
esta argumentación le era menester generar un pretexto para ello, dicho
pretexto es generado con la pregunta capciosa de “¿conque Dios os ha dicho: No
comáis de todo árbol del huerto?”. Es más que evidente por el relato bíblico
que Dios no les prohibió a nuestros primeros padres comer de todo árbol del
huerto, al contrario: de todo árbol del huerto podían comer pero lo que sí hizo
Dios, y ya se comentó, es exhortar vehementemente a no comer del árbol de la
ciencia del bien y el mal, dejando a nuestros primeros padres la opción de
decidir.
Una
vez presentado el pretexto, el cual fungió de la misma forma que se usa un
anzuelo para atrapar a un pez, la mujer, en su respuesta, le dio las armas que
finalmente el Enemigo usaría para llevarla por el camino de la desobediencia:
“Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto
podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios:
No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”. Véase lo disparejo del
enfrentamiento: un ser prácticamente inocente, la mujer, contra un ser mucho
más inteligente, el Enemigo. La mujer pretende corregir la observación del
Enemigo pero lo único que logra es darle las armas para usarlas en su contra.
“Entonces
la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que
comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien
y el mal”. Esta es la parte referida a la mentira mezclada con verdad, o a la
verdad mezclada con mentira, como quiera verse, que el Enemigo pone como
respuesta a la mujer, respuesta que incita su curiosidad y que, como es bien
sabido y como se verá más delante, llevan a tomar la decisión relativa a
desobedecer a Dios. En efecto, parte de la respuesta, referida a la verdad
contenida en la misma, es que los ojos de nuestros primeros padres serían
abiertos, como realmente sucedió, pero de igual forma la respuesta iba mezclada
con mentira pues señalando a Dios como mentiroso indicó que la muerte no sería
consecuencia de esa desobediencia, lo cual, como es bien sabido, no fue así.
Esta
es la manera en que el Enemigo trabaja siempre: primero inicia en cada uno una
aparente exposición de ideas sin un ánimo especial referido a la desobediencia
ya que es tan inteligente que no presentaría esto último abiertamente, el
problema no es ese sino que inicia cuando uno entabla relación con dichas ideas
mordiendo el anzuelo a manera del símil relativo a la pesca del pez. Una vez
mordido el anzuelo pasa a la presentación de argumentos, generalmente una
mezcla de verdades y mentiras para entonces y solo entonces presentar la opción
relativa a la desobediencia. Así siempre ha sido, así siempre será.
Repárese
en este punto de la relatoría, a la luz de lo dicho hasta ahorita, como es que
la información que presenta el Enemigo de igual forma puede ser introyectada en
nuestro código genético. Vuélvase a leer el relato de Génesis 3:1-7 y percátese
como es que lo que se conoce como la
tentación de nuestros primeros padres viene del exterior, del Enemigo, no forma
parte de su código genético, de hecho no puede pues el hombre, por lo dicho en
otros apartados de la presente obra, no puede crear nada, ni siquiera
información, pero sí puede acceder a ella, de esta forma en nuestros primeros
padres no estaba en sí la opción relativa a la desobediencia basada en los
argumentos expuestos sino que el Enemigo la presentó, de hecho, visto desde
esta forma, antes que la mujer comiera del fruto del árbol de la ciencia del
bien y el mal ya había comido, metafóricamente hablando, de la información que
el Enemigo había puesto a su alcance introyectándola en su código genético.
En
este punto hay que hacer una aclaración pues como se dijo que el hombre no
puede crear información sino sólo acceder a ella habrá quien, basado en la
experiencia personal, pueda indicar que esto no es así sino que, en la línea de
la desobediencia, muchos malos pensamientos, muchas malas emociones, tienen su
origen precisamente en uno, de hecho incluso podrá citar la Escritura que
señala que “del corazón vienen los malos…”. Y en efecto, tendrá razón, pero eso
no invalida lo dicho inicialmente. Veámoslo desde el punto de vista de nuestros
primeros padres y luego desde el punto de vista de cada uno.
Nuestros
primeros padres no tenían en sí la información relativa a las argumentaciones
que sustentarían la desobediencia, pero una vez introyectadas en su código
genético dicha información pasó a formar parte de ellos normando a partir de
ahí su vida, dicha vida estaría entonces regida lo mismo por la nueva
información que su experiencia les proporcionara que por la información que ya
estuviera contenida en su código genético, información que, al estar basada en
verdades con mentiras, o mentiras con verdades, como quiera verse, le
acarrearía aciertos y errores en la forma de alegrías y tristezas.
Desde
el punto de vista de cada uno pasa igual, uno llega al mundo prácticamente en
blanco –prácticamente pues en el código genético ya se viene con información recibida–, conforme la
experiencia lo va permitiendo a esa información se la agrega, de manera natural
e involuntaria, información percibida,
lo interesante es el tercer tipo de información que puede agregarse: la información contribuida, de esta forma
cada información que se va introyectando en el mismo con base en la experiencia
pasa a formar parte de nuestra esencia, de esta forma el hombre no crea
información pero sí accede a ella, ahora bien, él puede usar, manejar, combinar
esa información para generar otra que no necesariamente será nueva pero sí
diferente dando esa sensación de crear cuando no es así. Es como el panadero,
él no crea ninguno de los elementos que usa, pero los puede combinar de tal
forma que genere productos diversos los cuales solo mostrarían las infinitas
combinaciones de los materiales originales dando la impresión de creación
cuando más bien podríamos señalar que se trata de utilización.
La
decisión.
Una
vez que se establece la opción, como se comentó anteriormente, viene la parte
relativa a la decisión. Esa parte es enteramente personal y la misma se
sustenta en el libre albedrío. Si el Enemigo pudiera impeler a que alguien
tomara una decisión contraria a la voluntad de Dios, dicha decisión estaría
exenta de responsabilidades para quien así lo hiciere pues la misma no hubiera
sido tomada libremente. Es por eso que una vez presentada la opción de
desobediencia el Enemigo tiene que retirarse para que uno procese la
información nueva que es presentada, a la luz de la información que uno ya
tiene introyectada, y tome la decisión procedente.
“Y
vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos,
y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y
dio también a su marido, el cual comió así como ella”
Aquí
se muestran las tres fases del proceso interno que sigue a la tentación: la
opción no parece tan mala, “y vio la mujer que el árbol era bueno para comer”,
la opción comienza a ser aceptable, “y que era agradable a los ojos”, la opción
llega a ser deseable, “y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría”. EL
proceso es sutil pero eficiente si no se corta en alguno de sus puntos. Lo
ideal sería rechazar la tentación desde que el Enemigo pone los primeros
argumentos, desde que frente a uno pone la opción de la desobediencia,
“someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago
4:7), pero incluso en estas tres partes del proceso interno puede cortarse el
proceso, lo que si –y esto se aclara–, conforme se avance más y más en el
proceso será más difícil hacer esto, es como un incendio forestal: si cuando el
mismo se ha extendido unos cuantos metros será más fácil apagarlo que si se
deja se avance varias hectáreas. Ahora bien, si no logra detenerse dicho
proceso viene su culminación: “y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su
marido, el cual comió así como ella”. Como señala la Palabra: “Cuando alguno es
tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser
tentado por el mal, ni él tienta a nadie;
sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es
atraído y seducido. Entonces la
concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado,
siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:13-15).
La
consecución.
Una
vez tomada la decisión, sea cual sea, lo que vienen son las consecuencias de la
misma. En el caso del camino de la obediencia reflejado siempre en las
bendiciones inherentes a ello, en el caso del camino de la desobediencia
referido siempre a las maldiciones que le son propias.
“Entonces
fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces
cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”
De
esta forma nuestros primeros padres en efecto, accedieron a ese conocimiento
referido al bien y al mal, conocimiento imperfecto; imperfecto, primero, por
estar basado en mentiras mezcladas con verdades o verdades mezcladas con
mentiras, y segundo, por sustentarse en la finita experiencia humana para
avanzar a las infinitas verdades divinas a través del acierto y del error.
El
relato concluye con que en efecto los ojos de nuestros primeros padres les
fueron abiertos a ese conocimiento imperfecto y deficiente, pero ¿qué hay de la
otra parte, de lo que Dios les había advertido?, ¿la desobediencia les acarreó
muerte? “El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años, y murió” (Génesis 5:5).
Mucho
más puede decirse de eso que se conoce como la caída ya que es el origen mismo
de la experiencia humana, pero lo dicho hasta aquí es lo requerido por la
presente obra que busca llegar a eso que se conoce como la mente de Cristo.
En
ese sentido puede decirse que si bien seguimos poseyendo ese libre albedrío, la
opción que la humanidad ha optado, en la figura de nuestros primeros padres y
en la realidad de la propia existencia de cada uno, es que con base en la
propia experiencia basada en el acierto y el error, se ha optad por avanzar de
esta forma hacia las verdades divinas, con todo y todo esto puede usarse acorde
al plan de Dios a través de hacer trabajar en conformidad con esto con la información contribuida.
La
información contribuida es aquella
que requiere de nuestra voluntad para ser accesada al código genético, de esta
forma esta información se diferencia de la recibida—que no podemos interactuar
volitivamente con ella— o con la percibida —cuya interacción volitiva es
mínima—.
Mateo
16:26
Pues
¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?
O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?
Lucas
9:24
Porque
el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa
de mí, ése la salvará.
La
información contribuida queda fuera
del rango de interacción del alma dado que requiere de aplicación volitiva,
consciente, intencionada, y por lo tanto sólo es posible de ser interactuada a
través del espíritu.
Gálatas
5:24
Pues
los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Cuando en Éxodo 23:33 Dios dice a su pueblo “No permitir que habiten en Israel” [los habitantes de las siete naciones cananeas], habla precisamente de esa intransigencia, natural en aquel entonces, de no pactar de ninguna forma con los pueblos que pudiesen desviar a Israel de la adoración verdadera; de igual forma, de manera espiritual, a su iglesia establece las mismas condiciones a efecto de no transigir con aquellas cosas que pudiesen desviar a los elegidos de alcanzar las promesas dadas.
Gálatas
5
19 Y manifiestas son las obras de la
carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones,
herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras,
orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya
os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino
de Dios.
1
Corintios 6
9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino
de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni
los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni
los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los
estafadores, heredarán el reino de Dios.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no permitir que habiten en
Israel [las gentes de las siete naciones cananeas], sigue vigente, más
espiritualizado, referido a no transigir con aquellas cosas que pudiesen
desviar a los elegidos de alcanzar las promesas dadas, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria
en Cristo Jesús.

Comentarios
Publicar un comentario