49. No perdonar la vida de ninguno de ellos (Dt. 20:16)


 “Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida”

 

Los mandamientos que Dios dio a su pueblo como parte del pacto, eran siempre en un contexto de libertad: Dios quiere lo mejor para nosotros, pero no puede obligar a que lo aceptemos. De Esta forma, lo señalado por Números 15:39, tanto de manera natural como espiritual, debe entenderse en el contexto de la opción, la decisión y la consecución. Veamos.

 

La opción.

 

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”

 

Siguiendo la línea de todo lo expresado hasta este momento, puede verse en esta parte del relato como es que la decisión que posteriormente nuestros primeros padres tomaría no estuvo exenta de la oportunidad de tomarla entre opciones mutuamente excluyentes: una referida a obedecer a Dios, la otra referida a desobedecerle.

 

Lo interesante del relato es ver la manera en que la opción que presentaba el Enemigo, referida a desobedecer a Dios, era presentada. Si se analiza con cuidado puede verse que lo dicho por el Enemigo no era totalmente una mentira, tampoco era una verdad completa, sino que la manera en que la opción referida a la desobediencia era presentada incluía de ambas, pero para poder presentar esta argumentación le era menester generar un pretexto para ello, dicho pretexto es generado con la pregunta capciosa de “¿conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”. Es más que evidente por el relato bíblico que Dios no les prohibió a nuestros primeros padres comer de todo árbol del huerto, al contrario: de todo árbol del huerto podían comer pero lo que sí hizo Dios, y ya se comentó, es exhortar vehementemente a no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal, dejando a nuestros primeros padres la opción de decidir.

 

Una vez presentado el pretexto, el cual fungió de la misma forma que se usa un anzuelo para atrapar a un pez, la mujer, en su respuesta, le dio las armas que finalmente el Enemigo usaría para llevarla por el camino de la desobediencia: “Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”. Véase lo disparejo del enfrentamiento: un ser prácticamente inocente, la mujer, contra un ser mucho más inteligente, el Enemigo. La mujer pretende corregir la observación del Enemigo pero lo único que logra es darle las armas para usarlas en su contra.

 

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Esta es la parte referida a la mentira mezclada con verdad, o a la verdad mezclada con mentira, como quiera verse, que el Enemigo pone como respuesta a la mujer, respuesta que incita su curiosidad y que, como es bien sabido y como se verá más delante, llevan a tomar la decisión relativa a desobedecer a Dios. En efecto, parte de la respuesta, referida a la verdad contenida en la misma, es que los ojos de nuestros primeros padres serían abiertos, como realmente sucedió, pero de igual forma la respuesta iba mezclada con mentira pues señalando a Dios como mentiroso indicó que la muerte no sería consecuencia de esa desobediencia, lo cual, como es bien sabido, no fue así.

 

Esta es la manera en que el Enemigo trabaja siempre: primero inicia en cada uno una aparente exposición de ideas sin un ánimo especial referido a la desobediencia ya que es tan inteligente que no presentaría esto último abiertamente, el problema no es ese sino que inicia cuando uno entabla relación con dichas ideas mordiendo el anzuelo a manera del símil relativo a la pesca del pez. Una vez mordido el anzuelo pasa a la presentación de argumentos, generalmente una mezcla de verdades y mentiras para entonces y solo entonces presentar la opción relativa a la desobediencia. Así siempre ha sido, así siempre será.

 

Repárese en este punto de la relatoría, a la luz de lo dicho hasta ahorita, como es que la información que presenta el Enemigo de igual forma puede ser introyectada en nuestro código genético. Vuélvase a leer el relato de Génesis 3:1-7 y percátese como es que lo que se conoce  como la tentación de nuestros primeros padres viene del exterior, del Enemigo, no forma parte de su código genético, de hecho no puede pues el hombre, por lo dicho en otros apartados de la presente obra, no puede crear nada, ni siquiera información, pero sí puede acceder a ella, de esta forma en nuestros primeros padres no estaba en sí la opción relativa a la desobediencia basada en los argumentos expuestos sino que el Enemigo la presentó, de hecho, visto desde esta forma, antes que la mujer comiera del fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal ya había comido, metafóricamente hablando, de la información que el Enemigo había puesto a su alcance introyectándola en su código genético.

 

En este punto hay que hacer una aclaración pues como se dijo que el hombre no puede crear información sino sólo acceder a ella habrá quien, basado en la experiencia personal, pueda indicar que esto no es así sino que, en la línea de la desobediencia, muchos malos pensamientos, muchas malas emociones, tienen su origen precisamente en uno, de hecho incluso podrá citar la Escritura que señala que “del corazón vienen los malos…”. Y en efecto, tendrá razón, pero eso no invalida lo dicho inicialmente. Veámoslo desde el punto de vista de nuestros primeros padres y luego desde el punto de vista de cada uno.

 

Nuestros primeros padres no tenían en sí la información relativa a las argumentaciones que sustentarían la desobediencia, pero una vez introyectadas en su código genético dicha información pasó a formar parte de ellos normando a partir de ahí su vida, dicha vida estaría entonces regida lo mismo por la nueva información que su experiencia les proporcionara que por la información que ya estuviera contenida en su código genético, información que, al estar basada en verdades con mentiras, o mentiras con verdades, como quiera verse, le acarrearía aciertos y errores en la forma de alegrías y tristezas.

 

Desde el punto de vista de cada uno pasa igual, uno llega al mundo prácticamente en blanco –prácticamente pues en el código genético ya se viene con información recibida–, conforme la experiencia lo va permitiendo a esa información se la agrega, de manera natural e involuntaria, información percibida, lo interesante es el tercer tipo de información que puede agregarse: la información contribuida, de esta forma cada información que se va introyectando en el mismo con base en la experiencia pasa a formar parte de nuestra esencia, de esta forma el hombre no crea información pero sí accede a ella, ahora bien, él puede usar, manejar, combinar esa información para generar otra que no necesariamente será nueva pero sí diferente dando esa sensación de crear cuando no es así. Es como el panadero, él no crea ninguno de los elementos que usa, pero los puede combinar de tal forma que genere productos diversos los cuales solo mostrarían las infinitas combinaciones de los materiales originales dando la impresión de creación cuando más bien podríamos señalar que se trata de utilización.

 


 

La decisión.

 

Una vez que se establece la opción, como se comentó anteriormente, viene la parte relativa a la decisión. Esa parte es enteramente personal y la misma se sustenta en el libre albedrío. Si el Enemigo pudiera impeler a que alguien tomara una decisión contraria a la voluntad de Dios, dicha decisión estaría exenta de responsabilidades para quien así lo hiciere pues la misma no hubiera sido tomada libremente. Es por eso que una vez presentada la opción de desobediencia el Enemigo tiene que retirarse para que uno procese la información nueva que es presentada, a la luz de la información que uno ya tiene introyectada, y tome la decisión procedente.

 

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”

 

Aquí se muestran las tres fases del proceso interno que sigue a la tentación: la opción no parece tan mala, “y vio la mujer que el árbol era bueno para comer”, la opción comienza a ser aceptable, “y que era agradable a los ojos”, la opción llega a ser deseable, “y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría”. EL proceso es sutil pero eficiente si no se corta en alguno de sus puntos. Lo ideal sería rechazar la tentación desde que el Enemigo pone los primeros argumentos, desde que frente a uno pone la opción de la desobediencia, “someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7), pero incluso en estas tres partes del proceso interno puede cortarse el proceso, lo que si –y esto se aclara–, conforme se avance más y más en el proceso será más difícil hacer esto, es como un incendio forestal: si cuando el mismo se ha extendido unos cuantos metros será más fácil apagarlo que si se deja se avance varias hectáreas. Ahora bien, si no logra detenerse dicho proceso viene su culminación: “y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”. Como señala la Palabra: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;  sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.  Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:13-15).

 

La consecución.

 

Una vez tomada la decisión, sea cual sea, lo que vienen son las consecuencias de la misma. En el caso del camino de la obediencia reflejado siempre en las bendiciones inherentes a ello, en el caso del camino de la desobediencia referido siempre a las maldiciones que le son propias.

 

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”

 

De esta forma nuestros primeros padres en efecto, accedieron a ese conocimiento referido al bien y al mal, conocimiento imperfecto; imperfecto, primero, por estar basado en mentiras mezcladas con verdades o verdades mezcladas con mentiras, y segundo, por sustentarse en la finita experiencia humana para avanzar a las infinitas verdades divinas a través del acierto y del error.

 

El relato concluye con que en efecto los ojos de nuestros primeros padres les fueron abiertos a ese conocimiento imperfecto y deficiente, pero ¿qué hay de la otra parte, de lo que Dios les había advertido?, ¿la desobediencia les acarreó muerte? “El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años, y murió” (Génesis 5:5).

 

Mucho más puede decirse de eso que se conoce como la caída ya que es el origen mismo de la experiencia humana, pero lo dicho hasta aquí es lo requerido por la presente obra que busca llegar a eso que se conoce como la mente de Cristo.

 

En ese sentido puede decirse que si bien seguimos poseyendo ese libre albedrío, la opción que la humanidad ha optado, en la figura de nuestros primeros padres y en la realidad de la propia existencia de cada uno, es que con base en la propia experiencia basada en el acierto y el error, se ha optad por avanzar de esta forma hacia las verdades divinas, con todo y todo esto puede usarse acorde al plan de Dios a través de hacer trabajar en conformidad con esto con la información contribuida.

 

La información contribuida es aquella que requiere de nuestra voluntad para ser accesada al código genético, de esta forma esta información se diferencia de la recibida—que no podemos interactuar volitivamente con ella— o con la percibida —cuya interacción volitiva es mínima—.

 

Mateo 16:26

Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?

 

Lucas 9:24

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de mí, ése la salvará.

 

La información contribuida queda fuera del rango de interacción del alma dado que requiere de aplicación volitiva, consciente, intencionada, y por lo tanto sólo es posible de ser interactuada a través del espíritu.

 

Gálatas 5:24

Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

 

 

Cuando en Deuteronomio 20:16 Dios dice a su pueblo “no perdonar la vida de ninguno de ellos”[los habitantes de las siete naciones cananeas], habla precisamente de esa intransigencia, natural en aquel entonces, de no pactar de ninguna forma con los pueblos que pudiesen desviar a Israel de la adoración verdadera; de igual forma, de manera espiritual, a su iglesia establece las mismas condiciones a efecto de no transigir con aquellas cosas que pudiesen desviar a los elegidos de alcanzar las promesas dadas.

 

Gálatas 5

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.


1 Corintios 6

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no perdonar la vida de ninguno de ellos [de las siete naciones cananeas], sigue vigente, más espiritualizado, referido a no transigir con aquellas cosas que pudiesen desviar a los elegidos de alcanzar las promesas dadas, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.


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