108. El agua purificadora, purifica lo inmundo pero hace lo limpio ritualmente inmundo (Nm. 19:13,21)
“Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel; por cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él, inmundo será, y su inmundicia será sobre él […] Les será estatuto perpetuo; también el que rociare el agua de la purificación lavará sus vestidos; y el que tocare el agua de la purificación será inmundo hasta la noche”
El capítulo 19 de Levítico
contiene las disposiciones relativas a la purificación por medio de un agua que
se preparaba según las indicaciones de ese mismo capítulo.
Levítico 19
1 Jehová
habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
2 Esta es la
ordenanza de la ley que Jehová ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de Israel
que te traigan una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la
cual no se haya puesto yugo;
3 y la
daréis a Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campamento, y la hará
degollar en su presencia.
4 Y Eleazar
el sacerdote tomará de la sangre con su dedo, y rociará hacia la parte
delantera del tabernáculo de reunión con la sangre de ella siete veces;
5 y hará
quemar la vaca ante sus ojos; su cuero y su carne y su sangre, con su
estiércol, hará quemar.
6 Luego
tomará el sacerdote madera de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en
medio del fuego en que arde la vaca.
7 El
sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y
después entrará en el campamento; y será inmundo el sacerdote hasta la noche.
8 Asimismo
el que la quemó lavará sus vestidos en agua, también lavará en agua su cuerpo,
y será inmundo hasta la noche.
9 Y un
hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca y las pondrá fuera del campamento
en lugar limpio, y las guardará la congregación de los hijos de Israel para el
agua de purificación; es una expiación.
10 Y el que
recogió las cenizas de la vaca lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la
noche; y será estatuto perpetuo para los hijos de Israel, y para el extranjero
que mora entre ellos.
11 El que
tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete días.
12 Al tercer
día se purificará con aquella agua, y al séptimo día será limpio; y si al
tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día.
13 Todo
aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el
tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel; por
cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él, inmundo será, y su
inmundicia será sobre él.
14 Esta es
la ley para cuando alguno muera en la tienda: cualquiera que entre en la
tienda, y todo el que esté en ella, será inmundo siete días.
15 Y toda
vasija abierta, cuya tapa no esté bien ajustada, será inmunda;
16 y
cualquiera que tocare algún muerto a espada sobre la faz del campo, o algún
cadáver, o hueso humano, o sepulcro, siete días será inmundo.
17 Y para el
inmundo tomarán de la ceniza de la vaca quemada de la expiación, y echarán
sobre ella agua corriente en un recipiente;
18 y un
hombre limpio tomará hisopo, y lo mojará en el agua, y rociará sobre la tienda,
sobre todos los muebles, sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel
que hubiere tocado el hueso, o el asesinado, o el muerto, o el sepulcro.
19 Y el
limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día; y cuando lo haya
purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y a sí mismo se lavará
con agua, y será limpio a la noche.
20 Y el que
fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la
congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová; no fue rociada
sobre él el agua de la purificación; es inmundo.
21 Les será
estatuto perpetuo; también el que rociare el agua de la purificación lavará sus
vestidos; y el que tocare el agua de la purificación será inmundo hasta la
noche.
22 Y todo lo
que el inmundo tocare, será inmundo; y la persona que lo tocare será inmunda
hasta la noche.
Lo curioso de esta agua es
que purificaba lo inmundo pero hacía lo limpio ritualmente inmundo (Nm.
19:13,21), ¿qué podría significar esto? Dejemos que la Palabra nos vaya
guiando.
Lo primero que hay que
comprender es el significado de aquella agua purificadora para lo cual hay que
prestar atención a la manera en que ésta tenía de prepararse.
Sabemos que todos los
holocaustos, sacrificios y ofrendas prescritos en el Antiguo Testamento
apuntaban al sacrificio redentor de Jesús por lo que es con esta premisa con lo
que debemos comenzar.
Hebreos 10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra manera cesarían de
ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya
más conciencia de pecado.
3 Pero en estos sacrificios
cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la sangre de los
toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí. m
8 Diciendo primero:
Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni
te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y diciendo luego: He aquí
que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer
esto último.
10 En esa voluntad somos
santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para
siempre.
11 Y ciertamente todo
sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos
sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero Cristo, habiendo
ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado
a la diestra de Dios,
13 de ahí en adelante
esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque con una sola
ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos atestigua lo mismo
el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré, m
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues donde hay remisión de
éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
Considerando esto aquella
vaca alazana mencionada como parte del proceso para hacer el agua purificadora
apunta a Cristo. El que fuese una vaca alazana, roja pues, todavía hace más gráfico
el símbolo relativo a la sangre derramada de Jesús.
Las indicaciones contenidas
en Levítico 19 de que la vaca tenía que ser sin defecto (v. 2), tenía que ser
sacada del campamento para su sacrificio (v.3), donde sería quemada (v.5), son
referentes adicionales del sacrificio redentor de Jesús.
Hebreos 13
11 Porque
los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida
en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
12 Por lo cual también Jesús,
para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
13 Salgamos, pues, a él,
fuera del campamento, llevando su vituperio;
14 porque no tenemos aquí
ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
15 Así que, ofrezcamos
siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de
labios que confiesan su nombre.
Ahora
bien, las cenizas de esa vaca eran las que se usaban para hacer aquella agua
purificadora (v. 9). Esta es la parte interesante. Las cenizas en conjunto con
el agua hacían aquella agua purificadora.
El
agua en la Escritura simboliza tanto la Palabra (Efesio 5:26) como al Espíritu
Santo (Juan 7:37-39), pero en ambos casos es el sacrificio redentor de Jesús el
que nos concede la salvación permitiéndonos, tanto con la Palabra como con el
Espíritu, crecer en el conocimiento de Dios y su Hijo.
Bajo
esa perspectiva es entendible que aquella agua purificadora, como símbolo de
todo esto, purificase a aquellos que estuviesen inmundos, pero ¿por qué habría
de volver inmundo a aquel que estuviese limpio? De nueva cuenta dejemos la
Palabra nos guíe.
Lo
que permite comprender aquello es el hecho de que quienes estando limpios se
vuelven impuros son aquellos que matan la vaca, la queman, recogen sus cenizas
y generar aquella agua purificadora, si se entiende que todo esto apunta al
sacrificio redentor de Jesús es claro que entonces se está refiriendo a
aquellos que en su momento, rechazando a Jesús, se confabularon para en su
momento matar a Jesús.
Mateo
27
1 Venida la
mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en
consejo contra Jesús, para entregarle a muerte.
2 Y le llevaron atado, y le
entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
…
11 Jesús,
pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres
tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
12 Y siendo acusado por los
principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.
13 Pilato entonces le dijo:
¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
14 Pero Jesús no le respondió
ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
15 Ahora
bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un
preso, el que quisiesen.
16 Y tenían entonces un preso
famoso llamado Barrabás.
17 Reunidos, pues, ellos, les
dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el
Cristo?
18 Porque sabía que por
envidia le habían entregado.
19 Y estando él sentado en el
tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque
hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
20 Pero los principales
sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y
que Jesús fuese muerto.
21 Y respondiendo el
gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos
dijeron: A Barrabás.
22 Pilato les dijo: ¿Qué,
pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
23 Y el gobernador les dijo:
Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
24 Viendo Pilato que nada
adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las
manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este
justo; allá vosotros.
25 Y respondiendo todo el
pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
26 Entonces les soltó a
Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
27 Entonces los soldados del
gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la
compañía;
28 y desnudándole, le echaron
encima un manto de escarlata,
29 y pusieron sobre su cabeza
una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la
rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: !!Salve, Rey de los judíos!
30 Y escupiéndole, tomaban la
caña y le golpeaban en la cabeza.
31 Después de haberle
escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para
crucificarle.
32 Cuando
salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a
que llevase la cruz.
33 Y cuando llegaron a un
lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,
34 le dieron a beber vinagre
mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.
35 Cuando le hubieron
crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que
se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre
mi ropa echaron suertes.
36 Y sentados le guardaban
allí.
37 Y pusieron sobre su cabeza
su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
38 Entonces crucificaron con
él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
39 Y los que pasaban le
injuriaban, meneando la cabeza,
40 y diciendo: Tú que
derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si
eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
41 De esta manera también los
principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los
ancianos, decían:
42 A otros salvó, a sí mismo
no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y
creeremos en él.
43 Confió en Dios; líbrele
ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
44 Lo mismo le injuriaban
también los ladrones que estaban crucificados con él.
45 Y desde la hora sexta hubo
tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
46 Cerca de la hora novena,
Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
47 Algunos de los que estaban
allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.
48 Y al instante, corriendo
uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una
caña, le dio a beber.
49 Pero los otros decían:
Deja, veamos si viene Elías a librarle.
50 Más Jesús, habiendo otra
vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
51 Y he aquí, el
velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y
las rocas se partieron;
52 y se abrieron los
sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;
53 y saliendo de los
sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y
aparecieron a muchos.
54 El centurión, y los que
estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían
sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo
de Dios.
55 Estaban allí muchas
mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea,
sirviéndole,
56 entre las cuales estaban
María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de
Zebedeo.
57 Cuando
llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también
había sido discípulo de Jesús.
58 Este fue a Pilato y pidió
el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.
59 Y tomando José el cuerpo,
lo envolvió en una sábana limpia,
60 y lo puso en su sepulcro
nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a
la entrada del sepulcro, se fue.
61 Y estaban allí María
Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
62 Al día
siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales
sacerdotes y los fariseos ante Pilato,
63 diciendo: Señor, nos
acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días
resucitaré.
64 Manda, pues, que se
asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de
noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el
postrer error peor que el primero.
65 Y Pilato les dijo: Ahí
tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.
66 Entonces ellos fueron y
aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
Esto
mismo lo resume Pedro cuando señala en el primer discurso en Pentecostés.
Hechos
3
13 El Dios
de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a
su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato,
cuando éste había resuelto ponerle en libertad.
14 Más vosotros negasteis al
Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,
15 y matasteis al Autor de la
vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos
testigos.
16 Y por la fe en su nombre,
a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que
es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, sé
que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.
18 Pero Dios ha cumplido así
lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo
había de padecer.
19 Así que, arrepentíos y
convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio,
20 y él envíe a Jesucristo,
que os fue antes anunciado;
21 a quien de cierto es
necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las
cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde
tiempo antiguo.
22 Porque Moisés dijo a los
padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos,
como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;
23 y toda alma que no oiga a
aquel profeta, será desarraigada del pueblo.
24 Y todos los profetas desde
Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.
25 Vosotros sois los hijos de
los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a
Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
26 A vosotros primeramente,
Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de
que cada uno se convierta de su maldad.
De
igual forma Juan, al inicio del Evangelio, señala lo mismo.
Juan
6 Hubo un
hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino por testimonio,
para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.
8 No era él la luz, sino
para que diese testimonio de la luz.
9 Aquella luz verdadera, que
alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el
mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los
suyos no le recibieron.
12 Más a todos los que le
recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos
de Dios;
13 los cuales no son
engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino
de Dios.
De
esta forma aquellos que en su momento se confabularon para matar a Jesús, si
bien fueron partícipes del plan de salvación mediante el cual, por la sangre
derramada de Jesús, obtuvimos salvación, pero quedando ellos inmundos no tanto
por la muerte de Jesús sino por el rechazo que de Él hicieron ya que aquello
fue consecuencia de esto.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que el agua purificadora,
purifica lo inmundo pero hace lo limpio ritualmente inmundo, sigue vigente, más
sin embargo espiritualizado referido, en el caso de los inmundos que por medio
de esa agua se vuelven limpios, a aquellos que aceptando el sacrificio redentor
de Jesús alcanzan salvación creciendo, por la Palabra y el Espíritu, en el
conocimiento de Dios y su Hijo, y en el caso de los limpios que se vuelven
inmundos, referido a aquellos que confabulados en su momento fueron partícipes
de la muerte de Jesús rechazando aquella salvación ofrecida.

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