69. La persona que peca por yerro también debe llevar esta ofrenda (Lv. 4:27-28)
“Si
alguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los
mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego
que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra
sin defecto, por su pecado que cometió”
Levítico
4:27-31 contiene las disposiciones relativas a aquellas ofrendas a presentarse
si es que alguien habían pecado sin intención, siendo esto último especificado
por la palabra hebrea בִשְׁגָגָ֖ה, ḇiš·ḡā·ḡāh, que significa precisamente esto.
Este
mismo señalamiento también se hace para la ofrenda por el pecado (Levítico 4:2,
4, 10 u.p), luego entonces, ¿cuál es la deferencia entre lo establecido por Levítico
4:27-31?
En
Levítico 4:2, 4, 10 u.p., relativo a la ofrenda por el pecado, puede leerse “Habla
a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno
de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere
alguna de ellas […] Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión
delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará
delante de Jehová […] y el sacerdote la hará arder sobre el altar del
holocausto”.
De
esta forma es más que claro que hay dos diferencias que permiten inferir a qué
se refiere la ofrenda de Levítico 4:27-31. La primer diferencia es que lo
señalado por Levítico 4:2, 4, 10 u.p. es aplicable a aquellas faltas no
intencionales (בִשְׁגָגָ֖ה, ḇiš·ḡā·ḡāh) realizadas contra los mandamientos de
Dios, de igual forma, y en consonancia con ello, la ofrenda es un becerro,
también puede verse que de la sangre el sacerdote tomaba un poco con su dedo
para ponerla en los cuernos del altar del incienso el cual estaba en el Lugar
Santo del Tabernáculo (esta referencia apunta a la era de la iglesia, el Lugar
Santo, donde las leyes mosaicas han dejado de tener aplicación material, no así
la Ley de Dios que siendo eterna permanece). Teniendo esto como referencia
puede verse que Levítico 4:27-31 no señala que la falta sea contra los mandamientos
de Dios, de igual forma puede verse que la ofrenda no es un becerro, sino un ganado
menor, un cabrito, asimismo el sacerdote tomaba un poco de la sangre de esta
ofrenda para ponerla, no sobre los cuernos del altar del incienso dentro del Lugar
Santo, como en el caso de la ofrenda por el pecado, sino sobre los cuernos del
altar de bronce que estaba en el Atrio del Tabernáculo (esta referencia apunta
a la era de la Ley, el Atrio, donde junto con la Ley de Dios tenía vigencia
material la aplicación de las leyes mosaicas), de esta forma puede inferirse
que lo señalado por Levítico 4:27-31 se refiere a aquellas faltas no
intencionada (בִשְׁגָגָ֖ה, ḇiš·ḡā·ḡāh) realizadas contra los mandamientos
mosaicos. Independientemente de ello, estas faltas de igual forma debían ser
expiadas mediante lo señalado por Levítico 4:27-31.
Respecto
del procedimiento, quien buscaba expiación llevaba el animal para la ofrenda y
ponía sus manos sobre éste, luego el mismo era degollado y el sacerdote tomaba
de la sangre de la ofrenda degollada para ponerla en los cuernos del altar de
bronce echando el resto de la sangre a los pies del altar de bronce que estaba
en el atrio, de la ofrenda se tomaba la grasa que cubría los intestinos, los
dos riñones y la grasa que estaba sobre ellos, la grasa que estaba sobre el
hígado, haciendo arder todo esto sobre el altar de bronce (tal cual se hacía
con la ofrenda de paz, Lv.
3:1, 5).
De
manera general, si bien Levítico es material de un estudio por sí mismo, es
importante destacar algo respecto de los holocaustos, ofrendas y sacrificios.
Al ir leyendo Levítico, aparte de los diferentes holocaustos, ofrendas y
sacrificios que se encontrarán dependiendo de la intención y del oferente,
puede uno ir viendo que hay un tratamiento especial para ciertas partes de lo
que se ofrece como holocausto, ofrenda o sacrificio.
De
manera especial y reiterativa se menciona, respecto de los holocaustos,
ofrendas y sacrificios, las maneras en que debían de disponerse en estos de la
sangre (Levítico 1:5, 11), la cabeza y el sebo (1:8, 12), las entrañas y las
patas (1:9, 13), y los riñones y el sebo (3:3-4, 9-10, 14-15). Todas estas
sombras tiene su realización plena, en cuanto a significado, en la frase “Y
amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus
fuerzas” (Deuteronomio 6:5; Mateo 22:37). La sangre representa toda la vida en
sí (Levítico 17:11), la cabeza representa los pensamientos, es decir, lo que
creemos (Deuteronomio 6:8), el sebo, las entrañas y los riñones nuestro
interior, sobre todo la fuerza (Job 30:27), las patas nuestro andar, es decir lo que hacemos
(Jeremías 6:16; Oseas 14:9), en cuanto al estiércol éste representa aquello que
debe ser desechado de la vida propia (Deuteronomio 23:13) para vivir solo para
Dios. De esta forma las sombras del trato especial a estas partes de los
holocaustos, ofrendas y sacrificios eran un referente de la manera en que uno
debe entregarse a Dios: con toda nuestra mente, nuestro corazón, nuestra
voluntad, nuestras fuerzas, nuestro ser; lo que pensamos, hacemos, decimos,
sentimos.
Ahora
bien, en el caso específico de las ofrendas por el pecado, éstas eran sombras
de lo venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio redentor de Jesús.
1 Pedro 3:18
Porque también Cristo padeció una sola vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la
verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y
no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Colosenses
1:22
sin
embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte,
a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,
Pablo
disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos
Hebreos
10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues
donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que,
hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo,
20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y
teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.
24 Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
De esta forma todo lo referido a la
ofrenda por yerro se cumple en Cristo: la vida en sí misma —sangre— y la fuerza
de ésta —grasa— se ofrece en holocausto a Dios; los pensamientos —cabeza—, lo
externo —piel—, la manera de caminar —piernas—, lo que se es —carne—. De nueva
cuenta, como escribe Pablo en Hebreos 10:5-7 “por lo cual, entrando en el mundo
dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. Holocaustos y
expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh
Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí”.
De
igual forma, si uno es seguidor de Cristo, una vez aceptado su ofrenda por los
yerros cometidos, ya no sobre la aplicación material de las leyes mosaicas sino
por su cumplimiento espiritual, debe vivir santamente para Dios, “el que dice
que permanece en él [Jesús], debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6), “Sed
imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1), lo cual implica
ofrecer de igual forma nuestra vida al Padre, no en expiación por nuestros yerros,
lo cual ya fue cumplimentado por Jesús, sino como parte de esa vida a la que
hemos sido traídos al aceptar el llamamiento del Padre para venir a salvación
en el presente siglo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de
Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a
Dios, que es vuestro culto racional. No
os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que la persona que peca por
yerro debe llevar la ofrenda respectiva sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado referido al cumplimiento completo, pleno y total del sacrificio
redentor de Jesús quien se ofreció a sí mismo enteramente al Padre como
expiación por nosotros, dejándonos a nosotros el ejemplo de vivir de la misma
forma en el mundo, fuera del campamento, pero sin ser parte del mundo, consumiéndonos
en lo que somos para estar en posibilidad de ofrecer toda nuestra vida frente
al santuario en holocausto al Padre, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.

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