59. No olvidar el mal hecho por Amalec (Dt. 25:19)


 “Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides”

 

Como parte del pacto que Dios hizo con su pueblo, le exhortó a no olvidar lo hecho por Amalec y procurar su destrucción completa.

 

Deuteronomio 25

17 Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; 18 de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. 19 Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides.


Este evento se describe en Éxodo 17:8-16, donde se relata que Amalec vino a pelear contra Israel en Refidim. Moisés, con la ayuda de Josué, Aarón y Hur, lideró la batalla contra Amalec, y aunque Israel prevaleció, el ataque de Amalec fue un acto de hostilidad deliberado y cruel.

 

Éxodo 17

Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. 10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. 13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. 15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; 16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

 

Aunque Éxodo 17 no lo señala, Deuteronomio 25 detalla que cuando Amalec vino, llegó y atacó a aquellos que estaban atrás del pueblo de Israel, aquellos que estaban en la parte trasera, él los atacó por la retaguardia, por los lados, a aquellos que tal vez se retrasaron, “todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado”. Visto naturalmente de esta forma se trató de un ataque traicionero, cobarde, ventajoso. Por eso la directriz de Dios de no olvidar sino de procurar el exterminio de Amalec. Pero espiritualmente tiene mayor comprensión.

 

Amalec viene del hebreo עם,  'am, pueblo, y מלק, malaq, retorcer, pueblo que retuerce. De esta forma, espiritualmente se refiere a nuestra concupiscencia, a aquello que nos impele a seguir el Enemigo, al Mundo o a la Carne.

 

Gálatas 5

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

 

Esta concupiscencia genera en los elegidos una guerra constante entre la Carne y el Espíritu.

 

Gálatas 5

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

 

Pablo sabía por experiencia propia de esta guerra que en nosotros Carne y Espíritu libran:

 

Romanos 7

19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

 

Guerra en la que se nos impele a tomar postura, postura, obvio, congruente con el llamamiento al que hemos respondido:


Santiago 1

12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. 13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

 

Entendamos que el Enemigo, el Mundo y la Carne son muy sutiles y no se presentan siempre de manera abierta como un acto de rebeldía a la voluntad de Dios, de esta forma el elegido, si no busca exterminar aquello que busca desviarnos del Camino a las promesas que se han dado, puede ser que, dejando alguna raíz de amargura en él, ésta vuelva a atacar cuando uno se encuentre vulnerable como el pueblo de Israel: “los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado”.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no olvidar el mal hecho por Amalec, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a las batallas que enfrenta el Israel de Dios, su iglesia en un sentido general y cada uno de los elegidos en un sentido particular, buscando extirpar todo aquello que busca desviarnos del Camino a las promesas que se han dado.


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