235. El esclavo extranjero debía ser tratado de acuerdo con el reglamento que se aplica a él (Lv. 25:46)
“Y
los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como
posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; pero en vuestros
hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con
dureza”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, estableció ciertas
normas que regulaban a la sociedad en la interacción de sus integrantes incluso
con aquellos esclavos extranjeros.
Levítico
25:45-46 señalaba “también podréis comprar de los hijos de los forasteros que
viven entre vosotros, y de las familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que
están con vosotros, los cuales podréis tener por posesión. Y los podréis dejar en herencia para vuestros
hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis
de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis
cada uno sobre su hermano con dureza”
La
cuestión de la esclavitud mencionada en la Escritura, sobre todo regulada por
Dios, es un tema controversial dada las connotaciones negativas que en nuestro
pensamiento la misma palabra tiene, pero en el contexto hebreo no era así. Los
esclavos eran, por así decirlos, trabajadores exclusivos sobre los que el
patrón, por así decirlo, tenía dominio. Con todo y todo había reglas que
regulaban esa relación para que no hubiera excesos o abusos, ejemplo de ello
las disposiciones de no devolver un esclavo que ha huido a la tierra de Israel
a su amo (Dt. 23:16) o no aprovecharse de tal esclavo (Dt. 23:17).
De
esta forma más que la imagen que en nuestra mente pudiera existir de un señor
abusando de gente sobre la que no hay derechos, en el caso del pueblo judío,
siendo la esclavitud una práctica común en aquel tiempo, se regulaba con una
superioridad moral que no se encontraba en ningún pueblo de aquel entonces,
pudiéramos, como ya se dijo, equiparar la esclavitud de aquel entonces a la
servidumbre actual donde empleados trabajan de manera exclusiva y excluyente
con un jefe.
Con
esta aclaración puede comprenderse el entendimiento natural de tal disposición
la cual, como ya se dijo, buscaban regular la relación señor-esclavo para que
no hubiera excesos o abusos.
En
el caso del esclavo hebreo, aquel del pueblo de Israel que empobrecido se
vendía a otro de su mismo pueblo, la normativa indicaba que seis años serviría
como esclavo, pero el séptimo saldría libre (Éx. 21:2), pero en el caso de un
extranjero esto no aplicaba pues, como puede verse en la norma en cuestión, el
mismo incluso podía ser heredado a los hijos del señor pudiéndose servir para
siempre de ellos.
La
anterior diferencia sin duda alguna era un aliciente para que los esclavos
extranjeros llegase a ser parte del pueblo de Israel pero con todo y todo esto
último no era obligatorio pudiendo ellos optar por seguir en su condición.
De
manera espiritual esto apunta a aquellos del mundo a los cuales les llega el
mensaje del Evangelio pudiendo, si lo aceptan, participar de las promesas y,
una vez concluidos los seis días mileniares dados al hombre para autogobierno,
iniciar una vida de libertad, plenitud, perfección y santidad como parte del
Reino de Dios, o bien, si en el ejercicio de la liberta de la cual Dios nos ha
concedido a todos optasen por rechazar tal llamamiento entonces se quedarían sin
la promesa de participar en lo anterior.
Fijémonos
como en ambos casos la Escritura alegóricamente nos llama esclavos, sea para
condenación o sea para salvación: “Cuando eran esclavos del pecado, estaban
libres de la obligación de hacer lo correcto. ¿Y cuál fue la consecuencia? Que
ahora están avergonzados de las cosas que solían hacer, cosas que terminan en
la condenación eterna; pero ahora quedaron libres del poder del pecado y se han
hecho esclavos de Dios. Ahora hacen las cosas que llevan a la santidad y que dan
como resultado la vida eterna” (Romanos 6:20–22). De nuevo, el término esclavo
apunta a alguien que sirve a otro, en el caso de lo comentado se puede ser
esclavo del pecado, si es que uno se vuelve siervo de éste, o esclavo de Dios,
si uno opta más bien por servir a Dios.
La
prueba de que el término esclavo apunta más bien a una servidumbre está en la
cita anterior cuando señala “ahora quedaron libres del poder del pecado y se
han hecho esclavos de Dios”. Esclavitud y libertad parecieran ser dos opciones
mutuamente excluyentes, pero, en el caso de responder al llamamiento de Dios,
al pasar uno a ser su esclavo, es decir, su siervo, adquiere una dimensión de
libertad plena, completa, total.
Más
citas confirman lo anterior:
Gálatas
5:1
Cristo
nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no
se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.
Mateo
20:26-27
Pero
entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre
ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser
esclavo de los demás.
Lucas
4:18
El
Espíritu del Señor está sobre mí,
por
cuanto me ha ungido
para
anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha
enviado a proclamar libertad a los cautivos
y dar
vista a los ciegos,
a
poner en libertad a los oprimidos.
Gálatas
3:28
Ya no
hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes
son uno solo en Cristo Jesús.
1
Corintios 12:13
Todos
fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo —ya
seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de
un mismo Espíritu.
Pero
específicamente, referido a Levítico 25:46, qué significa eso de que “y los
podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como
posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos…”?, ¿cómo puede un hijo
de Dios servirse de aquellos que rechazan la Palabra? Sencillo, recordemos lo que
en su momento escribió Pablo “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las
cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son
llamados” (Romanos 8:28), ¿si lo captamos?, siendo hijos de Dios todo, absolutamente
todo obra para nuestro bien incluso lo que aquellos que no son de la fe quieran
hacernos lo cual abarca hasta el mal que nos deseen pero, ¿cuál será el resultado?,
¡nuestro propio bien!, ellos queriendo hacernos mal terminaran haciéndonos bien
cuantimás si nos quieren hacer bien, de esta forma un israelita, del Israel de Dios,
un hijo de Dios, siempre se servirá de aquellos que quieran seguir en esclavitud,
siempre, sea que éstos deseen hacerles el bien e incluso cuando éstos deseen hacerles
el mal, en realidad éstos serán esclavos de los primeros pues hagan lo que hagan
trabajaran para la obra de Dios en sus hijos.
El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que el esclavo extranjero debía ser tratado de acuerdo con el reglamento que se aplica a él, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referida a aquellos que habiendo escuchado la Palabra, optan por no aceptar el llamamiento, siguiendo como esclavos de su pecado y ajenos a las promesas de las cuales pueden llegar a ser los hijos de Dios siendo que sus acciones hacia los hijos de Dios, justas o injustas, siempre, siempre redundarán en el beneficio de los hijos de Dios, siendo de ésta forma que aquellos estarán sirviendo por siempre y para siempre, hagan lo que hagan, a estos últimos.

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