161. Comenzando con el día de la primera gavilla (el decimosexto día Abib) se deben contar cuarenta y nueve días (Lv. 23:15)
“Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán”
La normativa contenida en Levítico 23:15
relativa a contar cuarenta y nueve días Comenzando con el día de la primera
gavilla (el decimosexto día Abib), es parte de lo señalado, con motivo del
pacto de Dios con su pueblo, respecto de lo que conocemos como Pentecostés.
La normativa completa señala:
Levítico
23
15 Y contaréis desde el día que sigue al sábado, desde
el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas
cumplidas serán. 16 Hasta el día siguiente del séptimo
día de reposo[e] contaréis cincuenta días;
entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová. 17 De vuestras habitaciones traeréis dos
panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina,
cocidos con levadura, como primicias para Jehová. 18 Y ofreceréis con el pan siete
corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán
holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor
grato para Jehová. 19 Ofreceréis además un
macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda
de paz. 20 Y el sacerdote los
presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y
los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote. 21 Y convocaréis en este mismo día santa
convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera
que habitéis por vuestras generaciones.
Dado
que esta normativa tiene que ver, como ya se comentó, con lo que se conoce como
Pentecostés, es necesario comprender el alcance natural y espiritual de dicha
fiesta.
La
fiesta que le sigue a Primicias es la de Pentecostés. Pentecostés (del griego πεντηκοστή, pentēkostḗ,
quincuagésimo- resulta de dividir un todo en 50 partes iguales-), viene de la
fiesta de Shavuot. Shavuot (del hebreo שבועות - plural de Shavúa - שבוע, semana),
también se le conoce como la fiesta de las semanas (Ex. 34:22) pues se contaban
siete semanas desde el día siguiente en que se había ofrecido la gavilla de la
ofrenda mecida -primicias- (Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9) lo que daba
cincuenta días (Levítico 23:16), cayendo así en el mes de Siván (Mayo-Junio). Esta
fiesta, la última de primavera, era la fiesta de la cosecha plena (Éxodo 23:16;
34:22) después de las primicias obtenidas cincuenta días antes. En esta fiesta
no se hacía ningún trabajo de siervos (Levítico 23:21).
El
cumplimiento de esta fiesta tiene su referente con la venida del Espíritu Santo
sobre los Apóstoles y Discípulos, precisamente cincuenta días después de la
fiesta de las Primicias, como dice Hechos 2:1-42:
1 Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2 Y de
repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el
cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
3 y se les
aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de
ellos.
4 Y fueron
todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según
el Espíritu les daba que hablasen.
5 Moraban
entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el
cielo.
6 Y hecho
este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les
oía hablar en su propia lengua.
7 Y estaban
atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que
hablan?
8 ¿Cómo,
pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos
nacido?
9 Partos,
medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en
el Ponto y en Asia,
10 en Frigia
y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos
aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
11 cretenses
y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
12 Y estaban
todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
13 Más
otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.
14 Entonces
Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo:
Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y
oíd mis palabras.
15 Porque
éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera
del día.
16 Más esto
es lo dicho por el profeta Joel:
17 Y en los
postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
18 Y de
cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré
prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;
20 El sol se
convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;
21 Y todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22 Varones
israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre
vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros
por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
23 a éste,
entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios,
prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
24 al cual
Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que
fuese retenido por ella.
25 Porque
David dice de él:
Veía
al Señor siempre delante de mí;
Porque
está a mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo
cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;
27 Porque no
dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me
hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Varones
hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue
sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
30 Pero
siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su
descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en
su trono,
31 viéndolo
antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el
Hades, ni su carne vio corrupción.
32 A este
Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que,
exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu
Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
34 Porque
David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo
el Señor a mi Señor:
Siéntate
a mi diestra,
35 Hasta que
ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
36 Sepa,
pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros
crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
37 Al oír
esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:
Varones hermanos, ¿qué haremos?
38 Pedro les
dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 Porque
para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están
lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
40 Y con
otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta
perversa generación.
41 Así que,
los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como
tres mil personas.
42 Y perseveraban
en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el
partimiento del pan y en las oraciones.
Jesús ya
les había dicho a Sus discípulos que era menester que Él partiera para que el
Santo Espíritu de nuestro Padre Dios fuese enviado, “Pero yo os digo la verdad:
Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a
vosotros; más si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7), el cual les revelaría
todas las cosas, “Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo
que yo os he dicho” (Juan 14:26), por eso después de resucitar Jesús se les
apareció a sus Apóstoles “durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino
de Dios” (Hechos 1:3), pero partiendo antes de cumplirse los cincuenta días
(Hechos 1:9) término en el cual habrían de recibir el Espíritu Santo (Hechos
1:4).
Esta
fiesta tiene el referente histórico de su primer cumplimiento en Pentecostés, y
a partir de ahí continúa el Espíritu Santo siendo derramado en todos aquellos
creyentes que una vez bautizados reciben la imposición de manos para ello
(Hechos 8:17; 19:6). A partir de Pentecostés ha comenzado la cosecha plena de
aquellos que en Sus designios, el Padre ha considerado para ser llamados en
esta era (Juan 6:37, 39, 44, 65).
Aquí lo
interesante es la ofrenda mecida que son “dos panes para ofrenda mecida, que
serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura” (Levítico
23:17), ¿por qué es interesante?, porque la ofrenda de Primicias era un pan
hecho con “dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda
encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta
parte de un hin” (Levítico 23:17), este pan de Primicias, como vemos, no tenía
levadura, pues representaba a Cristo,
las primicias, y la levadura es un símbolo del pecado (Mateo 16:5-12), pero en
la fiesta de pentecostés vemos que los dos panes (no uno, sino dos: “Porque él
es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia
de separación” -Efesios 2:14-), sí tiene levadura pues representa a todos los
cristianos que si bien son pecadores han sido rescatados por el sacrificio
redentor de Jesús.
Con esta
fiesta se cierran las solemnidades de Jehová que ya han tenido su cumplimiento
histórico - Pascua, Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- que son
fiestas de primavera, siendo las tres restantes las que aún están por cumplirse
-Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- las cuales son de Otoño.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que comenzando con el día de
la primera gavilla (el decimosexto día Abib) se deben contar cuarenta y nueve
días, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido al cumplimiento de
esta fiesta en cuanto la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y
Discípulos, precisamente cincuenta días después de la fiesta de las Primicias, y
a partir de ahí continúa el Espíritu Santo siendo derramado en todos aquellos
creyentes que una vez bautizados reciben la imposición de manos para ello siendo
que a partir de Pentecostés ha comenzado la cosecha plena de aquellos que en
Sus designios, el Padre ha considerado para ser llamados en esta era.

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