240. Se debe administrar justicia en casos de la entrada ilegal del ganado en una propiedad (Éx. 22:5)
“Si
alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia en campo de otro, de
lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, estableció ciertas
normas que tenían que ver con la interacción social, algunas para cuidar la
integridad de las personas, otras, como en el caso de Éxodo 22:5, para cuidar
su patrimonio.
El
entendimiento natural de Éxodo 22:5 tiene que ver con la responsabilidad
individual en cuanto a cuidar los animales que uno tiene para que no vayan, en
demérito de un tercero, a procurarse alimento considerando que, en caso que se
dé esto, la compensación al afectado con lo mejor del campo o de la viña de
quien ocasionó aquello. Pero de igual forma de manera espiritual tiene una
comprensión subyacente para la iglesia de Dios. Empecemos por las imágenes que
la normativa presenta.
De
inicio lo que vemos es la bestia de una persona que ingresa en el campo o viña
de otro y se come lo de él.
Primeramente,
veamos que se presenta el campo o la viña de otro. El entendimiento espiritual
de esto se refiere a la Palabra de Dios o a la iglesia de Dios como
congregación.
En
la parábola del sembrador nuestro Señor aclara que lo que siembra el sembrador
es precisamente la Palabra de Dios.
Mateo
13
1 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto
al mar. 2 Y
se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la
gente estaba en la playa. 3 Y
les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a
sembrar. 4 Y mientras
sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la
comieron. 5 Parte cayó en
pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía
profundidad de tierra; 6 pero
salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos
crecieron, y la ahogaron. 8 Pero
parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál
a treinta por uno. 9 El que
tiene oídos para oír, oiga.
…
18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando
alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo
que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado en pedregales, este
es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de
corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la
palabra, luego tropieza. 22 El
que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de
este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace
infructuosa. 23 Mas el que
fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da
fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
En
la parábola de la vid y los sarmientos se señala esta relación con un simbolismo
que apunta a la iglesia de Dios.
Juan 5
1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el
labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo
quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra
que os he hablado. 4 Permaneced
en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si
no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el
que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí
nada podéis hacer. 6 El que
en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen,
y los echan en el fuego, y arden. 7 Si
permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que
queréis, y os será hecho. 8 En
esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis
discípulos. 9 Como el Padre
me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos,
permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre,
y permanezco en su amor. 11 Estas
cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea
cumplido.
Así
tenemos que aquel campo de alguien se refiere a la Palabra que ha sido sembrada
o a la congregación de la iglesia de Dios.
Ahora
bien, ¿qué significa la bestia? Aquí es interesante ver de nuevo la redacción
de Éxodo 22:5: “Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia
en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará”. La
expresión “…y metiere su bestia…” puede entenderse, de manera natural, como ya
se vio, como la bestia de su propiedad, pero de manera espiritual puede
entenderse como la bestia que es uno mismo, es decir, aquella parte animal de
uno.
Pablo
escribiendo a los Romanos habla de estas dos realidades en uno:
Romanos
7
7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado?
En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco
conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8 Mas
el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia;
porque sin la ley el pecado está muerto. 9 Y yo sin
la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo
morí. 10 Y hallé que el mismo mandamiento que era
para vida, a mí me resultó para muerte; 11 porque
el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me
mató. 12 De manera que la ley a la verdad es santa,
y el mandamiento santo, justo y bueno.
13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser
muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado,
produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el
mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. 14 Porque
sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. 15 Porque
lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco,
eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago,
apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no
soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y
yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el
bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no
hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y
si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21 Así que, queriendo yo hacer el bien,
hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero
veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me
lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable
de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias
doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo
a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Así
que uno mismo hay una parte carnal y una espiritual, la primera puede
asemejarse a una bestia y de ahí se toma la referencia para la cita de Éxodo
22:5, siendo que, en ese sentido, si uno deja que su parte carnal le coma a
otros, de manera individual, como persona, o colectiva, como congregación, la
porción de la Palabra que hay en él o ellos, debe pagar por ello, ¿y cuáles
son, a manera enunciativa, esas obras carnales con las que nuestra bestia puede
comer la Palabra sembrada en otros? “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio,
fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades,
pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a
estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los
que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5:19-21).
La expresión “de
lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará”, es una referencia a la restitución
que en su momento deberá hacer, sea a la persona o a la congregación que escandalizó,
buscando restaurar el daño que hubiere hecho con “lo mejor de su campo y lo
mejor de su viña”, es decir, una vez restaurado compartiendo lo mejor de su comprensión
de las verdades divinas, la Palabra de Dios, para restaurar a quienes hubiere escandalizado.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe administrar
justicia en casos de la entrada ilegal del ganado en una propiedad, más sin
embargo espiritualizado, referido a la restauración que deberá hacer uno con la
persona o la congregación que, por la propia carnalidad, la bestia interior, hubiere
escandalizado, comiendo así la Palabra sembrada en ellos.

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