86. No se quitarán las estacas del arca (Ex. 25:15)


 “Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo estableció ciertas directrices referentes a la manera en que debían ser tratados los objetos del Tabernáculo de reunión. Lo relativo al Arca, de manera general, y las varas que se usaban para poder cargarla, de manera particular, lo tenemos en Éxodo 25.

 

Éxodo 25

10 Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. 11 Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor. 12 Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado. 13 Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. 14 Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas. 15 Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella. 16 Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. 17 Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. 18 Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. 19 Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. 20 Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines. 21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. 22 Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.

 

Para entender lo relativo a no quitar las varas del Arca, es menester primeramente, entender el significado del Arca.

 

Para entender el significado del Arca es necesario saber qué contenía la misma, es decir, para qué fue hecha, cuál era su finalidad. Es cierto que sobre la misma Dios se revelaba (v. 22), pero el Arca en sí, ¿qué uso tenía? El versículo 21 menciona que dentro de la misma se pondría el testimonio que Dios mismo daría, ¿cuál es ese testimonio? Éxodo 31:18 menciona que “dio [Dios] a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios”, de igual forma Éxodo 34:29 señala que “aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios”, es así como el testimonio que se colocaría dentro del Arca se refería a los Diez Mandamientos de la Ley de Dios escritos en las dos tablas de piedra. Éxodo 40:20 señala al respecto que una vez que se concluyó el Tabernáculo y todo lo relacionado con él, “[Moisés] tomó el testimonio y lo puso dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca.” Así que dentro del Arca se encontraban las tablas de la Ley de Dios, referidas en la Escritura como el testimonio.

 

Ahora bien, ¿eran las tablas de la Ley de Dios lo único que contenía el Arca? Hebreos 9:4 señala “…el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto”

 

La Escritura muestra un pasaje donde el pueblo de Israel se rebeló (Números 16), creían que cualquiera podía ser sacerdote, para dirimir esto Dios pide que de cada tribu se traiga una vara, incluyendo la de Aharón, siendo que al día siguiente la que reverdeciera, indicaría quien tenía el favor de Dios para esa encomienda, la única que reverdeció fue la vara de Aharón. Números 17:10 señala que después de lo anterior  “Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran”

 

El Maná era el alimento con el cual de manera milagrosa Dios proveyó para alimentar a Su pueblo mientras anduvieron por el desierto rumbo a la tierra prometida. Éxodo 16:31 señala del Maná que  “…era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel”. Sobre esto la Escritura señala que “dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes”.

 

Así que todo lo anterior permite entender que el Arca tenía un fin en sí misma y que era precisamente el de contener las tablas de la Ley de Dios, la vara de Aharón y el Maná, ¿podrá servirnos esto para comprender qué representaba el Arca? Veamos.

 

Las tablas de la Ley tienen una correlación con la función de Moisés, de hecho las tablas de la Ley no fueron dadas a Aharón, sino a Moisés, y Moisés trajo al Pueblo de Israel el mensaje que Dios le había dado. Moisés es señalado por la Escritura, en boca de Dios mismo, como profeta, siendo así que las tablas de la Ley tienen un referente relacionado con la función de profeta.

 

Por su parte, y a diferencia de lo anterior, la vara de Aharón tiene una clara correlación con la función sacerdotal de él mismo, de hecho, el reverdecimiento de la vara sirvió para identificar claramente a quien Dios había seleccionado para desempeñar la función sacerdotal dirimiendo en su momento la controversia que algunos rebeldes habían generado. La vara reverdecida se colocó en el Arca, es así como la misma apunta a la función de sacerdote.

En este punto es fácil darse cuenta por donde va este razonamiento. La Escritura tiene una peculiaridad de que ni explica todo lo que hay que explicar, aunque sí da atisbos de ello, ni oculta todo lo que desea ocultar. Tal como la misma Escritura señala “Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria de los reyes el investigarlo” (Proverbios 25:2). Pero de la misma forma, como si de una instrucción progresiva se tratase, la Escritura explica ciertas cosas y, con base en el entendimiento y comprensión que se van adquiriendo, puede entonces avanzarse a entender lo que permanece oculto. Muchos ejemplos hay de esto, sirva como muestra señalar lo relativo a las profecías en la Escritura. Daniel presenta imágenes proféticas de cuyo entendimiento depende la comprensión de muchas otras profecías, incluyendo las contenidas en Revelación. Si uno estudia Daniel puede ver cómo es que las primeras imágenes proféticas (Daniel 2:31-35) son explicadas por la misma revelación dada (Daniel 2:36-45), pero luego siguen otras revelaciones que no son explicadas pero que con el entendimiento previo, relacionándolo con toda la Escritura en sí, y con ayuda del Santo Espíritu de Dios, se puede llegar a comprender. En este caso relacionado con el Arca es igual.

Las tablas de la Ley de Dios que contenía el Arca están relacionadas con la función de profeta, la vara de Aharón que reverdeció está relacionada con la función de sacerdote, ¿qué función es la que haría falta de las que se han considerado relacionadas con Cristo? Así es. La función de rey. ¿Podrá ser el Maná, que es lo tercero que el Arca contenía, una figura relacionada con esta función? Así es. Tal como Hebreos 9:4 señala al respecto, dentro del Arca estaba contenido el Maná dentro de una urna de oro. El oro es símbolo de la realeza, muchos pasajes de la Escritura señalan esto, tanto en su connotación natural referida a los reyes de Israel, como en su connotación trascendental referida a Dios mismo como rey (Salmos 47:7) y a Su Hijo como rey de reyes (1 Timoteo 6:15). Es así como la urna de oro apunta a la función monárquica. Pero hay más. La urna de oro contiene, a diferencia de los otros dos objetos colocados en el Arca -las tablas de la Ley de Dios y la vara de Aharón-, otro elemento que permite entender a qué se refiere el Arca, o más bien a quién. 

Respecto de la urna de oro que estaba en el Arca junto con las tablas de la Ley de Dios y la vara de Aharón, la Escritura señala que la misma contenía el Maná. ¿A qué o a quién se refiere el Maná? El Maná tiene un fuerte simbolismo, de hecho un único simbolismo, relacionado con Cristo, el pan del cielo (Juan 6:48, 51), pero a diferencia del Maná que sólo daba vida física, Cristo, hablando precisamente de esto señala que “vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.  Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (Juan 6:49-50=. Es así como la urna de oro que estaba en el Arca se refiere a la función monárquica, pero el Maná que estaba dentro de dicha urna habla precisa, exclusiva y específicamente, como sombra e imagen, de Cristo. Siendo así que siguiendo esta misma línea de pensamiento, el resto de lo que contenía el Arca, las tablas de la Ley de Dios y la vara de Aharón, están de igual forma referidas al papel de Cristo, conjuntando todo, como profeta, sacerdote y rey.

Por esto era menester entender, como se hizo al principio de la presente obra, las tres funciones relativas a Cristo y que en su momento se analizaron como profeta, sacerdote y rey, siendo de esta forma que lo que contenía el Arca, las tablas de la Ley de Dios, la vara de Harón que reverdeció y la urna de oro conteniendo el Maná, hacían referencia a las tres funciones a desempeñar de manera perfecta y santa por Cristo: profeta, sacerdote y rey.

 

Ahora bien, esas tres cosas que contenía el Arca, las tablas de la Ley de Dios, la vara de Aharón y la urna de oro conteniendo el Maná, apuntaban a las funciones de profeta, sacerdote y rey, siendo que el Maná de la urna de oro apunta hacia Cristo por ende los otros dos objetos también, con todo y todo sin símbolo de las tres funciones que ya se han mencionado, funciones desempeñadas de manera perfecta y santa por Cristo, es así como puede responderse la pregunta inicial ¿a qué representaba el Arca? O más bien, ¿a quién? Siendo la respuesta, con base en lo comentado, a Cristo. El Arca representaba a Cristo, los tres objetos que contenía el Arca representaban las tres funciones a desempeñar por Cristo.

 

Esto es un conocimiento de extrema importancia al cual el Pueblo de Israel no tuvo acceso y por el cual no entendió, hasta la fecha, el papel de Cristo.

 

Como puede verse los tres objetos que apuntaban a las tres funciones que desempeñaría el Mesías estaban contenidos en el Arca, en una sola Arca, no entres Arcas sino en una sola, ¿y esto que tiene que ver? Pues que dichas tres funciones sería desempeñadas por una misma persona, y de nuevo ¿esto qué tiene que ver? Pues nada más y nada menos que si no se entiende esto no puede comprenderse el papel del Mesías, tal cual le pasó al Pueblo de Israel.

 

Las profecías que la Escritura consigna sobre el Mesías presentan lo mismo a un Mesías sufriente que a un Mesías triunfante.

 

Mesías sufriente

Mesías triunfante

Isaías 53

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos.

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Y se dispuso con los impíos su sepultura, más con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Zacarías 9

Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.

10 Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.

11 Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua.

12 Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.

13 Porque he entesado para mí a Judá como arco, e hice a Efraín su flecha, y despertaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente.

14 Y Jehová será visto sobre ellos, y su dardo saldrá como relámpago; y Jehová el Señor tocará trompeta, e irá entre torbellinos del austro.

15 Jehová de los ejércitos los amparará, y ellos devorarán, y hollarán las piedras de la honda, y beberán, y harán estrépito como tomados de vino; y se llenarán como tazón, o como cuernos del altar.

16 Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo; porque como piedras de diadema serán enaltecidos en su tierra.

17 Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará a los jóvenes, y el vino a las doncellas.

 

 

Los israelitas estudiosos de la Escritura no entendían cómo conciliar lo anterior, ¿el Mesías sufriría o el Mesías triunfaría? Tratando de entender esto algunos eruditos propusieron que dependiendo de la situación del Pueblo el Mesías, cuando viniese,  o sería sufriente o sería triunfante. Otros eruditos, por su parte, propugnaron porque habría dos Mesías, uno sufriente y otro triunfante. Todas estas ideas se daban por lo complicado de conciliar las ideas de un Mesías sufriente y de un Mesías triunfante.

 

Tal vez lo anterior en la actualidad para el cristiano no implique mayores problemas pero eso es gracias a la revelación que sobre lo expresado en la Escritura sobre el Mesías en la actualidad se tiene, pero en aquellos tiempos, cuando aún faltaba para que Jesús viniera a Su pueblo, la comprensión no alcanzaba a entender estas aparentes contradicciones escriturales.

 

Para el tiempo de Cristo la idea de un Mesías sufriente casi se había dejado y la idea de un Mesías triunfante era la que prevalecía. Esto se entiende por la situación que pasaba el Pueblo de Israel sometido en aquel entonces al Imperio Romano.

 

Este pensamiento es claro en los diferentes pasajes de la Escritura dónde el Pueblo de Israel quería hacer rey a Jesús, de igual forma queda esto en evidencia incluso entre los mismos discípulos para quienes la imagen de un Mesías triunfante era preponderante (Hechos 1:6).

 

Pero la imagen de un Mesías sufriente y de un Mesías triunfante no son contradictorias sino que apuntan a diferentes fases de la labor de Mesías que en su momento serían desempeñadas, fases que tiene su entendimiento y comprensión en las funciones de profeta, sacerdote y rey contenidas a manera de imágenes en los objetos que eran contenidos por el Arca.

 

Extendiéndose sobre esto último puede decirse que la función preponderante de Cristo como profeta es hasta su muerte, la función preponderante de Cristo como sacerdote es a partir de Su resurrección, y la función preponderante de Cristo como rey será a su segunda venida, de igual forma entendiendo esto y considerando la Escritura pueden verse en Él mismo las figuras del Mesías sufriente y del Mesías triunfante.

 

Con este entendimiento puede avanzarse en comprender una referencia escritural que sin el conocimiento anterior no tiene sentido.

 

Éxodo 4:1-9

Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.  Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra.

 

La anterior cita es de todos conocida y es previa a la presentación de Moisés con Faraón, como puede leerse en la misma Dios primero le dice lo relativo a la señal de la vara, luego a la de la mano sana que se vuelve leprosa y lego otra vez sana, y por ultimo al inicio de las plagas como todos las conocemos.

 

Lo curioso de esta cita es que en el capítulo 7 de Éxodo puede leerse lo relativo a las señales que Moisés realizó ante Faraón y no hay momento alguno en que se realice la cuestión de la mano sana que se vuelve leprosa y luego otra vez sana. Los versículos 8 al 13 de dicho capítulo muestran cuando la vara de Moisés se transforma, pero inmediatamente después, en el versículo 14, viene la indicación de la realización de la primera plaga: la conversión de las aguas del Nilo en sangre, ¿y la señal de la mano que se vuelve leprosa y luego otra vez sana?

 

Dios es un Dios de orden 1 Corintios 14:33, las instrucciones que da no son sin sentido, lo registrado en la Escritura es para útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto (2 Timoteo 3:16-17), entonces ¿qué significa la señal relativa a la mano sana que se vuelve leprosa y luego otra vez sana?

 

Para responder a esto es menester entender que puede simbolizar la mano a que esta cita hace referencia.

 

En el Evangelio de Juan se recoge el sentir de muchos que, a pesar de las señales que Cristo hacía, se negaban a aceptarlo como el Mesías, actitud que había sido profetizada tiempo atrás.

 

Juan 12 

36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.

Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.

37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él;

38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo:
    Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
    ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? 

39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:

40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón;
Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón,
Y se conviertan, y yo los sane. 

41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.

 

 

La profecía de Isaías a que hace referencia la cita anterior, contenida en el capítulo 53 de ese libro de la Escritura, terminará por dar luz sobre el asunto del brazo, la mano o la diestra de Jehová.

 

Isaías 53 

1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

 

Sin duda alguna las expresiones contenidas en dicho capítulo de Isaías son de todos conocidas como profecías sobre el papel redentor que Cristo desempeñaría, pero lo interesante es la manera en que inicia dicho capítulo “¿sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (v. 1), a partir de ahí los siguientes versículos se referirán a ese brazo de Jehová: “no hay parecer en él [el brazo de Jehová], ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo [el brazo de Jehová] para que le deseemos” (v. 2), “despreciado y desechado [el brazo de Jehová] entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos [el brazo de Jehová] (v. 3), ciertamente llevó él [el brazo de Jehová] nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (v. 4),  más él [el brazo de Jehová] herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (v. 5), y así.

 

¿A quién se refiere Isaías cuando al inicio de este capítulo menciona al brazo de Jehová?, ¿quién ese ese brazo de Jehová referenciado como “varón de dolores, experimentado en quebranto” (v. 3) que “llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (v. 4) y que fue “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados [cuyo] castigo de nuestra paz fue sobre él, y [que] por su llaga fuimos nosotros curados” (v. 5)? La respuesta es Cristo.

 

Así que esta profecía referida al brazo de Jehová es una referencia al papel redentor de Cristo, luego entonces ambos términos se refieren a lo mismo: el Mesías, Jesús, nuestro Señor y Salvador, el brazo, la mano, la diestra de Jehová.

 

Una vez comprendido esto, se puede retomar la cita de Éxodo 4:1-9, con la comprensión a la referencia de Cristo como el brazo, la mano, la diestra de Jehová.

 

Así, puede verse que dicha señal registrada en la Escritura se refiere precisamente al papel de Cristo, el brazo de Dios, Su diestra, Su mano, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,  para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:6-11).

 

Así que la mano sana que se vuelve leprosa es ese despojo que de su naturaleza divina hizo Cristo  para hacerse semejante a nosotros y ser cargado con nuestros pecado, para después de ocultarse un breve tiempo aparecerá de nuevo en toda su gloria y majestad, o como lo dice Pablo escribiendo a los hebreos, “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).

 

Con este entendimiento es que puede uno avanzar a comprender el simbolismo entregado en el diseño del Arca y, posteriormente avanzar en la comprensión de la construcción y disposición del Tabernáculo.

 

Del Arca se dice que la misma estaría hecha de madera (v. 10) cubierta de oro por dentro y por fuera (v. 11). La madera es un símbolo escritural referido a la naturaleza humana (Mateo 12:33; Salmos 1:3; Jueces 9:8-10; Jeremías 17:7-8; Isaías 55:12), mientras que el oro es una referencia directa a la naturaleza divina (Hageo 2:8; Isaías 62:3; Salmos 21:3), dado que ya quedó establecido que el Arca representa a Cristo y el contenido de la misma a sus tres funciones -profeta, sacerdote y rey-, no es difícil entender el simbolismo subyacente al material del Arca, Jesús Hijo del Hombre (Mateo 20:28; Marcos 8:38; Lucas 18:8; Juan 6:53), Jesús Hijo de Dios (Romanos 1:4; 1 Juan 5:10). Con todo y todo existe otro simbolismo aplicable a cada uno de los llamados y elegidos que sean encontrados fieles, simbolismo que se tratará más delante pues la comprensión del significado del Tabernáculo y su contenido debe hacerse en dos sentidos: de adentro hacia afuera, que es el que se está siguiendo, y posteriormente de afuera hacia adentro.

 

Como se verá conforme se avance en el presente estudio, las medidas que sobre el Tabernáculo y su contenido son entregadas en la Escritura no cumplen meramente una función arquitectónica sino que guardan un simbolismo trascendental, pero en el caso del Arca este simbolismo queda trunco por la misma Escritura no permitiendo avanzar en la comprensión del mismo al menos en cuanto a lo que dice pero sí en cuanto a lo que no dice.

 

El versículo 10 señala respecto de las medidas del Arca que estas serían de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Todo bien hasta ahí, pero el Arca incluye una tapa que la Escritura llama propiciatorio, tapa cuyas medidas de igual forma deben ser consideradas como parte de las medidas del Arca en sí, pero ¿qué encontramos respecto del propiciatorio?, lo que escrituralmente hallamos es que las medidas del mismo están incompletas. El versículo 17 señala respecto de las medidas del propiciatorio que las mismas son de longitud dos codos y medio y de ancho codo y medio, pero no menciona nada de la altura.

 

Al carecer de la medida referida a la altura no podemos tener las medidas completas del Arca por lo que el simbolismo aunado a estas permanece velado, pero dado que toda la Escritura no es casual esta misma falta de información entrega una comprensión diferente al respecto.

 

La tapa del Arca, el propiciatorio, también es llamado al Trono de la Misericordia (Éxodo 25:17-22; Levítico 16:2; Hebreos 4:16), así que al no presentarse una medida referida a la altura de dicho propiciatorio, el cual se refiere a la misericordia divina, implica que la misma no tiene límite, no es cuantificable, esta misericordia infinita es un atributo del Padre, atributo que Su Hijo refleja como imagen del Dios Vivo (Colosenses 1:15).

 

El versículo 11 señala que el Arca tendría una moldura de oro, esto es un símbolo de limite, escrituralmente de un límite que no hay que traspasar para no morir (Deuteronomio 22:8), dado que el Arca simboliza a Cristo, ¿qué límite es ese?, el límite de no desobedecer al Padre de no pecar (1 Juan 3:4 Romanos 6:23). Cristo es imagen de Dios y Él mismo señalaba que no hablaba sus palabras sino las palabras que había oído del Padre (Juan 12:49), de igual forma indicaba que Él no había venido a hacer su voluntad sino la voluntad del Padre (Juan 6:38). El Hijo de Dios, de esta forma, se limita al ser obediente en todo al Padre (Filipenses 2:8), curiosamente esta obediencia es la que trae la verdadera libertad pues permite actuar en perfección y santidad como Dios mismo (Mateo 5:48; 1 Pedro 1:16).

 

Para mover el Arca el versículo 12 señala que se harían para ella cuatro anillos de oro mismos que serían puestos en sus cuatro esquinas: dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado. Para comprender el simbolismo aunado a esto hay que entender el uso de lo mismo: los anillos serían usados para que el Arca pudiera ser desplazada de un lugar a otro. El Arca representa a Cristo, pero quienes la tenían que llevar era los israelitas, visto simbólicamente indica que hacia dónde vayan los elegidos deben llevar a Cristo.

 

Es interesante como algunos grupos evangélicos hacen un énfasis en el Nuevo Testamento, mientras que otros grupos judaizantes hacen un énfasis en el Antiguo Testamento, este énfasis es excluyente ya que la contraparte o es dejada fuera o demeritada, pero a quienes la Escritura llama santos son aquellos que tienen los Mandamientos de Dios y el Testimonio de Jesús (Revelación 14:12), es decir, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, entendiendo testamento como Pacto.

 

La Escritura presenta el simbolismo del testimonio siempre en la figura de dos que precisamente testifican, con todo esto puede entenderse porque el arca tenía cuatro anillos para desplazarla, dos de un lado y dos de otro, ese dos representa el testimonio (Zacarías 4:3; 11:14; Juan 15:27; Hechos 1:8; Mateo 24:14; Génesis 41:32; Hebreos 6:18), que están de un lado y de otro implica que el cristiano retiene en su mente y en su corazón el testimonio que nace de los Mandamientos de Dios y del testimonio de Jesús. Ambos son uno sólo en la figura de Cristo, el Arca; ambos deben formar parte del pensar, del sentir, del decir y del hacer del cristiano, vaya a donde vaya, viva lo que viva, se encuentre donde se encuentre.

 

El complemento de los anillos del Arca para poder desplazarla eran las varas de madera recubiertas de oro que pasándose entre loa primeros servían para transportar el Arca (v. 14 y 15). La vara escrituralmente hablando tiene el simbolismo de rectitud, de justicia que es puesta a prueba (Mateo 22:14; Lucas 12:32; 2 Corintio 10:13; 1 Pedro 4:12-14; 17-19; Cfr. Revelación 17:1, 15; Habacuc 3:6), siendo así que solamente lo justos, los que obran con rectitud, no considerando sus propios pensamientos sino la voluntad del Padre, son aquellos que precisamente son considerados para llevar el Arca, para mostrar con su hechos la fe que se tiene (Santiago 2:18), de igual forma las varas son de madera cubiertas de oro, es decir, la naturaleza humana cubierta de la naturaleza divina, esto porque el plan de Dios para con la humanidad incluye la participación de los llamados a salvación, de aquellos que serán considerados con Cristo coherederos. Aquí las varas tienen ese sentido, mostrar que la justicia, la rectitud de los llamados a salvación llevan en su vida a Cristo mismo.

 

Sin ser parte del Arca, pero sí entregando simbolismo sobre la misma, sobre ella debía haber dos querubines, una a cada extremo cubriendo con sus alas el propiciatorio y si bien cada uno estaba frente al otro, ambos mirarían hacia el Arca (v. 18 al 20). Esto tiene un fuerte simbolismo que devela ese ámbito espiritual que sin la Escritura sería imposible comprender.

 

Hebreos 1:6 señala que del Hijo el Padre dice a los ángeles que le adoren, de igual forma la Palabra de Dios señala que los ángeles ansían conocer el Evangelio (1 Pedro 1:12), así ambos querubines representan esa realidad espiritual que reconoce en Cristo al Hijo de Dios y que a la vez está expectante del desarrollo y develación del plan de salvación.

 

Los últimos dos versículos referidos al Arca señalan aspectos que ya se han considerados, el versículo 21 señala que dentro del Arca estaría el testimonio que Dios mimo daría, esto es, Su Ley, las dos tablas conteniendo Sus diez mandamientos. Junto con la Ley de Dios, como ya se vio y ya se comentó, también se pondría en el Arca la vara de Aharón y una vasija de oro conteniendo el maná. El versículo 21 señala que sobre el Arca, encima del propiciatorio, entre los dos querubines, Dios mismo se revelaría,  es decir, Dios se revelaría a través de Cristo, revelación que expectantes esperaban los mismos Ángeles, revelación que tendría un fin sobre el cual se volverá más delante y que tiene que ver con cada uno de los hijos llamados a salvación: “allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio… todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”, es decir, el plan que Dios mismo tiene para que Sus elegidos lleguen a ser lo que Él pensó desde la eternidad: Su familia.

 

Es interesante que las instrucciones relativas al Tabernáculo no comiencen directamente con las indicaciones sobre la construcción del mismo sino con las indicaciones relativas al Arca, una vez entendido el simbolismo del Arca puede entenderse el por qué: Cristo mismo es el centro de todo el Tabernáculo, como Cristo mismo debe ser el centro de la vida cristiana.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se quitarán las estacas del arca, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido a que solamente lo justos, los que obran con rectitud, no considerando sus propios pensamientos sino la voluntad del Padre, son aquellos que precisamente son considerados para llevar el Arca, para mostrar con su hechos la fe que se tiene, para de esta forma mostrar que la justicia, la rectitud de los llamados a salvación llevan en su vida a Cristo mismo.


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