31. No practicar sus costumbres (Lv. 19:26)
“No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinos”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo estableció normas
relativas a su única y exclusiva adoración excluyendo cualquier elemento
extraño de ésta.
Reiteradamente
le mandó a su pueblo que, en cuanto a la adoración hacia Él, hiciese como los
pueblos paganos que de la tierra prometida iban a expulsar.
Éxodo
23
23 Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a
la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del
jebuseo, a los cuales yo haré destruir. 24 No te inclinarás a sus
dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del
todo, y quebrarás totalmente sus estatuas.
Deuteronomio 12
29 Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de
ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su
tierra, 30 guárdate
que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de
ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían
aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. 31 No harás así a Jehová tu Dios; porque toda
cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a
sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses.
Una
tendencia humana es la de pretender darle un nuevo sentido a cultos antiguos
adjudicando el nuevo culto a Dios, lo cual Dios aborrece prohibiendo se haga
así. La idea es clara: Una pequeña desviación en el culto verdadero puede dar
como resultado un culto rechazado por Dios: “Hay camino que al hombre le parece
derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Más sin embargo
espiritualmente hay una mayor comprensión.
Es
un hecho demostrado que en la historia de la humanidad, la sociedad ha
desarrollado alrededor de su existencia, una dinámica social que descansa sobre
sus creencias, de la misma forma esa historia he evidenciado como es que en
muchas ocasiones esas creencias que dieron forma a la dinámica social son
pasadas por alto, sea por desconocimiento, infravaloración, e incluso por un
redimensionamiento de las mismas.
En
la actualidad, refiriéndonos a esa dinámica social, muchas de las cosas que
hacemos, pensamos o sentimos tienen su fundamento en creencias cuyas raíces en
ocasiones se han perdido en el imaginario colectivo siendo, en la mayoría de
los casos, reinterpretadas conforme al desarrollo cognitivo tanto individual
como colectivo.
Año
Nuevo, Día de San Valentín, Cuaresma, Halloween, Día de Muertos, Navidad, y
Cumpleaños, forman parte de esa dinámica social a tal grado que es difícil
desasociarla de la colectividad. En ocasiones esta dinámica social tiene un
referente eminentemente religioso–como en el caso de Navidad-, en otras
ocasiones la dinámica social ha perdido el referente religioso para instaurarse
de lleno en el ambiente secular –como en el caso de los cumpleaños-, y en otras
ocasiones esa dinámica social ha quedado atrapada entre esos dos extremos
pudiendo ser inclinada hacia uno u otro –como en el caso de Año Nuevo.
Independientemente de esto, cada dinámica social puede ser entendida, sentida y vivida de diferentes formas tanto por los individuos
como por los grupos sociales.
La
Escritura nos previene constantemente sobre esa dinámica social, ya que si no
proviene de Dios, si no es conforme a Su voluntad, si no está de acuerdo a Sus
mandamientos, compromete gravemente nuestra salvación. “No se amolden al mundo
actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán
comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos
12:2), “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual
trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así
podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio” (Tito
2:11-12), “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al
mundo, no tiene el amor del Padre” (1 Juan 2:15), “¡Oh gente adúltera! ¿No
saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser
amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios” (Santiago 4:4), “Porque nada de lo
que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la
arrogancia de la vida— proviene del Padre sino del mundo” (1 Juan 2:16).
Ante
esta realidad, el consejo dado por Pablo a los de Tesalónica de “examinadlo
todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21) adquiere especial relevancia ya
que si bien mucha de esta dinámica social en sus inicios pudo ser claramente
identificada con ese sistema contrario a Dios, no conforme a Su voluntad, no de
acuerdo a Sus mandamientos, en muchas ocasiones o bien la sociedad les ha
impreso de una nueva significancia que confunde al cristiano o bien el mismo
cristiano las ha cobijado con argumentos personales de justificación, pero
independientemente de ello hay una realidad de esta dinámica social que no
cambia y que se refiere a sus orígenes y los detalles, la simbología, la
práctica que subyace detrás de lo evidente.
Y
son precisamente esos orígenes y los detalles, la simbología y la práctica que
subyace detrás de lo evidente lo que nos interesan, no la reinterpretación que
de esa dinámica social pueda hacer la sociedad o la significación justificativa
que de la misma cada quien pueda hacer.
Cuando
sobre una práctica aparentemente inofensiva que el mundo presente a los
elegidos, seis preguntas pueden ayudarnos a entender si son acordes a las
verdades divinas o no: ¿está en la Biblia?, ¿Jesús y Sus apóstoles lo
enseñaron?, ¿la verdadera iglesia de Dios en sus inicios lo observó?, y por
otro ¿tiene raíces paganas?, ¿incorpora elementos religiosos paganos?, ¿forma
parte de la corriente del mundo?
Conociendo
esto, que la lectura de la Sagrada Palabra de Dios nos enseñe, redarguya,
corrija e instruya (2 Timoteo 3:16) y que la guía el Santo Espíritu de nuestro
Padre Dios nos guíe a la verdad (Juan 16:13) de la fe que ha sido una vez dada
a los santos para siempre (Judas 3).
Entendamos
que la comprensión humana de las verdades divinas es limitada, principalmente
relacionado esto con lo que Dios mismo ha revelado. Pero también el hombre,
buscando entender cosas, razona y busca y puede llegar a ser una mezcla de
verdades y desviaciones. Es por ello que todo lo que uno explique debe pasar
por tres tamices: La doctrina de la iglesia, la Escritura y la vida de la
iglesia en estos dos mil años. Cualquier idea, por buena, noble que parezca, si
contradice alguno de estos dos puntos debe ser rechazada. De igual forma
rechazar, mucho menos dar autoridad, aquella persona que, acercándose al altar
de Dios, la vida de los elegidos, trae ideas ajenas a la verdadera fe.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no practicar las costumbres de
los idólatras, sigue vigente, más sin embargo inclusive espiritualizado
referido a permitir, mucho menos dar autoridad, aquella persona que,
acercándose al altar de Dios, la vida de los elegidos, trae ideas ajenas a la
verdadera fe.

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