245. [Se debe administrar justicia] También en disputas que surgen de las ventas (Lv. 25:14)


 Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, o comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, se establecieron ciertas normativas que tendían a regular la interacción social, Levítico 25:14 es una de ellas y radica principalmente en la indicación de no engañar al prójimo, ni en la compra ni en la venta que se hiciere.

 

De manera natural, sobre todo en el mundo, es algo muy común que alguien que vende o alguien que compra engañe al otro. El que vende exagerando las características de lo que vende o bien disminuyendo o incluso ocultando las deficiencias de lo mismo; en el caso del que compra estableciendo condiciones para el pago que posteriormente cambia o incumple. En ambos casos se señala no debe hacerse, aunque extrapolando de manera general eso al no engañarse unos a otros.

 

Ducha normativa de igual forma de manera natural aplica a los elegidos, pero espiritualmente contiene mayor comprensión y ésta es relacionada con la Palabra.

 

La Escritura señala “compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia” (Proverbios 23:23), relacionado con esto nuestro Señor dijo en su momento “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8). Ambas citas se refieren a lo mismo, la salvación, pero si nos fijamos la primera cita habla de comprar la verdad mientras que la segunda habla de que ésta se recibió gratis, ¿cómo conciliar ambas ideas?

 

La salvación en efecto es por gracia, gratis, Pablo claramente señala esto en su carta a los de Éfeso: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9); pero el alcanzar las promesas implica que debemos esforzarnos: “Esfuérzate y sé valiente” (Josué 1:6) y “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14) son expresiones comunes en la Palabra. De nuevo: No que nuestro esfuerzo nos gane la salvación, ésta nos ha sido dada de gracia, sino que nuestro esfuerzo es requerido para andar por el Camino a las promesas dadas: “retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Revelación 3:11). Tan requerido nos es este esfuerzo que nuestro Señor claramente señaló “velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).  Cuando se menciona que “la carne es débil” es necesariamente relacionando esto con lo que se nos requiere como salvos, luego entonces se requiere de un esfuerzo, mayormente espiritual.

 

Así aquel “comprar” y aquel “recibir de gratis” se concilian con la noción de la salvación, por fe, y del hacer, las obras, lo primero se nos da, lo segundo se nos requiere.

 

Pero la elección no solo implica el venir a salvación sino el proclamar las verdades para que otros, oyéndolas, de igual forma puedan ser salvos: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-18), siendo que, en ese predicar, uno no debe ni aumentar o disminuir a lo que la Palabra señala: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Deuteronomio 12:32) y “Porque yo protesto a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro” (Revelación 22:18).

 

Si en la proclama de las verdades, sobre todo anteponiendo las interpretaciones propias o las tradiciones humanas, uno quita o pone a la Palabra, está vendiendo ese producto, siguiendo la sombra contenida en Levítico 25:14 de manera fraudulenta; de igual forma el que compra, si entendiendo lo requerido escatima en lo que se le pide, lo único que logra es engañarse.

 

Sobre esto último ya lo dijo nuestro Señor:

 

Lucas 14

28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

 

Tanto el que vende como el que compra lo que las verdades divinas presentan debe hacerlo de manera íntegra, sin quitar no poner, so pena de convertirse en un engañador, en un fraudeador, haciéndose responsable de ello ante Dios.

 

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que [se debe administrar justicia] también en disputas que surgen de las ventas, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado, a la responsabilidad personal de aquellos que presentan las verdades divinas para que otros vengan a salvación, así como de aquellos que responden a éste llamamiento, para que ni los unos ni los otros aumenten o disminuyan nada a la Palabra so pena de convertirse en engañadores, en fraudeadores, haciéndose responsables de ello ante Dios.


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