134. En el séptimo año nada de lo que crece tiene dueño y está dispuesto para todos (Éx. 23:11)


 

“más el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar”

 

Como parte del pacto que Dios hizo con su pueblo, se estipulaba que le mismo podía trabajar seis años la tierra y recoger sus frutos pero el séptimo año era de reposo para la misma: “Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar” (Éxodo 23:10-11). Levítico 25 clarifica este asunto.

 

Levítico 25

Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.

 

Esta disposición pareciera ser una norma más dentro del pacto que Dios hizo con su pueblo pero la trascendencia de la misma es de extrema relevancia ya que es una norma que pone a prueba a Dios mismo, de hecho es una norma contraria al sentido común desde el punto de vista humano más si, como algunos detractores de la Palabra señalan, lo consignado en la Escritura no fuera de origen divino, ¿por qué esa extrema relevancia?, porque lo que Dios mismo establece como compromiso en ese mismo capítulo.

 

Levítico 25

20 Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí no hemos de sembrar, ni hemos de recoger nuestros frutos; 21 entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años. 22 Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo.

 

Pensemos esto: ¿Quién en su sano juicio, humano o espiritual, si quisiera engañar a un pueblo establecería una condición como la anterior?, es decir: seis años la gente trabajaría la tierra pero el séptimo descansaría siendo que en el sexto vendría tal cantidad de cosecha que permitiría descansar el séptimo y esperar hasta la cosecha del primero después del séptimo cuando el conteo se reiniciaría. Esta condición es completamente absurda en el sentido de un engaño fraguado para ello pues es una condición que excede cualquier capacidad de cualquier líder e incluso de algún ser espiritual que quisiese engañar al pueblo. Si la Escritura no fuese inspirada, si no fuese Palabra de Dios, el engaño hubiera durado apenas y siete años pues al ver que lo dicho por Dios no se cumplía el pueblo hubiese dejado de creer. Esta es una prueba irrefutable del origen sobrenatural de la Escritura, sobre la existencia misma de Dios, sobre la validez de su Pacto y sobre la validez de las promesas que la misma Palabra contiene.

 

Pero ese era el sentido natural de lo ahí señalado y es más que claro: “Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña… yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años. Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo”, pero el sentido espiritual es más profundo ya que se refiere a la séptima de las siete fiestas de Dios.

 

Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio contienen las indicaciones sobre las fechas, los requisitos, los cuidados previos y la manera de desarrollar estas siete fiestas que Dios le estableció a Su pueblo y que hablaban de antemano sobre el plan de Dios sobre la humanidad. Las cuatro primeras - Pascua, Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- eran fiestas que se celebraban en primavera y que ya han sido cumplidas con la primer venida de Jesús; las tres restantes  -Trompetas,  Expiación, y Tabernáculos- eran fiestas de Otoño y su cumplimiento está pendiente a verificarse con la segunda venida de Jesús.

 

Pascua, Panes sin levadura y Primicias, están íntimamente relacionadas, tan así que prácticamente las tres se festejaban en un lapso de ochos días: Pascua el 14 de Nisán, Panes sin levadura del 15 al 21 de Nisán, y Primicias el primer día de la semana (domingo) siguiente al sábado de la semana en que cayera la Pascua. Esta interrelación era, como ya se vio al analizar estas fiestas, por el hecho de circunscribirse fuertemente a Jesús. La Pascua era Su muerte, Panes sin levadura es la vida que el cristiano debe vivir y que gira en torno a Jesús, y Primicias representa lo primero de la cosecha, Jesús resucitado, que es acepto por el Padre. Si bien, como se comentó, Primicias se celebraba el primer día de la semana (domingo) siguiente al sábado de la semana en que cayera la Pascua, en el caso específico de cuando fue sacrificado Jesús, Primicias se celebró exactamente a la mitad de la semana de Panes sin levadura, siendo precisamente a la mitad de esa semana cuando Jesús asciende al Padre, con lo que se representa, como ya se dijo, la vida cristiana (toda la semana de Panes sin levadura) que debe girar en torno a Cristo (primicias ascendidas al Padre a la mitad de la semana de Panes sin levadura). Después, cuarenta días después viene la última fiesta de primavera, Pentecostés, que apunta a la venida del Espíritu Santo sobre los elegidos, la iglesia de Dios, que están siendo recogidos en el presente siglo.

 

Después de estas fiestas de primavera vienen lo que se conocen como las fiestas de otoño, las últimas tres fiestas de las siete de Dios: Trompetas, Dia de la Expiación y Tabernáculos. Trompetas tiene su cumplimiento a la segunda venida de Jesús y la resurrección/transformación de los suyos, de los fieles, de aquellos que hayan calificado para ser resucitados/transformados a la venida de Jesús. Día de la Expiación permite que incluso los que no tuvieron la posibilidad de conocer a Jesús tienen en un momento dado esa posibilidad. Tabernáculos tiene su referente en la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero de igual forma se refiere a nosotros cuando lleguemos a ser tabernáculos.

 

Volviendo sobre lo dispuesto en Éxodo 23:11, la normativa al descanso de la tierra el séptimo año apunta precisamente a la fiesta de los Tabernáculos por lo que hay que comprenderla cabalmente para entender el sentido espiritual de aquella disposición material.

 

La última fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de los Tabernáculos. Tabernáculos (sukkōt, סוכות, es una palabra plural que deriva de sukkah,  סוכה‎, y que significa cabaña, tienda tabernáculo; esta última tiene su referente con la palabra mishkán, מִשְׁכָּן, morada, vivienda, tabernáculo). 

Como señala Levítico Levítico 23:34 (Levítico 23:39, 41; Números 29:12) esta fiesta se celebraba “a los quince días de este mes séptimo”, el séptimo mes era Tishri (Septiembre-Octubre), como ya se comentó es la última  fiesta de las tres consideradas de otoño: Trompetas, Expiación, y Tabernáculos.

Las primeras referencias a la palabra tabernáculo las encontramos en Éxodo y se refiere al santuario móvil construido por los israelitas bajo las instrucciones dadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí.

 

Éxodo 25:8-9: Y que hagan un santuario [mishkán, מִשְׁכָּן] para mí, para que yo habite entre ellos. Conforme a todo lo que te voy a mostrar, [conforme] al diseño del tabernáculo [mishkán, מִשְׁכָּן] y al diseño de todo su mobiliario, así [lo] haréis.

 

Lo interesante de Éxodo 25:8-9 es que el Tabernáculo, en palabras de Dios mismo, era “para que yo habite entre ellos” (Éxodo 25-27, 30, contiene las especificaciones de cómo habría de construirse el  Tabernáculo de Éxodo 25:8-9).

En Juan 1:14 tenemos una cita muy conocida, referida a Jesús, que señala como es que “el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. La palabra traducida como “habitó” es eskēnōsen, ἐσκήνωσεν que significa morada, vivienda, tabernáculo, exactamente igual que mishkán, מִשְׁכָּן.

 

Si tradujéramos Juan 1:14 bajo esta premisa sería correcto indicar que “el Verbo se hizo carne, y [levantó su tienda, levantó su tabernáculo] entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

 

Ahora bien, si la palabra para Tabernáculo es mishkán, מִשְׁכָּן, ¿de dónde viene referirse a esta fiesta por sukkōt, סוכות? En las instrucciones dadas por Dios sobre uno de los aspectos que esta fiesta debía de cubrir, contenidos en Levítico 23:39-42, se señala que “en tabernáculos [sukkōt, סוכות ] habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos [sukkōt, סוכות]”, en cumplimiento de esto vemos cómo es que Nehemías 8:17 relata cómo es que después del cautiverio la gente de Israel comenzó de nuevo a celebrar esta fiesta y señala “Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron tabernáculos [sukkōt, סוכות], y en tabernáculos [sukkōt, סוכות]  habitaron; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande”. Así vemos que el pueblo en tiempos de Nehemías, para celebrar esta fiesta, construyó tabernáculos [sukkōt, סוכות].

 

Así que tenemos dos referentes para la palabra Tabernáculo, uno relacionado con el lugar donde mora [vivienda] Dios y Su Hijo, el otro referido con los lugares donde mora [vivienda] su pueblo. De esta forma  la fiesta de los Tabernáculos tiene su referente en la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero de igual forma se refiere a nosotros cuando lleguemos a ser tabernáculos.

 

Siguiendo con el análisis de la fiesta vemos como se menciona en Levítico 23:34, Números 29:12 y Deuteronomio 16:13 que la fiesta de los Tabernáculos debía ser celebrada por el pueblo de Israel durante siete días, siendo el primer día de estos siete de reposo (Levítico 23:36, 39; Números 29:12).  Números 29:13-34 prescribe los holocaustos, ofrendas y libaciones a realizarse en cada uno de estos siete días, pero Levítico 23:39 y Números 29:35 menciona un octavo día de fiesta, el cual también era de reposo, un día que sale o excede los siete propiamente de los siete de la fiesta de los tabernáculos pero que aun así se vincula con ésta. Números 29:36-38 prescribe los holocaustos, ofrendas y libaciones a realizarse en este octavo día. ¿Por qué si la fiesta son siete días existe un octavo día de fiesta? Porque representa dos momentos diferentes de la misma pero íntimamente relacionados.

 

Como ya se comentó, la fiesta de los Tabernáculos tiene un primer referente de la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero esto lleva dos momentos diferentes de los misma pero íntimamente relacionados: los siete días de la fiesta de los Tabernáculos referidos a partir del momento cuando Jesús regresa a regir las naciones (lo cual empieza desde el milenio) y el octavo día de la fiesta de los Tabernáculos referido al momento posterior cuando el Padre habita entre nosotros.

 

Los siete días de la fiesta representan el tiempo de Jesús con los hombres a partir de su segunda venida, ese Jesús “Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.  Sus ojos [son]  como llama de fuego, y [hay]  en su cabeza muchas diademas; y [tiene]  un nombre escrito que ninguno [conoce]  sino él mismo. [Está] vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le [siguen]  en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro [ ]. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Revelación 19:11-16).

El octavo día que excede la fiesta, representa el tiempo del Padre con los hombres cuando todas las cosas sean restauradas y todo sujetado a sus pies para que Él sea todo en todos. Representar ese tiempo como un octavo excedente de la fiesta es precisamente para denotarle como “el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16).

Al respecto 1 Corintios 15:25-28, a manera explicativa, nos habla de esos dos momentos diferentes pero íntimamente relacionados referidos en la fiesta de Tabernáculos:

 

25 Porque preciso es que [Jesús] reine [inicio de Tabernáculos] hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.

28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos [conclusión de Tabernáculos].

 

Esto es muy importante tenerlo en mente pues así como las primeras cuatro fiestas de primavera - Pascua, Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- están íntimamente interrelacionadas formando casi una única secuencia de eventos, de igual forma últimas tres fiestas de otoño -Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- está de igual forma están íntimamente interrelacionadas formando casi una única secuencia de eventos. Esta casi única secuencia de eventos representadas por las tres fiestas de otoño se refieren al regreso de Jesús con la resurrección/transformación de los santos que serán reyes y sacerdotes con Él en el milenio, seguido por el período para que todos los que nunca tuvieron la oportunidad de conocer la Verdad puedan conocerla, ser corregidos (castigados) y puedan optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte, y que concluye con el Padre habitando entre nosotros.

 

Ahora hay que ver también otro aspecto de esta fiesta. Como ya se comentó, la fiesta de los Tabernáculos tiene un primer referente de la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero de igual forma tiene un segundo referente a de la sombra representativa a cumplimentarse en un nosotros al llegar a ser tabernáculos.

 

1 Corintios 3:16 nos pregunta “¿no sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”, así que nosotros somos el templo de Dios y Su Espíritu mora en nosotros. 

 

Si bien somos templo de Dios estamos siendo en este momento edificados, sobre esto Efesios 2:19-20 nos dice “Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular”, de igual forma Colosenses 2:6-7 dice “Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en El; firmemente arraigados y edificados en El y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos, rebosando de gratitud”.

 

Pero este proceso que ahorita se está llevando en nosotros, y que posteriormente estará disponible para toda la humanidad, tiene un fin, Efesios 4:13 nos lo señala al decirnos que durará “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”,  de igual forma Romanos 8:29  dice “porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”, y si somos conformados a la imagen del Hijo, somos conformados a la imagen del Padre, pues como dice Colosenses 1:15 “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”, y esto porque así lo estableció el Padre desde un principio como dice 1 Juan 3:1-2 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él [Jesús]. Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él [Jesús] se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es”. El cumplimiento de este plan sin duda alguna deviene en gozo y alabanza a Dios quien lo hace posible: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se regocijará en mi Dios; porque Él me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia como el novio se engalana con una corona, como la novia se adorna con sus joyas” (Isaías 61:10)

 

¿Cuál es la conclusión de la fiesta de Tabernáculos, que es en sí la complementación del plan de Dios para con la humanidad? “Y te alegrarás [ ] tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones” (Deuteronomio 16:14), ¿y por qué esa alegría, ese gozo? “porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre” (Deuteronomio 16:15).

 

Juan 14:23 resume de manera muy clara y concreta el sentido de esta fiesta al señalar que “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Siendo el resultado de esto, lo que señala Revelación 21:3 cuando dice “Y oí una gran voz del cielo, que decía: «El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios»”.

 

Pero esta conclusión no es el fin de lo que Dios ha pensado desde siempre para Su familia, es apenas el principio, el octavo día que excede a la fiesta, es la sombra de la eternidad que se abre para los hijos de Dios, llenos de Su Santo Espíritu, con Cristo como Rey de Reyes y Señor de Señores.

 

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar.  Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido.  Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios.  Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir» (Revelación 21:1-4).

 

Como se comentó en su momento al analizar la fiesta primaveral de Panes sin levadura, sólo aquella fiesta, Panes sin levadura, y ésta, Tabernáculos, no tienen un referente temporal único en el Nuevo Testamento, es decir, todas las fiestas que Israel celebraba en el Antiguo Testamento apuntan a un momento preciso histórico en la historia de la salvación de la humanidad, sea ya cumplido o por cumplirse, representado por una fecha exacta para su cumplimiento, pero no así Panes sin levadura y Tabernáculos, fiestas que duran siete y siete más un día, respectivamente, que señalan hacia una vida de perfección y santidad, en el caso de Panes sin levadura para la iglesia recogida en la primer siega y para Tabernáculos para el resto de la humanidad recogida al cumplimiento del plan de Dios.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que en el séptimo año nada de lo que crece tiene dueño y está dispuesto para todos, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido al cumplimiento del plan de Dios para con la humanidad en la figura de la séptima de las siete fiestas de Dios, Tabernáculos, la cual tiene su referente en la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros y de igual forma referido a nosotros cuando lleguemos a ser tabernáculos.


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