135. Los campos deben estar en barbecho y no se debe arar la tierra (Éx. 34:21)
“Seis
días trabajarás, más en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la
siega, descansarás”
Como
parte de pacto que Dios estableció con su pueblo estaba la inclusión en el
mismo de lo que se conoce como los Diez Mandamientos entre los cuales, el
cuarto hablaba de la guarda del séptimo día como día de descanso. Éxodo 34:21
reitera esto y aclara el punto al grado de señalar que incluso cuando sea
tiempo de arar o de segar dicha normativa debía respetarse, en otras palabras,
esas actividades de ninguna manera justificarían el que se violara dicha
normativa con el pretexto de trabajar en ese día.
Dicha
normativa, en su sentido material es más que clara, pero ¿qué implica en su
sentido espiritual?, y, sobre todo, la misma, es decir: reposar el séptimo día
de la semana, ¿sigue vigente?
Veamos
la primera pregunta ¿qué implica en su sentido espiritual el descansar el séptimo
día?
La
palabra que se traduce como sábado o ben reposo en algunas traducciones,
referida al séptimo día de la semana, deviene de la palabra hebrea שבת, shabat.
Si bien shabat se refiere a cesar, desistir, descansar, su significado
escritural es más profundo.
Veamos
como de todos los días, el séptimo es el único que tiene nombre. En Génesis 1,
durante el proceso de creación, vemos que cada día fue nombrado como primero,
segundo, tercero, etc. Pero cuando en Éxodo 20:8-11 se entregan la observancia
el séptimo día de la semana como parte de los Diez Mandamientos, así como en
todas las citas que se refiera a dicha observancia, la referencia a ese día le
otorga un nombre: Shabat.
La
evidencia de que Shabat tiene un su significado escritural es más profundo, el
cual más delante veremos, salta a la vista cuando leemos en Éxodo 31:15 “seis
días se trabajará, más el día séptimo es Shabat de reposo consagrado a Jehová;
cualquiera que trabaje en el día de Shabat, ciertamente morirá”. Si el
entendimiento de Shabat se quedara en que sólo significa cesar, desistir,
descansar, tendríamos esa traducción diciendo que “…el día séptimo es descanso de reposo consagrado a
Jehová…”. Lo cual no tiene sentido. Esta cita caramente asigna un nombre al
sétimo día de la semana, Shabat, e indica que el mismo es de reposo, luego
entonces, ¿qué significado escritural tiene Shabat?
La
palabra Shabat es la pronunciación que deviene de la palabra hebrea que se refiere
a ello y que a lo largo del tiempo en el idioma hebreo se ha escrito de la
siguiente manera.
Del
lado izquierdo se encuentra Shabat escrito en hebreo antiguo, el inicio de la
escritura hebrea, en medio está escrito en lo que se conoce como paleo hebreo,
una evolución posterior, y a la derecha está escrito en el hebreo moderno, la
más reciente. En este punto hay que aclarar que el hebreo se lee de derecha a
izquierda. La primer letra es la Shin, la segunda es la Bet y la tercera la
Taw.
Como
puede verse, el hebreo en sus inicios - hebreo antiguo- era un idioma cuyos
símbolos representaban algo. En este caso específico la letra Shin representaba
los dientes, la letra Bet la tienda donde se vivía, y la letra Taw era una cruz
a manera de marca o señal.
Esto
es importante ya que si se quiere entender el significado del Shabat en su
originen prístino debe entenderse lo que se buscaba representar.
Sin
extendernos mucho en esto, por ejemplo, puede señalarse como es que la palabra
Ben, que significa hijo en el idioma hebreo, está conformada por la letra Bet y
la letra Nun. Bet como se dijo se refiere a la tienda como hogar y Nun es una
semilla germinando, así la idea que deviene de Ben, hijo, es la semilla del
hogar que germina, simbolismo que encierra el significado de los hijos, la
simiente que germina en la casa y que le da continuidad a la misma.
Volviendo
sobre el Shabat, vemos que los símbolos antiguos de la palabra misma devienen
de dientes, tienda (entendida como la casa, el hogar) y señal. Comenzando con
la primera letra, la Shin, ¿en qué situaciones las personas muestran sus
dientes? Hay dos momentos en los que esto sucede: uno cuando se está alegre,
otro cuando se está comiendo. La letra Bet, como ya se comentó, simboliza una
tienda entendida ésta como casa, hogar. Mientras que la Tau es una señal.
Juntando las dos primeras, Shin y Tau tenemos la imagen de mostrar los dientes
por alegrarse y alimentarse estando en casa. Este es el significado sencillo,
básico, de esa imagen. La última letra muestra que esto debe ser visto como
señal.
De
nuevo: es importante entender a qué se refiere Shabat pues eso nos permitirá
entender algunas referencias escriturales que parecen complicadas en cuanto su
significado a la vez que nos permitirá comprender la sustancia, naturaleza y
sentido del Shabat.
El
cuarto mandamiento señala claramente que seis días se trabajarán y el séptimo
se descansará (Ex. 20: 8-11), leído de esa forma podría pensarse que con el
sólo hecho de descansar se está cumpliendo, por ejemplo, quedándose en cama
durmiendo y dormitando todo el día, pero el significado de Shabat va más allá,
así como otras citas que terminan dando entendimiento sobre a qué se refiere
ese reposo.
El
mostrar los dientes por alegrarse y alimentarse está implícito en las
referencias que sobre el Shabat se tienen. Isaías 58:13-14 señala “Si
retrajeres del Shabat tu pie, de
hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de
Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu
voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y
yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad
de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. Las referencias a
considerar el sábado como delicia y a deleitarse en Jehová son los referentes
al simbolismo de mostrar los dientes en casa por alegrarse, de igual forma la
referencia a la alimentación que viene de Jehová es un indicativo de los
dientes que se muestran para alimentarse.
Sobre
esto último es interesante como que la referencia de la alimentación pasa por
el señalamiento que la misma viene de la boca de Jehová lo cual nos refiere a
Deuteronomio 8:3 que señala que “…no sólo de pan vivirá el hombre, más de todo
lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. Sobre esta misma línea de
pensamiento hay que notar como es que Lucas 4:16, en la figura de nuestro Señor
Jesucristo, nos confirma que el sábado es precisamente el día en que uno debe
buscar alimentarse de la Palabra que salé de la boca de Jehová, “Y vino a
Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del
Shabat en la sinagoga, y se levantó a leer”. Esto pasa por congregarse, enseñar
y aprender. Esto último que pudiera parecer más que obvio es sumamente
importante para entender algunos pasajes escriturales.
Aunque
evidente no podemos dejar de señalar que la referencia al Shabat en el
mandamiento pasa por descansar ese día, “Trabaja seis días, y haz en ellos todo
lo que tengas que hacer, pero el día
séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día
ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava,
ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades” (Éxodo
20:9-10), aunque más delante se abordará la manera de guardar el sábado, lo
cual genera un sinfín de preguntas sobre el cómo, la misma Escritura nos da luz
sobre este tema pues la referencia principal estriba en no realizar trabajo
servil y en no comprar ni vender.
Sobre
lo primero el mandamiento es muy claro al respecto, sobre lo segundo Nehemías
13:15-20 nos da el referente, En
aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el Shabat, y que
acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda
suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de Shabat; y los amonesté
acerca del día en que vendían las provisiones.
También había en la ciudad tirios que traían pescado y toda mercadería,
y vendían en el Shabat a los hijos de Judá en Jerusalén. Y reprendí a los
señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis,
profanando así el día de Shabat? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo
nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros
añadís ira sobre Israel profanando el Shabat? Sucedió, pues, que cuando iba
oscureciendo a las puertas de Jerusalén antes del Shabat, dije que se cerrasen
las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del Shabat; y puse a
las puertas algunos de mis criados, para que en día de Shabat no introdujeran
carga. Y se quedaron fuera de Jerusalén
una y dos veces los negociantes y los que vendían toda especie de mercancía”.
Por
último, la Tau, como se mencionó, era una cruz a manera de marca o señal, es
así como el sábado como día para estar en casa (tanto la casa familiar como la
casa de oración), para gozarse en Jehová y ser alimentados a través de la
enseñanza y el aprendizaje, es la señal de todo aquel que forma parte de la
familia de Dios. Más delante volveremos sobre este punto.
En
este momento, con el significado primordial de Shabat, podemos avanzar hacia el
primer Shabat de la historia y de paso entender un pasaje escritural que
siempre ha intrigado a los creyentes, la referencia de que Jehová al parecer
necesita reposar pues se cansa.
El
primer Shabat está relatado en Génesis 2:1-3, “fueron, pues, acabados los
cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo
la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo
Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que
había hecho en la creación”.
Inmediatamente
después de que en el sexto día Jehová termina su creación con el hombre, la
Escritura nos señala que en el séptimo día Jehová reposó de toda su obra, en
esta cita la palabra para reposar es שָׁבַת֙, Shabat, ¿significa eso que Dios
se cansa y requiere de reposo? Antes de contestar esto veamos una cita más que
nos dará luz sobre lo que Dios hizo el séptimo día y luego, volviendo sobre el
significado de Shabat, entenderemos a qué se está refiriendo este reposo.
Génesis
2:8 nos dice que una vez que concluyó Jehová su obra creadora colocó al hombre
en el Jardín de Edén. Aquí es importante tener en mente la sucesión de eventos
para entender algo crucial del séptimo día. Como es sabido de todos, en el
Jardín de Edén había toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para
comer de ellos (Génesis 2:9), pero también había un árbol del cual no se habría
de comer, el Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal (Génesis 2:9, 17). Ahora
bien, todos los días son días creativos, no sólo parte de ellos, sino todo el
día en sí, siendo sólo el séptimo de reposo. El hombre es la última creación de
Dios luego entonces no es errado pensar que fue creado al final del sexto día
ya que si hubiera sido al principio o incluso a la mitad el resto del día Dios
hubiera ya entrado en el reposo, lo cual no es así sino que la Escritura nos
dice que reposó hasta el séptimo día. En ese caso una vez creado el hombre al
final del sexto día, como culmen de su obra creadora después de la cual ya no
haría más, Dios lo pone en el Jardín de Edén, ¿cuándo habría de decirle Dios lo
referente a la prohibición de comer del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal?,
es más que evidente que de inmediato.
Dado
que Génesis 1:31 nos habla del término del día sexto, sin mencionar la admonición de Dios al hombre
sobre lo referente del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal, y considerando lo
comentado anteriormente, es lógico concluir que eso se hizo recién iniciado el
día séptimo, el día en que Dios estaba reposando.
En
este punto hay que aclarar, y tener muy en cuenta para el resto del estudio,
que los días judíos, en consonancia con la Escritura (Génesis 1:5, 8, 13, 19,
23, 31), comenzaban a la puesta del sol, la primera parte de los mismos era la
parte oscura y la segunda parte de los mismos era la pare clara, terminando
estos a la puesta de sol del día siguiente.
Con
esto en mente procuraremos entender el reposo de Dios en el primer Shabat de la
historia.
Génesis
2:1 nos muestra cómo es que para el Séptimo día Dios había concluido su obra
creadora, lo cual tiene su referente en el mandamiento sobre ese día que señala
que no se hará trabajo en él. Dios así no estaba creando más ese día, sino que
al cesar su actividad creadora estaba entrando en el Shabat. Pero, ¿Por qué se
señala que Dios reposó?, ¿acaso Dios se cansa y requiere descanso?
Toda
la introducción al respecto del Shabat fue con el objetivo de quitar el
pensamiento de lo que para nosotros en la actualidad pueden significar las
palabras reposo o descanso, sobre todo relacionadas con el día de reposo
cristiano, y llevarnos al pensamiento original de lo que significaban al
referirse al Shabat. Como ya vimos, Shabat tiene una connotación referida a
gozarse en Jehová y ser alimentados por él en la casa, tanto familiar como de
oración. Si se nos permitiese, la cita de Génesis 2:1-3, en vez de decir que
Dios reposó el séptimo día, dado que la palabra para reposó es שָׁבַת֙, Shabat,
bien podríamos decir que hizo Shabat, o excediéndonos en esa libertad
expresiva, podríamos decir que Dios sabadeó el séptimo día, ¿cómo es que Dios
hizo Shabat, sabadeó, el séptimo día? primero cesando de toda obra posterior a
la creación que ya había concluido, segundo gozándose en la creación concluida
la cual había visto era toda buena, y tercero, y muy importante, predicando Su
verdad en ese séptimo día.
Como
vimos, la connotación de Shabat implica la alimentación en casa, esa alimentación,
venida de Dios, requiere enseñanza y aprendizaje, Dios no puede ser instruido,
pero sí puede instruir, así Dios al hablarle al hombre sobre la cuestión del
Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal estaba proclamando Su verdad a través de
Su palabra con la intención, como siempre, de que el hombre viviera.
Es
así como la expresión de Génesis 2:1-3 de que Dios reposó no debe entenderse en
el ámbito natural del hombre, quien sí necesita ese descanso pues se cansa,
sino en el ámbito divino del significado de Shabat pues Dios mismo estaba
mostrando la manera de guardar el séptimo día al cesar sus trabajos, alegrarse
en la creación y predicar Su palabra.
De
igual forma, y para completar la imagen anterior, Adán ese séptimo día bien
podría estar reposando, de igual forma gozándose en la creación, pero si no
hubiese tenido instrucción el sentido del Shabat no se hubiera completado, es
así como la predica de Dios respecto de Su verdad, recién iniciado el
Shabat, con respecto al árbol de la
Ciencia del Bien y el Mal permite tanto a él, como a Adán, cumplir la parte de
enseñanza-aprendizaje de las verdades divinas requeridas por el Shabat.
Ahora
bien, la última letra de Shabat, la Taw, como ya se comentó, está representada
por una cruz a manera de señal, de marca. Es así como la idea de que los
llamados a formar parte de la familia de Dios reposarían de sus trabajos el
séptimo día, gozándose en Jehová y siendo alimentados por Su palabra a través
de la enseñanza y el aprendizaje de la misma, sería la señal, la marca que los
identificase.
Sobre
ese punto es asombrosamente claro como lo señala Éxodo 31:12-17, “habló además
Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En
verdad vosotros guardaréis mis Shabats; porque es señal entre mí y vosotros por
vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así
que guardaréis el Shabat, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de
cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona
será cortada de en medio de su pueblo.
Seis días se trabajará, más el día séptimo es Shabat de reposo
consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el Shabat, ciertamente morirá.
Guardarán, pues, el Shabat los hijos de
Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para
siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los
cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó”. De manera contundente se señala como es que
el Shabat señal entre Dios y todos los que respondiesen a Su llamado (v. 13),
esa señal sería perpetua (v. 17), y esa señal sería con el fin de mostrar que
Él es Jehová quien santifica a Su pueblo (v. 13), es decir, identificaría al
Pueblo de Dios, esto último lo repite Ezequiel 20:12, 20, “Y les di también mis
Shabats, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo
soy Jehová que los santifico… y santificad mis Shabats, y sean por señal entre
mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”.
En
este punto hay que hacer una aclaración pues quien lee el versículo 17 al leer
que la señal es para con los israelitas, puede pensar que el Shabat era sólo
para el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel. Si bien esto es cierto
también el término abarca todo el Pueblo
de Dios, Su familia.
Primeramente
hay que tener claridad que la santificación del séptimo día, así como la
observancia del primer Shabat de la historia de la humanidad, se dio mucho
antes de que existiese el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel.
En
segundo lugar tenemos la declaratoria de Jesús quien en Marcos 2:27 que señala
que el Sábado fue hecho por causa del hombre (está causa se refiere a la
necesidad de descansar, de alegrarse en Dios y de ser alimentado por Él), no
por causa de los judíos o de los israelitas, sino por causa del hombre.
En
tercer lugar, y aunque se aceptase que el sábado es sólo para los judíos, hay
que entender que todo aquel que se allegase a Dios, incluso siendo extranjero,
estaría sujeto a la misma Ley, “habrá una misma ley para ustedes; será tanto
para el extranjero como para el nativo, porque Yo soy Jehová su Dios” (Levítico
24:22), “una sola ley habrá, una sola ordenanza, para vosotros y para el
extranjero que reside con vosotros” (Números 15:16). Isaías 56:3-5 es claro en
esto, “y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará
totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco.
Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis Shabats, y escojan lo que
yo quiero, y abracen mi pacto, yo les
daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e
hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá”. De igual forma Pablo lo
retoma cuando habla del olivo silvestre (las naciones gentiles) son injertadas
junto con el olivo natural (el pueblo de Israel) siendo ambos la familia de
Dios (Romanos 11:16-24).
Y
por último, hay que entender que en la Escritura, la palabra Israel puede
referirse, sí, al pueblo carnal, físico y terrenal de Israel, pero también hace
referencia a todo aquel quien es llamado por Dios y llega a formar parte de Su
familia. Cuando el nombre de Jacob es cambiado a Israel (Génesis 32:29), la
misma Escritura explica su significado. Israel viene de ישׂראל, Yisra'el, que
significa El que Lucha con Dios, pero la Escritura completa el significado
pleno al señalar en la cita dada que se le cambió no sólo porque había luchado
con Dios y los hombres (incluso hombres impíos habían luchado con Dios y con
los hombres, como Caín o Nimrod) pero en el caso de Jacob él había vencido, es
así como Israel se refiere a El Que Vence, lo cual abarca tanto el Antiguo como
el Nuevo testamento así como el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel y la
iglesia de Dios, es decir, nos referimos a la familia de Dios conformada por
todo aquel que vence. De esto último es interesante que las cartas que Jesús
por medio de Juan envía a las iglesias siempre se refiere las promesas que
esperan al que venza (Revelación 2:7, 11, 17, 26: 3:5, 12, 21).
Sobre
esto, es interesante notar en el capítulo 6 de Gálatas, como es que Pablo hace
mención al Israel de Dios (Gálatas 6:16). La carta va dirigida no al Israel
carnal, físico y terrenal sino a la iglesia de Dios, de hecho es una admonición
contra aquellos que querían llevar a los nuevos creyentes de nuevo a judaizar
sometiéndose a las prescripciones que habían sido superadas por el sacrificio
redentor de nuestro Señor Jesús. “Pero
lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por
quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión
vale nada, ni la circuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla,
paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:14-16). Así,
Pablo, al referirse al Israel de Dios en un contexto ajeno al Israel carnal,
físico y terrenal, se dirige a la iglesia de Dios, de hecho podemos decir, en
la misma línea de lo ya comentado, que se dirige a todo aquel llamado que
venza.
Así
que reposar el séptimo día, que se refiere a dejar de hacer trabajos serviles y
al hecho de comprar y vender, gozándonos en Jehová y alimentándonos de Su
verdad por medio de la enseñanza y el aprendizaje de Su palabra, es señal que
identifica al Pueblo de Dios de manera perpetua.
Para
cerrar este apartado sobre la sustancia, naturaleza y sentido del sábado, es
interesante notar que en la cita de Isaías 45:18 “Porque así dijo Jehová, que creó los cielos,
él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en
vano, para que fuese habitada la
creó: Yo Jehová, y ninguno más que yo”, la palabra habitada es לָשֶׁ֣בֶת, lā·še·ḇe, la cual tiene su raíz en שבת,
Shabat, de hecho como puede verse, de derecha a izquierda las tres últimas
letras son tal cual las mismas, así la frase de la cita que sobre la tierra
dice “para que fuese habitada la
creó” bien pudiera parafrasearse, perdonando la libertad de la expresión, como “para que fuese sabadeada la creó”, y como ya se comprendió la sustancia,
naturaleza y sentido del sábado entendemos que el propósito original de la
tierra, propósito que se cumplirá, es que los hijos de Dios vivan en ella
reposando de sus obras, con gozo ante Jehová, y creciendo a través de la
enseñanza-aprendizaje en el conocimiento de Dios, es decir, haciendo Shabat,
sabadeando.
Ahora
bien, en cuanto a la segunda pregunta planteada al inicio, dicha norma, el
descansar el séptimo día, ¿sigue vigente?
En
el mundo cristiano actual, la referencia generalizada respecto de la ley,
escrituralmente hablando, es que ésta ha sido superada, clavada en la cruz,
dirían algunos. Citas bíblicas existen que al esgrimirse muestran una ley no
sólo superada sino que la misma Escritura reconoce imperfecta, de igual forma
hay otras citas que clara, concreta y contundentemente mencionan a la ley como santa, perfecta y eterna, ¿cómo conciliar
ambos aspectos?
Si
uno argumenta la inmutabilidad de la ley, quien profesa que la misma ha sido
superada puede señalar con acierto que si así fuese entonces deberíamos todavía
estar ofreciendo los sacrificios prescritos por ella, lo cual claramente en el
Nuevo Testamento se instruye que no es así. Por su parte quien defiende la
permanencia de la ley puede señalar que si esta ya fue superada, clavada en la
cruz -tomando las palabras de su interlocutor-, entonces el matar, el robar, el
mentir ya no están prohibidos.
Como
se comentó, ambas posturas parecieran tener un sustento escritural, pero ¿y si
cuando la Escritura menciona a la Ley no estuviese hablando de una ley sino de
dos, una de las cuales es la que ha sido superada mientras que la otra aún está
vigente?, ¿podría ser esto posible? Veamos.
Aunque
es un tema bastante extenso, para contestar esto tenemos que abordar las
cuestiones de los dos sacerdocios y por ende, las dos leyes.
Los dos sacerdocios.
Cuando se habla del sacerdocio con relación a Dios, la mayoría puede pensar en
aquel que se ejercía en el templo y que devino de las leyes que Moisés recibió,
pero alrededor de 300 años antes de este evento vemos otro sacerdocio
existente.
En
Génesis 14:17-20 vemos este pequeño, pero significativo, relato: “Cuando volvía de la derrota de
Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a
recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote
del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le
bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y
de la tierra; y bendito sea el Dios
Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de
todo”.
Cuando
Dios estableció Su pacto con el pueblo de Israel a través de Moisés, estableció
una diferencia entre el poder gubernamental y el poder religioso, unos podían
ser reyes, pero no sacerdotes, otros serían sacerdotes, pero no reyes. Los
sumos sacerdotes provenían de la línea genealógica de Aharón y los sacerdotes
de la tribu de Levi; por otra parte una vez establecida la monarquía en Israel
el poder gubernamental provenía de la línea genealógica de la casa real. Pero
en la cita anterior vemos que 300 años antes de que se estableciera el pacto de
Dios con su Pueblo, antes que se definieran las funciones sacerdotales y de
culto, antes que se estableciera el poder gubernamental que deviniera en la
monarquía, existía un personaje, Melquisedec que era al mismo tiempo sacerdote
y rey, y lo era del Dios Altísimo.
Este
Melquisedec era un tipo del sacerdocio de Jesús, el cual es sacerdote y rey, y
cuyo sacrificio redentor nos ha ganado el poder de igual forma ser nosotros
sacerdotes y reyes, no sacerdotes o reyes, sino sacerdotes y reyes.
El
capítulo 7 de Hebreos contiene esa comparación entre aquel sacerdote, el de
Melquisedec, y el de Jesús, viendo cómo se refieren a un sacerdocio diferente
del de Aharón o levítico y sujeto a leyes y normativas diferentes:
Hebreos 7
1Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios
Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes,
y le bendijo, 2 a quien asimismo dio
Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de
justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; 3 sin padre, sin madre, sin genealogía;
que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de
Dios, permanece sacerdote para siempre.
Esto no quiere decir,
como algunos presuponen, que Melquisedec no tuviera principio o fina (con lo
que concluyen era Jesús), sino que a diferencia del sacerdocio de Aharón o levítico, el sacerdocio de Melquisedec no
dependía de la genealogía o ascendencia, de hecho el versículo 6 aclara esto.
“Sin padre, sin madre”, en el griego original simplemente significa: “Padre
desconocido, madre desconocida”. Por supuesto que Melquisedec tuvo padre y
madre. Pero el punto que Pablo está tratando de establecer es que Melquisedec
no fue rey o sacerdote por causa de su genealogía. Él no era un rey en virtud
del hecho de que su padre fuera rey antes que él. No fue un sacerdote porque su
padre lo haya sido antes que él. En el Antiguo Testamento, los reyes de Judá
reinaban debido a su genealogía. Ellos podían trazar su genealogía hasta David,
y por ende, sus demandas al trono estaban basadas en el derecho de nacimiento.
Así mismo, el sacerdote debía remontar su genealogía hasta Aarón. Por lo tanto,
sus demandas al sacerdocio estaban basadas en la genealogía. Sin embargo, en el
Nuevo Testamento es completamente diferente. El Nuevo Testamento no está basado
en la genealogía. Cuando estudiamos la historia de los tiempos de Melquisedec,
encontramos que los reyes ascendían al trono por elección, no por genealogía.
Ésta es la razón por la cual Pablo dijo: “Sin padre, sin madre”. En el griego
original dice que su padre y su madre eran desconocidos. La genealogía natural
no intervino en esto. Luego Pablo dice: “sin genealogía” esto significa que sus
hijos no heredaron el trono por derecho de nacimiento. El reinado fue
determinado por elección. “Que no tiene principio de días, ni fin de vida”.
Melquisedec no fue la preencarnación de Cristo, como algunos lo han sugerido.
No es posible que Cristo tuviera una existencia anterior como hombre sobre la
tierra. Esto significaría que Cristo nació dos veces, y dos veces murió. Melquisedec
fue un hombre. Fue literalmente, un rey elegido en Jerusalén. Cuando Pablo dice
de él “que no tiene principio de días”, significa que el sacerdocio o reinado
de Melquisedec no fue remontado hasta su genealogía, o hasta su nacimiento. “Ni
fin de vida”. El apóstol Pablo hace referencia al hecho de que el ministerio de
Melquisedec continuó hasta la eternidad y no terminó con la muerte. Melquisedec
se asemeja al Hijo de Dios. En otras palabras, fue un tipo extraordinario de
Cristo. Él fue como el Hijo de Dios, pero no era el Hijo de Dios.
4 Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham
el patriarca dio diezmos del botín. 5 Ciertamente los que de
entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del
pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos
también hayan salido de los lomos de Abraham. 6 Pero aquel cuya genealogía no es
contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las
promesas.
Aquí la aclaración
del versículo 3 en el sentido que ni la regencia ni el sacerdocio era por
cuestiones genealógicas, a diferencia de los reyes y sacerdotes de Israel bajo
el Antiguo Pacto, sino por elección de Dios.
7 Y sin discusión alguna,
el menor es bendecido por el mayor.
Esa figura de
sacerdote y rey como Melquisedec era superior a la que surgiría después en la
figura de los reyes o sacerdotes de Israel en el Antiguo Pacto.
8 Y aquí
ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da
testimonio de que vive. 9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el
diezmo también Leví, que recibe los diezmos; 10 porque
aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11 Si, pues, la perfección
fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley),
¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de
Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?
Aquí claramente se
diferencia la existencia de dos sacerdocios, el de Melquisedec con las
características que ya se han mencionado, y el de Aharón o levítico con las
características bajo el Antiguo Pacto.
12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también
cambio de ley;
Aquí están las
condiciones que cambiaron y por las cuales, las ordenanzas relacionadas con
estas condiciones dejaron de tener observancia para la iglesia del Nuevo
Testamento formada por llamados y elegidos a ser reyes y sacerdotes.
13 y aquel
de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. 14 Porque
manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló
Moisés tocante al sacerdocio.
15 Y esto es aún más
manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, 16 no
constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino
según el poder de una vida indestructible.
De nueva cuenta se contrasta
diferencia los dos sacerdocios
17 Pues se
da testimonio de él:
Tú eres
sacerdote para siempre,
Según el
orden de Melquisedec.
18 Queda, pues, abrogado el
mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada
perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual
nos acercamos a Dios.
De igual forma y de
nueva cuenta se señala un cambio en las condiciones, cambio que implicaría que las
ordenanzas relacionadas con en el Antiguo Pacto, al sacerdocio de Aharón o
levítico, dejarían de tener vigencia u observancia.
20 Y esto no
fue hecho sin juramento; 21 porque los otros ciertamente sin
juramento fueron hechos sacerdotes; pero este, con el juramento del que le dijo:
Juró el
Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres
sacerdote para siempre,
Según el
orden de Melquisedec.
22 Por tanto, Jesús es hecho
fiador de un mejor pacto.
Aquí la referencia es
clara a Jesús como sacerdote según el orden de Melquisedec, de igual forma al
señalamiento de que bajo ese sacerdocio hay un pacto mejor, lo cual implica,
como decía el versículo 12, un cambio de leyes.
23 Y los
otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían
continuar; 24 mas este, por cuanto permanece para
siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por lo
cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,
viviendo siempre para interceder por ellos.
26 Porque tal sumo sacerdote
nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho
más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como
aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios
pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para
siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la
ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del
juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
Estos últimos
versículos de nueva cuenta establecen la diferencia entre los dos sacerdocios
y, ya podemos también concluir, las dos leyes.
Las dos leyes. De
lo visto anteriormente, Hebreos 7:12 señala que “Porque cambiado el sacerdocio,
necesario es que haya también cambio de ley”. ¿Cómo puede haber cambio de ley?,
¿Qué no la Ley de Dios es eterna (Salmos 119:152), santa (Romanos 7:12),
perfecta (Salmos 19:7)?, ¿entonces?
Veamos
primero, su no pregunta a alguien ¿qué es pecado? Esta persona bien puede
señalar 1 Juan 3:4 para responder que es
infracción a la ley, “Todo el que practica el pecado, practica también la
infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley”. Si luego uno
pregunta ¿qué ley?, acudiendo a Romanos 8:7 se respondería que es más que
evidente que es la ley de Dios, “Por cuanto los designios de la carne son
enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco
pueden”. Si a continuación uno pregunta ¿cuándo dio Dios su ley?, tomando como
referencia Éxodo 20 puede decirse que una vez que Dios hubo sacado a Su pueblo
de Egipto. Ahora bien, si hasta el tiempo de Moisés Dios dio Su ley a su
pueblo, ley que definió pecado considerando la infracción a la misma, ¿cómo es
posible que desde tiempos de Adán se hablara de pecado, ya que Dios,
amonestando a Caín, le dice en Génesis 4:7: ”Si haces lo bueno, ¿no serás
enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta y te
seducirá; pero tú debes enseñorearte de él”?, de igual forma, y considerando
esa misma cita ¿cómo alguien podría hacer “lo bueno” si no hubiera una norma
que lo definiera, máxime si “los que son de la carne piensan en las cosas de la
carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5)?
De
igual forma Génesis 3 registra la caída de Adán y Eva. En el capítulo siguiente
aparece el primer homicidio. ¿Cómo sabría Caín que era culpable de homicidio
por asesinar a su hermano si no había Ley?
Mucho antes del Pacto en Sinaí, Dios mencionó el asesinato en el pacto
que estableció con Noé después del Diluvio (Génesis 9:6). Mucho antes del Pacto en Sinaí la Escritura
nos dice que Enoc “caminó con Dios” (Génesis 5:22). Mucho antes del Pacto en
Sinaí la Escritura nos dice que Noé era “justo” y “perfecto” (Génesis 6:9).
Mucho antes del Pacto en Sinaí la Escritura nos dice que Job era “perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal”,
(Job 1:8; 2:3). Obviamente, existía una norma del bien y del mal. Enoc,
Noé y Job vivieron muchos años antes del Éxodo, mucho antes del Pacto en Sinaí.
¿Cómo alguien hubiera podido caminar con Dios, ser justo y perfecto, ser recto,
temeroso de Dios y apartado del mal si no hubiera una norma definiera el bien y
el mal, lo correcto de lo incorrecto, lo agradable a Dios de lo que Él
consideraba pecado?
Cómo
ya se vio en el apartado anterior relativo a Melquisedec, 300 años antes de que
se estableciera el pacto de Dios con su Pueblo, antes que se definieran las
funciones sacerdotales y de culto, antes que se estableciera el poder
gubernamental que deviniera en la monarquía, existía un personaje, Melquisedec
que era al mismo tiempo sacerdote y rey, y lo era del Dios Altísimo.
De
igual forma desde mucho antes, según la cita
Génesis 4:7 ya vista, así como las otras, existía una noción de pecado
que requería hubiera una norma contra la cual contrastar las acciones,
emociones y pensamientos de uno. Esa era la Ley de Dios y bajo esa Ley servían
los sacerdotes del orden de Melquisedec. Dicha Ley estuvo vigente desde Adán
hasta Abraham, es decir, durante más de 1500 años donde hubieron gente que
caminaba con Dios, que era justa y perfecta, recta, temerosa de Dios y apartada
del mal.
Ahora
bien, cuando Dios saca a Su pueblo de Egipto establece un Pacto que incluía esa
Ley pero que además le fue adherido otras normas que vinieron a formar parte de
las reglas de Israel. La primera es lo que conocemos como los Diez Mandamientos
(así como normas sobre alimentos limpios y no limpios (Génesis 7:8) y otras
relativas al diezmo (Génesis 14:20), las demás son todas las demás normas
religiosas y civiles que Dios dio a Su pueblo, de estas últimas la primera,
como sello del Pacto de Dios con Su pueblo fue la circuncisión, después con
Moisés vendrían el resto. Veamos como en Jeremías 7:22-23 Dios dice por medio
de Jeremías que “Porque yo no hablé a vuestros padres, ni les ordené nada en
cuanto a los holocaustos y sacrificios, el día que los saqué de la tierra de
Egipto. Sino que esto es lo que les mandé, diciendo: ``Escuchad mi voz y yo
seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en todo camino que yo
os envíe para que os vaya bien”. Cuando Dios hace Su pacto este consistía en
una relación como la de Abraham, Isaac y Jacob, cuando no había todas las
reglas y normas que después vinieron; una relación simple, sencilla, esta
relación se basaba en los Diez Mandamientos, pero dada la rebeldía del Pueblo
se le adicionaron otras normas que vinieron a conformar las reglas que regían
toda la vida de Israel, sobre esta ley adicional Gálatas 3:19 nos dice
“Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida a causa de las
transgresiones, hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la
promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador”. Así
vemos que esta segunda ley fue añadida, no formaba parte de la primera, pero
además de que fue añadida tenía una vigencia la cual era “hasta que viniera la
descendencia a la cual había sido hecha la promesa”. Así, el sacerdocio de
Melquisedec se interrumpió y comenzó un sacerdocio de Aharón o levítico que
contenía normas, reglas y
prescripciones, entre las cuales estaban las sombras de las fiestas de Dios,
que estarían vigentes en tanto el sacerdocio de Melquisedec no fuera
reestablecido con Cristo.
Veamos
como contrastan estas dos leyes en el entendido que la primera, la Ley de Dios,
los Diez Mandamientos, es para siempre (Salmos 119:44) mientras que la segunda, la ley de Moisés, el
resto de normas, reglas y prescripciones,
es temporal (Gálatas 3:19).
1.
La Ley de Dios fue dada por Dios “Y habló Dios todas estas palabras,
diciendo” (Éxodo 20:1); la ley de Moisés fue dada por Moisés “Estas son las
palabras que habló Moisés a todo
Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo,
entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab” (Deuteronomio 1:1)
2.
La Ley de Dios fue escrita en tablas de
piedra “Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para
enseñarles” (Éxodo 24:12); la ley de Moisés estaba escrita en un libro “Y
cuando acabó Moisés de escribir las
palabras de esta ley en un libro hasta concluirse” (Deuteronomio 31:24)
3.
La Ley de Dios fue escrita por el mismo Dios
“Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas
del testimonio, tablas de piedra escritas
con el dedo de Dios” (Éxodo 31:18); la ley de Moisés fue escrita por Moisés
“Y escribió Moisés esta ley, y la dio
a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y a
todos los ancianos de Israel” (Deuteronomio 31:9)
4.
La Ley de Dios fue puesta dentro del Arca de
la Alianza “Y cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dio a Moisés las dos tablas del testimonio,
las tablas de piedra escritas por el dedo de Dios” (Éxodo 31:18) “después tomó
y puso el Testimonio dentro del Arca,
y colocó las varas en el Arca, y puso el propiciatorio encima del Arca” (Éxodo
40:20); la ley de Moisés fue puesta enseguida del Arca de la Alianza “Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca
del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti”
(Deuteronomio 31:26)
5.
La Ley de Dios trae bienaventuranza “Bienaventurados los perfectos de camino,
los que andan en la ley de Jehová” (Salmos 119:1); la ley de Moisés trae
maldición “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está:
Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro
de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10)
6.
La Ley de Dios permanece “Guardaré tu ley
siempre, para siempre y eternamente”
(Salmos 119:44); la ley de Moisés tendría un término final “aboliendo en su carne las enemistades, la
ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de
los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Efesios 2:15) “anulando el acta de los decretos que había
contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola
en la cruz” (Colosenses 2:14).
7.
La ley de Dios es perfecta y perfecciona “La
ley de Jehová es perfecta, que convierte
el alma” (Salmos 19:7); la ley de Moisés era imperfecta y no perfeccionaba
“pues nada perfeccionó la ley, y de
la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios”
(Hebreos 7:19)
8.
La Ley de Dios es espiritual “Porque sabemos
que la ley es espiritual; más yo soy
carnal, vendido al pecado” (Romanos 7:14); la ley de Moisés era carnal “ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de
diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el
tiempo de reformar las cosas” (Hebreos 9:10).
9.
La Ley de Dios es santa, justa y buena “De
manera que la ley a la verdad es santa,
y el mandamiento santo, justo y bueno”
(Romanos 7:12); la ley de Moisés apenas y si era una sombra de lo que habría de
venir “Porque la ley, teniendo la sombra
de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por
los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a
los que se acercan” (Hebreos 10:1).
10. La
ley de Dios es para siempre “Guardaré tu ley siempre, Para siempre y eternamente” (Salmos 119:44); la ley de
Moisés es temporal “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de
las transgresiones, hasta que viniese la
simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles
en mano de un mediador” (Gálatas 3:19).
11. La
Ley de Dios trae vida “Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que
yo os enseño, para que los ejecutéis, y
viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres
os da” (Deuteronomio 4:1); la ley de Moisés no da vida “También les di
estatutos que no eran buenos y decretos por los cuales no podrían vivir” (Ezequiel 20:25)
Podemos
ver que en todas las citas se menciona la palabra ley, pero de la misma forma y
aunque se hable de ley se está refiriendo a dos normas reglamentarias
diferentes. Pero para aún mayor claridad y contundencia respecto de la
existencia de dos leyes, la misma Escritura señala “Y [Jehová] os anunció su
pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió
en dos tablas de piedra. A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os
enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra
a la cual pasáis a tomar posesión de ella” (Deuteronomio 4:13-14)
Así
tenemos dos sacerdocios y dos leyes, el sacerdocio de Melquisedec y la Ley de
Dios que estaban en vigencia antes del Pacto, y el sacerdocio de Aharón y
levítico más las leyes de Moisés, que interrumpen el primero, en tanto viene
Jesús a restaurarlo. Hay que entender que la Ley de Dios siempre estuvo, está y
estará vigente, incluso durante el sacerdocio de Aharón y levítico pero en este
período, el del sacerdocio de Aharón y levítico, además de la Ley de Dios
estuvieron vigentes normas adicionales
referidas como la ley de Moisés.
Con
esto en mente puede comprenderse una cita que siempre lleva a confusión pues
parece contradictoria, la cita es de Romanos 5:13-14 y señala “Pues antes de la
ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.
No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron
a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de
venir”. A simple vista pareciera que dice que hasta que la ley fue dada en
Sinaí antes no existía ley alguna que inculpara pecado, pero esto es absurdo
pues la misma Escritura menciona, como ya se ha analizado, al pecado como tal
mucho antes de que la ley fuese dada en Sinaí, incluso desde Génesis, de igual
forma esa interpretación es absurda porque si no hubiese habido ley, tal como
dice la cita, no se hubiese imputado pecado, pero como sabemos que “la paga del
pecado es muerte” (Romanos 6:23) nos encontramos, como señala la misma cita que
“reinó la muerte desde Adán hasta Moisés”. Siguiendo el mismo razonamiento que
esta cita da, si donde no hay ley no se imputa pecado, y si la paga del pecado
es la muerte, y si hubo muerte desde Adán hasta Moisés, es más que evidente que
entonces sí existía antes de Sinaí una ley, la Ley de Dios, perfecta, santa y
eterna, ley a la que en Sinaí se la
adicionaron otras normas de carácter temporal.
Una
manera de clarificar esto es considerar como es que la Ley de Dios (por lo que
ya se comentó) estuvo, está y estará vigente siempre, de igual formas aquellas
normas que estaban vigentes antes del Pacto de Dios con Abraham, cuando estaba
vigente el sacerdocio de Melquisedec, como las normas sobre alimentos limpios y
no limpios (Génesis 7:8) y otras relativas al diezmo (Génesis 14:20). Para
entenderé esto veamos como en génesis 12 Dios hace el Pacto con Abrahám, un
Abrahám no circuncidado y con una relación simple y sencilla con Dios basada en
las normas vigentes en ese momento, pero no es sino hasta por lo menos 14 años
después (Génesis 17:27) cuando la circuncisión sería incorporada como la primer
norma (Génesis 17:10-14) que luego sería completada con el resto de normas bajo
el sacerdocio de Aharón o levítico. En esa temporalidad, las normas vigentes
cuando Dios hace su Pacto con Abrahám eran las que siempre habían estado
vigentes por más de 1,500 años desde Adán -Diez Mandamientos más normas sobre alimentos limpios y no
impíos y las relativas al diezmo-, estas normas siguieron y siguen vigentes;
las que mucho después comenzaron a añadirse –iniciando con la circuncisión con
Abraham y siguiendo con el resto de normas mosaicas bajo el sacerdocio de
Aharón o levítico- estarían vigentes
“hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la
promesa” (Gálatas 3:19).
Es
por eso que en Hechos 15 el Concilio de Jerusalén decide que la circuncisión
carnal no es aplicable a la iglesia, no es, como algunos creen, que los
Apóstoles reunidos hubieren cancelado una norma vigente (lo cual sería casi
casi poner en contraposición a los Apóstoles y la iglesia contra Dios y Sus
normas), sino que entendiendo que la reglamentación sobre la circuncisión era
parte de las leyes adicionadas a la Ley de Dios, vigentes estas durante el
sacerdocio de Aharón o levítico, al concluir ese período y reiniciar al
sacerdocio de Melquisedec dejando de lado las normas añadidas, la circuncisión
había dejado de tener efecto.
Como
comentario adicional al calce, con estas aclaraciones, puede uno volver a leer
el Nuevo Testamento, las cartas apostólicas, y entender por qué en ocasiones se
habla de la ley como algo superado y por qué en ocasiones como algo que todavía
aplica: esto por el hecho de que para lo primero se está refiriendo a la ley de
Moisés y lo segundo a la Ley de Dios y entender así expresiones que parecen
contradecirse. Un ejemplo muy visible de esto es Gálatas 2:19 que señala
“Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios”, ¿cómo
podría por la ley ser muerto para la ley?, entendiendo la existencia de dos
leyes uno comprende que la referencia aquí aplica a que dado ha sido
reestablecido el sacerdocio de Melquisedec dejando de estar vigente el
sacerdocio de Aharón o levítico, uno está sujeto a la Ley de Dios mientras que
las normas adicionales (ley de Moisés) ha dejado de tener vigencia. En otras
palabras “dado que me encuentro ahora bajo la Ley de Dios he dejado de estar
sometido a la ley de Moisés”.
Por
último, para cerrar esta argumentación, alguien podría con razón preguntar
sobre qué base se divide la legislación entregada al Pueblo de Israel. A partir
de Éxodo 20 vemos cómo es que se le entregan a Israel una serie de normativas,
en Éxodo 20 está contenido lo que se conoce como los diez mandamientos, pero en
los capítulos siguientes siguen otra serie de estatutos dados de carácter
obligatorio para el pueblo. Si bien nuestras Biblias están divididas en
capítulos y versículos, en la escritura original no hay tal división, es más,
ni siquiera espacios hay por lo que le escritura es de continuo, así que ¿por
qué hemos de dividir toda esa legislación en los diez mandamientos por un lado
y otras normas por otro?
Tres
razones hay para lo anterior. La primera es muy evidente ya que al comenzar a
leer de Éxodo 20 en adelante, podemos ver cómo es que hay una pausa discursiva
entre lo que se conoce como los Diez Mandamientos y el resto de la legislación
dada. Una vez entregados los Diez Mandamientos (Éxodo 20:1-17), vemos cómo es
que en los vv. 18-21 hay una pausa para describir la reacción del pueblo,
incluso con un diálogo entre el pueblo y Moises, y no es sino en el siguiente
capítulo que se dan otras normas, retomando el hilo normativo a partir del v.
22 y los capítulos subsecuentes.
La
segunda se basa en una diferenciación que de las normas dada hace la misma
Escritura. Ya vimos anteriormente como es que hay dos leyes, por así decirlo,
una permanente y otra temporal con sus respectivas características. También ya
se comentó lo dicho por Jeremías 7:22-23 “Porque yo no hablé a vuestros padres,
ni les ordené nada en cuanto a los holocaustos y sacrificios, el día que los
saqué de la tierra de Egipto. Sino que esto es lo que les mandé, diciendo:
``Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y
andaréis en todo camino que yo os envíe para que os vaya bien”. Así que la cuestión de sacrificios y demás
era algo añadido. Sobre esto ya se comentó al respecto con lo dicho Gálatas
3:19 nos dice “Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida a causa de las
transgresiones, hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la
promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador”. Así
que, ¿cuál era esa legislación original eterna, inmutable que nosotros
relacionamos en Éxodo 20 con los Diez Mandamientos?
Éxodo
34:28 señala “Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no
comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos”; Deuteronomio 4:13
dice “Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos
tablas de piedra”; y Deuteronomio 10:4 indica “Y escribió en las tablas
conforme a la primera escritura, los diez
mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego,
el día de la asamblea; y me las dio Jehová”.
En
estas tres citas la traducción de diez
deviene en todos los casos de de עֲשֶׂ֖רֶת, ‘ă·śe·reṯ que significa diez, y mandamientos se traduce también en todos
los casos de de הַדְּבָרִֽים, had·də·ḇā·rîm, que significan dichos, palabras o sentencias.
Éxodo 20 es la única parte de la legislación entregada que presenta esa
división entre diez sentencias claramente delimitadas y el resto de una
legislación que abarca diversos aspectos de la vida religiosa y secular del
pueblo de Israel. De hecho Éxodo 20:1 inicia indicando “Y habló Dios todas
estas palabras [הַדְּבָרִֽים, had·də·ḇā·rîm], diciendo:”, mientras que Éxodo
21:1 señala “Estas son las leyes [הַמִּשְׁפָּטִ֔ים , ham·miš·pā·ṭîm] que les
propondrás”, הַמִּשְׁפָּטִ֔ים , ham·miš·pā·ṭîm, puede traducirse como normas,
juicios, regulaciones, pero es distinta de הַדְּבָרִֽים, had·də·ḇā·rîm, dichos,
palabras o sentencias que se traduce como mandamientos.
De
igual forma, en esas diez sentencias se incorpora la cuestión del shabat que ya
se analizó, y que permite identificar al resto de esas diez palabras con las
mismas características del cuarto mandamiento, a saber: santas, perfectas,
eternas e inmutables. De hecho la cita de Ezequiel 20:25 que ya fue comentada
cuando se compararon las diferencias entre la Ley de Dios uy la ley de Moises,
que señala “También les di estatutos que no eran buenos y decretos por los
cuales no podrían vivir”, la palabra hebrea de donde se traduce estatutos es וּמִ֨שְׁפָּטִ֔ים, ū·miš·pā·ṭîm,
la misma de Éxodo 21:1. Con lo que la delimitación entre los diez mandamientos,
הַדְּבָרִֽים, had·də·ḇā·rîm, santos y perfectos, y el resto de las normas
entregadas הַמִּשְׁפָּטִ֔ים , ham·miš·pā·ṭîm, normas que por cierto no dan
vida, es más que evidente.
La
tercera, que surge de considerar las dos anteriores, resulta de considerar la
secuencia de eventos relacionados con la entrega de la legislación divina al
Pueblo de Israel. Como ya se vio, la Escritura indica que se entregaron diez
sentencias, sin embargo en Éxodo 20 y los capítulos subsiguientes hay muchas
sentencias normativas, no sólo diez. Incluso Éxodo 25:40, respecto del
Tabernáculo, señala en voz de Dios “mira que los hagas según el diseño que te
ha sido mostrado en el monte”. De igual forma se indica que si bien hubo una
legislación original entregada, que no incluí nada de sacrificios y demás, a ésta se la agregaron otras más a causa de
las rebeldías. Para conciliar todo esto hay que entender, como se mencionó, la
secuencia de eventos.
A
partir de Éxodo 10 y en adelante se da cuenta de la legislación entregada al
Pueblo de Israel, si bien se presenta junta por considerarse un solo cuerpo
normativo, un análisis de la Escritura nos permite identificar que hay dos
momentos para la entrega de la misma. Después de las normas que uno puede leer
desde Éxodo 20 en adelante, en Éxodo 32 vemos como Moisés, al bajar de la
montaña, se encuentra al pueblo entregado a la idolatría. En los vv. 15 y 16 se
indica “Entonces se volvió Moisés y descendió del monte con las dos tablas del testimonio en su
mano, tablas escritas por ambos lados; por uno y por el otro estaban escritas.
Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada
sobre las tablas”, ¿podemos ver esto?, Moisés baja sólo con las dos tablas de
la Ley de Dios conteniendo las diez sentencias que la Escritura dice
originalmente fueron entregadas. Luego el v. 19 señala que “Y sucedió que tan
pronto como Moisés se acercó al campamento, vio el becerro y las danzas; y se
encendió la ira de Moisés, y arrojó las
tablas de sus manos, y las hizo pedazos al pie del monte”. Después de ese
evento, del castigo de los trasgresores y de la súplica de Moisés a Dios por el
pueblo rebelde, en Éxodo 34:1-5 encontramos lo siguiente “Y el Señor dijo a
Moisés: Lábrate dos tablas de piedra como las anteriores, y yo escribiré sobre
las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que tú quebraste…
Moisés, pues, labró dos tablas de piedra como las anteriores, se levantó muy de
mañana y subió al monte Sinaí, como el Señor le había mandado, llevando en su
mano las dos tablas de piedra. Y el Señor descendió en la nube y estuvo allí
con él, mientras éste invocaba el nombre del Señor”. Este segundo momento,
después de la rebeldía de Israel, es el único espacio de tiempo disponible, sin
contradicción de la Escritura, en que puede entregarse alguna legislación
adicional, de nuevo: a causa de la rebeldía del pueblo, y que concilia lo dicho
en cuanto a lo que fue entregado al Pueblo de Israel: una ley que ha existido
desde el principio del mundo, que es santa, perfecta, eterna e inmutable, y
otras normas imperfectas y temporales adicionadas a causa de las rebeldías del
pueblo.
Esta
explicación, aunque un poco extensa, era necesaria para entender la existencia
en un momento dado de dos normativas divinas, una eterna, La Ley de Dios, y
otra temporal, la ley mosaica, y aunque la presente obra gira en torno al
Shabat, este conocimiento permite entender mucho de la Escritura.
En
una parte de lo comentado anteriormente se señala que las diez sentencias de
Éxodo 20 incorporan la cuestión del Shabat que ya se analizó, y esto permite
identificar al resto de esas diez palabras con las mismas características del
cuarto mandamiento, a saber: santas, perfectas, eternas e inmutables, pero ¿qué
tan seguros podemos estar de esto?, en otras palabras ¿a qué ley pertenecía la
normativa relativa al Shabat, a la Ley de Dios, eterna e inmutable, o a la ley
mosaica, temporal y superada?
Si
bien la pregunta anterior pudiéramos responderla viendo la actitud que hacia el
Shabat tuvo la iglesia original (lo cual en su momento se abordará), de inicio
vamos a enfocar la atención al momento formal en que el Shabat entra a la vida
del pueblo de Israel como parte de la legislación relativa al Pacto que Dios
hizo con él.
En
Éxodo 20:8-11 tenemos la estipulación de la norma relativa al Shabat como parte
de los Diez Mandamientos entregados por Dios a través de Moisés al Pueblo de
Israel (después se entregarían otras normas también venidas de Dios, también a
través de Moisés, pero con un carácter transitorio, normas perfectamente
diferenciadas entre sí por lo que se comentó anteriormente).
Muchos
pudieran pensar que ese es el inicio de la normativa relativa al Shabat, lo
cual nos dificultaría un poco, aunque no de manera insalvable, el saber si
dicha normativa se refería a la Ley de Dios eterna o a la ley mosaica temporal,
pero hay un momento contenido en la Escritura, antes de la entrega de los Diez
Mandamientos de la Ley de Dios, que nos permitirá establecer sin duda alguna
que el Shabat (al igual que el resto de los Mandamientos de Éxodo 20, se
refieren a la eterna e inmutable Ley de Dios), dicho relato está contenido en
Éxodo 16.
Éxodo
16 presenta una serie de eventos que suceden varias semanas antes de que el
Pueblo de Israel llegase al Sinaí y recibiese de Dios Sus Mandamientos, esta
serie de eventos es más que reveladora.
Éxodo
16
1 Partió
luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto
de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después
que salieron de la tierra de Egipto. 2 Y toda la
congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el
desierto; 3 y les decían los hijos de Israel: Ojalá
hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos
sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos
habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.
4 Y Jehová dijo a Moisés: He
aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá
diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5 Más en el
sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. 6 Entonces
dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que
Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, 7 y
a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras
murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros
murmuréis contra nosotros? 8 Dijo también
Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta
saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado
contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra
nosotros, sino contra Jehová.
9 Y dijo Moisés a Aarón: Di
a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de
Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones. 10 Y hablando
Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto,
y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube. 11 Y
Jehová habló a Moisés, diciendo: 12 Yo he oído
las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde
comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy
Jehová vuestro Dios.
13 Y venida la tarde,
subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió
rocío en derredor del campamento. 14 Y cuando el
rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda,
redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. 15 Y
viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no
sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. 16 Esto
es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer;
un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno
para los que están en su tienda. 17 Y los hijos
de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos; 18 y
lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que
había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer. 19 Y
les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. 20 Más
ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día,
y crio gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés. 21 Y
lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el
sol calentaba, se derretía.
22 En el sexto día recogieron
doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la
congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. 23 Y él les
dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo,
el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy,
y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para
mañana. 24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana,
según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25 Y
dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no
hallaréis en el campo. 26 Seis días
lo recogeréis; más el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. 27 Y
aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no
hallaron. 28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no
querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad
que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan
para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el
séptimo día. 30 Así el pueblo reposó el séptimo día.
31 Y la casa de Israel lo
llamó Maná; y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de
hojuelas con miel. 32 Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha
mandado: Llenad un gomer de él, y guardadlo para vuestros descendientes, a fin
de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de
la tierra de Egipto. 33 Y dijo
Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo
delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. 34 Y
Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a
Moisés. 35 Así comieron los hijos de Israel maná
cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que
llegaron a los límites de la tierra de Canaán. 36 Y
un gomer es la décima parte de un efa.
Como
podemos ver de este relato, varias semanas antes de llegar a Sinaí a recibir la
Ley de Dios, el Pueblo de Israel comenzó a quejarse de su situación, sobre todo
ante lo evidente que era el poder encontrar comida suficiente en el desierto para toda la comunidad (Éxodo
16:2-3), Jehová entonces le dice a Moisés la manera en que habría de alimentar
al pueblo por medio del maná (Éxodo 4-5), pero si uno lee esta última cita
notará que hay una referencia un poco curiosa, por no decir extraña, claramente
en esta cita Jehová señala que pondría a prueba al pueblo para ver si anduviese
o no según Su ley, ¿cuál ley si todavía no se llegaba a Sinaí a recibir tanto
los Diez Mandamientos como las leyes adicionales? No tiene sentido hablar de
una ley si la misma aún no había sido dicha, explicitada, entregada y pactada,
no tiene sentido a menos que se estuviese hablando de una ley eterna,
inmutable, existente desde el momento mismo de la creación y permanente incluso
después del sacrificio redentor de Jesús, incluso después de la existencia de
la iglesia de Dios, incluso más allá de la segunda venida de Cristo, por
siempre y para siempre. ¿Se estará Dios refiriendo a esa ley que tendría su
confirmación formal como parte del Pacto de Dios para con Su pueblo semanas
después como lo relata Éxodo 20? Veamos.
Dios
dice en Éxodo 16:4-5 que la forma en que alimentaría a Su pueblo conllevaría
una prueba, prueba que serviría para evidenciar si el pueblo estaría dispuesto
a nadar o no en Su ley, ¿qué ley es esta? En esa misma cita dice algo que
comienza a arrojarnos luz pues señala en el versículo 5 que en el día sexto la
ración de maná sería doble, ¿qué tiene que ver eso con la prueba que Dios iba a
poner a Su pueblo? Uno puede leer de nuevo toda descripción de lo que muestra
el capítulo 16 de Éxodo para ver las varias y diversas instrucciones que se
iban dando respecto de la manera en que el pueblo sería alimentado, los
versículos 4 y 5 hablan de una prueba y en específico el versículo 5 señala que
como parte de la prueba el sexto día debía recogerse doble ración del maná,
¿por qué? Los versículos 22 al 30 explicitan lo relativo a la prueba que sobre
la manera de alimentar Dios Su pueblo
había establecido y arrojan luz sobre la cuestión de recoger doble ración del
maná en el día sexto.
Como
podemos ver en el día sexto la comunidad recogió doble ración, en ningún día se
permitía recoger doble ración, de hecho si se recogía de más con la finalidad
de guardar para más días el maná sobrante se en gusanaba (versículos 19 y 20),
es por eso que algunos van con Moises para decirle que la gente está recogiendo
doble ración de maná en el día sexto (versículo 22), Moisés aclara en el
versículo 23 el porqué de esa instrucción dada por Jehová y relacionada con la
prueba relativa a la obediencia o no de Su ley, la cuestión es que el día
siguiente al sexto era, como dice ese versículo, Shabat, día de descanso,
consagrado a Jehová. Los versículos 24 y
25 señalan como es que la doble ración recogida en el día sexto, a diferencia
de la ración extra que algunos recogían en cualquier otro día, no se agusanaba
sino que alcanzaba para alimentarse el séptimo día, el Shabat. Para mayor
claridad en esto el versículo 26 señala en boca de Moisés la explicación de que
ene l sábado Jehová no mandaría maná pues era día de reposo, apartado para
Jehová, por eso debía recogerse en el día sexto doble ración y por eso en el
séptimo día no debía salirse a buscar el maná. El versículo 27 menciona como es
que algunos, a pesar de esas instrucciones, salían en el día séptimo a buscar
el maná y, respecto de esto, el versículo 28 cierra la idea que se ha venido
manejando pues Dios mismo recrimina al pueblo a través de Moises preguntándoles
que si hasta cuándo se negarían a guardar sus mandamientos y sus leyes. Los
versículos 29 y 30 son una repetición de la instrucción dada clarificando cómo
y por qué deben conducirse tanto en el séptimo día, como preparativo del Shabat
de Dios, como en el día séptimo.
Así
que de manera más que clara vemos como la cuestión relacionada con el reposo
relativo al séptimo día, al Shabat, era algo que antecedía a la formalización
del pacto sinaítico y que Dios mismo lo relaciona con Su ley. En este sentido
puede señalarse que la observancia del sábado, así como el resto de la Ley de
Dios contenida en Éxodo 20, forman parte de esa ley eterna, inmutable, que uno
identifica como los Diez Mandamientos.
Tal
vez el lector inquisitivo pudiera preguntar por qué Dios escogió, de los diez
mandamientos, el mandamiento relativo al Shabat como prueba. Esto es muy
sencillo responder ya que de todos los mandamientos es el único que es visible,
palpable, observable.
Ya
se analizó en apartados anteriores la cuestión relativa a que el nombre de
Shabat incluye un indicativo de que el mismo serviría de señal, ¿cómo puede el
Shabat servir como señal? Identificando a quienes forman visible, palpable y
observablemente parte del Pueblo de
Dios.
Pensemos
un poco en esto. De los Diez Mandamientos el relativo a la observancia del
Shabat es el único que reúne las características mencionadas anteriormente. Uno
no puede saber a ciencia cierta si otra menciona tiene otros dioses (Éxodo
20:3), si idolatra imágenes (Éxodo 20:4-6), si toma el nombre de Dios en vano
(Éxodo 20:7), si honra a su padre y a su madre (Éxodo 20:12), e incluso si
mata, comete adulterio, roba, miente o codicia (Éxodo 20:13-17), todas esas
cosas pueden hacerse de manera oculta, imperceptible, engañosa, pero la
observancia del Shabat es de tal visibilidad y contundencia que sirve para
identificar quienes forman parte del Pueblo de Dios a través de su observancia.
Uno
puede ser idólatra, blasfemos, mentiroso, adúltero, ladrón, codicioso e incluso
homicida y cuidarse de ocultar eso a la gente, pero alguien que guarde el
Shabat como debe ser tarde que temprano (de hecho más temprano que tarde) se
hará visible, palpable, observable. No hay manera de guardar el Shabat sin que
esto sea de tal manera tan claro y contundente que sirva como señal para
identificar quien es parte del Pueblo de Dios.
De
toda esta exposición de ideas contenida en el presente apartado pueden sacarse
las siguientes conclusiones; se identifican dos sacerdocios y por lo mismo dos
leyes que son tal cual mencionados así por la Escritura, el de Melchisedec y el
de Aarón; dada la existencia de dos sacerdocios existen dos grupos normativos,
leyes, aunados a los mismos, el primer sacerdocio, el de Melchisedec, contiene
un conjunto de normas eternas e inmutables, el segundo sacerdocio, aparte de
las leyes eternas e inmutables del primer sacerdocio, que por su misma
naturaleza eterna e inmutable no son susceptibles de ser suspendidos o
abrogados, contiene además disposiciones normativas adicionales de carácter
temporal y transitivo; de este dos grupos de normas, la primera referida a los
Diez Mandamientos de la Ley de Dios y la segunda relativa a las leyes mosaicas,
la normativa respecto del Shabat, forma parte de los primeros, es así como el
carácter de eterno e inmutable referido a esa Ley les es de igual forma
perteneciente.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que, con referencia al
descanso decretado por Dios para el séptimo día de cada semana, los campos
deben estar en barbecho y no se debe arar la tierra, sigue vigente, tanto de
manera material como espiritual entendiendo ese descanso como el estar en casa
(tanto la casa familiar como la casa de oración), para gozarse en Jehová y ser
alimentados a través de la enseñanza y el aprendizaje, conforme a la voluntad
del Padre y para su mayor gloria en Cristo Jesús.
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