81. No se debe extinguir el fuego de él (Lv. 6:12)


 “Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, estableció ciertas normas relativas al servicio que ante Él se prestaría, una de estas implica que el fuego del altar donde se colocaban los holocaustos, ofrendas y libaciones debía siempre estar encendido. Para entender esto hay que comprender el contexto relativo precisamente al altar.

 

Cuando uno entraba al atrio del Tabernáculo lo primero con lo que se encontraba era con el altar de bronce. Después del altar de bronce estaba la pila de bronce y luego la entrada al lugar santo.

 

El altar de bronce era el lugar donde se quemaban los holocaustos, ofrendas y libaciones, de igual forma era donde se quemaban los sacrificios. La ubicación de este en el atrio del Tabernáculo, referido a la era de las leyes mosaicas, apunta a los ritos relacionados con los holocaustos, ofrendas y libaciones, así como con los sacrificios, relacionados con dichas leyes y con dicha era, holocaustos, ofrendas y libaciones así como sacrificios que concluirían una vez iniciara la era de la iglesia.

 

 

Éxodo 27

Harás también un altar de madera de acacia de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura; será cuadrado el altar, y su altura de tres codos.

Y le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos serán parte del mismo; y lo cubrirás de bronce.

Harás también sus calderos para recoger la ceniza, y sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus braseros; harás todos sus utensilios de bronce.

Y le harás un enrejado de bronce de obra de rejilla, y sobre la rejilla harás cuatro anillos de bronce a sus cuatro esquinas.

Y la pondrás dentro del cerco del altar abajo; y llegará la rejilla hasta la mitad del altar.

Harás también varas para el altar, varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de bronce.

Y las varas se meterán por los anillos, y estarán aquellas varas a ambos lados del altar cuando sea llevado.

Lo harás hueco, de tablas; de la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harás.

 

Lo primero que salta a la vista es que dicho altar era de bronce, no de oro como las disposiciones relativas al lugar santo y al lugar santísimo, relacionadas con la divinidad, con la magnificencia, con la plenitud. En este caso el bronce es un metal de menor dignidad, de menor nobleza que el oro, lo cual es acorde a la era de las leyes mosaicas imperfectas (Romanos 8:3; Hechos 13:39), que sólo apuntaban como sombras al sacrificio redentor de Jesús (Hebreos 9:11; 10:1).

 

Sobre esto Pablo señala en Hebreos 7:11-16, 22-28

 

11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

13 y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar.

14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

15 Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,

16 no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.

23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;

24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;

25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos;

27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.

 

Volviendo sobre el altar de bronce, las medidas del mismo están dadas por cinco codos de longitud, cinco codos de anchura y tres codos de altura, es decir 75 codos de volumen total, ¿qué significará? Si bien en otras mediciones de las otras disposiciones relativas al Tabernáculo el volumen total arroja alguna comprensión subyacente, en este caso las medidas del altar de bronce deben ser abordadas de forma diferente.

 

Como referente, el altar del incienso ubicado en el lugar santo, éste media un codo de largo, un codo de ancho y dos codos de altura, dando un volumen total de dos, pero lo interesante es como la altura excede lo largo y lo ancho, es decir, en cuanto a la relación hacia arriba, con Dios, es mayor, más pleno, más completo.

 

Pero en el caso del altar  de bronce no es así, sus medidas son cinco codos de longitud, cinco codos de anchura y tres codos de altura, siendo que son estas medidas las que nos arrojan luz sobre el mismo, no el volumen total como en otras disposiciones del Tabernáculo, ¿por qué?, porque queda evidente que la altura es mucho menor que lo largo y lo ancho, es decir, los holocaustos, ofrendas y libaciones, así como los sacrificios, son muy limitados, de hecho incluso imperfectos, en la relación hacia arriba, con Dios, por tratarse simplemente de sombras de lo venidero: el sacrificio perfecto y santo de Cristo, nuestro Señor y Salvador.

 

Por último, los cuatro cuernos (v. 2) representan los cuatro puntos cardinales, es decir, la simbología relativa al altar de bronce aplica para los redimidos de toda nación, raza, pueblo y lengua, como sombra del sacrificio redentor de Cristo que nos redime ante el Padre (Hebreos 10:10).

 

En este punto es importante reparar en algo: Sólo dos cosas del Tabernáculo tienen cuernos, el altar de bronce, en el atrio del Tabernáculo, y el altar del incienso en el lugar santo, ¿qué significará esto? El altar de bronce, como ya se vio, está relacionado con el sacrificio redentor de Cristo, mientras que el altar del incienso con las oraciones que por medio de Él y en Su nombre se expresan. Esta correlación está evidenciada en dos momentos del Éxodo, cuando el Pueblo de Israel andaba por el desierto, dos momentos referidos en imagen a Cristo, imágenes que tienen su contraparte en el altar de bronce y en el altar del incienso. Esos dos momentos se refieren uno a cuando Moisés golpea la roca para dar agua al pueblo de Israel (Éxodo 17:1-7), el otro a la instrucción que Dios dio (aunque Moisés no la siguió, lo que le causó no entrase a la tierra prometida) de que, en una segunda ocasión que el pueblo tuvo sed, ya no golpear la roca para obtener agua sino hablarle (Números 20:1-12).

 

En estos dos relatos de Éxodo y Números la roca simboliza a Cristo (Mateo 21:42; Marcos 12:10; Lucas 20:17), la primera vez que se le golpea para obtener agua se refiere a la muerte de Jesús que nos redime ante el Padre dándonos vida; la segunda vez que se le debió hablar a la roca, ya no golpearla, se refiere a las oraciones que por Cristo son recibidas por el Padre para darnos vida.

 

Este pequeño detalle tan significativo, el de los cuernos del altar de bronce y del altar del incienso, que nos permite entender lo que ambos simbolizaban, todavía nos permite ir más allá en esta comprensión ya que el altar de bronce, símbolo del sacrificio redentor de Cristo, se halla en el atrio del Tabernáculo, por su parte el altar del incienso, símbolo de las oraciones que por medio y en nombre de Cristo se dicen está en el lugar santo. El atrio del Tabernáculo, representa los 1,500 años relativos a las leyes mosaicas, por su parte el lugar santo, representa los 2,000 años de historia de la iglesia, pero vemos que todo el diseño del Tabernáculo tiene un tercer espacio relativo al lugar santísimo, relacionado, con el milenio, ¿podrán estos tres espacios de igual forma estar relacionados con las tres funciones de Cristo de profeta, sacerdote y rey? Así es.

 

El atrio representa los 1,500 años de la ley, al altar de bronce, donde se hacían los holocaustos, ofrendas y sacrificios, apuntan al sacrificio redentor de Jesús. Ese sacrificio redentor de Jesús, como se ha señalado en diversos momentos de la presente obra, tiene su realización en la función preponderante de profeta de Cristo. Esto es sumamente emblemático pues habla de Cristo como fuente y centro de los 1,500 años relativos a las leyes mosaicas que culminan con su muerte.

 

El lugar santo representa los 2,000 años de la iglesia, el altar del incienso simboliza las oraciones que por medio y en nombre de Jesús, desempeñando en esta era la función preponderante de sumo sacerdote, por lo que de nueva cuenta Cristo es fuente y centro de esta era, y aunque el Arca no tiene cuernos, a través de un proceso de eliminación simple, puede entenderse que el lugar santísimo, referido al milenio, hace referencia a Cristo como rey de reyes y señor de señores.

 

Por último, en cuanto al fuego del altar que no debía apagarse en ningún momento, hay que considerar, para comprender esto en el contexto de todo lo dicho, lo señalado por Deuteronomio 4:24 que indica “porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso”, siendo así que dicho fuego simboliza precisamente esto y Quien logra todo lo señalado previamente.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se debe extinguir el fuego de él [el altar], sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a Dios mismo quien logra sus propósitos de la forma en que lo ha establecido.


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