55. No se debe odiar a un egipcio por su genealogía (Dt. 23:8)
“Los hijos que nacieren de ellos, en la tercera generación entrarán en la congregación de Jehová”
Dios
no hace acepción de personas, pero si señala situaciones en las cuales podemos
transigir.
Dios
fue muy claro para con su pueblo respecto de no hacer pacto con las siete
naciones cananeas (Éxodo 23:32), no perdonar la vida de ninguno de ellos
(Deuteronomio 23 20:16), no mostrar misericordia a esos idólatras (Deuteronomio
23 7:2), no permitir ellos habitasen en Israel (Éxodo 23:33), y no casarse con
ellos (Deuteronomio 23 7:3). Las razones naturales, pero sobre todo
espirituales son claras: no transigir con aquellas cosas que pudiesen desviar a
los elegidos de alcanzar las promesas dadas. Más sin embargo en el caso de los
egipcios establece una distinción: “No aborrecerás al edomita, porque es tu
hermano; no aborrecerás al egipcio, porque forastero fuiste en su tierra. Los
hijos que nacieren de ellos, en la tercera generación entrarán en la
congregación de Jehová” (Deuteronomio 23:7-8). ¿Por qué esta distinción? La
clave de la misma la misma instrucción nos la da. Veamos.
A
diferencia de las siete naciones cananeas, eminente y profundamente idólatras,
el caso de los egipcios es distinto ya que, independientemente de lo acontecido
al final de su estancia allá, bajo Faraón, cuando Moisés, durante 400 años
radicaron en su tierra.
Hagamos
un poco de historia.
Faraón,
tiene unos sueños que nadie puede interpretar. Oyendo de José, quien había sido
vendido por sus hermanos y comprado al final por los egipcios, preso en ese
entonces, quien se decía interpretaba sueños, lo manda llamar siendo que, por
la gracia de Dios, le interpreta los sueños. Siendo que, por ello, Faraón lo
pone al frente de Egipto para que se prevenga de la hambruna que en su momento
llegará. Leamos.
Génesis
40
14 Entonces
Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se
afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón. 15 Y
dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he
oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos. 16 Respondió José a Faraón, diciendo: No está
en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón. 17 Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño
me parecía que estaba a la orilla del río; 18 y
que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que
pacían en el prado. 19 Y
que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan
extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de
Egipto. 20 Y las vacas flacas
y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas; 21 y estas entraban en sus entrañas, mas no
se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún
mala, como al principio. Y yo desperté. 22 Vi
también soñando, que siete espigas crecían en una misma caña, llenas y
hermosas. 23 Y que otras
siete espigas menudas, marchitas, abatidas del viento solano, crecían después
de ellas; 24 y las espigas
menudas devoraban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas
no hay quien me lo interprete.
25 Entonces
respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a
Faraón lo que va a hacer. 26 Las siete vacas
hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno
mismo. 27 También las siete
vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas
menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre. 28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que
Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón. 29 He
aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. 30 Y tras ellos seguirán siete años de
hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre
consumirá la tierra. 31 Y
aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual
será gravísima. 32 Y el
suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de
Dios, y que Dios se apresura a hacerla. 33 Por
tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra
de Egipto. 34 Haga esto
Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los
siete años de la abundancia. 35 Y
junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo
bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. 36 Y esté aquella provisión en depósito para
el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el
país no perecerá de hambre.
37 El asunto
pareció bien a Faraón y a sus siervos, 38 y
dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como este, en quien
esté el espíritu de Dios? 39 Y
dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido
ni sabio como tú. 40 Tú
estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo;
solamente en el trono seré yo mayor que tú. 41 Dijo
además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. 42 Entonces Faraón quitó su anillo de su
mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo,
y puso un collar de oro en su cuello; 43 y
lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la
rodilla!;[a] y
lo puso sobre toda la tierra de Egipto. 44 Y
dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en
toda la tierra de Egipto. 45 Y
llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija
de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.
Luego
se señala que Israel, el padre de José, sabiendo hay pan en Egipto, manda a sus
hijos a comprar algo.
Génesis
42
1 Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo
a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2 Y dijo: He aquí, yo he
oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para
nosotros, para que podamos vivir, y no muramos. 3 Y
descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto. 4 Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de
José, con sus hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre. 5 Vinieron los hijos de Israel a comprar
entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán.
Todos
conocemos la historia de cómo los hermanos de José no le conocen y éste,
después de probarlos, se les revela reconciliándose con ellos y pidiendo
traigan a su padre y su familia.
Génesis
45
4 Entonces
dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo:
Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5 Ahora,
pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para
preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en
medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni
siega. 7 Y Dios me envió
delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros
vida por medio de gran liberación. 8 Así,
pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de
Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de
Egipto. 9 Daos prisa, id a
mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo
Egipto; ven a mí, no te detengas. 10 Habitarás
en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de
tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan
cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo
que tienes. 12 He aquí,
vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. 13 Haréis, pues, saber a mi padre toda mi
gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre
acá. 14 Y se echó sobre el
cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su
cuello. 15 Y besó a todos
sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él.
16 Y se oyó la
noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto
agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos. 17 Y
dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e
id, volved a la tierra de Canaán; 18 y
tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo
bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. 19 Y tú manda: Haced esto: tomaos de la
tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, y traed a
vuestro padre, y venid. 20 Y
no os preocupéis por vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto
será vuestra. 21 Y lo
hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden de
Faraón, y les suministró víveres para el camino. 22 A
cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas
piezas de plata, y cinco mudas de vestidos. 23 Y
a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas
cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino. 24 Y despidió a sus hermanos, y ellos se
fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino. 25 Y
subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. 26 Y le dieron las nuevas, diciendo: José
vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se
afligió, porque no los creía. 27 Y
ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y
viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió. 28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo
vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.
La
conclusión de lo anterior se resume en un “Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y
tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera”
(Génesis 47:27), ¿y cupanto tiempo fue eso, obvio, hasta el Éxodo encabezado
por Moisés?, la Escritura nos dice “El tiempo que los hijos de Israel habitaron
en Egipto fue cuatrocientos treinta años” (Éxodo 12:40).
Pensemos un poco en eso ya que generalmente
tenemos una idea de un Egipto opresivo para con Israel, pero eso fue el final d
e su estancia allá, durante más de 400 años, como dice la Palabra, “Así habitó
Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de
ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera” (Génesis 47:27).
Egipto aceptó, sostuvo, alimentó y protegió a Israel durante más de 400 años,
¿no es razón más que suficiente para que Dios viese con buenos ojos a ese
pueblo?
Esta
aclaración es importante, pero más allá de la cuestión natural que permite
entender el trato diferenciado de Dios para con ellos, está la cuestión
espiritual.
Veámosla.
Pensemos
en esto: De una u otra forma todos en la iglesia de Dios hemos venido de fuera
de ella, del mundo, incluso los que nacieron dentro sus padres, abuelos o más
atrás no eran de ella, así que, siguiendo ese orden de ideas, ellos, por
aquellos, también vinieron de fuera (cfr. Hebreos 7:9-11). Ese fuera, ese
mundo, con todo lo negativo que ahora le podamos señalar, durante años,
lustros, décadas, tal cual como fue Egipto con Israel, nos proveyó, cuidó y
alimentó, tal vez no en la fe verdadera, eso es cierto, pero porque él mismo no
la conocía, pero ese resguardo por lo menos natural que nos dio nos habilito
para llegar el punto donde pudiéramos encontrar la fe verdadera en la iglesia de
Dios. ¿No es motivo suficiente no solo para no odiarlo sino incluso para agradecerle
por ello? Pero ¿qué hay con lo que ese Egipto, ese mundo propone?
La
iglesia, si bien no es del mundo, está en el mundo -“No te pido que los quites
del mundo, sino que los protejas del maligno” (Juan 17:15)-, mas sin embargo,
¿cómo debe de interactuar con él? Pensemos detalladamente en esto.
Si
vemos a la iglesia de Dios actual con la primitiva veremos muchos cambios, pero
de forma, no de esencia, su doctrina sigue siendo la misma, pero ha
evolucionado al igual que el mundo. Veamos la vestimenta, el lenguaje, los
valores, la educación, incluso la tecnología. La iglesia de Dios ha cambiado
con el mundo, ¿esto es malo?
Tenemos
que pensar seria, detenida, pero sobre todo reflexivamente sobre esto ya que
hay corrientes que de manera incongruentes abogan por casi una estaticidad: Los
hombres se dejan la barba, las mujeres usan velo, incluso algunas ni
tecnologías usan porque, argumentan, así era en la iglesia original, pero se
señala que eso lo argumentan de manera incongruente pues si usan vehículos,
medicinas y demás cuestiones del mundo de la actualidad. Ni que decir de lo
otro que se mencionó tales como cuestiones culturales, sociales, de valores,
etc. ¿Entonces?
La
iglesia no puede mantenerse estática, pero tampoco puede adoptar todo lo del
mundo, el punto medio estriba en esa guía que Dios, por medio de su Espíritu,
ha establecido en las autoridades de su iglesia para cuidarla, guiarla,
apacentarla: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también
con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante
de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre
vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por
ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a
vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:1-3).
Muchas
instrucciones ha dado Dios, por medio de su Espíritu, sobre la manera en que
las autoridades de la iglesia deben de cuidar a esta amonestándola,
instruyéndola, corrigiéndola, esto incluye aquellas cuestiones que en el mundo
se van dando y que corresponde a aquella valorarla.
Pensemos
en una, solo en una. Hasta recientemente la Biblia escrita era la manera de
transmitir la Palabra, pero con el advenimiento de la tecnología se han dado
aplicaciones para ello. ¿Es malo usarlas? La iglesia, evalúa, acepta (o no),
aplica y confirma o rectifica.
Esta
última parte es interesante pues la cita de Deuteronomio 23:8-9 señala en
su última parte que “sus descendientes a
partir de la tercera generación sí podrán formar parte de la asamblea del Señor”,
es decir, un cambio, innovación, o evolución ya aceptado por las autoridades de
la iglesia, puede y debe ser valorado a lo largo de tres generaciones pudiendo,
en ese lapso, ser rectificado si se ve con lo pernicioso del mismo supera los
beneficios que se le atribuyen siendo que, después de ese lapso, se puede
considerar ya parte de la vida de la iglesia sin mayor problema.
En
ese contexto pueden identificarse temas incluso más complicados que han dado
pie a controversias al interior de la iglesia –aborto, igualdad, divorcio,
etc-, la iglesia, independientemente de lo que opine, crea o argumente el
mundo, analiza todas las cuestiones, leves o graves, a la luz de la verdad de
la cual ella es columna y baluarte a efecto de, como se dijo, evaluar, aceptar
(o no), aplicar y confirmar o rectificar.
De
nuevo, las siete naciones cananeas representan el pecado con el cual de ninguna
forma y bajo ninguna circunstancia los elegidos pueden transigir, más Egipto representa
ese mundo del cual todos venimos, esa familia natural común que es la
humanidad, cuyos cambios, innovaciones, o evoluciones son evaluadas, aceptadas
(o no), aplicadas y confirmadas o rectificadas por las autoridades de la
iglesia para la vida de ella.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se debe odiar a un
egipcio por su genealogía, sigue vigente, más espiritualizado, referido a
aquellos cambios, innovaciones, o evoluciones del mundo que son evaluados,
aceptados (o no), aplicados y confirmados o rectificados por las autoridades de
la iglesia para la vida de ella, conforme
a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.

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