123. También se deben dejar los racimos de uva mal formados (Lv. 19:10)

 


“Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios”


Dentro de las disposiciones que Dios estableció con su pueblo como parte de su pacto había algunas que consideraban la precariedad en la que algunas personas pudieran vivir exigiendo un espíritu de solidaridad de aquello bendecidos con bienes, dentro de estas disposiciones se encuentra Levítico 19:10 que señalaba “Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña…”, aclarando a continuación la intención material de esto: “…para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios”.

 

De esta forma el entendimiento natural de aquella disposición es más que claro: Dadas las bendiciones que Dios prodigaba a aquellos que tenían vienen, estos no debían esquilmar los frutos obtenidos de su trabajo de una manera codiciosa sino tomar lo que correspondía pero dejando algo para los que estuviesen en una situación precaria. Lo interesante de esto es que aquello que se dejaba no se tomaba para entregar a los necesitados sino que se dejaba para que éstos los pudieran recoger, es decir, incluso estos necesitados tenían que trabajar para obtener lo que necesitasen. De esta forma el trabajo es parte integral de la satisfacción de las necesidades básicas incluyendo los que están en una situación precaria, obvio: a menos que aquello les sea imposible.

 

Pero más allá de ello hay una verdad espiritual subyacente a esa normativa, perro para entenderla primeramente hay que comprender a qué apunta, escrituralmente hablando, aquel campo del que habla Levítico 19:10

 

Lucas 10

Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.

Y les decía: La mies a la verdad es mucha, más los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.

 

Mateo 9

35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos.

38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

 

1 Corintios 3

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.

Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

 

Juan 4

34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.

37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.

38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

39 Y muchos de los samaritanos de 

 

De esta forma, escrituralmente hablando, ese campo al que hace referencia Deuteronomio 24:19 apunta al mundo entero, en referencia a las personas que en él hay, y a la labor que como elegidos se ha aceptado a través de la Gran Comisión: “[…] Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Marcos 16:15-16).

En ese entendido, si bien ahorita, el sacrificio redentor de Jesús ha reconciliado al mundo, esa totalidad aún no ha respondido al llamamiento del Padre para apropiarse de esa redención por lo que lejos están de aquella perfección y santidad requerida para ver a Dios.

Juan 3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

 

2 Corintios 5:19

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

 

Aquella perfección y santidad que nos son requeridas para de lleno ser parte de su familia se cumplimentará al regreso de Cristo cuando lo corruptible se vista de incorrupción, y lo mortal se vista de inmortalidad (1 Corintios 15:53) siendo que ahorita al ser aun carne y sangre no podemos así heredar el Reino de Dios (1 Corintios 15:50), más aún cuando no se ha aceptado el sacrificio redentor de Jesús, de esta forma aquel dinero que se daba por la casa física que se ofrecía al Señor simboliza aquello, bajo el símil de metal precioso refinado (1 Pedro 1:7), familia de Dios, que en su momento quienes acepten la salvación y se mantengan fieles hasta el final serán.

 

Pablo escribiendo a los de Éfeso les señala “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14). La comprensión de esta cita es clara: los elegidos reciben el Espíritu de Dios como un anticipo de aquello que en ellos habrá de revelarse al regreso de nuestro Señor si es que se mantienen fieles hasta el final.

 

Visto de otra forma, se requiere por parte del mundo, del campo pues, aceptar el sacrificio redentor de Jesús para alcanzar salvación, con todo y todo, al no ser aún perfectos y santos, al tener aún carnalidad, no se habrá alcanzado aquella estatura perfecta de Cristo que haría aceptos completamente al Padre, en este sentido podría decirse que esos del mundo que aún no vienen a salvación, son como aquel campo casas físico que no podían ofrecerse a Dios así como estaba por eso mismo.

 

En este punto hay que hacer una pausa para explicar esto pues, en efecto, cuando esos del campo acepten la salvación que de Jesús deviene por su sacrificio redentor, iniciaran apenas aun proceso, proceso que concluirá al regreso de Él cuando aquellos sean transformados, como escribe Juan en su primer carta “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

 

Se requiere de aquel trabajo en el campo, en el mundo pues, para traer a salvación a quienes vayan a alcanzarla en el presente siglo, para que, volviéndose templos del Espíritu de Dios, comiencen a ser edificados, sobre esto Efesios 2:19-20 nos dice “Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular”, de igual forma Colosenses 2:6-7 dice “Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en El; firmemente arraigados y edificados en El y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos, rebosando de gratitud”.

 

Este proceso tiene un fin, Efesios 4:13 nos lo señala al decirnos que durará “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”,  de igual forma Romanos 8:29  dice “porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”, y si somos conformados a la imagen del Hijo, somos conformados a la imagen del Padre, pues como dice Colosenses 1:15 “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”, y esto porque así lo estableció el Padre desde un principio como dice 1 Juan 3:1-2 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él [Jesús]. Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él [Jesús] se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es”. El cumplimiento de este plan sin duda alguna deviene en gozo y alabanza a Dios quien lo hace posible: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se regocijará en mi Dios; porque Él me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia como el novio se engalana con una corona, como la novia se adorna con sus joyas” (Isaías 61:10).

 

Con este entendimiento puede tenerse el cuadro completo que permite entender Levítico 19:10 “Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios” pues cuando Jesús regrese, aquellos elegidos que hayan permanecidos fieles hasta el final serán resucitados/tranformados y llevados a la Nueva Jerusalén previo al derramamiento de las siete plagas postreras de la ira de Dios para, posteriormente, venir con Cristo a la tierra donde Él someterá a las naciones a su reino, pero —y esto es muy importante— si bien la destrucción del mundo será inconmensurable no todos habrán muerto siendo que habrá remanentes de todas las naciones.

 

Mateo 24:22 señala sobre esto “y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”. Hay quienes creen que la iglesia pasará por las siete plagas postreras de la ira de Dios (Revelación 15), pero si esto así fuera contradeciría varios pasajes de la Escritura, por ejemplo cuando Pablo señala claramente que Dios no nos ha puesto, a los elegidos, para ira (1 Tesalonicenses 5:9), con todo y todo, y si así es esto, entonces por qué Jesús mismo señaló en su momento “y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22). Pareciera que esta última cita dice que dado que los elegidos estarán bajo las siete plagas postreras de la ira de Dios, los días de éstas deben ser acortados pues si no ninguno quedaría vivo, pero la cita no dice eso, dice claramente que por causa de ellos, a razón de ellos, los días esos se acortarían para que quedase gente viva, ¿y esto por qué?, pues por que los elegidos que sean fieles hasta el final serán con Cristo reyes y sacerdotes en el Milenio (Revelación 1:6; 5:10; 20:6), pero para ¡se requiere gente sobra la cual reinar! Es por eso que aquellos días será acortados, no porque la iglesia esté padeciendo las siete copas de la ira postrera de Dios sino porque de todos los pueblos deben quedar remanentes sobre los cuales aquellos reyes, junto con Cristo, puedan reinar.

 

De hecho la traducción más literal de aquel por qué de la norma de Levítico 19:10 y que dice “para el pobre y para el extranjero lo dejarás”, considerando el hebreo original תַּעֲזֹ֣ב  וְלַגֵּר֙  לֶֽעָנִ֤י, ta 'ă zōḇ  wə lag gêr  le 'ā nî, más bien debería decir “al pobre y al extranjero lo dejarás”, es decir, Cristo viene y recoge a su iglesia pero a aquellos que no vinieron a salvación —alguien no venido a las promesas (extranjero)—, o aquellos que venidos a salvación no dieron frutos —pobres—, la Escritura es la que permite el anterior entendimiento:

 

 

Efesios 2:19

Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios

 

Juan 15:2

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto.

 

Con esta comprensión, considerando Levítico 19:10, “Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios”, se entiende que esa siega se refiere a la primera fase de la segunda venida de Cristo donde los suyos son recogidos pero el resto de los de las naciones dejados siendo que incluso después de las siete plagas de la ira postrera de Dios estos últimos no son exterminados por completo para que en el Milenio puedan ser beneficiados de la proclamación de las verdades divinas por parte de los santos y santas de Dios quienes con Cristo serán reyes y sacerdotes.

 

La imagen que parte de lo natural es reveladora de manera espiritual: Del campo señalado en Levítico 19:10 se dejaban ciertos frutos de la vid, es decir, muy poco, tal como serán los que queden de remanentes de todas las naciones posterior a las siete plagas de la ira postrera de Dios, pero esos pocos podrán beneficiarse en el Milenio de la proclamación de las Buenas Nuevas por parte de los santas y santos de Dios.

 

Zacarías 14

16 Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. 

17 Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. 

18 Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. 

19 Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que al segar un campo también se deben dejar los racimos de uva mal formados, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a al período referido la primera fase de la segunda venida de Cristo la fase de siega, donde los santos y santas de Dios son resucitados/transformados previo al derramamiento de las siete pagas postreras de la ira de Dios siendo que posterior a ello del mundo quedará un pequeño remanente de todas las naciones quienes podrán escuchar en el Milenio por parte de aquellos santos  y santas convertidos en reyes y sacerdotes, la proclamación de las Buenas  Nuevas.


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