7. No sacrificar niños a Moloc (Lv. 18:21)
“Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por
fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo Jehová”
Como parte del pacto que en su momento
Dios hizo con su pueblo establecían una exclusividad en cuanto a su relación.
El primer mandamiento de los ratificados por Dios con su pueblo como parte del
pacto en Sinaí establecía “no tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo
20:3).
Dios ha dejado muy en claro que no
permite que la adoración de la cual Él es el único merecedor le sea entregada a
otro.
Éxodo 34
11 Guarda lo
que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo,
al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. 12 Guárdate
de hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que
no sean tropezadero en medio de ti. 13 Derribaréis
sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. 14 Porque no te has de inclinar a ningún otro
dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. 15 Por tanto, no harás alianza con los moradores
de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán
sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; 16 o tomando de sus hijas para tus hijos, y
fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos
en pos de los dioses de ellas.
Uno de esos falsos dioses que existían
en la tierra que Israel habría de heredar era Moloc.
Según la tradición rabínica, Moloch era
una estatua de bronce con fuego en su interior, dentro del cual se arrojaba a
las víctimas. Modernamente, esta descripción ha sido relacionada con los
relatos de autores clásicos acerca de sacrificios de niños realizados en
Cartago como parte del culto de Baal Hammón.
Dios prohibió el culto a Moloc que se
basaba en sacrificarle humanos, pero aún: los hijos propios: “Y no des hijo
tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios.
Yo Jehová” (Lv. 18:21). Con todo y todo lo anterior tiene para la iglesia de
Dios, aparte de lo señalado, connotaciones espirituales que deben ser entendidas
para aplicarlas en la vida, de otra forma, al ya no tener actualidad aquel
culto a Moloc en su sentido material uno pudiera pensar que lo señalado ya no
tiene aplicación, lo cual no es así.
Comencemos viendo cómo es que el nombre
de Moloc se conforma de tres letras hebreas: Mem, que en paleo-hebreo simboliza
caos, Lamed, control, Kaph, cubre; así que Moloc no es sino ese caos que
controla y cubre, muy distinto del
Dios verdadero que libera y revela.
La otra parte que hay que comprender es
el fuego señalado en Levítico 18:21 como la manera en que aquellos padres
entregaban a sus hijos a Moloc.
Fuego en la Escritura tiene
connotaciones positivas y negativas. Dado Dada la connotación negativa de la
prohibición contenida en Levítico 18:21, hay que entender esto en aquel
sentido. El significado bíblico negativo para el fuego es de juicio (Levítico
9:24; 10:2), prueba (2 Reyes 1:10), castigo (Génesis 19:24) incluso contienda
(Lucas 12:49).
De esta forma pudiéramos entender
aquello señalado en Levítico 18:21 como una advertencia a los padres para que
no sea su juicio, prueba, castigo o contienda con los hijos los que hagan que
éstos, apartándose de la verdad, sean entregados al caos que controla y cubre.
Esa advertencia la encontramos de nuevo,
en su forma espiritual, en la carta que Pablo dirige a los de colosas: “Padres,
no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3:21).
La recomendación escritural del trato de
los elegidos para con los demás aplica también, y con mayor razón, al trato de
los padres para con los hijos: “
Efesios 4
1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la
vocación con que fuisteis llamados, 2 con
toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en
amor, 3 solícitos en
guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis
también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre
todos, y por todos, y en todos.
El
exceso de celo errado, o el mal control de los propios defectos del carácter,
pueden hacer que el trato de los padres hacia los hijos sea tan áspero que en
vez de alentarlos los desaliente y, peor aún, les genere una animadversión
hacia el Camino, ¿por qué había un hijo de querer seguir el llamado al que su
padre respondió cuando ve en él alguien sin paciencia, estricto en extremos,
casi casi enojado con la vida? En todo caso, leyendo Gálatas 5:22-23 y
comprendiendo que los frutos del Espíritu son “…amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”,
bien podría concluir que el llamado al que respondió su padre no es aquel
escrituralmente señalado optando por no seguir el mismo, ¿resultado?, solo hay
dos caminos, y aunque el del padre sea el correcto, desanimado puede seguir el otro,
el que conduce a la muerte.
Mucha
responsabilidad tienen los padres, una responsabilidad que excede las
capacidades naturales que se tienen y, a la luz del llamamiento, se requiere de
la ayuda del Espíritu para cumplirlas.
El mandamiento contemplado en las leyes
mosaicas de no sacrificar niños a Moloc, sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado, referido como una advertencia a los padres para que no sea su
juicio, prueba, castigo o contienda con los hijos los que hagan que éstos,
apartándose de la verdad, sean entregados al caos que controla y cubre.

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