238. También si el daño es causado por un pozo (Éx. 21:33,34)
“Si alguno destapa un pozo, o cava un pozo y no lo cubre, y cae en él un buey o un asno, el dueño del pozo hará restitución; dará dinero a su dueño, y el animal muerto será suyo.”
El
sentido natural de la disposición anterior estribaba en hacer responsable a
alguien del daño que pudiese causarse en algún animal, propiedad de su prójimo,
si al cavar un pozo, dejándolo descubierto, ocasionase que dicho animal cayera
en él.
Una
disposición de este alcance motivaría a los de la comunidad a hacerse responsable,
en este caso, de los pozos que cavaren o descubriesen para que no cayesen
animales en ello, ¿cómo?, simplemente cubriéndolos, lo cual se hacía colocando
una piedra sobre ellos. Algo más que justo. Pero espiritualmente tiene mucha
edificación para los elegidos.
Tomando
como referencia que lo espiritual apunta a la realización de las sombras del
Antiguo Testamento en las realidades del Nuevo, debemos buscar al entendimiento
espiritual en la figura de la iglesia de Dios.
En
un reclamo que en su momento Dios le hizo a su pueblo a través de Jeremías les
dice “mi pueblo ha cometido un doble pecado: me abandonaron a mí, fuente de
agua viva, y se hicieron sus propias cisternas, pozos rotos que no conservan el
agua” (Jeremías 2:13), la iglesia de Dios no va en busca de pozos secos, sino
que acude a aquel del cual mana agua viva: “En el último y gran día de la
fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed,
venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán
ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que
creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no
había sido aún glorificado” (Juan 7:37-39). Es interesante que cuando Jesús
resucita, la piedra que lo cubría fue quitada (Mateo 28:2).
Luego
entonces la referencia de cavar o destapar un pozo habla de ese acceder a las
verdades divinas a las cuales los elegidos tienen acceso una vez que bautizados
y mediante la imposición de las manos, reciben el Espíritu de Dios, pero ¿qué significan
ese buey o ese burro que cayendo en dicho poso debe ser restituido a su dueño monetariamente
mientras que el animal muerto sería del primero?
Es
interesante que en el hebreo original, la palabra que se ha traducido como “dinero”,
כֶּ֖סֶף, ke·sep̄, mayormente significa “plata”. Malaquías 3:3, refiriéndose proféticamente
a todos aquellos que fusen ser llamado a ser sacerdotes en Cristo, señala sobre
Jesús “y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos
de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en
justicia”.
En
cuanto a la figura del buey y del asno, la imagen del buey nos remite a los
animales limpios, pero, sobre todo, a aquellos que debían y podían dar los
reyes (Números 7:1-47) y sacerdotes (Levítico 4:1-35), luego entonces el
simbolismo adquiere un carácter espiritual referido a aquellos siendo que, como
parte de la ofrenda, los reyes y sacerdotes de manera natural era lo que debían
hacer para mantener o restablecer su relación con Dios.
En
cuanto al asno, en Mateo 21:1-11 tenemos el relato de la entrada de Jesús a
Jerusalén montado en un burrito, siempre se ha dicho que eso es un símbolo de
humildad, pero de hecho todo lo que hacía Jesús reflejaba eso, esto más bien es
una verdad de comprensión. Un burro simboliza a Israel (Jeremías 2:2,24), Éxodo
13:13 señalaba “mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no
lo redimieres, quebrarás su cerviz…”, así que en la entrada de Jesús tenemos un
cordero, Jesús, que se va a entregar en lugar del burro, Israel. Pero si vemos
detenidamente Jesús no entra solamente con un burro ¡sino con dos: la madre y
el hijo! Tu mismo puedes leerlo en Mateo 21:2,7), así que aquí tenemos otra
verdad subyacente: dos burros emparentados, aunque diferentes, uno mayor y otro
menor, pero ambos redimidos, si la burra representa a Israel, ¿a quién
representa el burrito? De lo dicho anteriormente no es difícil deducir esto, el
burrito representa a los pueblos gentiles, menores en cuanto al llamamiento
(Romanos 9:3-5; Hechos 13:46), pero parte igualmente de una sola familia, la
familia humana, pero llamados mediante la redención a ser parte de la familia
divina.
¿Vamos
viendo el panorama?
Los
elegidos con la predica que hacemos cavamos o destapamos, quitando la piedra, ese
pozo de donde sale agua viva. Muchos, respondiendo al llamado, al caer en él son
muertos, pero al pecado (Romanos 6:11), y regresados como plata refinada a su dueño,
¿quién nos refina?, Jesús, ¿y a quién se entrega esa plata refinada?, al Padre,
pues de él somos todos, “nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no
lo atrae; y yo lo resucitaré en el día final” (Juan 6:44), “y cuando todo haya
sido sometido a Él [Jesús], entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel
que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios
15:28).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que [se debe administrar la ley aplicable
en el caso de un daño causado por una persona] también si el daño es causado
por un pozo sigue vigente, más sin embargo espiritualizado, referido a
aquella prédica de la verdad, pozo de agua viva cavado o destapado, que hace que
bueyes y asnos, todos los llamados a salvación, cayendo en él sean muertos al pecado
siendo regresados como plata refinada, hijos gloriosos de Dios.

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