80. La subida hacia él no debe ser por gradas (Ex. 20:26)


 “No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo estableció ciertas normas que tenían que ver con la manera en que éste se relacionaría con Él. Una de estas normas es la contenida en Éxodo 20:26 que establecía que no se subiría por gradas al altar para que la desnudez de quien subiese no se arriesgase a ser expuesta.

 

El entendimiento natural de esto es claro, si se erigía un altar en alguna parte superior al cual se tuviese que subir mediante gradas, se corría el riesgo de que al subirla desnudez de debajo de la túnica sacerdotal fuese descubierta accidentalmente, lo cual contravendría la santidad del servicio mismo y la dignidad del oferente, pero espiritualmente hay mayor comprensión.

 

Para nuestra naturaleza es evidente que lo que obtengamos en esta vida es proporcional al esfuerzo que imprimamos en ello, aunque esta visión del mundo es limitada pues incluso lo que obtenemos es por la misericordia y amor de Dios, es algo que damos por hecho, pero a nivel espiritual, sobre todo respecto con la salvación, no hay esfuerzo alguno que pudiera ganárnosla.

 

Salmos 49

Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano,

Ni dar a Dios su rescate

(Porque la redención de su vida es de gran precio,

Y no se logrará jamás),

 

 

La falta de comprensión espiritual en esto dio como resultado que incluso en la religión verdadera establecida por Dios con su pueblo, éste quedara estancado a nivel material en las normas por falta de fe.

 

Hebreo 4

1Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, no entrarán en mi reposo;

 

La parábola del publicano y fariseo deja muy en claro lo anterior en cuanto a la autosuficiencia que la observancia de las normas de manera natural había generado en algunos

 

Lucas 18

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.


Pablo deja muy en clatro que no son nuestros esfuerzos, simbolizados por ese subir en gradas hacia el altar, ese esfuerzo que pretendemos impregnar a la obra salvífica, los que nos consiguen la redención.

 

Efesios 2

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.


Subir por gradas al altar nos habla del esfuerzo que se quiere hacer para por nuestros méritos alcanzar lo que Dios desea darnos, dicho de otra forma, querer mejorar la obra salvífica, el sacrificio de Jesús por medio del cual nos granjeó la redención

 

Gálatas 3:13-29

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, tomando sobre sí mismo la maldición por amor a nosotros.

 

Salmos 19:14

Tú, Señor, eres mi roca y mi redentor; ¡agrádate de mis palabras y de mis pensamientos!

 

Efesios 1:7-8

En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros.

 

1 Pedro 1:18-19

Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir heredada de sus padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo.

 

Lo único que podemos hacer es acercarnos al altar sin nuestros propios esfuerzos, por cierto, ese altar ha sido erigido por la roca dada por Dios para constituir su templo: Jesús.

 

Hechos 4

11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

 

1 Pedro 2

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,

porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que la subida hacia él [el altar] no debe ser por gradas, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a no pretender impregnar con nuestro esfuerzo la obra salvadora que nos es dada por gracia de parte de Dios por medio del sacrificio redentor de su Hijo.


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