172. Se debía obedecer al profeta (Dt. 18:15)
“Profeta
de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él
oiréis”
La función de profeta,
entendida como la de aquel llamado a proclamar la verdad del Padre, es
fácilmente identificable en Cristo, con todo y todo la Escritura, tanto las
profecías como las declaraciones testimoniales de quienes conocieron a Jesús y
las suyas propias confirman esto.
Deuteronomio
18:15-19
Profeta
de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;
conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea,
diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran
fuego, para que no muera. Y Jehová me
dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio
de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará
todo lo que yo le mandare. Más a
cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré
cuenta.
Esta profecía que Dios mismo
dio a Moisés, se refería precisamente al papel de Cristo cuando éste viniera al
mundo. Esto está claramente explicado por Pedro cuando el día de Pentecostés,
dirigiéndose a la multitud, sobre Cristo declara:
Hechos
3:22-23
Porque
Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre
vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y
toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.
De igual forma, durante el
ministerio de Jesús, mucha gente lo reconoció como el profeta y de manera
inspirada estos dichos fueron recogidos en las Escrituras:
Lucas
7:16
El
temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha
surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo.
Mateo
21:11
Y la
gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.
Juan
6:14
La
gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente
este es el Profeta que había de venir al mundo.
Juan
7:40
Entonces
algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente
este es el Profeta.
Juan
9:17
Entonces
dijeron otra vez al ciego: ¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos? Y él
dijo: Es un profeta.
Si bien las citas anteriores
no dejan lugar a dudas de la figura de Jesús como profeta, tenemos sus propios
dichos que al respecto así lo atestiguan:
Lucas
13:33
Sin
embargo, debo seguir mi camino, hoy, mañana y pasado mañana; porque no puede
ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.
Ahora bien ¿qué es un profeta?
Generalmente se tiene la idea de que un profeta es aquel que devela algo
oculto, generalmente relacionado con el futuro, el porvenir. Si bien es cierto
que esta es una de las funciones que ocasionalmente desempeña un profeta, el
término abarca muchos más que eso.
Cuando Cristo vino, dada la
función que desempeñó, su papel preponderante era de profeta, es decir, de
transmitir lo que del Padre había oído (Juan 5:19; 8:38; 12:49), Su verdad,
pero eso no quiere decir que sus funciones sacerdotales o de la realeza no las
desempeñara, claro que las desempeñaba, pero con menor realce pues un orden hay
para todo.
En su venida, Jesús siendo
profeta, también desempeñaba un papel sacerdotal pues Él mismo oraba al Padre e
intercedía por las necesidades de los hombres físicas y espirituales (Juan 11:
41-42; 17:9, 11, 13, 15; 17: 17-19), de igual forma en su papel monárquico
definía y establecía las reglas aplicables para quien lo reconociese como Señor
(Lucas 6:46; Mateo 7:21; Juan 14:15, 21), más sin embargo en ese entonces su
papel preponderante era de profeta.
Ahora bien, si bien, al igual
que Cristo, quien decide seguirle como parte de la respuesta al llamamiento del
que se ha sido objeto, tiene la encomienda de proclamar la verdad que del Padre
ha sido revelada.
Romanos
10:14
¿Cómo,
pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de
quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?
Hechos
8:30-31,
Acudiendo
Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que
lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno
no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él… Entonces Felipe, abriendo su boca, y
comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
Estas dos citas hacen énfasis
en la necesidad que tiene quien quiere conocer la verdad del Padre, de contar
con alguien que lo guíe en el conocimiento de Dios de manera correcta, lo cual
es corroborado con la sentencia siguiente:
Romanos
10:17
Así
que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Es por ello que lo que se
conoce como la Gran Comisión implica, para el cristiano, proclamar el mensaje
del Evangelio:
Mateo
28:19
Por
tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Marcos
16:15
Y les
dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura.
Lucas
24:47-48
y que
en su nombre se predicara el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas
las naciones, comenzando por Jerusalén. De esto, ustedes son testigos.
Hechos
1:8
pero
recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis
testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la
tierra.
Mateo
5:14-16
14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad
asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni
se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el
candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos.
El entendimiento, acatamiento
y realización de esta función, la de profeta, puede verse desde los primeros
momentos de la iglesia naciente:
Hechos
2:38
Y
Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu
Santo.
En ese sentido, quien así
hiciere será reconocido, más sin embargo quien no desempeñe esta función será
rechazado:
Mateo 24:45-51
45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al
cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46 Bienaventurado
aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47 De cierto os digo que sobre todos sus
bienes le pondrá. 48 Pero
si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49 y comenzare a golpear a sus consiervos, y
aun a comer y a beber con los borrachos, 50 vendrá
el señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, 51 y lo castigará duramente, y pondrá su
parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Más sin embargo los desempeños
inherentes a la función desempeñada deben ser realizados con humildad.
Mateo
20:25-28
Entonces
Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se
enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Más entre vosotros no será así, sino que el
que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera
ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser
servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Esta función real implica que
en el presente siglo, los llamados a salvación, deben poner a trabajar los
talentos con los que han sido dotados, ya que quien hace así será reconocido,
mientras que quien no produce será condenado.
Mateo
25:14-30
14 Porque el reino de los cielos es como un hombre
que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15 A
uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos. 16 Y
el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros
cinco talentos. 17 Asimismo
el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue y cavó
en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Después
de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20 Y llegando el que había recibido cinco
talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me
entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y
fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu
señor. 22 Llegando también
el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste;
aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y
fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu
señor. 24 Pero llegando
también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres
hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu
talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26 Respondiendo
su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré,
y que recojo donde no esparcí. 27 Por
tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera
recibido lo que es mío con los intereses. 28 Quitadle,
pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29 Porque al que tiene, le será dado, y
tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las
tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Lo anterior puede enlazarse
con la parábola de las minas ya que, quienes en este siglo trabajen con aquello
que se les dotó buscando primero el Reino de Dios y SU justicia, serán
recompensados en el siglo venidero, bajo el reinado de Cristo, de dominio sobre
ciudades:
Lucas
19:11-27
11 Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo
una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino
de Dios se manifestaría inmediatamente. 12 Dijo, pues: Un hombre
noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio
diez minas,[a] y
les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero
sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No
queremos que este reine sobre nosotros. 15 Aconteció
que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos
siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado
cada uno. 16 Vino el
primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 Él le dijo: Está bien, buen siervo; por
cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha
producido cinco minas. 19 Y
también a este dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20 Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu
mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque
tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y
siegas lo que no sembraste. 22 Entonces
él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre
severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el
banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes:
Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene,
se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27 Y también a aquellos mis enemigos que no
querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.
Entender esto no es cosa menor
ya que implica el comprender, aceptar y ejercer los desempeños aunados con la
función de profeta proclamando el Evangelio, siendo de esta forma luz del mundo,
y dando testimonio a las naciones de la verdad del Padre.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que Se debía obedecer al
profeta, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido a Cristo,
Palabra hecha carne, quien revelando plenamente el Plan de Dios para con la
humanidad ha establecido su iglesia conformada por aquellos que, en el presente
siglo, como profetas, llevan su mensaje a todas las naciones exhortándolas para
que vengan a salvación , tal cual corresponde a todo hijo de Dios.

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