223. Una mujer acusada de adulterio debía someterse a la prueba exigida (Nm. 5:15-27)
“entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y con ella traerá su ofrenda, la décima parte de un efa de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso, porque es ofrenda de celos, ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado. Y el sacerdote hará que ella se acerque y se ponga delante de Jehová. Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro; tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo, y lo echará en el agua. Y hará el sacerdote estar en pie a la mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre sus manos la ofrenda recordativa, que es la ofrenda de celos; y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldición. Y el sacerdote la conjurará y le dirá: Si ninguno ha dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen maldición; mas si te has descarriado de tu marido y te has amancillado, y ha cohabitado contigo alguno fuera de tu marido (el sacerdote conjurará a la mujer con juramento de maldición, y dirá a la mujer): Jehová te haga maldición y execración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová que tu muslo caiga y que tu vientre se hinche; y estas aguas que dan maldición entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre y caer tu muslo. Y la mujer dirá: Amén, amén. El sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro, y las borrará con las aguas amargas; y dará a beber a la mujer las aguas amargas que traen maldición; y las aguas que obran maldición entrarán en ella para amargar. Después el sacerdote tomará de la mano de la mujer la ofrenda de los celos, y la mecerá delante de Jehová, y la ofrecerá delante del altar. Y tomará el sacerdote un puñado de la ofrenda en memoria de ella, y lo quemará sobre el altar, y después dará a beber las aguas a la mujer. Le dará, pues, a beber las aguas; y si fuere inmunda y hubiere sido infiel a su marido, las aguas que obran maldición entrarán en ella para amargar, y su vientre se hinchará y caerá su muslo; y la mujer será maldición en medio de su pueblo”
Como
parte de las normas que Dios dio a su pueblo dentro del pacto que concertó con
éste, había cuestiones de índole social y, dentro de éstas, algunas referidas a
la célula básica de la sociedad: La familia. Y todavía más, dentro de éstas,
había algunas que, reconociendo nuestra naturaleza, buscaban la manera de
lidiar con algunas cuestiones inherentes a éstas, ésta es la cuestión de la
conocida como la ley sobre los celos.
Ésta
normativa establecía, como se lee en Números 5:15-27, que, cuando el marido
sospechaba que su mujer le había sido infiel, ambos se presentaban ante el
sacerdote para que, mediante un rito en el cual la mujer reconocía o rechazaba
su falta, era sometida a una prueba en la que, bebiendo unas aguas amargas,
éstas evidenciaban si decía la verdad o más bien mentía siendo que, en el
primer caso era bendecida mientras que en el segundo maldiciones caían sobre
ella.
El
entendimiento natural de dicha norma apuntaba a tratar de moderar las
reacciones naturales ante los celos que un marido podía sentir, pero, de igual
forma, buscaba la justicia en aquellos casos de duda donde solo la intervención
divina podía zanjar una cuestión tan delicada como ésta. Más sin embargo
también hay una cuestión espiritual en ello, una cuestión que apunta al
sacrificio redentor de nuestro Señor, pero para ello debemos remitirnos al
libro de Oseas.
El libro de Oseas es sumamente
esclarecedor respecto del plan de Dios para con la humanidad, de hecho, es éste
libro el que permite entender una de las frases más enigmáticas dichas por
Jesús en la cruz, pero esto lo veremos más delate, antes veamos éste libro a la
luz del Evangelio.
Lo primero por donde debemos de
comenzar es precisamente por el nombre del libro éste, el cual se refiere al
autor del mismo: Oseas.
El nombre Oseas viene del hebreo הושע, Hosea, que significa “Salvación”. Este nombre está relacionado con la
raíz del nombre de Josué, en hebreo יְהוֹשׁוּעַ,
Yehoshu'a, que significa Jehová es salvación. Más allá de esta relación
etimológica, ¿qué tiene que ver Oseas con Josué?, Mucho. Esto es muy importante
comprenderlo pues es lo que le da sentido a todo el libro de Oseas a la luz del
Evangelio.
Al inicio del
Números 13 tenemos la relación de los doce espías que Moisés envío a reconocer
a la tierra de Canaán. Pero en Números 13:16 tenemos una cita que parece que no
tiene nada que ver con lo que ahí se está narrando: “Estos son los nombres de
los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le
puso Moisés el nombre de Josué”.
Así que hay una verdad subyacente
que conecta Oseas con Josué y que permite entender las verdades espirituales
del libro de Oseas.
Los nombres Josué, יְהוֹשׁוּעַ, Yehoshu'a, y Jesús, יֵשׁוּעַ, Yeshúa, están intimamente relacionados, de hecho, Jesús es una
variante de Josué, y, como puede verse, significan exactamente lo mismo: Jehová
es salvación.
Josué es una sombra que apunta a
Jesús, es por eso que Moisés no introdujo a Israel a la tierra prometida, ya
que Moisés representaba la Ley y por Ley nadie se salva, pero es Josué quien
introduce a Israel a la tierra prometida, símbolo esto de la salvación que nos
viene por medio de Jesús y que nos habilita a entrar en el reino prometido.
En este entendido, y considerando
que Josué apunta a Jesús, y que Oseas y Josué etimológicamente están
relacionados, podemos concluir que Oseas también es una sombra que apunta a
Jesús, de hecho, la relación del significado de ambos nombres, Oseas,
salvación, y Jesús, Jehová es salvación, también señalan esto.
Con este entendimiento podemos ver
el libro de Oseas bajo una nueva luz ya que el mismo no es otra cosa que el
plan de Dios para con la humanidad y, Oseas, apunta a Jesús. Veamos esto.
El hecho de que Oseas se case con
una mujer ramera apunta a esa relación que Dios, por medio de su Hijo, a tenido
con su pueblo, en pocas palabras: con su pueblo pecador. Esto hay que verlo
detenidamente.
Cuando hablamos del pueblo de Dios
no nos estamos refiriendo al pueblo histórico de Israel, tampoco al pueblo
espiritual de Israel, la iglesia, sino a ambos pueblos. Como dice la Palabra
“porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared
intermedia de separación” (Efesios 2:14).
Del pueblo de Israel no nos queda
duda su pecaminosidad, pues la misma Escritura, en cuanto a su historia, da fe
de ello, pero ¿en el caso de la iglesia es igual? Así es. Veamos esto para
entenderlo a cabalidad.
Si leemos con calma la manera de
celebrar las siete fiestas de Dios que Él decretó como parte de su pacto para
con su pueblo -Pascua, Panes sin Levadura, Primicias, Pentecostés, Trompetas y
Día de la Expiación-, así como las demás instrucciones relativas a holocaustos,
sacrificios y ofrendas, podemos ver como es que siempre hay un énfasis en
acompañar esto con panes sin levadura. Sobre esto Éxodo 23:18 es muy enfático
“No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni la grosura de mi
víctima quedará de la noche hasta la mañana”, también Éxodo 34:25 vuelve a
repetir esto. “No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio,
ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua”. La
levadura en toda la Escritura es símbolo del pecado, por eso la instrucción
anterior, pero, el gran pero, es que, en cuanto a Pentecostés, Levítico 23:17 dice específicamente que dos panes con
levadura debían ser mecidos ante el Señor. Esto es extremadamente inusual por lo dicho anteriormente,
pero ¿qué significa?, si vamos al Nuevo Testamento, la sombra de aquella fiesta
apuntaba al derramamiento del Espíritu Santo que vendría una vez que Jesús,
ascendido al Padre, lo enviase, pero ¿sobre quién viene ese Espíritu Santo?,
¡sobre quienes aún tienen pecaminosidad en sí mismos!, por eso esos dos panes,
que apuntan a esos dos pueblos de los cuales el sacrificio de Jesús hizo uno,
contienen levadura.
De esta forma, el matrimonio de
Oseas con Gomer apunta a esa relación de Dios, por medio de Jesús, con un
pueblo, un solo pueblo formado por el Israel histórico y el Israel de Dios,
pecaminoso. Por cierto, el nombre de la esposa de Gomer nos ayudará a entender
esa frase enigmática dicha por Jesús en la cruz a la lus del plan de salvación,
pero antes de eso veamos otras cosas.
Tres hijos le da Gomer a Oseas: Un
varón, Jezreel, un mujer, Lo-ruhama, y otro varón, Lo-Amni. Jezreel significa
“Dios siembra” o “simiente de Dios”, Lo-ruhama significa “No Compadecida”, y
Lo-Amni significa “No Mi pueblo”. Providencialmente apuntan a las tres etapas
del plan de Dios para con la humanidad: La era anterior a la Ley, la era de la
Ley y la era de la iglesia. En la era anterior a la Ley -entendiendo era de la
Ley a partir de que Dios la entrega en Sinaí- Dios está sembrando a la
humanidad, una siembra que en su momento redundará en una gran familia; luego
viene la era de la Ley, en esa era la observancia estricta de la letra produce
no misericordia en el pueblo de Dios; por último viene la era de la iglesia
donde, quienes son llamados a formar parte de la familia de Dios son aquellos
que antes no eran llamados pueblo.
En Oseas 2:21-23, vemos como
adelanto, la conclusión de aquel plan de Dios para con la humanidad: “En aquel
tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé a los cielos, y ellos responderán
a la tierra. Y la tierra responderá al trigo, al vino y al aceite, y ellos
responderán a Jezreel. Y la sembraré para mí en la tierra, y tendré
misericordia de Lo-ruhama; y diré a Lo-ammi: Tú eres pueblo mío, y él dirá:
Dios mío”. Fijémonos como misericordia habrá en No Compadecida, pueblo de Dios
será aquel que antes era No Mi Pueblo, pero todo responderá a Jezreel, aquella
Siembra de Dios que habrá dado sus frutos, frutos representados por trigo, vino
y aceite, símbolos usados reiterativamente por nuestro Señor para apuntar a la
redención.
Pero,
¿qué hay del nombre de Gomer?, esto es asombroso, y aquí es dónde entenderemos
el carácter profético de la conocida como la “ley de los Celos” que apunta al
sacrificio redentor de nuestro Señor.
Esta
ley, como se dijo al inicio, en pocas palabras señalaba que, si un hombre
sospechaba que su esposa le había sido infiel, ambos se presentaban ante el
sacerdote el cual hacía beber a la mujer un agua amarga siendo que, si la mujer
era infiel moría, pero si no había faltado ella tenía muchos hijos. Una ley
medio extraña, pero, como todo, apuntaba como sombra a las realidades del Nuevo
Testamento. Veamos.
En
Juan 19:28-30, cuando Jesús ya estaba en la cruz, leemos:
“Después de esto, y como Jesús sabía que ya todo estaba consumado, dijo «Tengo
sed», para que la Escritura se cumpliera. Había allí una vasija llena de
vinagre; entonces ellos empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en un
hisopo, y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús probó el vinagre, dijo:
«Consumado es»; luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu”.
Sobre esta última frase que nuestro
Señor dijo en la cruz antes de morir, «Consumado es», se ha escrito mucho. Unos dicen que se refiere a
la consumación del plan de redención al entregar Jesús su vida, otros que se
refiere al pago de todos nuestros pecados por la sangre derramada de Jesús, y
así. Todas estas explicaciones aplican, pero vamos a una verdad subyacente de
mayor profundidad.
Gomer, el nombre de la esposa de
Oseas, viene del hebreo גָּמַר,
gaw-mar', que significa “consumar”. Así que la expresión de Jesús «Consumado es», en hebreo, sería
exactamente igual que el nombre de Gomer, ¿qué significa esto?, que Jesús, en
ese grito, le hablaba a su pueblo, a esa Gomer pecaminosa que debiendo haber
pagado su infidelidad con la muerte, estaba siendo redimida por Él con su
sacrificio.
Retrotrayendo esto a aquella Ley de
los celos esto es todavía más claro pues en aquella Ley era la mujer quien
bebía las aguas amargas y moría si había sido infiel, pero aquí, como dice la
cita de Juan, es Jesús quien bebe esas aguas amargas muriendo después con un
grito que apunta a su pueblo.
Por cierto, de Gomer, Oseas 1:3 nos
dice que era “hija de Diblayin”, ¿sabes lo que significa Diblayin?, Diblayin,
viene del hebreo דִּבְלָ֑יִם,
diḇ·lā·yim, que significa “dos pastelillos”, ¿te acuerdas lo que ya
dijimos de aquellos dos panes con levadura ofrecidos en Pentecostés?, pues ante
esto lo dicho adquiere aun mayor relevancia, espero puedas verlo.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que una mujer acusada de
adulterio debía someterse a la prueba exigida, más sin embargo espiritualizado,
apuntando al sacrificio redentor de nuestro Señor al entender, en cuanto al libro de Oseas, que la
historia de Oseas con Gomer no es otra que la historia de Dios, por medio de
Jesús, con su pueblo. Un pueblo pecaminoso que, debiendo de pagar con su vida
por su infidelidad, su deuda ha sido saldada por aquel que amándole en extremo
dio su vida por ello, haciendo que quien era No Compadecido tenga ahora y vaya
a tener misericordia, que quien era No Mi Pueblo, sea ahora y vaya a ser pueblo
de Dios, y quien era Simiente de Dios, sea ahora y vaya a ser cosecha abundante
de Familia de Dios

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