107. El cadáver humano es inmundo (Nm. 19:14)

 


“Esta es la ley para cuando alguno muera en la tienda: cualquiera que entre en la tienda, y todo el que esté en ella, será inmundo siete días”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo se tienen varias indicaciones relativas a lo que hace a una persona inmunda, dentro de esas directrices una de las que mayor inmundicia genera es relativa a los cadáveres de las personas.

 

Por ejemplo, Levítico 11:39 señala que quien tocase el cadáver de un animal muerto estaría inmundo hasta la tarde, “Y si algún animal de los que tenéis para comer muere, el que toque su cuerpo muerto quedará impuro hasta el atardecer”, pero en el caso de un cadáver humano dicha inmundicia se extiende durante siete días como lo señala Números 19:14.

 

La cuestión natural de esto es clara: aunque hay enfermedades comunes a personas y animales, son menores las causas de muerte en animales que pueden contagiarse a las personas, esto por las diferencias en las configuraciones genéticas de ambas especies, no así en cuanto a las causas de muerte de alguna persona por alguna enfermedad pues al tratarse de la misma especia es más factible que exista un contagio. Es por eso que el tocar un animal muerte solo ocasionaba una impureza que concluía al atardecer mientras que el tocar una persona muerta generaba una impureza que se extendía siete días. En ambos casos es un plazo perentorio para ver si aquella persona que hubiese tocado alguno de estos cadáveres presentaba algún síntoma de haberse enfermado por contagio.

 

Pero también existe una cuestión espiritual referida precisamente a la relación pecado-muerte. Romanos 6:23 señala claramente que la paga del pecado es la muerte, es por eso que Pablo escribiendo a los de Éfeso les dice “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:5), de esta forma la sombra de aquel cadáver señalado en Números 19:14 apunta a aquellas personas que están muertas, espiritualmente hablando, pero ¿qué implica, espiritualmente hablando, el que alguien por tocar a este tipo de personas se vuelva inmundo siete días?, ¿quiere decir que los elegidos no pueden acercarse a aquellas personas que no han venido a la verdad?

 

Esto requiere abordarse con cuidado. En efecto, lo señalado por Números 19:14 apunta, de manera espiritual, a aquellas en las cuales la muerte reina por culpa del pecado, de igual forma, si un elegido interactúa con ellas corre el riesgo de volverse inmundo, de contaminarse. Pero esto no quiere decir que uno no pueda acercarse a aquellas personas que aún no han venido a la verdad, si así fuese nuestro Señor no nos hubiese comisionado para ello: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16), ¿entonces?

 

Fijémonos de nuevo, detenidamente, en la imagen natural que arroja la lectura de Números 19:14. Cuando se habla de un cadáver forzosa y necesariamente se está hablando de algo o alguien que en un momento estuvo vivo pero que ahora no lo está, ¿te fijas?, es muy distinto al caso de las personas que no han venido aún a salvación ya que éstas, espiritualmente hablando, nunca han estado vivas, pero en el caso de Números 19:14 se apunta a algo o más bien alguien que en un momento estuvo vivo pero que ya no lo está, es decir, a alguien que habiendo venido a la verdad termina por apostatar de ella volviendo al estado de muerte en el que se encontraba. Esto es muy distinto al otro caso de quienes no conocen la verdad y a los cuales uno es enviado a predicar las Buenas Nuevas, en este caso, es decir, en el caso de alguien que ya estuvo vivo, al haber aceptado la redención que deviene del sacrificio redentor de Jesús, y habiendo abjurado de la fe, se encuentra en una situación peor e insalvable, situación que lo vuelve extremadamente inmundo para los elegidos.

 

Hebreos 6

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,

y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,

y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

 

Hebreos 10

26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,

27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.

29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

 

2 Pedro 2

20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

 

1 Juan 5:16

Si alguno ve a su hermano cometiendo un pecado que no lleva a la muerte, pedirá, y por él Dios dará vida a los que cometen pecado que no lleva a la muerte. Hay un pecado que lleva a la muerte; yo no digo que deba pedir por ése.

 

Por eso Pablo escribiendo a los de Corinto les exhorta encarecidamente que a este tipo de personas ni siquiera se le acerque uno.

 

1 Corintios 5

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;

10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.

11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.

 

Es así como los elegidos debemos ir a los que están muertos para, a través de la proclama del Evangelio, venga a vida, aquellos que han de ser salvos; pero debemos cuidarnos de ir, mucho menos de convivir, con aquellos que habiendo venido a salvación han abjurado de la fe renunciando a la vida que en Cristo hay para volverse a aquel estado de muerte en el que se encontraban. Si a pesar de esto uno comienza a convivir con estos últimos, se arriesga a contaminarse, a volverse inmundo, es decir, a comenzar a replicar en uno aquellos pensamientos, emociones y acciones del otro que pueden llevar a perder la salvación representado esto por aquellos siete días de inmundicia mencionados en Números 19:14 que apuntan a las siete fiestas de Dios las cuales a su vez señalan el plan de Dios para con la humanidad.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que el cadáver humano es inmundo, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a aquellas personas que en su momento estuvieron vivas, es decir, que aceptando el sacrificio redentor de Jesús vinieron a salvación y que posteriormente apostatan de la fe para volver a aquel estado de muerte en el que se encontraban, a dichas personas, como también señala la Palabra, uno debe tener mucho cuidado de tratar, de tocar, pues su inmundicia es contagiosa y puede acarrear que uno también sea arrastrado en su apostasía.


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