98. No se puede ofrecer levadura ni miel en el altar (Lv. 2:11)


 “Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová”

 

Como parte del pacto que Dios hizo en su momento con su pueblo, estableció ciertas normas relativas a las ofrendas las cuales, vistas desde el punto natural, parecieran no tienen mayor sentido, pero si se comprenden espiritualmente se llegan a vislumbrar las verdades subyacentes, una de estas disposiciones es la de Levítico 2:11 que prohíbe agregar a las ofrendas tanto miel como levadura, ¿por qué esto?

 

Recordemos que parte de pacto incluía holocaustos, primicias, ofrendas y sacrificios, cada uno de ellos tenía un simbolismo relacionado con el sacrificio redentor de nuestro Señor el cual, por su muerte y resurrección, nos reconciliaría con Dios, pero el común denominador de todos es que eran puestos a fuego a efecto de ser consumidos y así ofrecidos a Dios. Comencemos por esto.

 

El fuego del altar, que no debía apagarse en ningún momento, apunta a la purificación que viene de Dios la cual puede ser correctiva/preventiva/justiciera. Para comprender esto en el contexto de todo lo dicho, lo señalado por Deuteronomio 4:24 que indica “porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso”, siendo así que dicho fuego simboliza precisamente esto.

 

Deuteronomio 18:16

Esto es conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: ``No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, no vuelva a ver este gran fuego, no sea que muera”

 

Salmos 29:7

La voz de Jehová levanta llamas de fuego.

 

Isaías 30:27

He aquí, el nombre de Jehová viene de lejos; ardiente es su ira, y denso es [su] humo. Sus labios están llenos de indignación, su lengua es como fuego consumidor,

 

Deuteronomio 32:22

porque fuego se ha encendido en mi ira, que quema hasta las profundidades del Seol, consume la tierra con su fruto, e incendia los fundamentos de los montes.

 

Hebreos 12:28-29

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.

 

Ahora pasemos a la levadura ya a la miel para terminar de entender la disposición de Levítico 2:11.

 

Comencemos con la miel y para eso veamos una de las profecías del Antiguo Testamento que se refería a nuestro Señor. La profecía en cuestión señala “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. Comerá cuajada y miel hasta que sepa lo suficiente para desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, será abandonada la tierra cuyos dos reyes tú temes” (Isaías 7:14-16). Ya vimos que esto, de manera sobrenatural, apuntala Mesías, pero ¿qué quiere decir eso de que “comerá cuajada y miel hasta que sepa lo suficiente para desechar lo malo y escoger lo bueno”? Las verdades de salvación se representan en la Escritura como leche, como vemos en Hebreos 5:12 y 1 Corintios 3:2, siendo que la mantequilla es lo más excelso de la leche, incluso por encima del queso, tanto por su procesado, finesa, exquisitez y contenido. De igual forma la miel en la Escritura apunta a las verdades divinas como señala Salmos 119:103 y Proverbios 24:13-14. Es así como eso de que comería “mantequilla” y “miel” se refiere a que comería lo mejor de lo mejor de las verdades divinas, es decir, se alimentaría directamente de Dios, como Jesús mismo lo dijo “…Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar el trabajo que me dio” (Juan 4:34). Así tenemos que la miel es lo mejor de lo mejor de las verdades divinas.

 

¿Y en cuanto la levadura? Para eso veamos el principal referente de ello que lo era, precisamente, la fiesta de los panes sin levadura.

 

La fiesta de los panes sin levadura (matzot, palabra plural que deriva de matzo,  מַצָּה, y que significa panes ázimos o panes sin levadura), era una conmemoración que iba unida a la celebración de la Pascua, la cual como ya vimos se celebraba el 14 de Nisán, y deriva su nombre de la obligación de comer en el lapso de la fiesta panes sin levadura. Los Panes sin levadura, segunda fiesta de primavera, se celebraba por siete días, desde 15 y hasta el 21 de Nisán (Levítico 23:6; Números  28:17) – Nisán, como ya se comentó, puede caer en Marzo o en Abril cada año-, aunque como podemos ver los Panes sin levadura estaban íntimamente unidos con la Pascua, en la cual también se comía junto con el Cordero Pascual panes sin levadura: “Esa noche comerán la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura” (Éxodo 12:8), por eso en Éxodo 12:18 se señala que “en el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde”

 

Si bien los Panes sin levadura se observaba como fiesta del 15 al 21 de Nisán, sólo el primer día y el último, es decir, el 15 y el 21, eran de reposo en los cuales no se hacía ningún trabajo (Levítico 23:7-8; Números 28:18-25).

 

Como puede verse, los Panes sin levadura consistía principalmente en dos condicionantes: comer panes sin levadura y retirar de todas las casas en esos días la levadura que en su interior pudiera encontrarse. Tan importante era esto que cualquiera que comiere pan con levadura debía ser cortado de la congregación (Éxodo 12:19).

 

La levadura es un símbolo del pecado. Mateo 16:5-12 lo explica:

5 Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.

6 Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.

7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.

8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?

9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?

10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?

11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?

12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

 

El no comer nada leudado y el retirar de nuestras casas la levadura es un símbolo de la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16) a la que el cristiano está siendo llamado.

 

Pablo escribiendo a los Corintios les indica esto al señalar “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.  Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:6-8).

 

Así tenemos que la levadura es un símbolo del pecado.

 

Con las tres ideas anteriores –fuego, miel y levadura- podemos entender por qué Dios en Levítico 2:11 establece la prohibición de que lo que fuese a ofrecérsele tuviese alguna de estas dos cosas ultimas.

 

La purificación que viene de Dios la cual puede ser correctiva/preventiva e incluso justiciera, no podemos ofrecerle sus verdades divinas, la miel, a efecto de ser consumidas por el fuego, esto es un absurdo y una contradicción con la figura misma de los holocaustos, primicias, ofrendas y sacrificios; pero de igual forma no podemos ofrecerle el pecado –la levadura- como parte de los holocaustos, primicias, ofrendas y sacrificios. Interesante esto, ¿verdad?, ni lo santo ni lo impuro, ¿entonces? Nosotros mismos, pero como somos imperfectos, Jesús nos suple para entregarse como sacrificio perfecto y, reconciliándonos con el Padre, podamos de igual forma ofrecernos (Hebreos 13:15-16)

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se puede ofrecer levadura ni miel en el altar, sigue vigente más sin embargo espiritualizado refiriéndose a que ni las verdades divinas –la miel- ni el pecado –la levadura- deben formar parte de lo que se consumirá en el fuego purificador, correctivo/preventivo/justiciero, de nuestro Dios, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.


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