183. Se les deben dar ciudades a los levitas para habitar (Nm. 35:2)
“Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten; también daréis a los levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas”
Como
parte del pacto que en su momento hizo Dios con su pueblo, estableció que los
levitas no tendrían parte en la heredad del resto de las tribus de Israel, “Y
Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos
tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel” (Números
18:20), con todo y todo esto no significaba que los levitas no tuvieran lugar
alguno donde radicar, sino que no poseían como tribu un territorio como los
demás, de hecho, los levitas estaban repartidos por toda la tierra de Israel
siendo que, en ese sentido, sí se les daba ciudades donde pudieran vivir, pero
no un territorio como tribu, como ya se dijo.
La
connotación natural de lo anterior es clara: Ellos estaban para servir a Dios
en sus servicios religiosos siendo que, al ser Él su heredad, nada más debían
desear ni tener, con todo y todo, al tener necesidades naturales, Dios les
habría previsto con la disposición anterior de lugares donde pudieran vivir.
Ante esto, ¿qué implicaciones espirituales tiene la disposición anterior?
Para
responder a esto debemos empezar por una cita donde se retoma la misma
disposición, pero con un sentido profético, ésta se encuentra en el libro de
Ezequiel.
Ezequiel
44
9 Así ha
dicho Jehová el Señor: Ningún hijo de extranjero, incircunciso de corazón e
incircunciso de carne, entrará en mi santuario, de todos los hijos de
extranjeros que están entre los hijos de Israel. 10 Y
los levitas que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras
sus ídolos, llevarán su iniquidad. 11 Y
servirán en mi santuario como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en
la casa; ellos matarán el holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán
ante él para servirle. 12 Por
cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel por
tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano y jurado, dice Jehová el
Señor, que ellos llevarán su iniquidad. 13 No
se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de
mis cosas santas, a mis cosas santísimas, sino que llevarán su vergüenza y las
abominaciones que hicieron. 14 Les
pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para todo el
servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de hacerse.
15 Mas los
sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario
cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para
ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la
sangre, dice Jehová el Señor. 16 Ellos entrarán en
mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis
ordenanzas. 17 Y cuando
entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vestiduras de lino; no
llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio
interior y dentro de la casa. 18 Turbantes
de lino tendrán sobre sus cabezas, y calzoncillos de lino sobre sus
lomos; no se ceñirán cosa que los haga sudar. 19 Cuando salgan al atrio exterior, al atrio
de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las
dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos,
para no santificar al pueblo con sus vestiduras. 20 Y
no se raparán su cabeza, ni dejarán crecer su cabello, sino que lo
recortarán solamente. 21 Ninguno
de los sacerdotes beberá vino cuando haya de entrar en el atrio interior. 22 Ni viuda ni repudiada tomará por mujer,
sino que tomará virgen del linaje de la casa de Israel, o viuda que fuere viuda
de sacerdote. 23 Y
enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les
enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio. 24 En los casos de pleito ellos estarán para
juzgar; conforme a mis juicios juzgarán; y mis leyes y mis decretos guardarán
en todas mis fiestas solemnes, y santificarán mis días de reposo. 25 No se acercarán a hombre muerto para
contaminarse; pero por padre o madre, hijo o hija, hermano, o hermana que
no haya tenido marido, sí podrán contaminarse. 26 Y
después de su purificación, le contarán siete días. 27 Y el día que entre al santuario, al atrio
interior, para ministrar en el santuario, ofrecerá su expiación, dice Jehová el
Señor.
28 Y habrá
para ellos heredad; yo seré su heredad, pero no les daréis posesión en
Israel; yo soy su posesión. 29 La ofrenda y la
expiación y el sacrificio por el pecado comerán, y toda cosa consagrada en
Israel será de ellos. 30 Y
las primicias de todos los primeros frutos de todo, y toda ofrenda de todo lo
que se presente de todas vuestras ofrendas, será de los sacerdotes; asimismo
daréis al sacerdote las primicias de todas vuestras masas, para que repose la
bendición en vuestras casas. 31 Ninguna
cosa mortecina ni desgarrada, así de aves como de animales, comerán los sacerdotes.
Si
bien lo anterior puede tener una aplicación natural en la historia del Israel
natural, mayormente tiene su aplicación, de manera espiritual, en la historia
del Israel espiritual.
Fijémonos
como comienza la cita anterior: “Así
ha dicho Jehová el Señor: Ningún hijo de extranjero, incircunciso de corazón e
incircunciso de carne, entrará en mi santuario, de todos los hijos de
extranjeros que están entre los hijos de Israel”. El señalamiento de “incircunciso
de corazón e incircunciso de carne” apunta no solo a la circuncisión natural
que en aquel tiempo estaba dispuesta para los hombres del pueblo de Israel,
sino también a un cambio relativo, y ejemplificado, con el corazón, ¿qué cambio
es ese? El profeta Jeremías y el Apóstol Pablo abordaron este tema.
Jeremías 33
31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los
cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No
como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de
la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido
para ellos, dice Jehová. 33 Pero
este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice
Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a
ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y
no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce
a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más
grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más
de su pecado.
Hebreos 10
11 Y ciertamente todo sacerdote está día
tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que
nunca pueden quitar los pecados; 12 pero Cristo,
habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se
ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus
pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos
para siempre a los santificados. 15 Y nos atestigua
lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues donde hay remisión de estos, no
hay más ofrenda por el pecado.
La cita de Pablo es más claridosa
en el sentido que la misma apunta a la consumación del plan de Dios para con la
humanidad, de esta forma, la disposición Números 35:2, en cuanto a su
comprensión espiritual apunta a aquel momento, pero ¿a quiénes y a qué se
refiere, espiritualmente hablando?
De nueva cuenta, la cita de
Ezequiel 44, profética mayormente como ya se dijo, nos permite responder lo
anterior. El vehículo 15 señala “más los sacerdotes levitas hijos de Sadoc”,
¿Quiénes son esos sacerdotes hijos de Sadoc que tendrán los privilegios
exclusivos que señala Ezequiel 44?
De manera natural, como podemos
leer en 2 Samuel 15, 18; 1 Reyes 1, puede decirse que Sadoc perteneció al linaje
sacerdotal, descendiente de Eleazar, hijo de Aarón. Al principio de su
sacerdocio compartía funciones con Abiatar, ambos como sumos sacerdotes de
Israel. Cuando el rey Saúl desobedeció a Dios, el Señor decidió traspasar el
reino a David; los príncipes de Israel, guerreros y sacerdotes tomaron partido,
la mayoría permaneció del lado de Saúl; pero algunos, comprendiendo los planes
de Dios, se inclinaron valientemente hacia David. Sadoc tuvo la sensibilidad de
distinguir entre lo sagrado y lo profano, lo puro y lo impuro, lo que le ayudó
a permanecer leal a David. Valerosamente acompañó a un pequeño grupo para
transferir el trono al nuevo rey. Ésta decisión lo identificó como un joven
valiente y esforzado (1 Crónicas 12.28).
Pero para terminar de entender de
manera espiritual todo lo dicho hasta aquí hay que entender el significado del
nombre Sadoc. Sadoc en hebreo צָדוֹק, Tsadoq, significa justo, y ¿quién es el Justo
por excelencia?
Juan 2
18 Hijitos, ya
es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así
ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último
tiempo. 19 Salieron de
nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros,
habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no
todos son de nosotros. 20 Pero vosotros tenéis la unción
del Santo, y conocéis todas las cosas. 21 No os he
escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna
mentira procede de la verdad. 22 ¿Quién es el mentiroso, sino
el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre
y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo,
tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. 24 Lo que
habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído
desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el
Hijo y en el Padre. 25 Y esta es la promesa que él
nos hizo, la vida eterna.
26 Os he escrito esto sobre los
que os engañan. 27 Pero la unción que vosotros
recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os
enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y
no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.
28 Y ahora, hijitos, permaneced
en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida
no nos alejemos de él avergonzados. 29 Si sabéis que él es justo,
sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él.
El último versículo, referido a Cristo
dado el versículo anterior a ese, deja claro que el Justo por excelencia es Cristo
y no solo eso sino que todo aquel que practica la justicia es nacido de Él, es decir,
es un hijo de Sadoc, un hijo del Justo, un hijo de justicia, ¿y quiénes son esos?
Revelación 1
6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos.
Amén.
Revelación 16
6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos.
Amén.
De esta forma, aquella disposición natural
referida a los levitas de que si bien se les daban ciudades para habitar no tenían
en sí territorio como las demás tribus, apunta al reino venidero donde aquellos
que hubieren calificado serán con Cristo reyes y sacerdotes los cuales, si bien
heredaran la tierra (Salmos 37:11-24; Mateo 5:5-12), en el sentido que regirán sobre
ella, no tendrán mayor heredad que Dios mismo y su Hijo, lo cual, visto de esta
forma, es el todo, ¿qué más podría desearse? En cuanto a esos de las ciudades para
habitar se refiere, ahorita, a los cuerpos naturales que de manera individual o
colectiva poseemos, mientras que en el reino venidero a los cuerpos de gloria que
de manera individual o colectiva poseeremos.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se les deben dar ciudades
a los levitas para habitar, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido
aquellos que en el reino venidero, si
hubieren calificado, serán con Cristo reyes y sacerdotes los cuales, si bien heredaran
la tierra (Salmos 37:11-24; Mateo 5:5-12), en el sentido que regirán sobre ella,
no tendrán mayor heredad que Dios mismo y su Hijo, lo cual, visto de esta forma,
es el todo.

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