64. Es un mandamiento el realizar el ritual de la ofrenda por el pecado (Lv. 4:2, 4, 10 u.p.)
“Habla
a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno
de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere
alguna de ellas […] Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión
delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará
delante de Jehová […] y el sacerdote la hará arder sobre el altar del
holocausto”
Levítico 4 contiene las prescripciones establecidas por Dios como parte de Su pacto con Su pueblo respecto de las ofrendas por el pecado.
Las ofrendas por el pecado, como lo señala Levítico 4:2, se relacionaban directamente con Dios y la violación a sus mandamientos, a diferencia de las ofrendas por la culpa, que norma Levítico 7, y que se relaciona directamente con el prójimo y las prescripciones relativas a la relación con él. Es decir, se incurre en pecado ante Dios cuando se violan sus mandamientos, se incurre en culpa con el prójimo cuando se incumplen las normas que rigen la relación con él.
Había
tres consideraciones dependiendo de quién cometiera el pecado si un sacerdote
(v. 3), si el pueblo (v. 13), si alguno de los jefes (v. 22), o bien, si alguno
de los integrantes del pueblo (v. 27). El procedimiento era prácticamente el
mismo, en lo que variaba era en la ofrenda por el pecado: en el caso del
sacerdote la ofrenda era un becerro (v. 3), en el caso del pueblo también era
un becerro (v. 14), en el caso de alguno de los jefes era un macho cabrío (v. 23),
y en el caso de alguno de los
integrantes del pueblo era una cabra sin defecto (v. 28).
Respecto
del procedimiento, que era prácticamente el mismo para todos los casos, quien
buscaba expiación llevaba el animal para la ofrenda y ponía sus manos sobre éste,
luego el mismo era degollado y el sacerdote rociaba con la sangre siete veces
hacia el velo del santuario untando parte de esta sobre los cuernos del altar
de incienso que estaba en el lugar santo echando el resto de la sangre a los
pies del altar de bronce que estaba en el atrio, de la ofrenda se tomaba la
grasa que cubría los intestinos, los dos riñones y la grasa que estaba sobre
ellos, la grasa que estaba sobre el hígado haciendo arder todo esto sobre el
altar de bronce, de igual forma la piel de la ofrenda, su carne, su cabeza, sus
piernas, sus intestinos y su estiércol eran quemados pero fuera del campamento.
De
manera general, si bien Levítico es material de un estudio por sí mismo, es
importante destacar algo respecto de los holocaustos, ofrendas y sacrificios.
Al ir leyendo Levítico, aparte de los diferentes holocaustos, ofrendas y
sacrificios que se encontrarán dependiendo de la intención y del oferente,
puede uno ir viendo que hay un tratamiento especial para ciertas partes de lo
que se ofrece como holocausto, ofrenda o sacrificio.
De
manera especial y reiterativa se menciona, respecto de los holocaustos,
ofrendas y sacrificios, las maneras en que debían de disponerse en estos de la
sangre (Levítico 1:5, 11), la cabeza y el sebo (1:8, 12), las entrañas y las
patas (1:9, 13), y los riñones y el sebo (3:3-4, 9-10, 14-15). Todas estas
sombras tiene su realización plena, en cuanto a significado, en la frase “Y
amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus
fuerzas” (Deuteronomio 6:5; Mateo 22:37). La sangre representa toda la vida en
sí (Levítico 17:11), la cabeza representa los pensamientos, es decir, lo que
creemos (Deuteronomio 6:8), el sebo, las entrañas y los riñones nuestro
interior, sobre todo la fuerza (Job 30:27), las patas nuestro andar, es decir lo que hacemos
(Jeremías 6:16; Oseas 14:9), en cuanto al estiércol éste representa aquello que
debe ser desechado de la vida propia (Deuteronomio 23:13) para vivir solo para
Dios. De esta forma las sombras del trato especial a estas partes de los
holocaustos, ofrendas y sacrificios eran un referente de la manera en que uno
debe entregarse a Dios: con toda nuestra mente, nuestro corazón, nuestra
voluntad, nuestras fuerzas, nuestro ser; lo que pensamos, hacemos, decimos,
sentimos.
Ahora
bien, en el caso específico de las ofrendas por el pecado, éstas eran sombras
de lo venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio redentor de Jesús.
1 Pedro 3:18
Porque también Cristo padeció una sola vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad
muerto en la carne, pero vivificado en espíritu
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y
no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Colosenses
1:22
sin
embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte,
a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,
Pablo
disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos
Hebreos
10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues
donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que,
hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo,
20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y
teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.
24 Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Y
más específicamente, sobre la sombra de las partes de la ofrenda que eran
quemadas fuera del campamento Pablo de igual forma escribe
Hebreos
13
11 Porque
los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida
en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
12 Por lo
cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre,
padeció fuera de la puerta.
13 Salgamos,
pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
14 porque no
tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
15 Así que,
ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir,
fruto de labios que confiesan su nombre.
16 Y de
hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se
agrada Dios.
De esta forma todo lo referido a la
ofrenda por el pecado se cumple en Cristo: la vida en sí misma —sangre— y la
fuerza de ésta —grasa— se ofrece en holocausto a Dios; los pensamientos —cabeza—,
lo externo —piel—, la manera de caminar —piernas—, lo que se es —carne—,
incluso aquello que debe desecharse de la vida —estiércol—, es quemado fuera
del campamento, consumido como parte de vivir en el mundo, sí, pero si ser
parte del mundo, viviendo para Dios. Ambas cosas están relacionadas, lo último
permite lograr lo primero. De nueva cuenta, como escribe Pablo en Hebreos 10:5-7
“por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más
me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del
libro está escrito de mí”.
De
igual forma, si uno es seguidor de Cristo, una vez aceptado su ofrenda por el
pecado, debe vivir santamente para Dios, “el que dice que permanece en él [Jesús],
debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6), “Sed imitadores de mí, así como yo de
Cristo” (1 Corintios 11:1), lo cual implica ofrecer de igual forma nuestra vida
al Padre, no en expiación por nuestros pecados, lo cual ya fue cumplimentado
por Jesús, sino como parte de esa vida a la que hemos sido traídos al aceptar
el llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo: “Así que,
hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto
racional. No os conforméis a este siglo,
sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos
12:1-2).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de realizar el ritual de
la ofrenda por el pecado sigue vigente, más sin embargo espiritualizado
referido al cumplimiento completo, pleno y total del sacrificio redentor de
Jesús quien se ofreció a sí mismo enteramente al Padre como expiación por
nosotros, dejándonos a nosotros el ejemplo de vivir de la misma forma en el
mundo, fuera del campamento, pero sin ser parte del mundo, consumiéndonos en lo
que somos para estar en posibilidad de ofrecer toda nuestra vida frente al
santuario en holocausto al Padre, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.

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