73. Las personas ebrias no pueden entrar en el santuario ni enseñar la ley (Lv. 10:9-11)
“Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, estableció ciertas
estipulaciones referidas al servicio religioso. Sobre esto, y relacionado con
las funciones de los sacerdotes, Dios estableció que no podían servir si se
encontraban bajo los efectos del alcohol, la explicación natural la da la misma
cita en cuestión: “para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo
inmundo y lo limpio”. Se requiere de una mente lúcida, completamente despejada,
en la totalidad de sus capacidades, para poder ejercer, primero a título
personal lo relativo al discernimiento “entre lo santo y lo profano” y,
segundo, en cuanto a la congregación, para poder “para enseñar a los hijos de
Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés”.
Esto
es más que claro incluso en la vida secular de las personas y la Palabra es
reiterativo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, en ello:
Efesios
5:18
No os
embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu.
Proverbios
23:20-21
No
seas de los que se embriagan con vino, ni de los que se juntan con los
comilones; porque el borrachón y el comilón vendrán a la pobreza, y el sueño
los vestirá de andrajos.
Gálatas
5:21
Envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; os doy por
advertencia, como ya os he advertido, que los que practican tales cosas no
heredarán el reino de Dios.
Lucas
21:34
Mirad
también por vosotros mismos, que vuestros corazones no sean cargados de
excesos, de embriaguez y de las preocupaciones de esta vida, y venga de repente
sobre vosotros aquel día.
Proverbios
20:1: El vino es burlador, la cerveza alborotadora, y cualquiera que se
extravía por ellos no es sabio.
Pero
para la iglesia de Dios hay una comprensión espiritual subyacente. Vayamos por
partes.
De
lo se conoce como la Cena del Señor la Escritura consigna:
Mateo
26
26 Mientras
comían, Jesús tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió, se lo dio a sus
seguidores y dijo:
—Tomen este pan y coman,
este es mi cuerpo.
27 Luego tomó
la copa y después de dar gracias se la dio a ellos, y dijo:
—Beban todos de esta
copa, 28 porque esto es mi sangre que establece el
nuevo pacto, la cual es derramada para perdonar los pecados de muchos. 29 Les
digo que nunca volveré a beber vino hasta el día en que beba con ustedes el
vino nuevo en el reino de mi Padre.
30 Después
cantaron una canción de alabanza y se fueron al monte de los Olivos.
Lucas
22
15 Jesús les
dijo:
—Tenía muchas ganas de
celebrar esta cena de Pascua con ustedes, antes de padecer. 16 Pues
yo les digo que no volveré a celebrar otra cena de Pascua, hasta que se le dé
el verdadero significado en el reino de Dios.
17 Entonces
Jesús tomó una copa, dio gracias a Dios y dijo:
—Tomen esta copa y
compártanla todos. 18 Les digo que no volveré a
beber vino hasta que el reino de Dios esté aquí.
19 Entonces
Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió, se lo dio a los apóstoles y
dijo:
—Este pan es mi cuerpo que
doy por ustedes. Cómanlo como recordatorio.
20 De la misma
manera, después de la cena tomó la copa y dijo:
—Esta copa es mi sangre que
es derramada por ustedes y establece el nuevo pacto.
Leamos
de nuevo lo relativo a la copa: “Luego tomó la copa y después de dar gracias se
la dio a ellos, y dijo: —Beban todos de esta copa, 28 porque esto es mi sangre
que establece el nuevo pacto, la cual es derramada para perdonar los pecados de
muchos” (Mateo 26:27-28) y “Esta copa es mi sangre que es derramada por ustedes
y establece el nuevo pacto” (Lucas 22:20). Así que la copa tiene que ver con la
sangre. Levítico 17:11 establece “porque la vida de la carne en la sangre está”,
y la vida sobrenatural, espiritual, proviene del Espíritu: “…porque la letra
mata, más el Espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6 u.p.) siendo que es el Espíritu
el que nos lleva a la verdad plena: “cuando venga el Espíritu de verdad, él os
guiará a toda la verdad” (Juan 16:13 p.p.).
Como
elegidos creemos que la copa que bebió nuestro Señor en lo que se conoce como
la Santa Cena era jugo de uva sin fermentar, ¿por qué si la Escritura no lo
declara?, porque el vino, tal como lo conocemos, no es otra cosa más que el
jugo de uva fermentado que genera en ese proceso alcohol, y en la Escritura,
toda referencia al fermento de las cosas apunta siempre al pecado:
Marcos
8:15
Y El
les encargaba diciendo: ¿Tened cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos
y de la levadura de Herodes.
Mateo
13:33
Les
dijo otra parábola: El reino de los cielos es semejante a la levadura que una
mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó
fermentado.
Mateo
16:6
Y
Jesús les dijo: Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y
saduceos.
Gálatas
5:9
Un
poco de levadura fermenta toda la masa.
Éxodo
12:19-20
Por
siete días no habrá levadura en vuestras casas; porque cualquiera que coma [algo]
leudado, esa persona será cortada de la congregación de Israel, ya [sea]
extranjero o nativo del país. No comeréis nada leudado; en todo lugar donde
habitéis comeréis panes sin levadura.
Levítico
2:11
Ninguna
ofrenda de cereal que ofrezcáis a Jehová será hecha con levadura, porque no
quemaréis ninguna levadura ni ninguna miel como ofrenda encendida para el Jehová.
Corintios
5:5-7
entregad
a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu
sea salvo en el día del Señor Jesús. Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis
que un poco de levadura fermenta toda [la masa]? Limpiad la levadura vieja para
que seáis masa nueva, así como [lo] sois, sin levadura. Porque aun Cristo,
nuestra Pascua, ha sido sacrificado.
Pero
entonces, ¿qué tiene que ver, de manera espiritual, todo esto con lo señalado
por Levítico 10:9-11? Que, en el caso de los elegidos, los mismos están
excluidos del servicio como tales si es que la comprensión de las verdades
divinas que tienen está distorsionada al haberse mezclado con levadura, es
decir, con conceptos, comprensiones y explicaciones del Enemigo, el Mundo o la
Carne, ajenos a la doctrina pura, santa y perfecta.
Judas
1:3 señala “Amados, por el gran empeño que tenía en escribirles acerca de
nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribirles exhortándolos a
luchar ardientemente por la fe que de una
vez para siempre fue entregada a los santos”. Así tenemos que, en tiempos
de la iglesia naciente, ya se consideraba que había una doctrina completa,
firme y definitiva, no en proceso de dilucidación.
Pablo
escribiendo a los Romanos les amonesta diciendo “Mas os ruego, hermanos, que os
fijéis en los que causan divisiones y
tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os
apartéis de ellos” (Romanos 16:17). De nuevo ya había una doctrina establecida,
cualquier desviación de ella era considerada división y tropiezo.
Juan
en su primera carta señala de esos que causaban división y tropiezo diciendo
“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de
nosotros, habrían permanecido con
nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de
nosotros” (1 Juan 2:19). Aquí claramente Juan declara que todo aquel que se
desviaba de la fe “dada una vez a los santos y para siempre”, es decir, que no
permanecía en la verdadera fe, en realidad no eran parte de la iglesia. En ese
mismo sentido más delante Juan señala en esa misma carta De igual forma señala
“Lo que habéis oído desde el principio,
permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece
en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre” (1 Juan
2:24), es decir, que la doctrina original recibida permaneciese en cada uno de
los miembros de la iglesia de Dios.
Pablo
escribiendo a los Colosenses les dice “si
en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza
del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que
está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro” (Colosenses 1:23).
En tiempos de la iglesia primitiva había una fe completa, total y definida y
Pablo amonestaba a permanecer en esa fe y más aún a no moverse de ella.
Pablo
escribiendo a los Tesalonicenses les dice “Por lo demás, hermanos, os rogamos y
exhortamos en el Señor Jesús, que de la
manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a
Dios, así abundéis más y más” (1 Tesalonicenses 4:1). De nueva cuenta la
enseñanza dada se ponía como referente para comportarse correctamente conforme
a la voluntad de Dios.
Pablo
escribiendo a los Hebreos les dice “Por tanto, es necesario que con más
diligencia atendamos a las cosas que
hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los
ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa
retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor,
nos fue confirmada por los que oyeron, testificando
Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y
repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:1-4). Aquí
Pablo agrega el atender sin desviarse a la enseñanza que la iglesia tenía desde
su inicio aclarado que la misma había sido dada por Jesús, que esta había sido
confirmada por quienes la oyeron y que Dios mismo, a través de prodigios y
señales, la había testificado.
En
la cita de Juan 17:20, que ya hemos analizado, Jesús e oración al Padre con
respecto de Su iglesia se dice “Mas no ruego solamente por éstos, sino también
por los que han de creer en mí por la
palabra de ellos”, así que necesariamente la iglesia de Dios proclamaría lo
que desde los inicio ya era su cuerpo doctrinal establecido siendo que los
nuevos conversos creerían lo mismo llevando así el mismo mensaje a través de
los siglos.
Pablo
confirma esto pues al escribir a Tito le dice “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada,
para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que
contradicen” (Tito 1:9). Una misma doctrina, una misma fe, retenedor de la
palabra tal y como se le ha sido enseñada, no cambiándola, no adicionándole.
Pablo
escribiendo a los Corintios señala “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual
también recibisteis, en el cual
también perseveráis; por el cual
asimismo, si retenéis la palabra que os
he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1-2).
De igual forma más delante, en esta misma carta Pablo señala “Así que, hermanos
míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre,
sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Al
igual que las citas anteriores se señala la necesidad en permanecer en la
verdadera doctrina, en la verdadera iglesia, añadiendo Pablo que de no ser así
se habría creído en vano, es decir, cualquier cambio o desviación doctrinal no
habría servido de nada sino que al contrario habría sido en demérito de la
salvación.
La
iglesia primitiva tenía una serie de doctrinas completas, establecidas y
conocidas, doctrinas que, como se vio en las citas anteriores, se mandataba a
creerlas, defenderlas y crecer en ella. Pensar en que las mismas pudieron haber
cambiado es contra la Escritura y el mismo sentido común, pero sobre esto Pablo
enfáticamente dice en Gálatas 1:6-9: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la
gracia de Cristo, para seguir un evangelio
diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os
anunciare otro evangelio diferente del
que os hemos anunciado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea
anatema”.
La verdadera
iglesia de Dios, no sólo ha existido a lo largo de estos dos mil años, no sólo
ha mostrado las características que se esperaban de ella, sino que su doctrina
ha sido la misma. Cree que la Biblia es inspirada por Dios, cree que Dios es
eterno, infinito, todopoderoso, cree en Jesús como el Hijo de Dios, principio
de la creación por medio del Quién todas las cosas fueron hechas, cree asimismo
en el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús, cree que Jesús estuvo real y
exactamente tres días y tres noches en la tumba, cree que el Espíritu Santo es
dado por el Padre, a través de Jesús, a cada creyente, cree que el nombre
bíblico para el Cuerpo de Cristo es iglesia de Dios, cree en el bautismo –sólo
de adultos- por inmersión, cree que la Cena del Señor debe observarse una vez
al año el 14 de Nisán, cree en la vigencia de los Diez Mandamientos incluyendo
el mandamiento señal que se refiere al sábado como día de reposo, cree en la
inconciencia de los muertos y que su inmortalidad es condicional, cree en el
Milenio como el período posterior a la segunda venida del Señor donde Sus
santos reinaran con Él como reyes y sacerdotes. Entre otras cosas.
La iglesia de
Dios no cree en lo que cree porque lo haya descubierto recientemente estudiando
la Biblia, tampoco porque crea que las verdades hayan comenzado a ser
restauradas a través de ella, y menos por que esté proponiendo nuevas
interpretaciones a la Escritura. La iglesia de Dios cree en esto porque así le
fue enseñado y trasmitido durante los más de dos mil años de su existencia,
siendo esta fe la misma que tenía la iglesia primitiva, escrituralmente
demostrable, manteniéndose inamovible con el tiempo.
Pablo
señala en 1 Timoteo 6:3-5 “Si alguno
enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor
Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada
sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales
nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de
hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad
como fuente de ganancia; apártate de los tale”.
En
ese sentido, volviendo sobre Levítico 10:9-11, y hasta que, espiritualmente
hablando, aquellos elegidos que estén en la situación de confusión espiritual, ebrios
espiritualmente hablando, no se le pasen los efectos de la intoxicación, es
decir, que tenga una comprensión cabal de las verdades divinas, no puede
ejercer sus funciones ya que no pueden en ese estado “discernir entre lo santo
y lo profano” y mucho menos “enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos
que Jehová les ha dicho por medio de Moisés”.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que las
personas ebrias no pueden entrar en el santuario ni enseñar la ley, sigue
vigente, más sin embargo espiritualizado referido a que, espiritualmente
hablando, aquellos elegidos que estén en la situación de confusión espiritual, ebrios
espiritualmente hablando, no se le pasen los efectos de la intoxicación, es
decir, que tenga una comprensión cabal de las verdades divinas, no puede
ejercer sus funciones ya que no pueden en ese estado “discernir entre lo santo
y lo profano” y mucho menos “enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos
que Jehová les ha dicho por medio de Moisés”.

Comentarios
Publicar un comentario