109. Volverse ritualmente limpio por inmersión ritual (Lv. 15:16)


 

“Cuando el hombre tuviere emisión de semen, lavará en agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche”

 

Como parte del pacto que en su momento hizo Dios con su pueblo, se establecían ciertas prescripciones para purificarse de ciertas acciones que generaban inmundicia, entre esas prescripciones estaba el lavarse para volverse de nuevo ritualmente limpio, basta leer el capítulo 15 de Levítico para darse cuenta de esas indicaciones como parte del proceso para liberarse de la inmundicia en la que se había incurrido, pero ¿hacia qué realidad apunta esa sombra del Antiguo Testamento?

 

Pedro es claro cuando en aquel primer sermón inmediatamente después de Pentecostés, les dice a la multitud “…arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38), de lo cual hace eco Ananías, cuando, enviado por el Señor, va en busca de Pablo y en un momento le dice “Y ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando su nombre” (Hechos 22:16), de igual forma Pedro confirma esto en su primer carta cuando señala “Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21).

 

De esta forma aquel lavamiento que volvía limpio a quien ritualmente estaba inmundo apunta al bautismo, pero más allá de ello ¿qué significado tiene el bautismo en la vida del creyente?

 

Cuando uno responde al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo, esto lo exterioriza a través de la unción, es decir, de la investidura para proceder posteriormente a la función, es decir, el desempeño, ¿cómo es esta investidura?

 

De todas las investiduras, profeta, sacerdote y/o rey, que posterior al pacto abrahamánico y sobre todo sinaítico observamos, la de sacerdote era la más completa, la más compleja y la de mayor solemnidad esto entendido por el desempeño al que estaba siendo llamado: relacionarse directamente con Dios, de igual forma esto queda más que evidente con todas las normas contenidas en las leyes mosaicas respecto de este desempeño, normas que superan las relativas a la función monárquica e incluso a la de profeta.

 

Si bien hay citas que mencionan unciones para ser profeta en la mayoría de los casos esto era directamente dado por Dios a quien fungiría como Su profeta, en el caso de los reyes, la unción de los mismos estaba dada por el derramamiento de aceite sobre su cabeza en un acto de solemnidad real, pero el caso del sacerdote esto era en extremo completo, complejo y solemne:

 

Éxodo 29

Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua.

Y tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod;

y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la diadema santa.

Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás.

Y harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas.

Les ceñirás el cinto a Aarón y a sus hijos, y les atarás las tiaras, y tendrán el sacerdocio por derecho perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos.

 

El caso del cristiano no es diferente, de las tres funciones a las que está llamado, profeta, sacerdote y rey, la de sacerdote es la de mayor solemnidad en cuanto a la unción que representa siendo que la misma abarca el resto de las funciones. De igual forma, y como ya se ha comentado, las leyes relativas a las funciones de profeta, sacerdote y rey  siguen vigentes, aunque han cambiado en su forma y su fondo, adquiriendo una mayor comprensión sobre el alcance y profundidad de las mismas, lo cual puede verse en lo que relativo a la unción se refiere al cristiano.

 

Para esto último, y considerando la cita anterior de Éxodo 29:4-9, podemos identificar que la unción del cristiano lleva los mismos condicionantes: lavamiento, derramamiento de aceite, y el ataviarse, pero para responder a la pregunta ¿cómo es esta unción, esta investidura?, uno debe entender que en última instancia uno se está revistiendo de Cristo:

 

Gálatas 3:27

Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido

 

Así tenemos que el correspondiente del lavatorio del que eran sometidos quienes habían de fungir como sacerdotes referido en el tiempo actual de la iglesia de Dios al bautismo que nos inviste como Cristo, quien es profeta, sacerdote y rey completo, perfecto y santo.

 

Este primer requisito, que por lo mismo se vuelve una norma obligatoria para el posterior desempeño como profeta, sacerdote y rey,

 

Romanos 6

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

 

 

Mateo 28:19

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

 

1 Pedro 3:21

El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

 

Hechos 2

36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

 

Como queda claro el bautismo es por inmersión, para la remisión de pecados, típico del entierro y la resurrección de Jesucristo. Es realizado en el nombre del Señor Jesucristo. Después de la inmersión, se le deben imponer las manos al candidato por el ministro o ministros para la recepción del Espíritu Santo, lo cual estaba simbolizado en la cita ya vista de Éxodo 29:4-9 como el derramamiento del aceite sobre quien habría de fungir como sacerdote:

 

Hechos 8:14-20

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;  los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;  porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.  Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.

 

Hechos 19:1-6

Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos,  les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.  Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.  Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.  Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.  Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

 

La referencia del aceite derramado relativo al Espíritu Santo está dada por la misma Escritura que señala en 1 Juan 2:20,27 “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas… Y en cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero así como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como os ha enseñado, permanecéis en El”.

 

Así que el bautismo, entendido como un todo, es decir, la inmersión en el agua para perdón de los pecados y la inmediata imposición de manos para la recepción del Espíritu Santo, es la primera ley relativa al momento de la unción.

 

Ahora bien, para desempeñar la función como profeta, sacerdote y rey debe uno ataviarse de la manera apropiada, ¿y cuál es esa manera correcta?

 

Efesios 6

11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

 

Este es el atavío óptimo, por decirlo en cierta forma, que el cristiano debe tener para desempeñar sus funciones de profeta, sacerdote y rey, con todo y todo no pueden considerarse como leyes sino más bien como sugerencias para desempeñar con excelencia aquellas funciones, esto quiere decir que en este caso pude faltar algún elemento, o estando presente éste puede ser imperfecto, por lo que uno debe trabajar para reunir todos estos elementos y reunirlos de manera perfecta y santa para lograr con excelencia las funciones encomendadas por el llamamiento recibido, con todo y todo, y a diferencia de esto, el bautismo (inmersión e imposición de manos) sí permanece como necesario, por lo tanto normativamente obligatorios y por ello considerados como parte de las leyes relativas a las funciones de profeta, sacerdote y rey, en este caso referido al momento de la unción.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que uno puede volverse ritualmente limpio por inmersión ritual, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido al bautismo que como símbolo de sepultura, nos limpia de los pecados por el sacrificio redentor de Jesús para que, una vez estando limpios, podamos desempeñar las funciones que como parte del llamamiento al que se ha respondido nos son inherentes, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.


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