171. Todo varón debía dar medio siclo al templo anualmente (Éx. 30:12,13)


 

“Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios estableció para con su pueblo, a éste se le indicó, como lo señala Éxodo 30:12-13, que anualmente cada varón debía dar al templo medio siclo. EL entendimiento natural de esto es claro y tiene que ver con la responsabilidad el pueblo de sufragar lo necesario para los servicios religiosos inherentes al pacto establecido por Dios con su pueblo, pero más allá de ello existe un entendimiento espiritual, entendimiento espiritual al cual podemos acceder si se entiende que, dado que el siclo era de veinte geras, estaríamos hablando entonces de que cada varón debía dar para el servicio del templo anualmente diez geras, siendo que el énfasis para esa comprensión subyacente debe enfocarse en qué significa ese número, el diez.

 

Lectura Bíblica de Éxodo 34:1-17 contiene la relatoría relativa a cuando Dios instruye a Moisés, después que éste había roto las primeras tablas de la Ley, a que se haga de otras tablas y suba al monte para que Dios vuelva a escribir en ellas sus Diez Mandamientos.

 

Éxodo 34

1 Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.

10 Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.

11 Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. 12 Guárdate de hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no sean tropezadero en medio de ti. 13 Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. 14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. 15 Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; 16 o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas.

17 No te harás dioses de fundición.

 

Sobre el diez la Escritura contiene muchos relatos donde dicho número se incorpora. Sin ser dogmáticos el diez siempre apunta a la Ley de Dios, los Diez Mandamientos, sea de manera clara y evidente o velada y subyacente. Veamos un ejemplo de esto segundo en lo que se conoce como la historia de la sanación por parte de Jesús de aquellos diez leprosos.

 

Lucas 17

12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

 

La relatoría, que de manera exclusiva presenta Lucas, muestra a Jesús sanando a

diez leprosos, diez leprosos de los cuales solo uno vuelve a dar gloria a Dios. Las

circunstancias del relato son muy particulares y, como todos los milagros, contiene

mucha enseñanza e instrucción, con todo y todo, preguntas reflexivas surgen de la

lectura de esta narración: ¿Qué simbolizan esos diez hombres leprosos?, ¿qué

implica que los diez leprosos, reconociendo a Jesús, le pidan que tenga

misericordia de ellos?, ¿por qué Jesús los manda a presentarse a los sacerdotes?,

¿qué implica que en el camino hubiesen sido sanados?, ¿qué simboliza que solo

uno de ellos regreso glorificando a Dios?, ¿qué implica que se uno que regreso a

glorificar a Dios sea referenciado como un extranjero? Veamos a la luz de la Palabra y con la ayuda del Espíritu las respuestas a estas interrogantes y, en este caso, su relación no solo con el diez sino, de manera velada y subyacente como ya se dio, con la Ley de Dios, sus Diez Mandamientos.

 

¿Qué simbolizan esos diez hombres leprosos? El principal referente en la

Escritura aunado al número diez son los Diez Mandamientos de la Ley de Dios,

¿se pudiera considerar que estos diez leprosos están relacionados con ello?, así es, esa es la propuesta, pero ¿por qué se presentan estos hombres, que se

propone apuntan a los Diez Mandamientos, como leprosos?, no porque se quiera

indicar con ello que la Ley de Dios tenía alguna característica negativa, al

contrario, y esto hay que dejarlo muy claro desde el inicio, la Ley de Dios trae

bienaventuranza (Salmos 119:1), permanece (Salmos 119:44), es perfecta y

perfecciona (Salmos 19:7), es espiritual (Romanos 7:14), es santa, justa y buena

(Romanos 7:12), y es para siempre (Salmos 119:44), pero —y esto es importante

considerarlo para la comprensión subyacente a este milagro— nosotros no

podíamos cumplir esa Ley con la perfección y santidad requerida de ahí que

entonces la misma nos fuera contraria, nos llenara de lepra siguiendo la

simbología del relato, ¿cómo sabemos esto?, porque “pecado es transgresión de

la ley” (1 Juan 3:4) y claramente la Escritura señala “por cuanto todos pecaron, y

están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), así que todos habíamos

violado la Ley de Dios acarrándonos sobre nosotros esa lepra, la paga de dicha

trasgresión considerada pecado la cual es la muerte; pero además Cristo llevaría

la comprensión y aplicación de dicha Ley a la plenitud de la misma, a los niveles

de perfección y santidad requeridos por Dios.

 

¿Qué implica que los diez leprosos, reconociendo a Jesús, le pidan que tenga

misericordia de ellos? Este reconocimiento, esta solicitud, tiene dos vertientes, la

primera es reconocer que sólo Cristo puede quitar de la humanidad la pena que le

corresponde por su incapacidad en cumplir la Ley de Dios.

 

Hebreos 9

23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,

 

1 Pedro 1

17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

 

Romanos 3

21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 29 ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. 31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

 

La segunda vertiente apunta a lo que se dijo al final del comentario anterior: al

reconocimiento de que sería Cristo quien perfeccionaría esa Ley, como señala

proféticamente Isaías 42:21 “Jehová se complació por amor de su justicia en

magnificar la ley y engrandecerla”, ¿cómo se haría esto?, cuando en su primer

venida Cristo enseñaría la manera no solo material sino incluso espiritual

requerida para cumplir con la Ley de Dios.

 

Mateo 5

21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

 

Después de las referencias naturales a la Ley de Dios, Cristo lo que hacía es darle

su correcta y plena significancia y aplicación llevándola a niveles de perfección y

santidad.

 

Estas referencias a dos de los Diez Mandamientos implican que el resto de igual

forma deben espiritualizarse para su aplicación, no dejando ello sólo en el ámbito

material, llegando de igual forma a esto a los niveles de perfección y santidad

requeridos.

 

De igual forma la comprensión espiritual de la Ley de Dios permea al resto de las

acciones que como cristianos se espera se cumplan conforme a la voluntad del

Padre.

 

Mateo 5

31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen  también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

 

El último exhorto va en la línea de lo comentado anteriormente, “sed, pues,

vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, la

exigencia para el cristiano implica reconocer, entender y aplicar la Ley de Dios, y

los comportamientos que de ella emanan, a un nivel de perfección y santidad que

hasta ese momento, por el constreñimiento material que el pueblo de Dios tenía

de la misma hasta ese entonces, era imposible.

 

¿Por qué Jesús los manda a presentarse a los sacerdotes? Por causa del

testimonio. Recuérdese que a partir del advenimiento de nuestro Señor se

inaugura la era de la iglesia esperando de aquellos que respondan al llamamiento

a que pongan por obra esa fe que se dice profesar, lo cual implica

fundamentalmente, los mandamientos de la Ley de Dios.

 

Santiago 1

22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.

 

¿Qué implica que en el camino hubiesen sido sanados? En consonancia con todo

lo dicho anteriormente hasta este momento, uno, que el sacrificio redentor de Jesús ha quitado la pena de la muerte, la lepra, que correspondía a toda la humanidad por el incumplimiento de la Ley; y dos, que el hacer caso a las palabras y el testimonio de Jesús, relativo al nivel de perfección y santidad requeridos tanto en la fe como en las obras relativos a la Ley de Dios, implican llegar a ese nivel que de los hijos de Dios se espera.

 

¿Qué simboliza que solo uno de ellos regreso glorificando a Dios? Esta es la parte

más interesante del relato. Sin una comprensión de lo anterior el relato quedaría

casi como una moraleja referida al agradecimiento que a Dios y Su Hijo, por Su

infinita misericordia y eterno amor, debería tenerse, lo cual es correcto, pero dado

lo comentado hasta este punto es de consecuencia natural que debe haber una

comprensión subyacente más profunda, de mayor alcance.

 

Si los diez leprosos simbolizan los Diez Mandamientos los cuales, al ser curados

aquellos por Cristo implican que estos últimos son espiritualizados hasta los

niveles de perfección y santidad requeridos, ¿qué puede significar este único

leproso curado que regresó para dar gloria a Dios?

 

Se comentó que el presentarse a los sacerdotes por parte de los diez leprosos

apuntaba al testimonio que se espera de los que respondiendo al llamado del

Padre vienen a salvación en el presente siglo, luego entonces habría que buscar,

entre los Diez Mandamientos, alguno que pudiese fungir como ello, es decir, como

testimonio ante el mundo del carácter del nacido de nuevo, ¿cuál puede ser ese

mandamiento?, el único que por su visibilidad puede cumplir con esto de igual forma el único que es referido como una señal, es el cuarto, la ordenanza de

observar el séptimo día como día de reposo.

 

Sobre ese punto es asombrosamente claro como lo señala Éxodo 31:12-17, “habló

además, Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En

verdad vosotros guardaréis mis Shabats; porque es señal entre mí y vosotros por

vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así

que guardaréis el Shabat, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de

cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona

será cortada de en medio de su pueblo. Seis días se trabajará, más el día séptimo

es Shabat de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el Shabat,

ciertamente morirá. Guardarán, pues, el Shabat los hijos de Israel, celebrándolo

por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los

hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el

séptimo día cesó y reposó”. De manera contundente se señala como es que el

Shabat señal entre Dios y todos los que respondiesen a Su llamado (v. 13), esa

señal sería perpetua (v. 17), y esa señal sería con el fin de mostrar que Él es

Jehová quien santifica a Su pueblo (v. 13), es decir, identificaría al Pueblo de Dios,

esto último lo repite Ezequiel 20:12, 20, “Y les di también mis Shabats, para que

fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los

santifico… y santificad mis Shabats, y sean por señal entre mí y vosotros, para

que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”.

 

En este punto hay que hacer una aclaración pues quien lee el versículo 17 al leer

que la señal es para con los israelitas, puede pensar que el Shabat era sólo para

el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel. Si bien esto es cierto también el

término abarca todo el Pueblo de Dios, Su familia.

 

Primeramente, hay que tener claridad que la santificación del séptimo día, así

como la observancia del primer Shabat de la historia de la humanidad, se dio

mucho antes de que existiese el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel.

 

En segundo lugar, tenemos la declaratoria de Jesús quien en Marcos 2:27 que

señala que el Shabat fue hecho por causa del hombre (está causa se refiere a la

necesidad de descansar, de alegrarse en Dios y de ser alimentado por Él), no por

causa de los judíos o de los israelitas, sino por causa del hombre.

 

En tercer lugar, y aunque se aceptase que el sábado es sólo para los judíos, hay

que entender que todo aquel que se allegase a Dios, incluso siendo extranjero,

estaría sujeto a la misma Ley, “habrá una misma ley para ustedes; será tanto para

el extranjero como para el nativo, porque Yo soy Jehová su Dios” (Levítico 24:22),

“una sola ley habrá, una sola ordenanza, para vosotros y para el extranjero que

reside con vosotros” (Números 15:16). Isaías 56:3-5 es claro en esto, “y el

extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová

de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo

Jehová: A los eunucos que guarden mis Shabats, y escojan lo que yo quiero, y

abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre

mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá”. De

igual forma Pablo lo retoma cuando habla del olivo silvestre (las naciones gentiles)

son injertadas junto con el olivo natural (el pueblo de Israel) siendo ambos la

familia de Dios (Romanos 11:16-24).

 

Y, por último, hay que entender que en la Escritura, la palabra Israel puede

referirse, sí, al pueblo carnal, físico y terrenal de Israel, pero también hace

referencia a todo aquel quien es llamado por Dios y llega a formar parte de Su

familia. Cuando el nombre de Jacob es cambiado a Israel (Génesis 32:29), la

misma Escritura explica su significado. Israel viene de יאראי ,Yisra'el, que significa

El que Lucha con Dios, pero la Escritura completa el significado pleno al señalar

en la cita dada que se le cambió no sólo porque había luchado con Dios y los

hombres, sino que en el caso de Jacob él había vencido, es así como

Israel se refiere a El Que Vence, lo cual abarca tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, así como el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel y la iglesia de

Dios, es decir, nos referimos a la familia de Dios conformada por todo aquel que

vence. De esto último es interesante que las cartas que Jesús por medio de Juan

envía a las iglesias siempre se refiere las promesas que esperan al que venza

(Revelación 2:7, 11, 17, 26: 3:5, 12, 21).

 

Sobre esto, es interesante notar en el capítulo 6 de Gálatas, como es que Pablo

hace mención al Israel de Dios (Gálatas 6:16). La carta va dirigida no al Israel

carnal, físico y terrenal sino a la iglesia de Dios, de hecho, es una admonición

contra aquellos que querían llevar a los nuevos creyentes de nuevo a judaizar

sometiéndose a las prescripciones que habían sido superadas por el sacrificio

redentor de nuestro Señor Jesús. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz

de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al

mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la circuncisión, sino

una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y

misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:14-16). Así, Pablo, al

referirse al Israel de Dios en un contexto ajeno al Israel carnal, físico y terrenal, se

dirige a la iglesia de Dios, de hecho, podemos decir, en la misma línea de lo ya

comentado, que se dirige a todo aquel llamado que venza.

 

Así que reposar el séptimo día, que se refiere a dejar de hacer trabajos serviles y

al hecho de comprar y vender, gozándonos en Jehová y alimentándonos de Su

verdad por medio de la enseñanza y el aprendizaje de Su palabra, es señal que

identifica al Pueblo de Dios de manera perpetua.

 

Pero entonces ¿qué simboliza que solo uno de los leprosos curados haya

regresado glorificando a Dios? Esto es una llamada de atención para aquellos que

han respondido al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente

siglo y que cumplen con la ordenanza del mandamiento señal, la observancia del

séptimo día de la semana como día de reposo, pero que descuidan el conocimiento y la aplicación, es decir, la fe y las obras, aunadas al resto de los

nueve mandamientos.

 

Con este entendimiento léase de nuevo la pregunta de Jesús con que cierra el

relato como dicha por el Señor a todos aquellos que si bien guardan el séptimo día

de la semana descuidan el resto de los mandamientos: “¿No son diez los que

fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?”. Así es: los Diez Mandamientos

fueron limpiados, espiritualizados, dados lustre por nuestro Señor, pero si uno

nomás cumple ese, bien puede hacerse acreedor, al regreso de nuestro Señor, a

la pregunta “Y los [otros] nueve, ¿dónde están?”.

 

¿Qué implica que se uno que regreso a glorificar a Dios sea referenciado como un

extranjero? Un extranjero era alguien ajeno al pueblo, extraño al mismo, tal cual

ha sido la observancia del cuarto mandamiento de la Ley de Dios, la observancia

del séptimo día de la semana como el día de reposo, para la gran mayoría de

quienes se dicen cristianos a lo largo de estos dos mil años relacionados con la

era de la iglesia. Esto nos confirma que en efecto el relato se refiere al cuarto

mandamiento y permite tomar el mismo, con la comprensión subyacente, para

nuestra propia edificación.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que todo varón debía dar medio siclo al templo anualmente, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido a los Diez Mandamientos de los cuales el sacrificio redentor de Cristo nos libra de la pena por la transgresión de los mismos, los cuales que habrían de ser llevados por Cristo a su plena interpretación, tanto para entendimiento como para aplicación, interpretación que pasa por reconocer la naturaleza de la Ley, llevando la misma a los niveles de perfección y santidad requeridos; pero de igual forma es una admonición para todos aquellos elegidos que respondiendo al llamamiento del  Padre para venir a salvación, para no descuidar la aplicación de la totalidad de los  mandamientos, los cuales, en ese sentido, deben servir de testimonio a las  naciones, no sólo uno, el cuarto, la observancia del séptimo día como día de  reposo, cuya naturaleza misma permite fungir como tal, sino también los restantes  nueve.


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