126. Se debe separar la gran ofrenda de las primicias (teruma) y dársela al sacerdote (Dt. 18:4)


 

“Las primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás”

 

Como parte del pacto que Dios estableció con su pueblo, estipuló que las primicias de los primeros frutos fuesen llevados como ofrendas al Templo esto para que fuesen entregados a los Sacerdotes y Levitas como contraprestación por sus servicios, es decir, para su uso y disposición como parte de su mantenimiento.  Este acto tenía un simbolismo inmediato evidente en el sentido de reconocer las bendiciones de Dios y de otorgarle, en primacía, los primeros frutos que de la tierra se recogiesen. Esta entrega se hacía por medio de sus representantes los Sacerdotes y Levitas.

 

Israel tenía dos tiempos para la cosecha: Uno en primavera y otro en otoño. En primavera se recogían los frutos que por su constitución natural la tierra daba en esa estación (Éxodo 23:16), pero había otros que por su misma naturaleza, no fructificaban sino hasta otoño. Lo señalado por Éxodo 23:19 aplicaba a los primeros frutos de la cosecha de primavera.

 

El cumplimiento de esta disposición se consideraba una de las siete fiestas de Dios: Pascua, Primicias, Panes sin Levadura, y Pentecostés —las cuales eran en primavera—, Trompetas, Expiación, y Tabernáculos —las cuales eran en otoño.

 

A esta fiesta también se le conoce con otros nombres: “fiesta de la siega” y “día de las primicias” (Éxodo 23:16: Números 28:26), así como “fiesta de las semanas” (Éxodo 34:22), esto por las siete semanas más un día (50 días) que debían contarse para determinar cuándo habría de celebrarse (Levítico 23:16). En el Nuevo Testamento se le llama Pentecostés (Hechos 20:16), del griego pentekostos, que significa quincuagésimo (en este caso: día)

 

Más allá de esta cuestión material existe una verdad subyacente en esta fiesta cuya comprensión permite entender el plan de Dios para con la humanidad para lo cual hay que considerar la misma a la luz del cumplimento en el Nuevo Testamento de la sombra que representaba en el Antiguo Testamento.

 

Como ya se comentó Pentecostés  (del griego πεντηκοστή, pentēkostḗ, quincuagésimo- resulta de dividir un todo en 50 partes iguales-), viene de la fiesta de Shavuot. Shavuot (del hebreo שבועות - plural de Shavúa - שבוע, semana), también se le conoce como la fiesta de las semanas (Éxodo 34:22) pues se contaban siete semanas desde el día siguiente en que se había ofrecido la gavilla de la ofrenda mecida -primicias- (Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9) lo que daba cincuenta días (Levítico 23:16), cayendo así en el mes de Siván (Mayo-Junio).  Esta fiesta, la última de primavera, era la fiesta de la cosecha plena (Éxodo 23:16; 34:22) después de las primicias obtenidas cincuenta días antes. En esta fiesta no se hacía ningún trabajo de siervos (Levítico 23:21).

 

El cumplimiento de esta fiesta tiene su referente con la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y Discípulos, precisamente cincuenta días después de la fiesta de las Primicias, como dice Hechos 2:1-42:

 

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?

13 Más otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

16 Más esto es lo dicho por el profeta Joel:

17 Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;

18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;

20 El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;

21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

25 Porque David dice de él:
    Veía al Señor siempre delante de mí;
    Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;

27 Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

28 Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.

29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
    Dijo el Señor a mi Señor:
    Siéntate a mi diestra,

35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 

36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

 

Jesús ya les había dicho a Sus discípulos que era menester que Él partiera para que el Santo Espíritu de nuestro Padre Dios fuese enviado, “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7), el cual les revelaría todas las cosas, “Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26), por eso después de resucitar Jesús se les apareció a sus Apóstoles “durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3), pero partiendo antes de cumplirse los cincuenta días (Hechos 1:9) término en el cual habrían de recibir el Espíritu Santo (Hechos 1:4).

 

Esta fiesta tiene el referente histórico de su primer cumplimiento en Pentecostés, y a partir de ahí continúa el Espíritu Santo siendo derramado en todos aquellos creyentes que una vez bautizados reciben la imposición de manos para ello (Hechos 8:17; 19:6). A partir de Pentecostés ha comenzado la cosecha plena de aquellos que en Sus designios, el Padre ha considerado para ser llamados en esta era (Juan 6:37, 39, 44, 65).

 

Aquí lo interesante es la ofrenda mecida que son “dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura” (Levítico 23:17), ¿por qué es interesante?, porque la ofrenda de Primicias era un pan hecho con “dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin” (Levítico 23:17), este pan de Primicias, como vemos, no tenía levadura,  pues representaba a Cristo, las primicias, y la levadura es un símbolo del pecado (Mateo 16:5-12), pero en la fiesta de pentecostés vemos que los dos panes (no uno, sino dos: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” -Efesios 2:14-), sí tiene levadura pues representa a todos los cristianos que si bien son pecadores han sido rescatados por el sacrificio redentor de Jesús.

 

Ahora bien, por último, la entrega dispuesta en Deuteronomio 18 de estas primicias a Sacerdotes y Levitas prefiguraba el papel de Jesús como nuestro Sumo Sacerdote quien, como ya se señaló, participa en la presente era del recogimiento de aquellos que reinaran con Él lo cual tendrá cumplimiento cuando a su venida éstos sean resucitados/transformados.

 

Hebreos 4

14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

 

Hebreos 5

Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:

Tú eres mi Hijo,

Yo te he engendrado hoy.

Como también dice en otro lugar:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

 

Hebreos 7

11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? 12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; 13 y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. 14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

15 Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, 16 no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. 17 Pues se da testimonio de él:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

20 Y esto no fue hecho sin juramento; 21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero este, con el juramento del que le dijo:

Juró el Señor, y no se arrepentirá:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.

23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; 24 mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe separar la gran ofrenda de las primicias (teruma) y dársela al sacerdote, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido al período actual de la era de la iglesia donde aquellos que han de ser salvos en el presente siglo están siendo recogidos para Dios en la figura de Su iglesia, el Cuerpo de Cristo, quienes buscan ser cualificados para ser con Cristo reyes y sacerdotes en el reino venidero, siendo Él nuestro Sumo Sacerdote quien en la presente era recoge a los suyos teniendo esto pleno  cumplimiento cuando a su venida éstos sean resucitados/transformados. 

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