72. Los levitas y los sacerdotes no deben intercambiar sus funciones (Nm. 18:3)
“Y
guardarán lo que tú ordenes, y el cargo de todo el tabernáculo; mas no se
acercarán a los utensilios santos ni al altar, para que no mueran ellos y
vosotros”
Como
parte del pacto que Dios hizo con su pueblo estableció funciones claras y diferentes
tanto para los sacerdotes como para los levitas.
Números
18
1 Jehová dijo
a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del
santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. 2 Y a tus
hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a
ti y se junten contigo, y te servirán; y tú y tus hijos contigo serviréis
delante del tabernáculo del testimonio. 3 Y guardarán
lo que tú ordenes, y el cargo de todo el tabernáculo; mas no se acercarán a los
utensilios santos ni al altar, para que no mueran ellos y vosotros. 4 Se
juntarán, pues, contigo, y tendrán el cargo del tabernáculo de reunión en todo
el servicio del tabernáculo; ningún extraño se ha de acercar a vosotros. 5 Y tendréis
el cuidado del santuario, y el cuidado del altar, para que no venga más la ira
sobre los hijos de Israel. 6 Porque he aquí, yo he tomado
a vuestros hermanos los levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros
en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del tabernáculo de reunión. 7 Mas tú y
tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el
altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de
vuestro sacerdocio; y el extraño que se acercare, morirá.
La
comprensión natural de esto es clara y se refiere al orden de las cosas. Las funciones
tanto de sacerdotes como levitas no podían ser intercambiadas pues Dios había conferido
a cada uno de ellos ciertas responsabilidades inherentes que no podían ser cumplidas
por uno en lugar del otro. Pero desde el punto de vista espiritual contiene una
comprensión mayor pues en la figura de Jesús y los elegidos se cumple la sombra
de los sacerdotes y los levitas siendo que, de esa forma, las responsabilidades
de uno y otro no pueden ser intercambiadas.
Cristo:
profeta, sacerdote y rey
Sin pretender ahondar mucho
sobre estos puntos, los cuales ya se abordaron en los apartados anteriores de los dos sacerdocios y las dos leyes, mucho
antes de iniciar Dios los pactos con Su pueblo, primero en Abraham y con mayor
énfasis en Sinaí, tenemos la existencia de Melquisedec, rey y sacerdote de
Salem (Génesis 14:18), lo interesante es que una vez añadida la ley mosaica, no
podía una misma persona ostentar el reinado y el sacerdocio siendo que estos
recaían sobre dos personas diferentes (2 Crónicas 26:3, 16-21), pero cuando en
Jesús se restablece el sacerdocio de Melquisedec ambas figuras de nuevo recaen
sobre una sola persona (1 Timoteo 6:15; Hebreos 2:17).
La función de profeta, si bien
puede ser una figura desempeñada de manera exclusiva por una persona, también
es inherente a la función de sacerdote y la función de rey en el sentido de
exhortar, redargüir, corregir, enseñar. Dicho de otra forma un profeta puede no
ser sacerdote, un profeta puede no ser rey, pero un sacerdote necesariamente
será un profeta, un rey necesariamente será un profeta, en el sentido de
exhortar, redargüir, corregir, enseñar desde su posición.
En el caso de Cristo podemos
claramente identificar en su persona las tres funciones de profeta, sacerdote y
rey.
Profeta
La función de profeta,
entendida como la de aquel llamado a proclemar la verdad del Padre, es
fácilmente identificable en Cristo, con todo y todo la Escritura, tanto las
profecías como las declaraciones testimoniales de quienes conocieron a Jesús y
las suyas propias confirman esto.
Deuteronomio
18:15-19
Profeta
de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él
oiréis; conforme a todo lo que pediste a
Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la
voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que
han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré
mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras
que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.
Esta profecía que Dios mismo
dio a Moisés, se refería precisamente al papel de Cristo cuando éste viniera al
mundo. Esto está claramente explicado por Pedro cuando el día de Pentecostés,
dirigiéndose a la multitud, sobre Cristo declara:
Hechos
3:22-23
Porque
Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre
vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será
desarraigada del pueblo.
De igual forma, durante el
ministerio de Jesús, mucha gente lo reconoció como el profeta y de manera
inspirada estos dichos fueron recogidos en las Escrituras:
Lucas
7:16
El
temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha
surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo.
Mateo
21:11
Y la
gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.
Juan
6:14
La
gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente
este es el Profeta que había de venir al mundo.
Juan
7:40
Entonces
algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente
este es el Profeta.
Juan
9:17
Entonces
dijeron otra vez al ciego: ¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos? Y él
dijo: Es un profeta.
Si bien las citas anteriores
no dejan lugar a dudas de la figura de Jesús como profeta, tenemos sus propios
dichos que al respecto así lo atestiguan:
Lucas
13:33
Sin
embargo, debo seguir mi camino, hoy, mañana y pasado mañana; porque no puede
ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.
Ahora bien ¿qué es un profeta?
Generalmente se tiene la idea de que un profeta es aquel que devela algo
oculto, generalmente relacionado con el futuro, el porvenir. Si bien es cierto
que esta es una de las funciones que ocasionalmente desempeña un profeta, el
término abarca muchos más que eso.
Sacerdote
La función sacerdotal de
Cristo, aunque escrituralmente es clara, implica reconocer la cuestión de los
dos sacerdocios y las dos leyes, de igual forma conocer la correcta secuencia
de preponderancia entre las tres funciones de profeta, sacerdote y rey.
Salmos
110:4
Juró
Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de
Melquisedec.
Es de todos conocidos que este
salmo es un salmo mesiánico que se refiere precisamente a Jesús, nuestro Señor
y Salvador, con todo y todo mayor confirmación de esto lo tenemos cuando Pablo,
escribiendo a los Hebreos, tomando precisamente este salmo, señala respecto de
Jesús:
Hebreos
5:6
Como
también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de
Melquisedec
En esa misma carta Pablo se
explaya explicando en extensión y profundidad la figura de Jesús como ese
sacerdote, perfecto, santo y eterno:
Hebreos
6:20
…donde
Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec,
sumo sacerdote para siempre.
Hebreos
7:15
Y esto
es aún más evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote,
Hebreos
7:11
Ahora
bien, si la perfección era por medio del sacerdocio levítico (pues sobre esa
base recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad {había} de que se levantara otro
sacerdote según el orden de Melquisedec, y no designado según el orden de
Aarón?
Hebreos
7:23
Los sacerdotes
[anteriores] eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar
Hebreos
7:26
Porque
convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado,
apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos,
Hebreos
3:2
El
cual fue fiel al que le designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de
Dios.
Rey
En el Antiguo Testamento
tenemos varias profecías que presentan a Jesús, el Mesías, como ese rey que
habría de reinar de manera perfecta, santa y eterna, de igual forma el
testimonio de sus contemporáneos incluido inspiradoramente en la Escritura, así
como las profecías que aún están por cumplirse señalan esto.
Salmos
2:6
Pero
yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte.
Zacarías
9:9
Regocíjate
sobremanera, hija de Sion. Da voces de júbilo, hija de Jerusalén. He aquí, tu
rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno, en un
pollino, hijo de asna.
Números
24:17
Lo
veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Jacob,
y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moab y derrumbará
a todos los hijos de Set.
Números
24:19
De
Jacob [saldrá] el que tendrá dominio, y destruirá al remanente de la ciudad.
Miqueas
5:2
Pero
tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me
saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos
antiguos, desde los días de la eternidad.
Esta última profecía es
retomada por Mateo en su Evangelio cuando al referirse al lugar de nacimiento
de Jesús señala:
Mateo
2:6
`` Y
tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de
Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará[a] a mi pueblo Israel”
De igual forma, durante el
ministerio de Jesús en la tierra, muchos testificaron sobre su realeza, sobre
su carácter monárquico, dichos que de manera inspirada fueron recogidos e
incorporados en los Evangelios:
Juan
1:49
Natanael
le respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Juan
12:13
…tomaron
ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!, ¡Bendito el que
viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!
Mateo
2:2
¿Dónde
está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente
y hemos venido a adorarle.
Independientemente
de lo anterior, Jesús mismo testificó sobre su carácter monárquico:
Mateo
27:11
Y
Jesús compareció delante del gobernador, y éste le interrogó, diciendo: ¿Eres
tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú [lo] dices.
Marcos
15:2
Pilato
le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo El, le dijo: Tú [lo]
dices.
Lucas
23:3
Pilato
entonces le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y {Jesús}
respondiéndole, dijo: Tú [lo] dices.
Juan
18:33
Entonces
Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey
de los judíos?
E incluso la inscripción que
se colocó en la cruz, de manera providencial establecía su realeza, su carácter
monárquico:
Mateo
27:37
Y
pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía: ESTE ES JESUS, EL
REY DE LOS JUDÍOS.
Lucas
23:38
Había
también una inscripción sobre El, [que decía:] ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
Marcos
15:26
Y la
inscripción de la acusación contra Él decía: EL REY DE LOS JUDÍOS.
Juan
19:19
Pilato
también escribió un letrero y lo puso sobre la cruz. Y estaba escrito: JESUS EL
NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS.
Ahora bien, y esto es muy
importante tenerlo en cuenta, las tres funciones anteriores son inherentes a la
persona de Jesús y las tres coexisten en el mismo de manera continua, pero en
la temporalidad cada una de ella tiene una preponderancia sobre las demás, es
decir, Cristo es profeta, sacerdote y rey, pero en el transcurso de la historia
de la salvación cada una de las funciones anteriores tiene preeminencia.
Cuando Cristo vino, dada la
función que desempeño, su papel preponderante era de profeta, es decir, de
transmitir lo que del Padre había oído (Juan 5:19; 8:38; 12:49), Su verdad,
pero eso no quiere decir que sus funciones sacerdotales o de la realeza no las
desempeñara, claro que las desempeñaba pero con menor realce pues un orden hay
para todo, orden del que se hablará más delante.
En su venida, Jesús siendo
profeta, también desempeñaba un papel sacerdotal pues Él mismo oraba al Padre e
intercedía por las necesidades de los hombres físicas y espirituales (Juan 11:
41-42; 17:9, 11, 13, 15; 17: 17-19), de igual forma en su papel monárquico
definía y establecía las reglas aplicables para quien lo reconociese como Señor
(Lucas 6:46; Mateo 7:21; Juan 14:15, 21), más sin embargo en ese entonces su
papel preponderante era de profeta.
En la temporalidad actual, la
era de Su iglesia, Cristo está desempeñando un papel preponderante de sacerdote
al interceder ante el Padre (Hebreos 2:17; 4:14-16; 6:20; 7:26; 8:1) como único
mediador entre los hombres y Dios (1 Timoteo 2:5), más sin embargo a través del
Santo Espíritu del Padre sigue profetizando en Su iglesia, para edificación de
sus miembros (1 Corintios 14:3, 5), y a
través de Su iglesia, para testimonio del mundo (Mateo 24:14), de igual forma
desempeña también su papel monárquico pues ha despojado a los poderes y
autoridades de este siglo (Colosenses 2:15) y Él ha sido puesto encima de todo principado
y autoridad y poder y señorío (Efesios 1:20-22; 1 Pedro 3:22) y se ha sentado a
la derecha del Trono de la Majestad (1 Pedro 3:22; Hebreos 8:1).
Y en el Milenio Jesús
comenzará a desempeñar de manera preponderante Su papel monárquico (Revelación
19:16), más sin embargo eso no quiere decir que no desempeñará su papel de
profeta o su papel de sacerdote, seguirá la instrucción, enseñanza y
edificación de Su pueblo (Isaías 2:3) así como la intercesión de Cristo ante el
Padre por los hijos de Dios (1 Timoteo 2:5).
Es así como las funciones de
profeta, sacerdote y rey son inherentes a Jesús, más sin embargo cada una de
ellas, en el Plan de Dios, tiene un carácter preponderante sin excluir el
ejercicio de las demás.
Una vez entendido esto puede
avanzarse a comprender precisamente el orden establecido por el Padre para el
desempeño de Su Mesías como profeta, sacerdote y rey.
Cuando Cristo vino vemos que
en Israel existía una gran expectativa respecto del Mesías prometido, pero
dicha expectativa era eminentemente monárquica, es decir, un Mesías que vendría
para sacudir el yugo que en ese entonces tenían de Roma y para establecer el
Reino de Israel, incluso sus discípulos tenían esa idea (Hechos 1:6). Cuando
Jesús muere, muchos de los que esperaban esa era monárquica bajo la guía del
Mesías esperado se sienten decepcionados, tristes, abatidos, de nuevo: esto
incluso entre sus seguidores (Lucas 24:13-35).
Sobre esta última cita es
importante ver lo que se ha comentado: como existía una expectativa de
instauración de la monarquía mesiánica en Israel, incluso entre los seguidores
de Jesús, misma que se siente decepcionada a la muerte del Señor. Aún más
importante es ver como Jesús, a estos discípulos, les abre el entendimiento
mediante su explicación para que entendieran como es que el Mesías tenía
primero que morir y resucitar, es decir, desempeñar el papel sacerdotal
expiatorio previo a desempeñar de manera preponderante su función monárquica.
En la actualidad puede darse
por hecho que las funciones establecidas para desempeñar por el Mesías, con un
carácter preponderante, tenían que ser, en ese orden: profeta, sacerdote y rey,
más sin embargo en el Israel de Su tiempo esto no era así. Si bien la Escritura,
como vimos, contiene referencias hacia estas tres funciones, los estudiosos de
las mismas no entendían la manera de congeniar las mismas, máxime cuando se
presentaba por una parte un Mesías sufriente, abatido, y por otra un Mesías
poderoso, victorioso. La solución a esto, como Cristo revela a los discípulos
en el camino a Emaús, estriba en, como se ha comentado, entender que las tres
funciones del Mesías, profeta, sacerdote y rey, tenían un verificativo de
cumplimiento temporal preponderante y consecutivo.
Pero para terminar de entender
que las tres funciones del Mesías, profeta, sacerdote y rey, tenían un
verificativo de cumplimiento temporal preponderante y consecutivo, aparte de
todo lo que la Escritura, como se ha mostrado, revela, puede de igual forma
hacerse uso de la capacidad de razonamiento que Dios mismo nos ha dado. Veamos.
Si tomamos las tres funciones
que la Escritura nos revela del Mesías, profeta, sacerdote y rey, y vemos en
qué consisten, puede comprenderse que sólo existe una forma, una única forma,
de ordenarlas de manera relevante, coherente y pertinente. La función de
profeta consiste en revelar la verdad que el Padre desea transmitir, la función
de sacerdote consiste en interceder entre los hombres y Dios y lograr la
reconciliación de los primeros ante el Padre, y la función de rey consiste en
regir en un territorio, sobre súbditos y bajo ciertas leyes. Ahora bien, ¿cómo
podemos ordenar estas tres funciones para que las mismas sean relevantes,
coherentes y pertinentes? La respuesta es una sola: profeta, sacerdote y rey.
Si se estableciera primero la
función monárquica, es decir, que primero viniera el Mesías como rey, tendría
el insalvable problema que nadie podría formar parte de su reino pues al haber
todos pecado no podrían ser considerados aptos para el reino, luego entonces se
hace necesaria, antes de la función monárquica, una función sacerdotal para
reconciliación de los hombres con Dios y entonces sí, poder ser parte de Su
reino. De igual forma esto conlleva de manera natural poner previo a la función
sacerdotal la función de profeta ya que, como se comentó, la función sacerdotal
tiene la característica de reconciliar a los hombres con Dios, pero esa
reconciliación deviene de las trasgresiones dadas a la verdad revelada del Padre,
pero entonces ¿cómo puede hablarse de transgresiones si no había previamente
una revelación de lo que el Padre esperaba?, es así como la función de profeta
necesariamente tiene que estar antes que la función sacerdotal para revelar la
verdad del Padre, de esta forma una vez revelada y no aceptada generaba
transgresiones, transgresiones que necesariamente tenían que ser expiadas para
que los transgresores fueran reconciliados y poder ser parte del reino
venidero.
Si bien este ejercicio permite
a través de la razón llegar al ordenamiento correcto de las tres funciones
mesiánicas, no es la razón por si la que nos lleva a ello, sino que la razón
viene a confirmar lo que la Escritura ya ha revelado de las tres funciones
mesiánicas. De igual manera pueden intentarse otros acomodos de las tres
funciones mesiánicas pero sólo uno permite ordenarlas de manera relevante,
pertinente y coherente: una primera función, profeta, que revela la verdad del
Padre; una segunda función, la de sacerdote, que reconcilia a los transgresores
de la verdad del Padre revelada por el Mesías en su función de profeta; y una
tercera función, la de rey, que rige sobre un territorio, sobre súbditos que al
ser reconciliados por la función sacerdotal del Mesías pueden formar parte de
ese reino y con leyes que lo rigen.
Cristianos:
profetas, sacerdotes y reyes
En la figura de Cristo podemos
ver reestablecido el sacerdocio de Melquisedec, aunque en esta ocasión de
manera eterna, de igual forma, si se ha restablecido el sacerdocio de Melquisedec
en la figura de nuestro Señor Jesús (Hebreos 7:12), y si nosotros estamos
llamados a ser coherederos con Él (Romanos 8:17) y de igual forma ser profetas
(Marcos 16:15-18), reyes y sacerdotes (Revelación 1:6), se hace necesario que
en nuestra persona se identifiquen esas tres funciones, “Porque somos hechura
de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de
antemano a fin de que las pongamos en práctica” (Efesios 2:10).
Profeta
Al igual que Cristo, quien
decide seguirle como parte de la respuesta al llamamiento del que se ha sido
objeto, tiene la encomienda de proclamar la verdad que del Padre ha sido
revelada.
Romanos
10:14
¿Cómo,
pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de
quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?
Hechos
8:30-31,
Acudiendo
Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que
lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno
no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él… Entonces Felipe, abriendo su boca, y
comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
Estas dos citas hacen énfasis
en la necesidad que tiene quien quiere conocer la verdad del Padre, de contar
con alguien que lo guíe en el conocimiento de Dios de manera correcta, lo cual
es corroborado con la sentencia siguiente:
Romanos
10:17
Así
que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Es por ello que lo que se
conoce como la Gran Comisión implica, para el cristiano, proclamar el mensaje
del Evangelio:
Mateo
28:19
Por
tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Marcos
16:15
Y les
dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura.
Lucas
24:47-48
y que
en su nombre se predicara el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas
las naciones, comenzando por Jerusalén. De esto, ustedes son testigos.
Hechos
1:8
pero
recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis
testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la
tierra.
Mateo
5:14-16
14 »Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en
lo alto de un cerro no puede esconderse. 15 Ni se enciende una
lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que
alumbre a todos los que están en la casa. 16 Del
mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que,
viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo.
El entendimiento, acatamiento
y realización de esta función, la de profeta, puede verse desde los primeros
momentos de la iglesia naciente:
Hechos
2:38
Y
Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu
Santo.
En ese sentido, quien así
hiciere será reconocido, más sin embargo quien no desempeñe esta función será rechazado:
Mateo
24:45-51
45 ¿Quién es,
pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que
les dé el alimento a tiempo?
46 Bienaventurado
aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
47 De cierto
os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.
48 Pero si
aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir;
49 y comenzare
a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos,
50 vendrá el
señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe,
51 y lo
castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y
el crujir de dientes.
Sacerdote
La función sacerdotal, bajo al
sacerdocio de Melquisedec reestablecido por Cristo, implica para el cristiano
su desempeño a través de Jesús como Sumo Sacerdote:
Hebreos
10:19-20
Entonces,
hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la
sangre de Jesús, por un camino nuevo y
vivo que El inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne
Este acceso al Lugar
Santísimo, ganado por Cristo, implica para los cristianos la compartir con
Jesús la función sacerdotal:
1
Pedro 2:9
Pero
ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido
para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los
llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Romanos
15:16
para
ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote
el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea
aceptable, santificada por el Espíritu Santo.
Este desempeño de la función
sacerdotal por los cristianos no implica la perfección y santidad de estos
últimos sino el inicio de la función en tanto los creyentes son edificados:
1
Pedro 2:5
también
ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un
sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por
medio de Jesucristo.
Y como parte de esta función
hay desempeños específicos a los que los creyentes con llamados unidos a Cristo
Jesús:
Romanos
12:1
Por
tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus
cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable (agradable) a Dios, que es el
culto racional de ustedes.
Romanos
6:13
ni
presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los
muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.
Hebreos
13:15-16
Así
que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de
alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No se
olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos
son los sacrificios que agradan a Dios.
Rey
La función de rey como parte
de quienes han sido llamados a salvación en el presente siglo, tiene una
connotación principalmente profética:
Revelación
1:5-6
Y
Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los
reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su
sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e
imperio por los signos de los siglos. Amén
Revelación
5:10
y nos
has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Revelación
20:6
Bienaventurado
y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no
tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y
reinarán con él mil años.
Isaías
2:3 (Miqueas 4:2)
Y
vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa
del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y caminaremos por sus sendas.
Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de Jehová.
Más sin embargo los desempeños
inherentes a la función real, tienen verificativo inicial en el presente siglo
en la vida de los creyentes:
Mateo
20:25-28
Entonces
Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se
enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el
que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros
será vuestro siervo; como el Hijo del
Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en
rescate por muchos.
1
Corintios 6:1-4
¿Osa
alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los
injustos, y no delante de los santos? ¿O
no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser
juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los
ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?
Sí, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a
los que son de menor estima en la iglesia?
Esta función real implica que
en el presente siglo, los llamados a salvación, deben poner a trabajar los
talentos con los que han sido dotados, ya que quien hace así será reconocido,
mientras que quien no produce será condenado:
Mateo 25:14-30
14 Porque el
reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y
les entregó sus bienes.
15 A uno dio
cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad;
y luego se fue lejos.
16 Y el que
había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco
talentos.
17 Asimismo el
que había recibido dos, ganó también otros dos.
18 Pero el que
había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
19 Después de
mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.
20 Y llegando
el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo:
Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco
talentos sobre ellos.
21 Y su señor
le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te
pondré; entra en el gozo de tu señor.
22 Llegando
también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me
entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.
23 Su señor le
dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te
pondré; entra en el gozo de tu señor.
24 Pero
llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que
eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;
25 por lo cual
tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es
tuyo.
26 Respondiendo
su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré,
y que recojo donde no esparcí.
27 Por tanto,
debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo
que es mío con los intereses.
28 Quitadle,
pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
29 Porque al
que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le
será quitado.
30 Y al siervo
inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de
dientes.
Lo anterior puede enlazarse
con la parábola de las minas ya que, quienes en este siglo trabajen con aquello
que se les dotó buscando primero el Reino de Dios y SU justicia, serán
recompensados en el siglo venidero, bajo el reinado de Cristo, de dominio sobre
ciudades:
Lucas
19:11-27
11 Oyendo
ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca
de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría
inmediatamente.
12 Dijo, pues:
Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.
13 Y llamando
a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto
que vengo.
14 Pero sus
conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No
queremos que éste reine sobre nosotros.
15 Aconteció
que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos
siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado
cada uno.
16 Vino el
primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
17 Él le dijo:
Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad
sobre diez ciudades.
18 Vino otro,
diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas.
19 Y también a
éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
20 Vino otro,
diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo;
21 porque tuve
miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y
siegas lo que no sembraste.
22 Entonces él
le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre
severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
23 ¿por qué,
pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera
recibido con los intereses?
24 Y dijo a
los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez
minas.
25 Ellos le
dijeron: Señor, tiene diez minas.
26 Pues yo os
digo que a todo el que tiene, se le dará; más al que no tiene, aun lo que tiene
se le quitará.
27 Y también a
aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá,
y decapitadlos delante de mí.
Como puede verse, los
cristianos, a imagen de su Señor, incorporan en su persona las tres funciones
de profeta, sacerdote y rey, con todo y todo la pregunta sería ¿cuál de estas
tres funciones tiene preponderancia en
el siglo actual? “Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección;
la muerte segunda no tiene poder sobre éstos sino que serán sacerdotes de Dios
y de Cristo, y reinarán con El por mil años” (Revelación 20:6), como puede
verse, si bien en el presente siglo las tres funciones de profeta, sacerdote y
rey están siendo desempeñadas por los cristianos, la realización plena de las
dos últimas está condicionada a ser considerados para participar en la primer
resurrección, luego entonces la función que en la actualidad tienen mayor
preponderancia es precisamente la de profeta.
Si bien la cita anterior
permite llegar a esta conclusión, este razonamiento no es del todo necesario ya
que leyendo las citas referidas a las funciones que como profeta, sacerdote y
rey debe desempeñar un cristiano, como ya se han visto, puede evidenciarse que
el llamado preponderante para este siglo, que no el único, es precisamente el ser profeta.
Entender
esto no es cosa menor ya que implica el comprender, aceptar y ejercer los
desempeños aunados con la función de profeta proclamando el Evangelio, siendo de
esta forma luz del mundo, y dando testimonio a las naciones de la verdad del
Padre.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que los
levitas y los sacerdotes no deben intercambiar sus funciones, sigue vigente,
más sin embargo espiritualizado referido a las funciones y responsabilidades inherentes,
y no intercambiables, de los elegidos, en la figura de los levitas, y a Jesús, en
la figura de los sacerdotes.

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