171. Todo varón debía dar medio siclo al templo anualmente (Éx. 30:12,13)
“Cuando
tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno
dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en
ellos mortandad cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado;
medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La
mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová”
Como
parte del pacto que en su momento Dios estableció para con su pueblo, a éste se
le indicó, como lo señala Éxodo 30:12-13, que anualmente cada varón debía dar
al templo medio siclo. EL entendimiento natural de esto es claro y tiene que
ver con la responsabilidad el pueblo de sufragar lo necesario para los
servicios religiosos inherentes al pacto establecido por Dios con su pueblo,
pero más allá de ello existe un entendimiento espiritual, entendimiento espiritual
al cual podemos acceder si se entiende que, dado que el siclo era de veinte geras,
estaríamos hablando entonces de que cada varón debía dar para el servicio del templo
anualmente diez geras, siendo que el énfasis para esa comprensión subyacente debe
enfocarse en qué significa ese número, el diez.
Lectura Bíblica de Éxodo 34:1-17 contiene la
relatoría relativa a cuando Dios instruye a Moisés, después que éste había roto
las primeras tablas de la Ley, a que se haga de otras tablas y suba al monte
para que Dios vuelva a escribir en ellas sus Diez Mandamientos.
Éxodo 34
1 Jehová
dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré
sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que
quebraste. 2 Prepárate,
pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí
sobre la cumbre del monte. 3 Y no suba
hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan
delante del monte. 4 Y Moisés
alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al
monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. 5 Y
Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de
Jehová. 6 Y pasando Jehová por delante de él,
proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira,
y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda
misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y
que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de
los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y
cuarta generación. 8 Entonces
Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. 9 Y
dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en
medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra
iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.
10 Y él contestó: He aquí, yo
hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en
toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual
estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.
11 Guarda lo
que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo,
al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. 12 Guárdate de
hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no
sean tropezadero en medio de ti. 13 Derribaréis
sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. 14 Porque
no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso,
Dios celoso es. 15 Por tanto, no harás alianza
con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y
ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; 16 o
tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus
dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas.
17 No te harás dioses de
fundición.
Sobre el diez la Escritura contiene muchos
relatos donde dicho número se incorpora. Sin ser dogmáticos el diez siempre
apunta a la Ley de Dios, los Diez Mandamientos, sea de manera clara y evidente
o velada y subyacente. Veamos un ejemplo de esto segundo en lo que se conoce
como la historia de la sanación por parte de Jesús de aquellos diez leprosos.
Lucas 17
12 Y al entrar en una aldea, le salieron al
encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz,
diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id,
mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que
había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus
pies, dándole gracias; y este era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son
diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese
gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate,
vete; tu fe te ha salvado.
La relatoría, que de manera exclusiva
presenta Lucas, muestra a Jesús sanando a
diez leprosos, diez leprosos de los cuales
solo uno vuelve a dar gloria a Dios. Las
circunstancias del relato son muy
particulares y, como todos los milagros, contiene
mucha enseñanza e instrucción, con todo y
todo, preguntas reflexivas surgen de la
lectura de esta narración: ¿Qué simbolizan
esos diez hombres leprosos?, ¿qué
implica que los diez leprosos, reconociendo a
Jesús, le pidan que tenga
misericordia de ellos?, ¿por qué Jesús los
manda a presentarse a los sacerdotes?,
¿qué implica que en el camino hubiesen sido
sanados?, ¿qué simboliza que solo
uno de ellos regreso glorificando a Dios?,
¿qué implica que se uno que regreso a
glorificar a Dios sea referenciado como un
extranjero? Veamos a la luz de la Palabra y con la ayuda del Espíritu las
respuestas a estas interrogantes y, en este caso, su relación no solo con el
diez sino, de manera velada y subyacente como ya se dio, con la Ley de Dios,
sus Diez Mandamientos.
¿Qué simbolizan esos diez hombres leprosos?
El principal referente en la
Escritura aunado al número diez son los Diez
Mandamientos de la Ley de Dios,
¿se pudiera considerar que estos diez
leprosos están relacionados con ello?, así es, esa es la propuesta, pero ¿por
qué se presentan estos hombres, que se
propone apuntan a los Diez Mandamientos, como
leprosos?, no porque se quiera
indicar con ello que la Ley de Dios tenía
alguna característica negativa, al
contrario, y esto hay que dejarlo muy claro
desde el inicio, la Ley de Dios trae
bienaventuranza (Salmos 119:1), permanece
(Salmos 119:44), es perfecta y
perfecciona (Salmos 19:7), es espiritual (Romanos
7:14), es santa, justa y buena
(Romanos 7:12), y es para siempre (Salmos
119:44), pero —y esto es importante
considerarlo para la comprensión subyacente a
este milagro— nosotros no
podíamos cumplir esa Ley con la perfección y
santidad requerida de ahí que
entonces la misma nos fuera contraria, nos
llenara de lepra siguiendo la
simbología del relato, ¿cómo sabemos esto?,
porque “pecado es transgresión de
la ley” (1 Juan 3:4) y claramente la
Escritura señala “por cuanto todos pecaron, y
están destituidos de la gloria de Dios”
(Romanos 3:23), así que todos habíamos
violado la Ley de Dios acarrándonos sobre
nosotros esa lepra, la paga de dicha
trasgresión considerada pecado la cual es la
muerte; pero además Cristo llevaría
la comprensión y aplicación de dicha Ley a la
plenitud de la misma, a los niveles
de perfección y santidad requeridos por Dios.
¿Qué implica que los diez leprosos,
reconociendo a Jesús, le pidan que tenga
misericordia de ellos? Este reconocimiento,
esta solicitud, tiene dos vertientes, la
primera es reconocer que sólo Cristo puede
quitar de la humanidad la pena que le
corresponde por su incapacidad en cumplir la
Ley de Dios.
Hebreos 9
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas
celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con
mejores sacrificios que estos. 24 Porque no entró Cristo en el
santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para
presentarse ahora por nosotros ante Dios; 25 y no para ofrecerse
muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con
sangre ajena. 26 De otra manera le
hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero
ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 27 Y de la manera que está establecido
para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,
1 Pedro 1
17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin
acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo
el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que
fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de
vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino
con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación, 20 ya destinado desde antes de la
fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de
vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios,
quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y
esperanza sean en Dios.
22 Habiendo purificado vuestras almas por
la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no
fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo
renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de
Dios que vive y permanece para siempre.
Romanos 3
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha
manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los
profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe
en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay
diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con
la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo,
y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda
excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la
fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es
justificado por fe sin las obras de la ley. 29 ¿Es
Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles?
Ciertamente, también de los gentiles. 30 Porque
Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio
de la fe a los de la incircuncisión. 31 ¿Luego por
la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.
La segunda vertiente apunta a lo que se dijo
al final del comentario anterior: al
reconocimiento de que sería Cristo quien
perfeccionaría esa Ley, como señala
proféticamente Isaías 42:21 “Jehová se
complació por amor de su justicia en
magnificar la ley y engrandecerla”, ¿cómo se
haría esto?, cuando en su primer
venida Cristo enseñaría la manera no solo
material sino incluso espiritual
requerida para cumplir con la Ley de Dios.
Mateo 5
21 Oísteis que
fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será
culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se
enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio,
a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo,
quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto,
si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y
anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte
de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino,
no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas
echado en la cárcel. 26 De cierto
te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
27 Oísteis que
fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a
una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por
tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues
mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea
echado al infierno. 30 Y si tu
mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es
que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno.
Después de las referencias naturales a la Ley
de Dios, Cristo lo que hacía es darle
su correcta y plena significancia y
aplicación llevándola a niveles de perfección y
santidad.
Estas referencias a dos de los Diez
Mandamientos implican que el resto de igual
forma deben espiritualizarse para su
aplicación, no dejando ello sólo en el ámbito
material, llegando de igual forma a esto a
los niveles de perfección y santidad
requeridos.
De igual forma la comprensión espiritual de
la Ley de Dios permea al resto de las
acciones que como cristianos se espera se
cumplan conforme a la voluntad del
Padre.
Mateo 5
31 También fue
dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os
digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que
ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.
33 Además
habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al
Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna
manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni
por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque
es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu
cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero
sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal
procede.
38 Oísteis que
fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os
digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la
mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que
quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y
a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al
que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
43 Oísteis que fue dicho:
Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os
digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a
los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para
que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol
sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque
si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo
mismo los publicanos? 47 Y si
saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed,
pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
El último exhorto va en la línea de lo
comentado anteriormente, “sed, pues,
vosotros perfectos, como vuestro Padre que
está en los cielos es perfecto”, la
exigencia para el cristiano implica
reconocer, entender y aplicar la Ley de Dios, y
los comportamientos que de ella emanan, a un
nivel de perfección y santidad que
hasta ese momento, por el constreñimiento
material que el pueblo de Dios tenía
de la misma hasta ese entonces, era
imposible.
¿Por qué Jesús los manda a presentarse a los
sacerdotes? Por causa del
testimonio. Recuérdese que a partir del
advenimiento de nuestro Señor se
inaugura la era de la iglesia esperando de
aquellos que respondan al llamamiento
a que pongan por obra esa fe que se dice
profesar, lo cual implica
fundamentalmente, los mandamientos de la Ley
de Dios.
Santiago 1
22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan
solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es
oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que
considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera
a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la
perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor
olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.
¿Qué implica que en el camino hubiesen sido
sanados? En consonancia con todo
lo dicho anteriormente hasta este momento,
uno, que el sacrificio redentor de Jesús ha quitado la pena de la muerte, la
lepra, que correspondía a toda la humanidad por el incumplimiento de la Ley; y
dos, que el hacer caso a las palabras y el testimonio de Jesús, relativo al
nivel de perfección y santidad requeridos tanto en la fe como en las obras
relativos a la Ley de Dios, implican llegar a ese nivel que de los hijos de
Dios se espera.
¿Qué simboliza que solo uno de ellos regreso
glorificando a Dios? Esta es la parte
más interesante del relato. Sin una
comprensión de lo anterior el relato quedaría
casi como una moraleja referida al
agradecimiento que a Dios y Su Hijo, por Su
infinita misericordia y eterno amor, debería
tenerse, lo cual es correcto, pero dado
lo comentado hasta este punto es de
consecuencia natural que debe haber una
comprensión subyacente más profunda, de mayor
alcance.
Si los diez leprosos simbolizan los Diez
Mandamientos los cuales, al ser curados
aquellos por Cristo implican que estos
últimos son espiritualizados hasta los
niveles de perfección y santidad requeridos,
¿qué puede significar este único
leproso curado que regresó para dar gloria a
Dios?
Se comentó que el presentarse a los
sacerdotes por parte de los diez leprosos
apuntaba al testimonio que se espera de los
que respondiendo al llamado del
Padre vienen a salvación en el presente
siglo, luego entonces habría que buscar,
entre los Diez Mandamientos, alguno que
pudiese fungir como ello, es decir, como
testimonio ante el mundo del carácter del
nacido de nuevo, ¿cuál puede ser ese
mandamiento?, el único que por su visibilidad
puede cumplir con esto de igual forma el único que es referido como una señal,
es el cuarto, la ordenanza de
observar el séptimo día como día de reposo.
Sobre ese punto es asombrosamente claro como
lo señala Éxodo 31:12-17, “habló
además, Jehová a Moisés, diciendo: Tú
hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En
verdad vosotros guardaréis mis Shabats;
porque es señal entre mí y vosotros por
vuestras generaciones, para que sepáis que yo
soy Jehová que os santifico. Así
que guardaréis el Shabat, porque santo es a
vosotros; el que lo profanare, de
cierto morirá; porque cualquiera que hiciere
obra alguna en él, aquella persona
será cortada de en medio de su pueblo. Seis
días se trabajará, más el día séptimo
es Shabat de reposo consagrado a Jehová;
cualquiera que trabaje en el Shabat,
ciertamente morirá. Guardarán, pues, el
Shabat los hijos de Israel, celebrándolo
por sus generaciones por pacto perpetuo.
Señal es para siempre entre mí y los
hijos de Israel; porque en seis días hizo
Jehová los cielos y la tierra, y en el
séptimo día cesó y reposó”. De manera
contundente se señala como es que el
Shabat señal entre Dios y todos los que
respondiesen a Su llamado (v. 13), esa
señal sería perpetua (v. 17), y esa señal
sería con el fin de mostrar que Él es
Jehová quien santifica a Su pueblo (v. 13),
es decir, identificaría al Pueblo de Dios,
esto último lo repite Ezequiel 20:12, 20, “Y
les di también mis Shabats, para que
fuesen por señal entre mí y ellos, para que
supiesen que yo soy Jehová que los
santifico… y santificad mis Shabats, y sean
por señal entre mí y vosotros, para
que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”.
En este punto hay que hacer una aclaración
pues quien lee el versículo 17 al leer
que la señal es para con los israelitas,
puede pensar que el Shabat era sólo para
el pueblo carnal, físico y terrenal de
Israel. Si bien esto es cierto también el
término abarca todo el Pueblo de Dios, Su
familia.
Primeramente, hay que tener claridad que la
santificación del séptimo día, así
como la observancia del primer Shabat de la
historia de la humanidad, se dio
mucho antes de que existiese el pueblo
carnal, físico y terrenal de Israel.
En segundo lugar, tenemos la declaratoria de
Jesús quien en Marcos 2:27 que
señala que el Shabat fue hecho por causa del
hombre (está causa se refiere a la
necesidad de descansar, de alegrarse en Dios
y de ser alimentado por Él), no por
causa de los judíos o de los israelitas, sino
por causa del hombre.
En tercer lugar, y aunque se aceptase que el
sábado es sólo para los judíos, hay
que entender que todo aquel que se allegase a
Dios, incluso siendo extranjero,
estaría sujeto a la misma Ley, “habrá una
misma ley para ustedes; será tanto para
el extranjero como para el nativo, porque Yo
soy Jehová su Dios” (Levítico 24:22),
“una sola ley habrá, una sola ordenanza, para
vosotros y para el extranjero que
reside con vosotros” (Números 15:16). Isaías
56:3-5 es claro en esto, “y el
extranjero que sigue a Jehová no hable
diciendo: Me apartará totalmente Jehová
de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo
soy árbol seco. Porque así dijo
Jehová: A los eunucos que guarden mis
Shabats, y escojan lo que yo quiero, y
abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi
casa y dentro de mis muros, y nombre
mejor que el de hijos e hijas; nombre
perpetuo les daré, que nunca perecerá”. De
igual forma Pablo lo retoma cuando habla del
olivo silvestre (las naciones gentiles)
son injertadas junto con el olivo natural (el
pueblo de Israel) siendo ambos la
familia de Dios (Romanos 11:16-24).
Y, por último, hay que entender que en la
Escritura, la palabra Israel puede
referirse, sí, al pueblo carnal, físico y
terrenal de Israel, pero también hace
referencia a todo aquel quien es llamado por
Dios y llega a formar parte de Su
familia. Cuando el nombre de Jacob es
cambiado a Israel (Génesis 32:29), la
misma Escritura explica su significado.
Israel viene de יאראי ,Yisra'el, que significa
El que Lucha con Dios, pero la Escritura
completa el significado pleno al señalar
en la cita dada que se le cambió no sólo
porque había luchado con Dios y los
hombres, sino que en el caso de Jacob él
había vencido, es así como
Israel se refiere a El Que Vence, lo cual
abarca tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, así como el pueblo carnal,
físico y terrenal de Israel y la iglesia de
Dios, es decir, nos referimos a la familia de
Dios conformada por todo aquel que
vence. De esto último es interesante que las
cartas que Jesús por medio de Juan
envía a las iglesias siempre se refiere las
promesas que esperan al que venza
(Revelación 2:7, 11, 17, 26: 3:5, 12, 21).
Sobre esto, es interesante notar en el
capítulo 6 de Gálatas, como es que Pablo
hace mención al Israel de Dios (Gálatas
6:16). La carta va dirigida no al Israel
carnal, físico y terrenal sino a la iglesia
de Dios, de hecho, es una admonición
contra aquellos que querían llevar a los
nuevos creyentes de nuevo a judaizar
sometiéndose a las prescripciones que habían
sido superadas por el sacrificio
redentor de nuestro Señor Jesús. “Pero lejos
esté de mí gloriarme, sino en la cruz
de nuestro Señor Jesucristo, por quien el
mundo me es crucificado a mí, y yo al
mundo. Porque en Cristo Jesús ni la
circuncisión vale nada, ni la circuncisión, sino
una nueva creación. Y a todos los que anden
conforme a esta regla, paz y
misericordia sea a ellos, y al Israel de
Dios” (Gálatas 6:14-16). Así, Pablo, al
referirse al Israel de Dios en un contexto
ajeno al Israel carnal, físico y terrenal, se
dirige a la iglesia de Dios, de hecho,
podemos decir, en la misma línea de lo ya
comentado, que se dirige a todo aquel llamado
que venza.
Así que reposar el séptimo día, que se refiere
a dejar de hacer trabajos serviles y
al hecho de comprar y vender, gozándonos en
Jehová y alimentándonos de Su
verdad por medio de la enseñanza y el
aprendizaje de Su palabra, es señal que
identifica al Pueblo de Dios de manera
perpetua.
Pero entonces ¿qué simboliza que solo uno de
los leprosos curados haya
regresado glorificando a Dios? Esto es una
llamada de atención para aquellos que
han respondido al llamamiento del Padre para
venir a salvación en el presente
siglo y que cumplen con la ordenanza del
mandamiento señal, la observancia del
séptimo día de la semana como día de reposo,
pero que descuidan el conocimiento y la aplicación, es decir, la fe y las
obras, aunadas al resto de los
nueve mandamientos.
Con este entendimiento léase de nuevo la
pregunta de Jesús con que cierra el
relato como dicha por el Señor a todos
aquellos que si bien guardan el séptimo día
de la semana descuidan el resto de los
mandamientos: “¿No son diez los que
fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde
están?”. Así es: los Diez Mandamientos
fueron limpiados, espiritualizados, dados
lustre por nuestro Señor, pero si uno
nomás cumple ese, bien puede hacerse
acreedor, al regreso de nuestro Señor, a
la pregunta “Y los [otros] nueve, ¿dónde
están?”.
¿Qué implica que se uno que regreso a
glorificar a Dios sea referenciado como un
extranjero? Un extranjero era alguien ajeno
al pueblo, extraño al mismo, tal cual
ha sido la observancia del cuarto mandamiento
de la Ley de Dios, la observancia
del séptimo día de la semana como el día de
reposo, para la gran mayoría de
quienes se dicen cristianos a lo largo de
estos dos mil años relacionados con la
era de la iglesia. Esto nos confirma que en
efecto el relato se refiere al cuarto
mandamiento y permite tomar el mismo, con la
comprensión subyacente, para
nuestra propia edificación.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que todo varón debía dar medio
siclo al templo anualmente, sigue vigente más sin embargo espiritualizado
referido a los Diez Mandamientos
de los cuales el sacrificio redentor de Cristo nos libra de la pena por la
transgresión de los mismos, los cuales que habrían de ser llevados por Cristo a
su plena interpretación, tanto para entendimiento como para aplicación, interpretación
que pasa por reconocer la naturaleza de la Ley, llevando la misma a los niveles
de perfección y santidad requeridos; pero de igual forma es una admonición para
todos aquellos elegidos que respondiendo al llamamiento del Padre para venir a salvación, para no
descuidar la aplicación de la totalidad de los mandamientos, los cuales, en ese sentido,
deben servir de testimonio a las naciones,
no sólo uno, el cuarto, la observancia del séptimo día como día de reposo, cuya naturaleza misma permite fungir
como tal, sino también los restantes nueve.

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