199. Se debía devolver la prenda al dueño si la necesitaba (Éx. 22:26; Dt. 24:13)


 

“Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás”

 

“Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios”

 

El pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo contenía muchas consideraciones de carácter natural a efecto de la comunidad funcionara con un sentido de solidaridad, empatía y caridad.

 

Lo anteriormente establecido por Éxodo 22:26 y Deuteronomio 24:13 iban en ese sentido pues preveía un actuar, respecto de las prendas obtenidas del prójimo, que consideraba su necesidad natural de tenerlas de vuelta.

 

Más sin embargo también hay un entendimiento espiritual.

 

La cita de Éxodo 22:26 solo señala que “si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás”, pero la de Deuteronomio 24:13 agrega un elemento adicional del cual puede partirse para avanzar en la comprensión espiritual: “para que pueda dormir en su ropa”.

 

Para comprender la verdad espiritual subyacente de esta normativa, tenemos la comprensión clara de dos elementos en ella: La ropa y el dormir.

 

La ropa, para los elegidos, es aquellas cualidades de las cuales nos revestimos para nuestro andar por el Camino.

 

Efesio 6

10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

 

Si bien es cierto que mediante el bautismo todos hemos sido revestidos de Cristo (Gálatas 3:27), cada uno a ello le da una connotación particular referida a su propia personalidad.

 

Los elegidos, en la proclama del Evangelio, viven su vida mostrando y demostrando la manera práctica de poner las verdades divinas por obra, ya que, como dice la Palabra, “la fe sin obras es muerta” (Santiago 2:26), es por eso quienes viven como Cristo vivió bien pueden ser en su momento ejemplo para los demás.

 

1 Corintios 11:1

Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

 

Filipenses 3:17

Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.

Más sin embargo esa imitación tiene un límite pues no estamos llamados a ser como otros, incluso si esos otros nos han traído a salvación, sino llegar a ser como Jesús mismo.

 

Aquí es donde entra el segundo elemento del mandato en cuestión, siendo que ese elemento es el dormir.

 

El dormir en la Escritura es un eufemismo con el que se sustituye el referirse a la muerte.

 

Job 7:21

Entonces, ¿por qué no perdonas mi transgresión y quitas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo; y tú me buscarás, pero ya no existiré.

 

Salmos 13:3

Considera [y] respóndeme, oh Jehová, Dios mío; ilumina mis ojos, no sea que duerma [el sueño de] la muerte;

 

1 Reyes 11:43

Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y su hijo Roboam reinó en su lugar.

 

Lucas 8:52-53

Todos la lloraban y se lamentaban; pero El dijo: No lloréis, porque no ha muerto, sino que duerme. Y se burlaban de El, sabiendo que ella había muerto.

 

Hechos 7:60

Y cayendo de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Habiendo dicho esto, durmió.

 

1 Corintios 15:6

luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen;

 

De esta forma, conjuntando ambas ideas, a saber: la ropa y el dormir, las cualidades cristianas y el sueño de la muerte, uno bien puede imitar a algún hermano o hermana de la fe, pero deberá llegar el momento en que, devolviéndole su ropa al dormir éste, uno se vista de manera particular y personalísima.

 

“Pero la cita habla de tomar la vestidura del otro en prenda –dirá alguno--, eso implica que uno le ha prestado algo al otro y esa prenda es en garantía, ¿cómo se ajusta esto a lo dicho anteriormente ya que más bien el que imita a otro hermano o hermana de la fe, le debe a ese otro ese ejemplo que ha tomado más que el otro deberle al primero?”

 

No hablemos de deber o cobrar, habremos de dar y recibir. El que imita a otro hermano o hermana de la fe, tomando para sí sus cualidades, le da al otro su admiración, respeto o consideración, es así que tomando las cualidades del hermano o hermana que imita le da a cambio esto, pero llegado el momento de que esa hermana o ese hermano duerma, uno ya no puede seguirle dando esa  admiración, respeto o consideración, aunque siempre se la tenga, pues el hermano o hermana ya no es consciente de ello, por lo que dejando de darle esto le regresa, por así decirlo, las cualidades de aquel o aquella de las cuales se había revestido para comenzar a vestirse de las suyas propias.

 

Uno no puede estar toda la vida, incluso ya que hermanos o hermanas de la fe han muerto, imitando la vida de éstos. De inicio está bien, como Pablo pedía lo hicieran, pero veamos que el mismo Pablo señalaba “como yo soy imitador de Cristo”, es decir, la imitación de las cualidades cristianas puestas por obra de todo hermano o hermana deben llevarnos a Cristo, de otra forma el camino es errado, de ahí que el límite en cuanto esto es mientras el otro hermano o hermana vive. Pero, de nuevo: Eso como límite. Lo ideal es seguir en su andar al hermano o hermana de la fe cuyas cualidades veamos representan la vida cristiana para, sin esperarnos a que duerma el sueño de la muerte, desarrollar nosotros, con la ayuda del Espíritu de Dios, nuestro propio carácter nuestra propia personalidad, revestidos de Cristo.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debía devolver la prenda al dueño si la necesitaba sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a esa imitación que de las cualidades cristianas que de tal o cual hermana o hermano vemos, lo cual debe llevarnos a imitar finalmente a Cristo, siendo que la imitación a hermanos o hermanas en la fe en su vivir tiene el límite de su propia vida natural llegado el momento en que desarrollemos nosotros mismos, con la ayuda del Espíritu de Dios, nuestro propio carácter nuestra propia personalidad, revestidos de Cristo.


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