54. No se debe odiar a un descendiente de Esaú por su genealogía (Dt. 23:8)


 

“Los hijos que nacieren de ellos, en la tercera generación entrarán en la congregación de Jehová”

 

Dios no hace acepción de personas, pero si señala situaciones en las cuales podemos transigir.

 

Dios fue muy claro para con su pueblo respecto de no hacer pacto con las siete naciones cananeas (Éxodo 23:32), no perdonar la vida de ninguno de ellos (Deuteronomio 23 20:16), no mostrar misericordia a esos idólatras (Deuteronomio 23 7:2), no permitir ellos habitasen en Israel (Éxodo 23:33), y no casarse con ellos (Deuteronomio 23 7:3). Las razones naturales, pero sobre todo espirituales son claras: no transigir con aquellas cosas que pudiesen desviar a los elegidos de alcanzar las promesas dadas. Más sin embargo en el caso de los edomitas establece una distinción: “No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no aborrecerás al egipcio, porque forastero fuiste en su tierra. Los hijos que nacieren de ellos, en la tercera generación entrarán en la congregación de Jehová” (Deuteronomio 23:7-8). ¿Por qué esta distinción? La clave de la misma la misma instrucción nos la da. Veamos.

 

A diferencia de las siete naciones cananeas, eminente y profundamente idólatras, el caso de los edomitas es distinto ya que naturalmente comparten la misma ascendencia, lo cual veremos más adelante, y, por ende, retienen parte de la adoración al Dios verdadero, viviente y veraz.

 

En la Biblia, los edomitas son descendientes de Esaú, gemelo de Jacob (luego Israel) e hijo mayor de Isaac (Génesis 36). Los edomitas controlaban una zona al este del Arabá, desde Zered hasta el golfo de Áqaba. Su capital era Bosra, situada al norte de su territorio. Aquí vemos dos cosas: La relación natural entre Israel y los edomitas, y el territorio que éstos últimos abarcaban. Sobre esto último, como puede verse, los edomitas no se ubicaban dentro del área geográfica de las siete naciones cananeas.

 

Sobre los edomitas se señala que históricamente mantuvieron relaciones conflictivas con los israelitas y, finalmente, fueron asimilados por ellos y otras culturas, dejando de existir como un pueblo independiente

 

No hay que confundir el territorio que en su momento abarcaron con las naciones que actualmente viven en ello.

 

En la actualidad, el territorio que antiguamente se conocía como Edom se encuentra principalmente en el suroeste de Jordania y partes del sur de Israel. Edom, un reino bíblico, ocupaba una región montañosa al este del wadi Arabá, entre el Mar Muerto y el Golfo de Aqaba. La zona incluye partes de la actual Jordania, específicamente el sur del país, y se extiende hacia el sur de Israel.

 

Edom, como reino, ya no existe como entidad política independiente. Los edomitas fueron desplazados o asimilados por otros pueblos, incluyendo los nabateos y posteriormente los árabes. La región que ocuparon, sin embargo, sigue siendo un área geográfica con importantes sitios arqueológicos e históricos relacionados con el reino de Edom.

 

Esta aclaración es importante, pero más allá de la cuestión natural que permite entender el trato diferenciado de Dios para con ellos, está la cuestión espiritual. Más, sin embargo, y antes de abordar la cuestión espiritual, es menester señalar que ese trato diferenciado basado en el origen común de ambos pueblos, también se extendía a otras naciones, salvo las siete naciones cananeas, en cuanto a procurar de inicio la paz con ellas: “Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. 11 Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. 12 Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. 13 Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada”, obvio, esta instrucción se da en un contexto de guerra, lo cual ni siquiera era pensado para el caso de Edom, pero de inicio la cuestión de procurar la paz en primer lugar, de nuevo: salvo las siete naciones cananeas, era una directriz común.

 

Ahora bien, en el caso de los edomitas, una cosa era no procurar hacerles mal y otra muy distinta transigir en cuestiones fe. La parte final de Deuteronomio 23:7-8, “No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no aborrecerás al egipcio, porque forastero fuiste en su tierra. Los hijos que nacieren de ellos, en la tercera generación entrarán en la congregación de Jehová”, implica que, si ellos se insertan como parte del pueblo de Israel aceptando la verdadera adoración, en la tercera generación puedan considerarse de pleno como miembros de la comunidad. Veamos la cuestión espiritual.

 

Pensemos en esto: La iglesia, si bien no es del mundo, está en el mundo -“No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno” (Juan 17:15)-, mas sin embargo, ¿cómo debe de interactuar con él? Pensemos detalladamente en esto.

 

Si vemos a la iglesia de Dios actual con la primitiva veremos muchos cambios, pero de forma, no de esencia, su doctrina sigue siendo la misma, pero ha evolucionado al igual que el mundo. Veamos la vestimenta, el lenguaje, los valores, la educación, incluso la tecnología. La iglesia de Dios ha cambiado con el mundo, ¿esto es malo?

 

Tenemos que pensar seria, detenida, pero sobre todo reflexivamente sobre esto ya que hay corrientes que de manera incongruentes abogan por casi una estaticidad: Los hombres se dejan la barba, las mujeres usan velo, incluso algunas ni tecnologías usan porque, argumentan, así era en la iglesia original, pero se señala que eso lo argumentan de manera incongruente pues si usan vehículos, medicinas y demás cuestiones del mundo de la actualidad. Ni que decir de lo otro que se mencionó tales como cuestiones culturales, sociales, de valores, etc. ¿Entonces?

 

La iglesia no puede mantenerse estática, pero tampoco puede adoptar todo lo del mundo, el punto medio estriba en esa guía que Dios, por medio de su Espíritu, ha establecido en las autoridades de su iglesia para cuidarla, guiarla, apacentarla: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;  no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:1-3).

 

Muchas instrucciones ha dado Dios, por medio de su Espíritu, sobre la manera en que las autoridades de la iglesia deben de cuidar a esta amonestándola, instruyéndola, corrigiéndola, esto incluye aquellas cuestiones que en el mundo se van dando y que corresponde a aquella valorarla.

 

Pensemos en una, solo en una. Hasta recientemente la Biblia escrita era la manera de transmitir la Palabra, pero con el advenimiento de la tecnología se han dado aplicaciones para ello. ¿Es malo usarlas? La iglesia, evalúa, acepta (o no), aplica y confirma o rectifica.

 

Esta última parte es interesante pues la cita de Deuteronomio 23:8-9 señala en su  última parte que “sus descendientes a partir de la tercera generación sí podrán formar parte de la asamblea del Señor”, es decir, un cambio, innovación, o evolución ya aceptado por las autoridades de la iglesia, puede y debe ser valorado a lo largo de tres generaciones pudiendo, en ese lapso, ser rectificado si se ve con lo pernicioso del mismo supera los beneficios que se le atribuyen siendo que, después de ese lapso, se puede considerar ya parte de la vida de la iglesia sin mayor problema.

 

En ese contexto pueden identificarse temas incluso más complicados que han dado pie a controversias al interior de la iglesia –aborto, igualdad, divorcio, etc-, la iglesia, independientemente de lo que opine, crea o argumente el mundo, analiza todas las cuestiones, leves o graves, a la luz de la verdad de la cual ella es columna y baluarte a efecto de, como se dijo, evaluar, aceptar (o no), aplicar y confirmar o rectificar.

 

De nuevo, las siete naciones cananeas representan el pecado con el cual de ninguna forma y bajo ninguna circunstancia los elegidos pueden transigir, más los edomitas representan a esa familia común que es la humanidad, cuyos cambios, innovaciones, o evoluciones son evaluadas, aceptadas (o no), aplicadas y confirmadas o rectificadas por las autoridades de la iglesia para la vida de ella.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que no se debe odiar a un descendiente de Esaú por su genealogía, sigue vigente, más espiritualizado, referido a aquellos cambios, innovaciones, o evoluciones del mundo que son evaluados, aceptados (o no), aplicados y confirmados o rectificados por las autoridades de la iglesia para la vida de ella, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.

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