91. No santificar a un animal defectuoso (Lv. 22:22)


 “Ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso, no ofreceréis estos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, le estableció ciertos requisitos de aceptación de los holocaustos, ofrendas y sacrificios que se le ofrecerían.

 

Levítico 22

17 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 18 Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda en pago de sus votos, o como ofrendas voluntarias ofrecidas en holocausto a Jehová, 19 para que sea aceptado, ofreceréis macho sin defecto de entre el ganado vacuno, de entre los corderos, o de entre las cabras. 20 Ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto por vosotros. 21 Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz a Jehová para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto. 22 Ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso, no ofreceréis estos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová. 23 Buey o carnero que tenga de más o de menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; pero en pago de voto no será acepto. 24 No ofreceréis a Jehová animal con testículos heridos o magullados, rasgados o cortados, ni en vuestra tierra lo ofreceréis. 25 Ni de mano de extranjeros tomarás estos animales para ofrecerlos como el pan de vuestro Dios, porque su corrupción está en ellos; hay en ellos defecto, no se os aceptarán.

 

La comprensión natural de lo anterior es clara: Dios, al ser santo y perfecto, solo puede recibir holocausto, ofrendas y sacrificios que de igual forma lo sean, y si bien en términos naturales nada alcanza la perfección y santidad de Dios, sí hay una línea clara entre aquello que en la medida de lo posible fuese así de lo que de plano no lo era, como lo señalado al referirse a “ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso”.

 

De hecho, algunos de los reclamos que posteriormente Dios le haría a su pueblo irían precisamente en el sentido de que, apartando lo mejor para ellos, le ofrecían a él no solo lo de menor calidad sino incluso lo que había claramente señalado como no acepto: “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo, cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 1:8).

 

De manera natural debería salirnos el dar lo mejor de lo que recibimos a Dios, después de todo Él nos da todo, ¿no podríamos darle lo mejor de ello a Él?, no porque lo necesite, no porque nos necesite, como dice Salmos 50:12 “si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud”, sino para reconocer su soberanía, señorío y majestad.

 

Pero de manera espiritual aún hay mayor comprensión referida a su iglesia.

 

De inicio hay que señalar que, así como las fiestas santas de Dios eran sombras que apuntaban al plan que sobre la humanidad realizaría Dios en tiempo y forma, de igual manera lo eran los holocausto, ofrendas y sacrificios presentados en referencia a lo que los reyes y sacerdotes en Cristo, los hijos de Dios llamados, elegidos y fieles, presentan a Dios.

 

Salmos 40:6-8: Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado.  Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.

 

Salmos 51:15-17: Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.  Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

 

1 Samuel 15:22: Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz de Jehová? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros.

 

2 Reyes 22:19: porque se enterneció tu corazón y te humillaste delante de Jehová cuando oíste lo que hablé contra este lugar y contra sus habitantes, que vendrían a ser desolación y maldición, y has rasgado tus vestidos y has llorado delante de mí, ciertamente te he oído'--declara Jehová.

Salmos 34:18: Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu.

 

Isaías 57:15: Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos.

 

Oseas 14:2: Tomad con vosotros palabras, y volveos a Jehová. Decidle: Quita toda iniquidad, y acepta nos bondadosamente, para que podamos presentar el fruto de nuestros labios.

 

Joel 2:13: Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora a Jehová vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.

 

Miqueas 6:6-8: 6 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?  ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?  Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

Romanos 12:1-2: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

 

Romanos 6:13: ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

 

Romanos 15:16: para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea aceptable, santificada por el Espíritu Santo.

 

1 Corintios 6:20: Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

 

Hebreos 13:15: Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante El, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre.

 

1 Pedro 2:5: también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

 

Pero entonces, ¿a qué se refiere, espiritualmente hablando, aquello de Levítico 22:22 de “ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso, no ofreceréis estos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová”? Se refiere a los defectos espirituales de aquellos que acercándose a Dios con ellos no le son aceptos. Veamos.

 

Ciego. Estar ciego carnalmente implica no poder ver, pero a nivel espiritual implica no poder discernir las verdades reveladas. Ahora bien, ¿cómo puede hacerse esto último? La Escritura dice sobre sí misma “lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”, de igual forma Jesús hablando a los de su tiempo, y en su figura a todos los cristianos de todos los tiempos, les dijo “yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12), de esta forma el ver, espiritualmente hablando, es posible sólo gracias a la Palabra escrita y a la Palabra hecha carne. Por su parte, y en consonancia con lo anterior, sólo aquel que ve puede proclamar las verdades reveladas, de hecho éste es un requisito para salvación, como dice Pablo escribiendo a los de Roma “porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. De esta forma este ciego representa a todos aquellos que sin la Palabra escrita y la Palabra hecha carne no pueden comprender las verdades reveladas y por lo tanto no pueden proclamarlas al mundo.

 

Perniquebrado. Un perniquebrado representa a aquellos que no andan conforme a la voluntad de Dios, “el que anda en rectitud teme a Jehová, pero el de perversos caminos le desprecia” (Proverbios 14:2).

 

Mutilado, verrugoso, sarnoso o roñoso. De manera genérica puede decirse que las enfermedades físicas en el pueblo de Israel tenían una connotación relacionada con el pecado (Juan 9:2), si bien Cristo reconvino esta forma de pensar (Juan 9:3) la comprensión escritural implica que las cuestiones materiales, en este caso las enfermedades que aquejaban a aquellos que eran sanados por Jesús, tenían un mensaje que espiritualmente debe comprenderse, no en cuanto al pecado al cual se relacionaban como un castigo del mismo sino más bien a lo que espiritualmente representaban.

 

Por ejemplo, un ciego representa a aquel que vive en esa oscuridad espiritual que le impide avanzar en el Camino, “lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105); un mudo representa a aquel que su falta de comprensión le impide hablar correctamente las verdades reveladas, “y tú le hablarás, y pondrás las palabras en su boca; y yo estaré con tu boca y con su boca y os enseñaré lo que habéis de hacer” (Éxodo 4:15); y un manco representa a todo aquel que no obra conforme a la voluntad de Dios, “no todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

 

Pero lo señalado por Levítico 22:22, espiritualmente hablando, no se circunscribe solo al hecho de no presentar a Dios, de nuevo: espiritualmente hablando, aquello que no le es acepto, sino cambiarlo para que lo sea, esto no por nosotros mismos sino por el sacrificio redentor de Jesús, quien en su momento naturalmente curó a quienes padecían de aquello y puede sanar a quienes padecen en el espíritu lo mismo.

 

Siguiendo el orden de las ideas expresadas, el que los mudos puedan hablar, los mancos restablecerse, los cojos andar, y los ciegos ver, implica que la sanación que deviene de aceptar a Jesús en sus vidas les permitía realizar de conformidad con la voluntad el Padre, aquello para lo cual antes estaban espiritualmente imposibilitados.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no santificar a un animal defectuoso, sigue vigente más sin embargo espiritualizado simbolizando como es que aquellos son deficiencias espirituales –mudos, mancos, cojos, ciegos- no le son aceptos a Dios, pero también que, por medio de Jesús, nuestro, Señor y su Salvador, pueden de nuevo hablar, hacer, andar y ver, espiritualmente hablando, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.


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