9. No recurrir a espíritus familiares (Lv. 19:31)
“No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.”
Como parte del
pacto de Dios con su pueblo se establecieron una serie de regulaciones, lo que
se conoce como leyes mosaicas, que iban desde lo religioso hasta lo social,
desde lo sagrado hasta lo cotidiano. Cientos de normativas llegaron a conformar
ese conjunto jurídico lo cual, dada la naturaleza carnal de los recepcionarios,
implicaba un gran riesgo de ser causa de juzgamiento y condena de unos para con
los otros.
Uno de estos
tenía que ver con la cuestión de consultar a espíritus, práctica muy extendida
en aquel entonces no solo en la tierra prometida que Israel habría de heredar
sino en todo el mundo antiguo.
El
día comienza con un servicio religioso por quienes se han adelantado en el
camino de la vida. De manera reverente se entonan oraciones, tanto para pedir
la intercesión de quienes ya han dejado esta vida y han entrado a la gloria,
como para interceder por aquellos que aunque ya han partido aún están siendo
purgados de sus faltas para alcanzar esa gloria. Si bien el servicio religioso
menciona ciertos santos, cada feligrés puede tener un santo especial al cual
orarle, de la misma forma si bien en el servicio se pide de manera general por
quienes han partido y aún están siendo limpiados de sus faltas cada feligrés
tiene en mente algún familiar, algún amigo, algún conocido para pedir por él de
manera específica. ¿De dónde viene esta costumbre?, ¿por qué son el 1 y 2 de
Noviembre las fecha escogida para estas observancias?, ¿forma parte esto del
espíritu cristiano?
Los
difuntos según la Escritura.
La
cuestión de la muerte siempre ha intrigado a la humanidad. Prácticamente cada
pueblo, cada cultura, ha creado toda una serie de creencias alrededor de este
tema. Con todo y todo es un tema que difícilmente puede abordarse desde la
perspectiva humana dada la naturaleza del mismo, pero eso no quiere decir que
Dios nos haya dejado en tinieblas al respecto.
La
Escritura es muy clara en cuanto a la situación de los muertos, la cual es
semejante a la inconciencia que se experimental estar dormidos.
Salmos
146:3-4 señala “No confiéis en los príncipes ni en hijo
de hombre, porque no hay en él salvación, pues sale su aliento y vuelve a la tierra; en ese
mismo día perecen sus pensamientos”; Eclesiastés 9:5 dice que “los que viven
saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más recompensa.
Su memoria cae en el olvido”; Eclesiastés 3:19-20 señala como es que “lo mismo
les sucede a los hijos de los hombres que a las bestias: como mueren las unas,
así mueren los otros, y todos tienen un mismo aliento de vida. No es más el
hombre que la bestia, porque todo es vanidad.
Todo va a un mismo lugar; todo fue hecho del polvo, y todo al polvo
volverá”; Salmo 115:17 dice cómo es que “No alabarán los muertos a Jah, ni
cuantos descienden al silencio”; y el Salmos 6:5 dice y se pregunta “porque en
la muerte no hay memoria de ti; en el seol, ¿quién te alabará?”
En el mismo orden de ideas, Romanos
6:23 señala como es que “la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios
es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro”, luego entonces como vemos la
paga del pegado es contraria a la dádiva de Dios, así pues la muerte no puede
ser sinónimo de vida eterna. De hecho esa idea de un alma inmortal no es
bíblica y las raíces de la misma llegan hasta el Jardín de Edén cuando la
serpiente, buscando engañara nuestros
primeros padres, les dijo que no habrían de morir (Génesis 3:4).
Ahondando un poco más en la falsa
doctrina del alma inmortal, es decir, que
no puede morir, vemos como Ezequiel señalo que “el alma que pecare, esa
morirá” (Ezequiel 18:4, 20), y de igual forma Mateo 10:28 advierte a que “no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed
más bien a aquel [Dios] que puede destruir el alma y el cuerpo en el Gehenna”.
Luego entonces el alma sí puede ser destruida.
Pero entonces, ¿qué esperanza se tiene
ante la muerte? Juan 5:28-29 señala como es que “No os asombréis de esto,
porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oírán su voz,
y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero
los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados”, para mayor
claridad de esto I Corintios 15:51-52, 54 señala “Fijaos bien en el misterio
que os voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos
transformados, en un instante, en un
abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta, pues sonará la trompeta
y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos
transformados… Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo
mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte
ha sido devorada por la victoria
»”. De nueva cuenta: no será sino hasta la resurrección en que, quienes
hayan aceptado a Jesús como su Señor y Salvador y al Padre como su único Dios
serán entonces sí vueltos inmortales.
Los
difuntos según el mundo.
Las
consideraciones relacionadas los difuntos y observadas con el primero y segundo
de Noviembre, van de la mano con la festividad de Halloween (contracción del
inglés All Hallows' Eve, en español: «Víspera de Todos los Santos»), estas tres
son resultado del sincretismo originado por la cristianización de la fiesta del
fin de verano de origen celta llamada Samaín.
Samaín,
cuyos orígenes datan de hace más de 2,000 años, es la festividad de origen
celta más importante del periodo pagano en Europa hasta su conversión al
cristianismo, en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre servía
como celebración del final de la temporada de cosechas en la cultura celta y
era considerada como el «Año Nuevo Celta», que comenzaba con la estación
oscura. Es tanto una fiesta de transición (el paso de un año a otro) como de
apertura al otro mundo. Su etimología es gaélica y significa 'fin del verano'.
En la actualidad el Samaín continúa celebrándose por los seguidores de
movimientos religiosos neopaganos, como la wicca y el druidismo.
Respecto
del primero de Noviembre, y en consonancia con lo señalado en el párrafo
anterior, los Celtas y otros pueblos del norte
consideraban el comienzo de Noviembre como su año nuevo. Este era el
momento en que las hojas caían y se daba una descomposición natural de las
mismas por lo que era el momento más apropiado para la conmemoración de los
muertos.
Los
difuntos, Jesús, Sus apóstoles y Su iglesia.
Por
más que uno busque en el Nuevo Testamento, no podrá encontrar una sola cita que
muestre a Jesús, o Sus apóstoles o la iglesia neotestamentaria, reconociendo,
observando o celebrando, ya no digamos el 1° o 2 de Noviembre, sino siquiera un
solo día, el que fuera, con las connotaciones asociadas actualmente con lo que
se conoce como Día de Muertos, día de Todos los Santos, Día de los Fieles
Difuntos.
Los
difuntos y las iglesias.
Tanto
Halloween como la celebración de los muertos del 1° de Noviembre, están
íntimamente relacionadas, ésta festividad la iglesia romana ha decretado para
honrar a todos los santos, por eso el 31 de Octubre, se conoce como víspera de
este día. Así mientras que el 31 de Octubre la iglesia romana busca se hagan
peticiones y rogativas como víspera del 1° de Noviembre, Día de Todos los
Santos, secularmente se vive esa fecha de otra forma por lo comentado cuando se
abordó Halloween.
Pero
no solo el 1° de Noviembre tiene una observancia religiosa en le iglesia romana
sino también el 2 de Noviembre, ya que mientras el primero se conoce como Día
de Todos los Santos, el segundo se observa como Día de los Fieles Difuntos.
Respecto del 1° de Noviembre, Día de Todos los Santos, “en esta festividad se
recuerda a todas aquellas personas que vivieron una vida llena de fe, aunque no
hayan sido reconocidas canónicamente como santos, pero que fueron un ejemplo
para los suyos.
La
Iglesia católica reconoce como santos a todos los muertos que están con Dios, a
todas las personas que se han salvado y están en el Paraíso”, de igual forma,
respecto del 2 de Noviembre, Día de los Fieles Difuntos, en este día “se
conmemora a todos los fieles difuntos, en el entendido de que no todos ellos
están en el Paraíso. De acuerdo a la doctrina católica, hay personas que tras
su muerte no van directamente al Paraíso ni al infierno, sino a un estado de
purificación temporal conocido como Purgatorio. Las almas del Purgatorio pueden
considerarse salvadas porque tarde o temprano verán a Dios”.
Como
podemos ver, la observancia del 1° y 2 de Noviembre pasan por considerar como
verdaderas las doctrinas anti-bíblicas de la inmortalidad del alma, así como
las connotaciones que esto tiene respecto del Cielo y el Purgatorio.
¿Cómo
se llegó a establecer estos dos días, el 1° y el 2 de Noviembre, como
observancias religiosa en la iglesia romana? El Día de Todos los Santos tiene
su origen en el siglo IV, periodo en el que hubo una gran cantidad de mártires
de la iglesia y que después el Papa Bonifacio IV, quien gobernó en el 610,
dedicó el Panteón Romano para rendir culto a las personas que murieron por su
fe. La palabra panteón viene del del griego Πάνθειονq que significa "todos
los dioses", así que lo que hizo el Papa Bonifacio IV fue cambiar el uso
de un templo dedicado a "todos los dioses" para utilizarlo en
adelante en honor de “todos los santos”. En un inicio, la celebración se hacía
cada 13 de mayo, sin embargo, justamente para contrarrestar la celebración del
año nuevo celta (lo que hoy conocemos como Halloween), que se celebra cada 31
de octubre, el papa Gregorio IV, quien gobernó en el Vaticano del 827 al 844,
decidió mover el Día de Todos los Santos al 1° de noviembre.
Respecto
de esta observancia, el Día de Todos los Santos, hay que aclarar que
actualmente no es privativa de la iglesia romana sino incluso es observada
también por la iglesia ortodoxa oriental, así como también por algunas iglesias
protestantes como la anglicana y luterana, en resumen, por aquellas que hacen
de la inmortalidad del alma y las connotaciones que esto tiene en las ideas de
cielo y purgatorio parte de sus doctrinas.
Conclusión
Así
que resumiendo podemos ver cómo es que el reconocimiento, observancia o
celebración del 1° de Noviembre, como Día de Todos los Santos, o del 2 de
noviembre, como Día de los Fieles Difuntos, tiene una fuerte carga pagana en
sus orígenes y mundana en su desarrollo posterior, no teniendo ninguna
correspondencia con las referencias que sobre quienes ya han fallecido se
presentan en la Escritura.
Dicho
de otra forma, por una parte, no está en la Biblia, no lo enseñaron Jesús y Sus
apóstoles, y nunca ha sido observado por la verdadera iglesia de Dios en sus
inicios lo observó, y por otra parte tiene raíces paganas, incorpora elementos
religiosos paganos, y forma parte de la corriente del mundo.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no recurrir a espíritus
familiares, sigue vigente, más sin embargo incluso en niveles espirituales lo cual
no deben ser parte de la vida de los elegidos quienes están llamados a vivir en
santidad.

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