177. Debían juzgar al pueblo imparcialmente (Lv. 19:15)


 “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo”

 

Dado que la entrega de la Ley por parte de Dios a su pueblo como parte de su pacto implicó establecer sobre él autoridades para que lo juzgasen, dentro de la misma legislación se le estableció a estas autoridades la obligación de comportarse con justicia, sin favorecer de manera parcial un bando sobre otro.

 

Esto de manera natural es claro al leer lo que al respecto Levítico 19:15, pero en el caso de la iglesia de Dios, en las cuales también hay autoridades, la noción de justicia excede la letra de la Ley, sino que es espiritualizada por Jesús.

 

Sobre esto, como dice Isaías 42:21, referido a Cristo, Dios se complace por causa de la justicia en dar lustre a su Ley, “Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”, es decir, en espiritualizarla más allá de la comprensión material, tal como lo enseñó Jesús en Mateo 5:21-48.

 

Mateo 5

21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

 

Siendo que Cristo hace aquello que era imposible para nuestra carnalidad, como lo señala Romanos 8:3, “porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.

 

De igual forma, sobre este juicio debe imperar el carácter perfecto y santo que todo elegido, como reflejo de nuestro Padre Dios, debe mostrar. Esto en la figura de lo que se conoce como las buenaventuranzas.

 

Mateo 5

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

 

Lucas 6

20 Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.

 

Las bienaventuranzas son una lección de vida, para esta y la futura, dada por quien es el camino, la verdad y la vida. Nadie puede ir al Padre sino es por Jesús (Juan 14:6), Él no es un camino de muchos, sino el camino. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Esto incluye también no cualquier Jesús (2 Corintios 11:4), sino el verdadero Jesús, en la verdadera doctrina, en la verdadera iglesia: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Efesios 4:5).

 

Esto es reiterativo en la Escritura:

 

Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”

 

Romanos 3:24 “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”

 

1 Juan 4:9 “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él”

 

1 Corintios 15:22 “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”

 

1 Juan 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”

 

1 Juan 5:13 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”

 

Creer y hacer van de la mano. “¿Y por qué me llamáis: “Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). Así las bienaventuranzas se convierten en una norma para la vida de quien sea seguidor (oidor y hacedor- Santiago 1:22) de Jesús.

 

Las bienaventuranzas no son una enseñanza aislada en la escritura sino que forma parte de un cuerpo doctrinal completo en sí mismo. Después de enunciadas Jesús señala a sus oyentes que ellos están llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5:13-16) y después aclara la frase lapidaria para quienes esgrimen que la los Diez Mandamientos han sido abolidos de que no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y para dejar claro, como dice la Escritura, que “Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla” (Isaías 42:21), pasa a revisar algunos puntos donde espiritualiza la Ley a un extremo de perfección y santidad. Así las bienaventuranzas están conectadas con el cumplimiento de la Ley para estar en el mundo sin ser parte de él (Juan 17:11, 15,16).

 

“¿Qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16), la pregunta del joven rico es la pregunta de todos quienes desean alcanzar la corona de vida (Revelación 3:11), la respuesta de Jesús es clara “guarda los mandamientos” (Mateo 19:17). Guardar los mandamientos es el inicio, es el comienza por, pero no es el fin, es un camino que señala hacia algo mayor y mejor: la Ley apunta hacia Jesús (Juan 5:39). El joven rico señala entonces que desde siempre ha guardado los mandamientos, ¿qué le falta? Jesús le responde: “sígueme” (Mateo 19:21). Al joven rico sí le faltaba algo, ¡le faltaba Jesús!

 

Llegar a Jesús, es llegar a las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas son consecuencia de encontrarlo. La Ley señala a Jesús, y una vez que le hemos encontrado las bienaventuranzas aparecen en nuestra vida. La pobreza de espíritu, el llorar, la mansedumbre, el hambre y sed de justicia, la misericordia, la limpieza de corazón, el ser pacificador, y el ser perseguidos por causa de la justicia, todo es una consecuencia de Jesús.

 

¿Difícil? Tal vez. ¿Imposible? Para uno si, para Dios no (Lucas 1:37). “Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6). “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39).

 

Pero hay más. La enseñanza no termina con Mateo 5:3-11 o Lucas 6:20-22, a lo largo de la Escritura, como semillas de vida regadas aquí y allá, más bienaventuranzas esperan a aquel que las busque, las encuentre, las viva (Mateo 13:52).

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debían juzgar al pueblo imparcialmente, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido a aquellos quienes en la iglesia de Dios detentan alguna autoridad siendo que no solo deben cumplir con la letra de la Ley sino excederla hasta los niveles de perfección y santidad espirituales a la que la llevo nuestro Señor, siempre con un ánimo de caridad hacia los demás, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.


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