232. Los esclavos hebreos debían servir seis años y ser libres en el séptimo (Éx. 21:2)
“Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde”
Como parte de las leyes que en su momento Dios dio a su pueblo, había algunas de índole social que regulaban las interacciones de la comunidad. Dentro de estas estaban aquellas que se referían al trato a dar a los esclavos.
Antes de ver esto hay que aclarar, por el término, que lo referido a esclavos dista mucho del significado que se le da en la actualidad. No se trataba propiamente de gente privada de la libertad que era sometida a tratos inhumanos, como en la historia ha sido con aquellos llamados así, se trataba más bien de siervos que de tiempo completo trabajaban para un señor los cuales, incluso, tenían derechos, como este.
La regulación señalada en Éxodo 21:2 tenía la intención de limitar la servidumbre. Esta limitación estaba dada por el término de seis años de servicio siendo en el séptimo de liberación. El indicativo de que saldría libre “de balde” implica que no se tendría que pagar nada por su rescate. Como es sabido, un esclavo podía ser rescatado si alguien le pagaba al amo lo relativo a los servicios que dejaría de percibir de éste, pero llegado el séptimo año el esclavo era dejado en libertad sin necesidad de que se diera un rescate por él para ello.
Como ya se comentó, esta regla buscaba evitar los excesos, excesos que hemos visto en la historia donde incluso había personas que nacieron y murieron como esclavos y que, hasta sus hijos, nietos y demás corrieron la misma suerte. Con el pueblo de Israel no era así. La servidumbre era aceptada, pero, aparte de reglas que prohibían malos tratos o abusos, la de Éxodo 21:2 permitía establecer un límite a dicha servidumbre buscando la persona sometida a ello pudiera recobrar su libertad. Con todo y todo espiritualmente lo anterior tiene una comprensión mayor.
Estos seis años en los que un esclavo era sometido a servidumbre siendo liberado en el año sétimo, apuntan a los seis años mileniares de autogobierno humano y un séptimo de liberación y de igual forma apunta a las siete fiestas decretadas por Dios para con la humanidad.
Sobre eso de los seis años mileniares de autogobierno humano hay que considerar tres cosas.
La primera es el que Pedro en su segunda carta señala “mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8), pero ¿cómo embonar esto con que a la humanidad le han sido dados siete días mileniares para que Dios cumplimenta su plan en ella?
La segunda es el que Pablo escribiendo a los hebreos les dice “por tanto, queda todavía un reposo sabático para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9), si se entiende que este reposo se refiere al milenio, cuando Jesús regreso y establezca el reino de Dios en la tierra, es más que evidente la relación entre mil años y el descanso sabático que semanalmente se refiere a un día, con lo que se entendería, tomando como referencia la semana natural, que al hombre se le han dado siete días mileniares para que Dios cumplimente su plan en él: seis donde él se gobierna a sí mismo, con las consecuencias de ello, y un séptimo día cuando Cristo comienza a regir.
La tercera es el que además se tiene lo dicho por Dios a Adán advirtiéndole sobre no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal: “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Adán no murió el día en que comió el árbol de la ciencia del bien y el mal pero sí murió 930 años después (Génesis 5:5) con lo que su muerte estaría dentro del primer día mileniar con lo que se cumpliría lo dicho por Dios.
Pasemos ahora a lo de las siete fiestas decretadas por Dios para con la humanidad.
Las primeras fiestas que se verán son aquellas con las que iniciaba el año bíblico y que se refieren a Pascua, Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés.
Las primeras tres fiestas Pascua, Panes sin levadura y Primicias se celebraban en el primer mes del año bíblico conocido como Nisán o Abib que correspondería a nuestro Marzo-Abril, con lo que se generaba un vínculo cronológico en cuanto a su observancia, y se conocen como fiestas de primavera por darse en esa estación.
De estas tres fiestas, Pascua y Panes sin levadura estaban tan íntimamente ligados que en muchas ocasiones se consideraban una sola fiesta y así se denominaba ya que Pascua era el 14 de Nisán o Abib e inmediatamente el 15 de Nisán o Abib iniciaba la fiesta de Panes sin levadura la cual se extendían por siete días. La siguiente fiesta de este grupo, la de Primicias, se celebraba el día siguiente del sábado semanal de la semana en que cayera la Pascua, es decir, el domingo, con lo que prácticamente estas tres primeras fiestas se celebraban entre un lapso de 8 días, estableciéndose así una íntima correlación entre las tres.
Para celebrar la siguiente fiesta, Pentecostés, se contaban cincuenta días a partir de la última fiesta del grupo anterior, es decir de Primicias, con lo que si bien Pentecostés caía dos meses después de Nisán o Abib, es decir caía en el mes de Siván, aun así estaba relacionada con las tres primeras fiestas pues su celebración dependía del conteo que se hiciera de la de las Primicias.
Con esto comentado debe quedar claro que estas cuatro fiestas forman un mismo grupo de fiestas, llamadas las fiestas de primavera, pero lo más importante a tener en cuenta, y que servirá para entender la naturaleza de las tres fiestas faltantes, las de Otoño, es que estas cuatro fiestas tienen su referente con la primer venida de Jesús.
Como vemos Pascua abre las festividades, el resto de las fiestas de Primavera están relacionadas y tienen su referente en esta primera fiesta, por lo que la inherencia de la primer venida de Jesús con estas festividades es más que evidente. Esto es sumamente importante tenerlo en mente ya que si las primeras cuatro fiestas de las siete que Dios decretó, las fiestas de primavera, están relacionadas con la primer venida de Jesús, las últimas tres las fiestas de otoño, tendrán su referente en la segunda venida del Señor.
La fiesta de la Pascua, inicia el calendario de las fiestas de Dios. Esta fiesta era celebrada por el Pueblo de Israel, conforme a la ordenanza, el 14 de Nisán. Nisán era el primer mes del calendario dado por Dios a Su pueblo, como es un calendario luni-solar no corresponde exactamente con el nuestro calendario actual, por lo que el mes de Nisán cae entre marzo y abril cada año, siendo que específicamente el 14 de Nisán puede caer en Marzo o en Abril cada año. Nisán abre el calendario dado por Dios a Su pueblo precisamente cuando la vida comienza de nuevo cada año, en lo que conocemos con primavera. La Pascua, así como las restantes fiestas que caen en primavera - Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- marcan, al igual que las cosechas tempranas de esa estación, ese inicio con el que Jesús abrió la consumación del plan de Dios, el resto de las fiestas - Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- de manera significativa caen en otoño, época de la recolección final de los frutos de la tierra, con lo que se cumplimenta el plan de nuestro Creador. De manera trascendental la Pascua es una sombra del sacrificio redentor que en su momento haría por toda la humanidad. Pascua (פסחא, Pesaj), significa Pasar en referencia a cuando el ángel de la muerte pasó por alto las casas de los hebreos que habían marcado sus muertas con la sangre del cordero evitando la muerte de sus primogénitos cuando cayó la décima plaga sobre Egipto, esto es sombra del sacrificio de Cristo cuando derramando Su sangre nos libró de la esclavitud del pecado y nos salvó de la muerte.
La fiesta de los panes sin levadura (matzot, palabra plural que deriva de matzo, מַצָּה, y que significa panes ázimos o panes sin levadura), era una conmemoración que iba unida a la celebración de la Pascua, la cual como ya vimos se celebraba el 14 de Nisán, y deriva su nombre de la obligación de comer en el lapso de la fiesta panes sin levadura. Los Panes sin levadura, segunda fiesta de primavera, se celebraba por siete días, desde 15 y hasta el 21 de Nisán (Levítico 23:6; Números 28:17) – Nisán, como ya se comentó, puede caer en Marzo o en Abril cada año-, aunque como podemos ver los Panes sin levadura estaban íntimamente unidos con la Pascua, en la cual también se comía junto con el Cordero Pascual panes sin levadura: “Esa noche comerán la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura” (Éxodo 12:8), por eso en Éxodo 12:18 se señala que “en el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde”. Si bien los Panes sin levadura se observaba como fiesta del 15 al 21 de Nisán, sólo el primer día y el último, es decir, el 15 y el 21, eran de reposo en los cuales no se hacía ningún trabajo (Levítico 23:7-8; Números 28:18-25). Como puede verse, los Panes sin levadura consistía principalmente en dos condicionantes: comer panes sin levadura y retirar de todas las casas en esos días la levadura que en su interior pudiera encontrarse. Tan importante era esto que cualquiera que comiere pan con levadura debía ser cortado de la congregación (Éxodo 12:19). El no comer nada leudado y el retirar de nuestras casas la levadura es un símbolo de la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16) a la que el cristiano está siendo llamado. ablo escribiendo a los Corintios les indica esto al señalar “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:6-8).
La siguiente fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de las Primicias. Primicias viene del hebreo Bikkurim, ביכורים, que literalmente significa primeros frutos y como señala Levítico 23:11 esta fiesta se celebraba “el día siguiente del día de reposo”, es decir, después del sábado semanal de la semana en que cayera la Pascua, por ende siempre caía en domingo dentro del mes de Nisán, que como ya se comentó puede caer en Marzo o en Abril cada año. Deuteronomio 16:9 señala que “siete semanas contarás; desde que comenzare a meterse la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas”, como señala Éxodo 34:22 al inicio de estas siete semanas está la fiesta de las Primicias y al final (al final de Pentecostés) la fiesta de la cosecha plena. Así que Primicias se relaciona con Pentecostés ya que esta fiesta lo inicia (más delante veremos la relación entre Pentecostés y las Primicias). Esta fiesta era sombra de la resurrección de Jesús. Pablo explica esto al señalar en 1 Corintios 15:20-23 que
20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.
22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.
Recordemos que las fiestas dadas por Dios tenían una fuerte vinculación con los ciclos agrícolas de Israel, siendo así que Primicias caía cuando se recogían precisamente los primeros frutos de la tierra, siendo para más adelante, como ya se comentó, la recolección completa (esto lo veremos en Pentecostés).
La fiesta que le sigue a Primicias es la de Pentecostés. Pentecostés (del griego πεντηκοστή, pentēkostḗ, quincuagésimo- resulta de dividir un todo en 50 partes iguales-), viene de la fiesta de Shavuot. Shavuot (del hebreo שבועות - plural de Shavúa - שבוע, semana), también se le conoce como la fiesta de las semanas (Ex. 34:22) pues se contaban siete semanas desde el día siguiente en que se había ofrecido la gavilla de la ofrenda mecida -primicias- (Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9) lo que daba cincuenta días (Levítico 23:16), cayendo así en el mes de Siván (Mayo-Junio). Esta fiesta, la última de primavera, era la fiesta de la cosecha plena (Éxodo 23:16; 34:22) después de las primicias obtenidas cincuenta días antes. En esta fiesta no se hacía ningún trabajo de siervos (Levítico 23:21). El cumplimiento de esta fiesta tiene su referente con la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y Discípulos, precisamente cincuenta días después de la fiesta de las Primicias, como dice Hechos 2:1-42. Esta fiesta tiene el referente histórico de su primer cumplimiento en Pentecostés, y a partir de ahí continúa el Espíritu Santo siendo derramado en todos aquellos creyentes que una vez bautizados reciben la imposición de manos para ello (Hechos 8:17; 19:6). A partir de Pentecostés ha comenzado la cosecha plena de aquellos que en Sus designios, el Padre ha considerado para ser llamados en esta era (Juan 6:37, 39, 44, 65).
La siguiente fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de las Trompetas. Trompetas viene del hebreo Teru'ah, תרועה , que significa un trompetazo que despierta y como señala Levítico 23:24; 29:1 esta fiesta se celebraba en “el mes séptimo, al primero del mes”, el séptimo mes era Tishri (Septiembre-Octubre), es decir, es la primer fiesta de las tres consideradas de otoño: Trompetas, Expiación, y Tabernáculos. También Teru'ah puede traducirse como grito. Isaías 12 coloca este grito en el contexto del reinado de mil años del Mesías. También se menciona la era mesiánica y el grito en Isaías 42:11 “Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo”, y 44:23 “Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está; porque Jehová redimió a Jacob, y en Israel será glorificado”. De igual forma se menciona en Jeremías 31:7 “Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel”, y Sofonías 3:14 “Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén”. La primera venida de Jesús está asociada con un grito en Zacarías 9:9 “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”. El último grito es a su segunda venida, cuando los suyos sean resucitados/transformados, tal como se señala en Isaías 26:19 “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos” y en 1 Tesalonicenses 4:16-17 “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. La parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes fatuas hace referencia a esto al indicar como es que “a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas… vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (Mateo 25:6-7, 10). Mateo 24:31 también menciona eso al señalar que “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”. Con lo que, como dice Daniel 12:2, “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Así que Trompetas tiene su cumplimiento a la segunda venida de Jesús y la resurrección/transformación de los suyos, de los fieles, de aquellos que hayan calificado para ser resucitados/transformados a la venida de Jesús.
La siguiente fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de la Expiación. Expiación viene del hebreo Teru'ah, כיפור, que significa cubrir, expiar, condonar, cancelar, perdonar, reconciliar, es una palabra que que denota expiación o la acción de cubrir algo. Como señala Levítico Levítico 16:29 esta fiesta se celebraba en “en el mes séptimo, a los diez días del mes”, el séptimo mes era Tishri (Septiembre-Octubre), es decir, es la segunda y penúltima fiesta de las tres consideradas de otoño: Trompetas, Expiación, y Tabernáculos. Pudiendo iniciar en cualquier momento o en cualquier fiesta, Dios decreta que el inicio del jubileo coincida, cada cincuenta años, con la fiesta de Expiación, declarando aún más la naturaleza de esta última, pues el jubileo gira en torno a la liberación del esclavo o cautivo, la restitución de los familiares y la reintegración de las posesiones perdidas. Después de todo lo que se ha mencionado sobre esta fiesta, queda más claro el significado de la misma, sobre todo si consideramos, como se hizo al inicio de este apartado referido a dicha fiesta, que el nombre de la misma no es condenación, castigo, destrucción, separación, culpa, sino Expiación, que como vimos significa cubrir, expiar, condonar, cancelar, perdonar, reconciliar. Este cubrimiento, expiación, condonación, cancelación, perdón o reconciliación, nos dan la pauta para la siguiente y última fiesta, la de los Tabernáculos, cuando en Jeremías 31:34 dice: “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.
La última fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de los Tabernáculos. Tabernáculos (sukkōt, סוכות, es una palabra plural que deriva de sukkah, סוכה, y que significa cabaña, tienda tabernáculo; esta última tiene su referente con la palabra mishkán, מִשְׁכָּן, morada, vivienda, tabernáculo). Ahora bien, si la palabra para Tabernáculo es mishkán, מִשְׁכָּן, ¿de dónde viene referirse a esta fiesta por sukkōt, סוכות? En las instrucciones dadas por Dios sobre uno de los aspectos que esta fiesta debía de cubrir, contenidos en Levítico 23:39-42, se señala que “en tabernáculos [sukkōt, סוכות ] habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos [sukkōt, סוכות]”, en cumplimiento de esto vemos cómo es que Nehemías 8:17 relata cómo es que después del cautiverio la gente de Israel comenzó de nuevo a celebrar esta fiesta y señala “Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron tabernáculos [sukkōt, סוכות], y en tabernáculos [sukkōt, סוכות] habitaron; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande”. Así vemos que el pueblo en tiempos de Nehemías, para celebrar esta fiesta, construyó tabernáculos [sukkōt, סוכות].
Así que tenemos dos referentes para la palabra Tabernáculo, uno relacionado con el lugar donde mora [vivienda] Dios y Su Hijo, el otro referido con los lugares donde mora [vivienda] su pueblo. De esta forma la fiesta de los Tabernáculos tiene su referente en la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero de igual forma se refiere a nosotros cuando lleguemos a ser tabernáculos. Como ya se comentó, la fiesta de los Tabernáculos tiene un primer referente de la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero esto lleva dos momentos diferentes de los misma pero íntimamente relacionados: los siete días de la fiesta de los Tabernáculos referidos a partir del momento cuando Jesús regresa a regir las naciones (lo cual empieza desde el milenio) y el octavo día de la fiesta de los Tabernáculos referido al momento posterior cuando el Padre habita entre nosotros. Los siete días de la fiesta representan el tiempo de Jesús con los hombres a partir de su segunda venida, ese Jesús “Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos [son] como llama de fuego, y [hay] en su cabeza muchas diademas; y [tiene] un nombre escrito que ninguno [conoce] sino él mismo. [Está] vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le [siguen] en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro [ ]. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Revelación 19:11-16). El octavo día que excede la fiesta, representa el tiempo del Padre con los hombres cuando todas las cosas sean restauradas y todo sujetado a sus pies para que Él sea todo en todos. Representar ese tiempo como un octavo excedente de la fiesta es precisamente para denotarle como “el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16).
El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que los esclavos hebreos debían servir seis años y ser libres en el séptimo, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido los seis años mileniares de autogobierno humano y un séptimo de liberación y de igual forma apunta a los sietes fiestas decretadas por Dios para con la humanidad.

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