85. No se puede utilizar incienso común en el alta de oro (Ex. 30:37)


 “Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová”

 

Las disposiciones que Dios había establecido para con Su pueblo en lo que se conoce como el Antiguo Testamento implicaban instrucciones muy precisas sobre el uso y disposición de aquello que fuese apartado para el servicio referido al culto, fuesen personas u objetos.

 

El altar del incienso (Ex. 37.25-28) estaba justo frente al velo divisorio entre el lugar santo y el lugar santísimo y era donde diariamente se ofrecía incienso para Dios.

 

El altar del incienso estaba hecho de madera (v. 1), simbolizando la naturaleza humana, cubierto de oro, simbolizando la naturaleza divina (v. 3). Tenía una cornisa (v. 3) simbolizando los límites relacionados con la voluntad de Dios que no deben ser traspasados. El volumen del altar es de 2, resultante de multiplicar un codo de longitud por un codo de anchura y dos codos de altura, simbolizando el testimonio de la fe. Tenía anillos de oro debajo de la cornisa a través de los cuales se traspasaban varas para poder llevarlo simbolizando que a donde uno va debe llevar ese altar. La quema de incienso se hacía por la mañana y al anochecer (v. 7-8) simbolizando la totalidad de nuestro tiempo entregada a Dios, tanto de día como de noche.

 

Con todo y todo, ¿qué significa el altar del incienso?

 

En Revelación se tiene de nuevo la figura relacionada con el incienso (Revelación 8:4-6), y este libro que sella el testimonio señala sobre esto que el incienso representa las oraciones de los santos (Revelación 5:8). Así que el altar del incienso en la era de la iglesia, el lugar santo, simboliza las oraciones de los llamados y elegidos.

 

Ahora sí, con esta comprensión, puede verse y entenderse la nueva información que se entrega sobre esto. El versículo 9 señala “No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación”, pareciera una indicación más, pero con la comprensión que en este punto se tiene adquiere gran relevancia. Los holocaustos, ofrendas y libaciones estaban normados para la era relativa a las leyes mosaicas (por eso en el atrio se hacían los sacrificios, como se verá más delante), pero en la era de la iglesia dichos sacrificios han concluido pues los mismos apuntaban al sacrificio redentor de Cristo donde con su muerte una vez y para siempre nos trajo redención (Hebreos 10:10-14), siendo que en esta era, la de la iglesia, la oración el medio por el cual entramos en comunión con Dios a través de Su Hijo.

 

Por último, los cuatro cuernos (v. 2) representan los cuatro puntos cardinales, es decir, la simbología relativa al altar del incienso aplica para los llamados y elegidos de toda nación, raza, pueblo y lengua, la sangre que una vez al año el sumo sacerdote ponía en los cuernos el día de la expiación, simboliza el sacrificio redentor de Cristo que nos redime ante el Padre (Hebreos 10:10) haciendo que nuestras oraciones, en nombre de Jesús, le sean agradables (Juan 14:13-14).

 

Es así como el altar del incienso está estratégicamente colocado en el lugar santo, en la era de la iglesia, simbolizando la forma en la cual el Pueblo de Dios está en relación constante con el Padre a través de Su Hijo.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se puede utilizar incienso común en el alta de oro, sigue vigente más sin embargo espiritualizado en la era de la iglesia, dado que los antiguos sacrificios han concluido -pues los mismos apuntaban al sacrificio redentor de Cristo donde con su muerte una vez y para siempre nos trajo redención (Hebreos 10:10-14)-, la oración es el medio por el cual entramos en comunión con Dios a través de Su Hijo


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