248. Se debe rescatar a los perseguidos aunque signifique matar al opresor (Nm. 25:17-18 p.p.)
“Hostigad a los madianita, y heridlos,
por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides…”
Como parte del pacto que en su momento
Dios hizo con su pueblo dejó muy en claro la imposibilidad de transigir con el
enemigo.
Deuteronomio 20:17
sino que los destruirás completamente:
al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como
Jehová tu Dios te ha mandado;
La necesidad de exterminar a los pueblos
paganos de la Tierra Prometida era muy clara: Dejarlos implicaba la certeza de
que terminarían contaminando a Israel.
Deuteronomio 20:18
para que no os enseñen a hacer según
todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra
Jehová vuestro Dios.
Éxodo 23:33
En tu tierra no habitarán, no sea que te
hagan pecar contra mí sirviendo a sus dioses, porque te será tropiezo.
Pero además de este entendimiento
natural hay otro de naturaleza espiritual para los elegidos que han venido a
salvación en el presente siglo.
El rescate del pueblo de Israel de
Egipto saliendo de éste a partir de la pascua que celebró simboliza el rescate
de cada uno de nosotros por medio del sacrificio redentor de nuestro Señor
Jesús.
1 Corintios 5:7
Limpiaos, pues, de la vieja levadura,
para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que
es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
El paso de Israel por el Mar Rojo
simboliza el bautismo al que el elegido ha bajado para perdón de sus pecados.
1 Corintios 10:1, 3-4
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis
que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y
todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida
espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era
Cristo.
La entrada a la Tierra Prometida apunta
a las promesas que se nos han dado y en pos de las cuales vamos pero que para
ello es necesario despojarnos del hombre viejo.
Colosenses 3:9-10
No mintáis los unos a los otros, puesto
que habéis desechado al viejo hombre con sus [malos] hábitos, y os habéis
vestido del nuevo [hombre,] el cual se va renovando hacia un verdadero
conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó;
Efesios 4:22-24
Que en cuanto a vuestra anterior manera de
vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos
engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis
del nuevo hombre, el cual, en [la semejanza de] Dios, ha sido creado en la
justicia y santidad de la verdad.
Romanos 6:6
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre
fue crucificado con [Cristo], para que nuestro cuerpo de pecado fuera
destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado;
Pretender nacer de nuevo pero seguir en
las practicas pecaminosos del hombre viejo es una contradicción
Romanos 6:1-4
Entonces, ¿qué diremos? ¿Seguiremos
pecando, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos
muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? ¿No saben ustedes que
todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su
muerte? Porque por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que
así como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros vivamos una vida nueva.
De esta forma, al igual que aquellos
enemigos del pueblo de Israel, los nuestros –el Enemigo, el Mundo y la Carne-
deben ser destruidos.
Es por ello que nuestro andar por el
Camino a las promesas que se nos han dado se asemeja a una batalla que cada uno
libra.
Retomando esto Pablo aconseja nos
vistamos para ello con la armadura de Dios
Efesios 6
11 Pónganse toda la
armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. 12 Porque
nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra
autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra
fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. 13 Por
lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo
puedan resistir hasta el fin con firmeza. 14 Manténganse
firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de
justicia 15 y calzados con la disposición de
proclamar el evangelio de la paz. 16 Además de todo
esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas
encendidas del maligno. 17 Tomen el casco de la
salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.18 Oren
en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alertas y
perseveren en oración por todos los creyentes
Sobre esta armadura es mucho lo que
a lo largo de la historia se ha comentado, la mayoría de las veces de manera
redundante, es decir, solo explayando lo que el mismo Pablo ya dice, pero me
gustaría la viéramos de otra forma.
De inicio, y antes de entrar a ello,
una manera de meditar en cuanto a la armadura, es ver el lugar del cuerpo al
que le corresponde cada pieza y, pasando de lo natural a lo espiritual,
entender el alcance de lo expresado.
La verdad se presenta como un
cinturón, el cinturón se pone, como su nombre lo indica, en la cintura, en la
cintura se encuentra el sebo, las entrañas y los riñones y esto en la Escritura
simboliza nuestra fuerza, sobre todo interior (Job 30:27). De esta forma
nuestra fuerza debe sustentarse en la verdad tal cual la ha revelado la
Palabra, tanto escrita como hecha carne.
La justicia es presentada como una
coraza, aquello que nos protege del todo, pero ¿qué es justicia? La Palabra
señala “todos tus mandamientos son justicia” (Salmos 119:172). De esta forma,
la guarda de la Ley de Dios, sus Diez Mandamientos, es lo que finalmente nos
protegerá del todo.
El calzado está referenciado con la
proclama del Evangelio. El calzado va en los pies y el mismo nos sirve para
caminar. De esta forma la simbología apunta a que nuestro andar por el Camino a
las promesas que se nos han dado, debe ser conforme a la fe que decimos
profesar, es así como ese andar se relaciona con la fe y, de esta forma, se nos
dice que nuestro hacer debe ser de tal manera que apuntale con los hechos lo
que con la palabra decimos.
La fe se nos presenta como un
escudo, pero, a diferencia de la coraza que se porta tal cual, el escudo debe
blandirse ante lo que venga contra nosotros. De esta forma, ante lo que el
Enemigo, el Mundo y la Carne nos presenten, debemos blandir las verdades de
salvación, los principios doctrinales, para no movernos de esa fe y, así, estar
resguardado de éstos embates.
La salvación se nos presenta como un
casco. El casco va en la cabeza, lo cual apunta al entendimiento, a la
comprensión, de esta forma las verdades de salvación deben ser plenamente
entendidas, pero no quedarnos así, en el alimento líquido, sino avanzar a las
verdades de comprensión, el alimento sólido, para que ese entendimiento nos
vaya permitiendo crecer en el conocimiento de Dios (Colosenses 1:10) y su Hijo
(2 Pedro 3:18).
Por último, la Palabra de Dios se
nos presenta como una espada. La espada se usa para defenderse y debe ser
blandida para ello, lo cual implica destreza, de esta forma se nos dice que
nuestro conocimiento de la Palabra debe ser tal que podamos exponer la misma
para defender la verdad, como Pablo escribe en su segunda carta a Timoteo:
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene
de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).
De igual forma, como ya se dijo,
ésta armadura se complemente al orar en el Espíritu en todo momento, con
peticiones y ruegos, manteniéndonos alertas y perseverando en oración.
Pero hay un aspecto adicional
respecto de ésta armadura que nos permite entender aún más las verdades de
comprensión que, sobre ello, se nos presenta.
De nuevo veamos la armadura de Dios:
La coraza de justicia, el calzado para proclamar el
evangelio, el escudo de la fe, el casco de la salvación y la espada del
Espíritu, que es la palabra de Dios. Además, orando en el
Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos, manteniéndonos alertas y
perseverando en la oración.
Fíjate cómo es que la
misma palabra divide en dos partes dicha armadura: primero presenta la coraza
de justicia, el calzado para proclamar el evangelio, el escudo de la fe, el
casco de la salvación y la espada del Espíritu, de hecho, así termina es
primera parte “y la espada del Espíritu”, después de lo cual continúa señalando
eso de orar en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos,
manteniéndonos alertas y perseverando en la oración.
Esa división genera dos
grupos: El primero de cinco elementos: La coraza de justicia, el calzado para
proclamar el evangelio, el escudo de la fe, el casco de la salvación y la
espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. El segundo de tres: orando en el
Espíritu, manteniéndonos alertas y perseverando en la oración.
Prestemos mucha atención
y veamos como el primer grupo no depende de nosotros: La justicia, el
Evangelio, la fe, la salvación, y la espada del Espíritu que es la Palabra de
Dios, son cosas que nos son dadas por Dios, pero, y esto es interesante, el
segundo grupo sí depende de nosotros, de nuestro esfuerzo: la oración, el estar
alertas, y el perseverar. De ahí que la armadura de Dios consta de dos grupos
de elementos: Uno de elementos dados por Dios y otros de elementos que nosotros
debemos proporcionar.
Siguiendo con las
verdades subyacentes podemos la simbología referida a la cantidad e elementos
en cada uno de los dos grupos. Sobre el primer grupo de cinco elementos podemos
decir, sin ser dogmáticos, que el cinco en la Escritura apunta a la Ley,
referida ésta en su acepción general de los primeros cinco libros de la
Escritura: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, es decir a la
Torá, el Pentateuco, la Ley en su acepción más general. De esta forma, lo que
Dios nos proporciona surge del entendimiento y cumplimiento de Torá, el
Pentateuco, la Ley en su acepción más general, es decir, de la instrucción
divina que emana de la Palabra de Dios.
En cuanto al segundo
grupo, el conformado de tres elementos, aquel en que sí debemos esforzarnos,
puede decirse que apunta al testimonio. Deuteronomio 19:15 señala “no se tomará
en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier
pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Solo por el testimonio de
dos o tres testigos se mantendrá la acusación”, lo cual confirma Mateo 18:16 al
indicar “más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de
dos o tres testigos conste toda palabra”. De esta forma ese grupo de tres, que
sí implica esfuerzo de nuestra parte, apunta al testimonio que debemos dar, a
ese vivir congruente conforma a la fe que decimos profesar.
En este sentido podemos
ver que el primer grupo de cinco apunta a la fe, mientras que el segundo grupo
de tres apunta a las obras, al saber y al hacer, providencialmente ésta es
precisamente la definición que la Palabra presenta sobre los que son
identificados como santos y santas, como aquellos que “guardan los mandamientos
de Dios y la fe de Jesús” (Revelación 14:12), de nuevo: fe y obras, saber y
hacer.
El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe rescatar a los perseguidos aunque signifique matar al opresor, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado, referido a esa batalla que todo elegido libra y que implica morir al hombre viejo y sus concupiscencias para así estar en posibilidad de tomar posesión de las promesas que se nos ha dado, conforme a la voluntad del Padre y para su mayor gloria en Cristo Jesús.

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