83. No se puede fabricar aceite común con los mismos ingredientes que el aceite para ungir (Ex. 30:32)
“Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros”
Las
disposiciones que Dios había establecido para con Su pueblo en lo que se conoce
como el Antiguo Testamento implicaban que aquello que fuese apartado para el servicio
referido al culto, fuesen personas u objetos, debían ser ungidos con un aceite
especial.
Las
instrucciones para dicho aceite están contenidas en Éxodo 30:23-24: “Tomarás especias
finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad,
esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de
casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin”.
Como se mencionan en los versículos que siguen a la cita anterior, el aceite al
cual se hace referencia debía usarse para ungir el tabernáculo de reunión, el
arca del testimonio (v. 26), la mesa con todos sus utensilios, el candelero con
todos sus utensilios, el altar del incienso (v. 27), y el altar del holocausto
con todos sus utensilios, y la fuente y su base (v. 28), de igual forma sería
utilizado para ungir a Aarón y a sus hijos cuando fuesen consagrados como sacerdotes (v.30). De igual forma, y como
muchas de las instrucciones referidas al culto, el fabricar aceites similares
para otro uso o el usar el aceite anterior con otros fines estaba penado con la
muerte (v. 32-33).
Como
puede verse, la preparación de este aceite de la unción implicaba agregar al
aceite de olivas las especias de mirra, canela y cálamo.
Respecto
del aceite de olivas, la información que da relevancia para la comprensión del
simbolismo aunado dicho aceite, es que el mismo estaba hecho de olivas y estas
debían ser machacadas. La imagen del olivo señala a la familia de Dios (Romanos
11:11-24), por su parte la referencia al machacar apunta al proceso de
acrisolamiento mediante los cuales los hijos de Dios van adquiriendo el
carácter perfecto y santo de Dios (1 Pedro 1:7; Job 23:10).
En
cuanto a las especias que se le agregaban la característica común es que las
tres —mirra, canela y cálamo— son preponderantemente aromáticas, es decir, no
hay manera que pasen desapercibidas. Sobre esto la vida cristiana debe ser
vivida de forma tan íntegra que pueda la misma ser esa luz del mundo y sal de
la tierra a la que Jesús hacía referencia (Mateo 5:13-16). Con todo y todo las
tres se diferencian entre sí aunque —como parte de la simbología entregada
donde las tres son parte de un mismo aceite— las tres identifican las
características de una misma cosa: los hijos de Dios quienes han llegado a
reflejar la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18; 1 Juan 3:2; Efesios 4:13; Gálatas
4:19)
La
mirra, usada en cuestiones relacionadas con el dolor o la muerte, está
relacionada con la función de profeta —función preponderantemente desempeñada
por Cristo hasta su muerte (Mr. 15:23; Jn. 19:39)—; el cálamo, que crece en los
afluentes de los ríos, símbolo del Espíritu Santo de Dios (Isaías 44:3; Juan
7:38) está relacionado con la función de sacerdote —función preponderantemente
desempeñada por Cristo desde su ascensión al cielo y hasta su regreso—; y la
canela, árbol frondoso que puede alcanzar una altura entre 10 a 15 metros de
altura, símbolo de grandes hombres (Daniel, 4:22; Ezequiel 31:3), está relacionado con la función de rey
—función preponderantemente ha desempeñar por Cristo a su regreso y por toda la
eternidad—.
Ahora
bien, si viene es cierto que el simbolismo aunado al aceite de la unción
referido a los cristianos tiene que ver con ese llamamiento al que se he
respondido para llegar a ser como Cristo, es interesante que en las
instrucciones dadas por Dios a Su pueblo en lo que se conoce como Antiguo
Testamento también se ungían los objetos apartados para el servicio referido al
culto, lo cual significa que todo lo que los elegidos llegan a hacer debe verse
impactado por esa perfección y santidad que están llamados a reflejar: “Y todo
lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo
el Señor servís” (Colosenses 3:23-24).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se puede fabricar
aceite común con los mismos ingredientes que el aceite para ungir, sigue vigente
más sin embargo espiritualizado referido a los cristianos que al haber respondido
al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo, han sido
ungidos con su Espíritu buscando el llegar a ser como Cristo, hijos de Dios que
lleguen a servir al Padre en perfección y santidad como profetas, sacerdotes y
reyes.

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