190. Se debían observar todas las reglas relativas a la guerra (Dt. 20:11, 12)
“Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. Más si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo había establecido
claramente que se debía destruir las siete naciones cananeas: “Pero de las
ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona
dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo,
al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha
mandado” (Dt. 20:16-17).
Este
mandamiento, espiritualizado, se refietre al proceso actual que la familia de
Dios vive, reflejado en sus santas fiestas, donde nuestra carnalidad es
destruida, las cuales tiene como centro a Cristo: Pascua se refiere al sacrificio redentor de nuestro Señor
Jesús, Panes sin levadura a la vida que el cristiano debe vivir en perfección y
santidad cuyo centro es Cristo mismo, Primicias representa a Jesús mismo el
cual habiendo sido sacrificio acepto al Padre se sentó a su derecha con poder y
majestad, y Pentecostés apunta a la venida del Espíritu Santo sobre la iglesia
de Dios empezando esto en la iglesia primitiva y siguiendo a lo largo de estos
dos mil años. Por su parte Trompetas apunta a regreso de nuestro Señor Jesús
cuando sus santas y santos sean resucitados/transformados para iniciar con Él
el Reino de Dios en la tierra, Día de la Expiación apunta a ese momento en que
toda la humanidad resucitada recibirá por primera vez la oportunidad de conocer
la verdad para que aceptándola o rechazándola se granjee salvación o perdición,
y Tabernáculos señala ese momento en que cumplimentado el Plan de Dios para con
la humanidad Él mismo habite entre nosotros y nosotros mismos nos hallamos
convertido en un tabernáculo donde more Dios.
Pero antes de esta instrucción Dios le da a
su pueblo otra relacionada con aquellas naciones que, lejos de la tierra que Él
les estaba dando, pudieran llegar a establecer paz a menos que no quisieran y
entonces serían destruidas.
Deuteronomio 20
10 Cuando te acerques a una ciudad para combatirla,
le intimarás la paz. 11 Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo
el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. 12 Mas si no hiciere paz contigo, y
emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. 13 Luego
que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de
espada. 14 Solamente las
mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su
botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Jehová
tu Dios te entregó. 15 Así
harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las
ciudades de estas naciones. 16 Pero
de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna
persona dejarás con vida, 17 sino
que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo,
al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; 18 para que no os enseñen a hacer según todas
sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová
vuestro Dios.
Así que relativo a las naciones que Israel se
encontraría se tienen dos instrucciones: (1) Destrucción total, sin posibilidad
de negociación, de las siete naciones cananeas que habitaban en la tierra
prometida, y (2) posibilidad de negociación con las naciones que, fuera de la tierra
prometida, lejos de Israel, quisieran hacer la paz, caso contrario destrucción
de ellas.
Como ya se comentó, lo primero se refiere a
ese proceso que en cada uno de los elegidos se está haciendo para destruir de
manera completa y total, sin posibilidad de negociación, esa carnalidad en
nosotros hasta que en cada uno se refleje el carácter perfecto y santo de
nuestro Padre Dios. Pero ¿qué significa, espiritualmente hablando, lo segundo,
es decir, la posibilidad de negociar la paz con naciones lejanas, fuera de la
tierra prometida, destruyéndolas si no quisiesen eso?
En la figura de Adán, todos hemos sido
formados del polvo de la tierra (Génesis 3:19), solo que, en el caso de los
elegidos, el agua, símbolo del Espíritu Santo (Juan 7:37-39), al mezclarse con
aquel polvo, resulta en arcilla con la cual Dios puede trabajar (Jeremías
18:1-6), de esta forma, aquella tierra prometida, de manera espiritual e
individual se refiere a aquel trabajo que Dios está haciendo en cada uno hasta
que, llegado el momento, seamos como Cristo (1 Juan 3:2). Siguiendo esta
analogía las naciones lejanas a la tierra prometida (cada uno de los elegidos),
ajenas a Israel, simbolizan a aquellas personas que aún no vienen a salvación,
pero entonces ¿qué significa, espiritualmente hablando eso de negociar la paz o
destruirlas con la guerra?
Deuteronomio 20:10-11 señala “cuando te
acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. Y si respondiere:
Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario,
y te servirá”. El elegido sabe que solo en Jesús puede dar la paz, Él mismo en
su momento señaló “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo
la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27), en ese mismo
sentido, solo quienes responden al llamamiento del Padre para venir a salvación
en el presente siglo y se mantienen fieles hasta el final (Revelación 17:14)
tienen la promesa de entrar en el reposo del señor (Hebreos 4:8-10), es así que
aquella intimación a la paz que Israel hacía con las naciones lejanas tiene su
equivalente espiritual en los elegidos con esa prédica que hacemos a los demás
para que vengan a salvación siendo que, si responden a ello, la paz llega a sus
vidas.
Pero entonces ¿qué significa la destrucción
en caso de que no quieran esa paz?
Deuteronomio 20:12-14 señala “Mas si no
hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. Luego
que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de
espada. Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya
en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus
enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó”.
Esta opción, para en caso de aquellos que
escuchando nuestra prédica no quieran venir a salvación, simboliza a esa no
comunión que con ello debemos guardar y apunta a la destrucción final que a los
mismos les espera.
Pablo, escribiendo sobre esto a los de
Corinto, en su primera carta les dice:
1 Corintios 10
15 Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que
digo. 16 La
copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El
pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17 Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser
muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. 18 Mirad a Israel según la carne; los que
comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar? 19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o
que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? 20 Antes
digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a
Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. 21 No podéis beber la copa del Señor, y la
copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa
de los demonios. 22 ¿O
provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?
De hecho, en esa misma carta, podemos
encontrar aquella admonición que les hizo Pablo a los de Corinto cuando, en el
caso escandaloso de un adúltero con su madrastra, la iglesia permanecía como si
nada pasara.
1 Corintios 5
Se ha sabido que hay entre vosotros fornicación, y fornicación cual ni
aun se nombra entre los gentiles; a tal extremo que alguno tiene a la mujer de
su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No
debierais más bien lamentarlo y haber quitado de en medio de vosotros al que
cometió tal acción? 3 Ciertamente yo, como ausente
en cuerpo pero presente en espíritu, como si estuviera presente he juzgado ya
al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro
Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás
para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del
Señor Jesús.
6 No es buena vuestra jactancia. ¿Acaso
no sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? 7 Limpiaos,
pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, como sois, sin levadura,
porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. 8 Así
que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura ni con la levadura de
malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.
9 Os he escrito por carta que no os
juntéis con los fornicarios. 10 No me refiero en
general a todos los fornicarios de este mundo, ni a todos los avaros, ladrones,
o idólatras, pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. 11 Más
bien os escribí para que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, sea
fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con el tal ni aun
comáis, 12 porque ¿qué razón tendría yo para juzgar
a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? 13 A
los que están fuera, Dios los juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre
vosotros.
Fijémonos como es que en la cita anterior les
señala a los de Corinto respecto de ese caso: “Y vosotros estáis
envanecidos. ¿No debierais más bien lamentarlo y haber quitado de en medio de
vosotros al que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo
pero presente en espíritu, como si estuviera presente he juzgado ya al que tal
cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros
y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea
entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo
en el día del Señor Jesús”.
Con todo y todo lo anterior apunta a la destrucción final que los impíos
tendrán.
Salmos 37:38
Pero los transgresores serán destruidos a una; la posteridad de los
impíos será exterminada.
Proverbios 14:11
La casa de los impíos será destruida, pero la tienda de los rectos
florecerá.
2 Tesalonicenses 1:9
Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la
presencia del Señor y de la gloria de su poder
2 Pedro 2:12
Pero éstos, como animales irracionales, nacidos como criaturas de
instinto para ser capturados y destruidos, blasfemando de lo que ignoran, serán
también destruidos con la destrucción de esas criaturas
Revelación 20:15
Y el
que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de
fuego.
Esto, a la luz del sentido espiritual de lo señalado en Deuteronomio 20:12-14 es entendido en el sentido
indicado anteriormente al respecto.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debían observar todas
las reglas relativas a la guerra, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado
referido a, en el caso de la intimación
a la paz que Israel hacía con las naciones lejanas, a los elegidos que con nuestra
prédica que hacemos a los demás para que vengan a salvación siendo que, si
responden a ello, la paz llega a sus vidas, y, en el caso de las naciones que rechazando
esa oferta de paz de parte de Israel eran destruidas por éste, para el caso de
aquellos que escuchando nuestra prédica no quieran venir a salvación, simbolizando
esa no comunión que con ello debemos guardar y apuntando a la destrucción final
que a los mismos les espera.

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