8. No practicar la nigromancia (Lv. 19:31)
“No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios”
Como parte del
pacto de Dios con su pueblo se establecieron una serie de regulaciones, lo que
se conoce como leyes mosaicas, que iban desde lo religioso hasta lo social,
desde lo sagrado hasta lo cotidiano. Cientos de normativas llegaron a conformar
ese conjunto jurídico lo cual, dada la naturaleza carnal de los recepcionarios,
implicaba un gran riesgo de ser causa de juzgamiento y condena de unos para con
los otros.
Uno de estos
tenía que ver con la cuestión de consultar encantadores o los adivinos,
práctica muy extendida en aquel entonces no solo en la tierra prometida que
Israel habría de heredar sino en todo el mundo antiguo.
Esta prohibición
estriba en que ese mundo, que es real, está bajo dominio de huestes
espirituales de maldad, por lo mismo no tienen nada que ver con la Verdad, Luz
o Vida que proviene de Dios sino, al contrario, del Enemigo.
La tentación de
saber, conocer, comprender y, en última instancia, controlar la vida, el
destino y a los demás, podía hacer que aquellos acudieran a estos encantadores
o adivinos desviándose de la vida en santidad a la que habían sido llamados.
Dicha
prohibición se mantiene para los elegidos, pero el Enemigo, el Mundo o la
Carne, sabiendo que éstos no optarían por acudir con encantadores o adivinos,
ha ocultado lo mismo bajo mantos de fiestas que lo único que hacen es procurar
lo mismo que aquellos. Una de estas es la festividad de Halloween.
La noche es de algarabía para chicos y grandes. Disfraces van y vienen,
ya no sólo de fantasmas o brujas, que eran los tradicionales, sino un desfile
sinfín de personajes más actuales sacados de las revistas y las películas. Los
más pequeños a la búsqueda de dulces en el vecindario acompañados por sus
padres o en grupos de amigos, los más mayores en fiestas donde la diversión es
más visible que los rostros que se ocultan detrás de las máscaras
representativas. ¿De dónde viene esta costumbre?, ¿por qué es el 31 de Octubre
la fecha escogida para este festejo?, ¿forma parte esto del espíritu
cristiano?
La brujería y la
magia según la Escritura. Sin duda alguna uno de los elementos más
preponderantes de la fiesta de Halloween es el factor mágico: las brujas, los
magos, los duendes, los elfos y todo lo relacionado con ese mundo que roza los
linderos entre lo real y lo fantástico, entre lo terrenal y lo espiritual,
entre los hombres y los dioses. ¿Cómo se refiere la Escritura a estos elementos
que son extraños a lo que podríamos denominar el pensamiento judeo-cristiano?
Lo primero que
debe quedar claro es que Jehová aborrece las prácticas relacionadas con la
hechicería, la adivinación, o la brujería:
Hizo pasar por
el fuego a sus hijos en el valle de Ben-hinom; practicó la hechicería, usó la
adivinación, practicó la brujería y trató con médium y espiritistas. Hizo mucho
mal ante los ojos del SEÑOR, provocándole [a ira] (2 Crónicas 33:6).
Porque reedificó
los lugares altos que su padre Ezequías había derribado; levantó también
altares a los Baales e hizo Aseras, y adoró a todo el ejército de los cielos y
los sirvió (2 Crónicas 33:3-5).
Pero estas dos
cosas vendrán de repente sobre ti en un mismo día: pérdida de hijos y viudez.
Vendrán sobre ti en toda su plenitud a pesar de tus muchas hechicerías, a pesar
del gran poder de tus encantamientos (Isaías 47:9-13).
Después de haber
recorrido toda la isla hasta Pafos, encontraron a cierto mago, un falso profeta
judío llamado Barjesús (Hechos 13:6-8).
Y muchos de los
que practicaban la magia, juntando [sus] libros, los quemaban a la vista de
todos; calcularon su precio y hallaron [que llegaba a] cincuenta mil piezas de
plata (Hechos 19:19).
Cuando entres en
la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no aprenderás a hacer las cosas
abominables de esas naciones (Deuteronomio 18:9-12).
No comeréis
[cosa alguna] con su sangre, ni seréis adivinos ni agoreros (Levítico 19:26).
De hecho la
Escritura es muy clara y contundente respecto de aquellas personas que violen o
incumplan lo señalado anteriormente:
No dejarás con
vida a la hechicera (Éxodo 22:18).
Si hay médium o
espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente han de morir; serán
apedreados; su culpa de sangre sea sobre ellos (Levítico 20:27).
En cuanto a la
persona que vaya a los médium o a los espiritistas, para prostituirse en pos de
ellos, también pondré mi rostro contra esa persona y la cortaré de entre su
pueblo (Levítico 20:6).
Exterminaré las
hechicerías de tu mano, y no tendrás más adivinos (Miqueas 5:12).
Pero los
cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y
todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y
azufre, que es la muerte segunda (Revelación 21:8).
Es interesante
notar que no existe en la Escritura ninguna festividad practicada por el pueblo
judío o por la iglesia en sus inicios que pudiera siquiera remotamente
parecerse a lo que actualmente se conoce como Halloween, y como hemos visto las
referencias a las hechicería, la adivinación, o la brujería siempre son en un
sentido condenatorio.
La brujería y la
magia según el mundo. Halloween (contracción del inglés All Hallows' Eve , en
español: «Víspera de Todos los Santos»), también conocido como Noche de Brujas,
Noche de Muertos o Noche de Víspera de Difuntos, es una celebración moderna
resultado del sincretismo originado por la cristianización de la fiesta del fin
de verano de origen celta llamada Samaín.
Samaín, cuyos
orígenes datan de hace más de 2,000 años , es la festividad de origen celta más
importante del periodo pagano en Europa hasta su conversión al cristianismo, en
la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre servía como celebración del
final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año Nuevo Celta»,
que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición (el
paso de un año a otro) como de apertura al otro mundo. Su etimología es gaélica
y significa 'fin del verano'. En la actualidad el Samaín continúa celebrándose
por los seguidores de movimientos religiosos neopaganos, como la wicca y el druidismo .
Halloween marca
la transición entre el verano y el invierno, la luz y la oscuridad, la vida y
la muerte . En esa noche, según el folclore, los que han fallecido vuelven a
sus casas para visitar a sus familiares, por ello se les ponen fuegos para
ayudarles en sus viajes y comida como refrigerio, siempre manteniéndose atentos
por las travesuras que estos espíritus pudieran hacer esa noche .
Profundizando en
esto, y respecto de los Druidas, el orden de los sacerdotes de la antigua Galia
y Gran Bretaña creían que en Halloween los fantasmas, espíritus, hadas, brujas
y elfos salían a dañar a las personas, de igual forma las decoraciones de
hojas, calabazas (ahuecadas y con velas para iluminar el camino de los
espíritus) y tallos de maíz viene de ellos .
Esto sigue
vigente en la religión Wicca (una religión neopagana, vinculada con la brujería
y otras religiones antiguas), según sus creencias, Samhain (Halloween)
representa la muerte del Dios para renacer después en Yule. Es la celebración
más importante del año. Marca el fin del ciclo de la rueda del año. Es el año
nuevo wiccano. Es un momento mágico en
el que los mundos se tocan. Es hora de recordar a los ancestros, rendir tributo
a nuestros antepasados que han fallecido. Representa el ritual de la última
cosecha, la recolección de hortalizas y tubérculos. Es el momento del año para liberarse de las
debilidades (en los viejos tiempos el ganado pequeño que no soportaría el
invierno era sacado de la manada y sacrificado). Es también un tiempo propicio
para la adivinación, para saber que nos espera en el año venidero .
La brujería y la
magia, Jesús, Sus apóstoles y Su iglesia.
Por más que uno busque en el Nuevo Testamento, no podrá encontrar una
sola cita que muestre a Jesús, o Sus apóstoles o la iglesia neotestamentaria,
reconociendo, observando o celebrando, ya no digamos el 31 de Octubre, sino
siquiera un solo día, el que fuera, con las connotaciones asociadas actualmente
con lo que se conoce como Halloween. En lo que ya se ha comentado, existe más
bien una prohibición y condena relacionada con cualquier trato que con
brujería, fantasmas, demonios y demás pueda tenerse.
Por otra parte
no hay absolutamente ninguna evidencia que indique que los llamados por el
mundo Nazarenos, Hypsitarianos, Euchitas, Valdenses, Albigenses, Paulicianos,
Cathari, Lolardos, Quakeros, Anabaptistas, Moravianos, o Sabatistas, pero llamados por ellos mismos
como iglesia de Dios, hubiesen de alguna forma reconociendo, observando o
celebrando algo que siquiera remotamente pudiéramos identificar con las
connotaciones asociadas actualmente con lo que se conoce como Halloween.
La brujería y la
magia y las iglesias. Halloween es una festividad que está íntimamente
relacionada con el 1° de Noviembre, festividad que la iglesia romana ha
decretado para honrar a todos los santos (en el siguiente apartado hablaremos
del Día de Muertos), por eso el 31 de Octubre, como ya se señaló, se conoce
como víspera de este día.
Si bien la
iglesia romana ha reconocido el 1° de Noviembre como día de observancia
religiosa, no ha sido así con el 31 de Octubre, y si bien los intentos por
pasar las celebraciones paganas del 31 de Octubre a las cristianas del 1° de
Noviembre no han tenido mucho éxito, sí se ha creado una simbiosis entre ambas
fechas y observancias.
La iglesia
romana ha declarado que Halloween es una fiesta del paganismo, celebra cambios
de estaciones, entrada en la oscuridad tras el paso por la mitad luminosa del
año, también pretende protegerse ante los muertos, que pudieran cometer contra
los vivos algunos actos malvados. Es fiesta así que une aspectos de magia,
fertilidad, cambio de ciclo, agradecimiento por los meses luminosos del año, y
petición de protección ante los meses de oscuridad. Los practicantes en el
neopaganismo han vuelto a una fiesta y a una religiosidad que de nuevo coloca
al hombre dependiente de la naturaleza creada. Alejándose de la religión
cristiana que muestra a Dios como Señor de la Creación y a su Hijo Jesucristo,
Dios y hombre verdaderos, como ante quien todo se somete, no hacen sino
volverse a la oscuridad y a los miedos de las antiguas religiones. Los
cristianos debemos de llevarles con nuestras palabras y actos la Buena Noticia
de que Cristo, la Luz verdadera, ilumina todo lo existente, incluido el sentido
del hombre, y Dios es Providencia y Padre nuestro.
Haciendo eco de
esto la iglesia romana, rechazando lo que se conoce como Halloween, ha tratado
de darle el carácter de una verdadera víspera de todos los santos, es decir,
previa al 1° de Noviembre, día de los fieles difuntos. El ya finado Papa Juan
Pablo II dijo: "San Odilón deseó
exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del
Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por
los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los
Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal". "Al
rezar por los muertos, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la
Resurrección de Cristo que por su Cruz nos obtiene la salvación y la vida
eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de todos
los hombres". Vivir de manera correcta la celebración de la Víspera de la
Fiesta de Todos los Santos solo nos puede traer como consecuencia una sola
cosa, las Gracias Divinas por medio de la intercesión de Todos los Santos, a
quienes rendimos honor y gloria por ceñir en ellos la corona de la victoria.
En este mismo
sentido la iglesia romana ha intentado retomar de la festividad de Halloween
algunos conceptos (como el disfrazarse de brujas, fantasmas, duendes) y darles
un cariz cristiano al proponer disfrazarse de santos y santas denominando ese
festejo “Holywins” (“la santidad gana”) en vez de Halloween.
Así que
resumiendo podemos ver cómo es que el reconocimiento, observancia o celebración
del 31 de Octubre bajo el cobijo tanto de Halloween como de Holywins, tiene una
fuerte carga pagana en sus orígenes y mundana en su desarrollo posterior, no
teniendo ninguna correspondencia con las referencias que sobre brujería y la
magia o sobre quienes ya han fallecido
se presentan en la Escritura.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no practicar la nigromancia,
sigue vigente, más sin embargo incluso en niveles espirituales donde fiestas
aparentemente inofensivas que tenga connotaciones de magia o encantamiento no deben
ser parte de la vida de los elegidos quienes están llamados a vivir en santidad.

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