104. El hombre con flujo es inmundo (Lv. 15:2)
“Hablad
a los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando tuviere flujo de
semen, será inmundo”
Una
de las normativas más difíciles de entender de las contenidas en Levítico es la
referida al tratamiento relativo a aquel que presente un flujo seminal ya que
siendo esto algo natural ¿por qué quien así le sucediere debía ser impuro? y
más aún, ¿por qué debía seguir un rito específico para de nuevo ser considerado
puro? Para entender esto hay que ver el contexto completo ya que como parte de
esto pueden verse dos situaciones diferentes.
Levítico
15
1 Habló
Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
2 Hablad a
los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando tuviere flujo de su
cuerpo, será inmundo.
3 Y esta
será su inmundicia en su flujo: sea que su cuerpo destiló a causa de su flujo,
o que deje de destilar a causa de su flujo, él será inmundo.
4 Toda cama
en que se acostare el que tuviere flujo, será inmunda; y toda cosa sobre que se
sentare, inmunda será.
5 Y
cualquiera que tocare su cama lavará sus vestidos; se lavará también a sí mismo
con agua, y será inmundo hasta la noche.
6 Y el que
se sentare sobre aquello en que se hubiere sentado el que tiene flujo, lavará
sus vestidos, se lavará también a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la
noche.
7 Asimismo
el que tocare el cuerpo del que tiene flujo, lavará sus vestidos, y a sí mismo
se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche.
8 Y si el
que tiene flujo escupiere sobre el limpio, éste lavará sus vestidos, y después
de haberse lavado con agua, será inmundo hasta la noche.
9 Y toda
montura sobre que cabalgare el que tuviere flujo será inmunda.
10 Cualquiera
que tocare cualquiera cosa que haya estado debajo de él, será inmundo hasta la
noche; y el que la llevare, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua,
será inmundo hasta la noche.
11 Y todo
aquel a quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos, lavará
sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche.
12 La vasija
de barro que tocare el que tiene flujo será quebrada, y toda vasija de madera
será lavada con agua.
13 Cuando se
hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, contará siete días desde su
purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en aguas corrientes, y
será limpio.
14 Y el
octavo día tomará dos tórtolas o dos palominos, y vendrá delante de Jehová a la
puerta del tabernáculo de reunión, y los dará al sacerdote;
15 y el
sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y el
sacerdote le purificará de su flujo delante de Jehová.
16 Cuando el hombre tuviere emisión de
semen, lavará en agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche.
17 Y toda vestidura, o toda piel sobre la
cual cayere la emisión del semen, se lavará con agua, y será inmunda hasta la
noche.
18 Y cuando un hombre yaciere con una mujer
y tuviere emisión de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta
la noche.
Recuérdese
que muchas normas levíticas tienden a cuidar la salud del pueblo, siendo este
el caso de Levítico 15:13-15. La inmundicia señalada en esta cita está relacionada
con un flujo anormal de semen lo cual se deduce de Levítico 15:3 cuando señala
“y esta será su inmundicia en su flujo: sea que su cuerpo destiló a causa de su
flujo, o que deje de destilar a causa de su flujo, él será inmundo”, si la
cuestión fuese el flujo normal que en ocasiones sucede no señalaría esta cita “o
que deje de destilar a causa de su flujo”, de ahí se deduce a que Levítico se
está refiriendo, como en el caso de la lepra y demás afecciones, a una
sintomatología patológica que evidencia una enfermedad manifestada por el flujo
seminal anormal.
Ahora
bien, ¿cómo podemos corroborar que este flujo mencionado en Levítico 15:13-15
no es el normal referido al semen sino el referido a una sintomatología
patológica? Porque la palabra para flujo referida en Levítico 15:13-15 es זָ֣ב,
zāḇ, que literalmente significa descarga, flujo o brotar, mientras que en
ese mismo capítulo, más delante, una vez
que se ha determinado como debe tratarse a aquel que tiene este flujo, se
menciona ahora al que tiene flujo seminal: “Cuando el hombre tuviere emisión de
semen, lavará en agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche” (Levítico
15:16), siendo que aquí la expresión para emisión de semen es תֵצֵ֥א מִמֶּ֖נּוּ
שִׁכְבַת זָ֑רַע, zā · ra ' - šiḵ · ḇaṯ - mim
· men · nū - ṯê · ṣê (léase de derecha a izquierda) el
cual literalmente dice emisión de cópula de semen siendo la palabra clave זָ֑רַע, zā · ra ',
que significa semilla, en referencia al semen, a diferencia de la de Levítico
15:13-15 que solo habla de flujo, flujo que no lleva semilla, es decir, aquella
no habla de semen sino de un flujo referido a una sintomatología
patológica.
Para
entender esto hay que comprender que la cuestión relacionada con la inmundicia
implica un estado no apto, no necesariamente apunta al pecado, de esta forma el
señalamiento contenido en Levítico 15:13-15 apunta a una enfermedad cuyo
tratamiento debía tomar en cuenta el apartamiento del sujeto en cuestión con la
finalidad de que ésta enfermedad no contagiara a nadie más empezando por su
esposa pero no circunscribiéndose a ella pues hay enfermedades que se pueden
contagiar con la saliva o el tacto lo cual expandiría el rango de infección de
la misma.
Pero
¿qué aplicación espiritual puede tener esta cuestión? El semen en el hombre es
requerido para la fecundación del óvulo en la mujer, con todo y todo ambos no
son más que un medio para que el poder de Dios se manifieste creando una vida.
Es con esto último por donde debe, espiritualmente hablando, comenzarse: una nueva
vida.
Para
los elegidos que han respondido al llamamiento del Padre para venir a salvación
en el presente siglo, el nacer de nuevo está dado por el bautismo, a esto se le
llama nacer del agua (Juan 3:5-7) siendo el nacer del Espíritu aquella
transmutación que se hará cuando la resurrección/transformación, ahora bien,
¿qué se requiere para este nacer del agua?, se requiere oír y responder al
mensaje de la salvación, “¿cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han
creído?, ¿y cómo creerán en aquel de quien no han oído?, ¿y cómo oirán sin
haber quién les predique?” (Romanos 10:14).
La
relación de la semilla, el semen del hombre, en el contexto de todo el capítulo
15 de Levítico, tiene su contraparte, en la misma línea de lo dicho
anteriormente, con la Palabra: “La parábola es ésta: la semilla es la palabra
de Dios” (Lucas 8:11)
De
esta forma puede entenderse que puede suceder el caso que la proclamación del
Evangelio sea deficiente, sea por que la persona no ha venido a la verdad
contenida en la iglesia de Dios o porque habiendo ya venido a ésta aún no ha
pasado del alimento líquido, las verdades de salvación, los principios
doctrinales, a las verdades de comprensión, como se nos relata, referido a
Apolo en Hechos 18:24-27 quien fue corregido por Priscila y Aquila.
Hechos
18
24 Llegó
entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón
elocuente, poderoso en las Escrituras.
25 Este
había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso,
hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente
conocía el bautismo de Juan.
26 Y comenzó
a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila,
le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.
27 Y queriendo
él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que
le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia
habían creído;
28 porque
con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las
Escrituras que Jesús era el Cristo.
De
esta forma la cuestión material tratada en Levítico 15:13-15 apunta en términos
espirituales a alguien que proclamando el Evangelio incurre en deficiencias en
presentarlo, referido esto a las verdades de salvación, los principios
doctrinales, no a las verdades de comprensión, ¿por qué?, porque mientras que
los principios doctrinales forman parte de esa verdad completa dada una vez y
para siempre a los santos (Judas 3), las verdades de comprensión son aquellas
que pueden estar incompletas ya que en la actualidad en parte conocemos y en
parte profetizamos (1 Corintios 13:9).
Es
porque ello que aquella proclama deficiente de las verdades divinas,
simbolizado por un flujo anormal de semen referido a una sintomatología
patológica que menciona Levítico 15 afecta todo haciéndolo inmundo: la cama (v.
5), lugares para sentarse (v. 6), e incluso las personas que tocaren al que
irregular flujo tiene (v. 7), entre otras cosas. Lo interesante es que ser
requiere de lavar todo ello en agua, siendo que ésta simboliza la Palabra de
Dios (Efesios 5:26), tanto escrita, la Biblia, como hecha carne, Jesús. De esta
forma la corrección de aquella proclama deficiente de las verdades divinas pasa
por la enmienda que deviene de la misma Escritura. Para concluir esto se señala
en el versículo 13 “cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo,
contará siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su
cuerpo en aguas corrientes, y será limpio”, estas aguas vivas se refieren al
Espíritu Santo, “en el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y
alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en
mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto
dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no
había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan
7:37-39), de esta forma, el que acepta la corrección que deviene de la
Escritura de su proclama deficiente de las verdades divinas comienza un andar
nuevo, diferente, guiado por el Espíritu de Dios.
De
esta forma, una vez que alguien siendo edificado corrige la comprensión
deficiente que en cuanto a las verdades de salvación tenía, los principios doctrinales,
debe dejar pasar un tiempo en tanto asimila el nuevo entendimiento con el resto
de las verdades de salvación y con el resto de las verdades de comprensión para
estar en posibilidad de retomar su llamamiento y proclamar de manera más veraz
el Evangelio.
Como
quiera que sea, esa predica deficiente de las verdades de salvación hace a
quien así lo hiciera incurra en una falta, por lo que es requerido un
sacrificio por ese pecado para expiar aquellas. Las dos tórtolas o los dos
palominos que como dice Levítico 15:14 toma al octavo día apunta, como todos los sacrificios del
Antiguo Testamento, a Cristo, el ave que es muerta a la muerte del Mesías por
cuya sangre derramada se nos da la redención y el ave viva al Mesías resucitado
que por esto nos hace coherederos consigo del reino venidero.
1 Pedro 3:18
Porque también Cristo padeció una sola vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la
verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y
no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Colosenses
1:22
sin
embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte,
a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,
Pablo
disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos
Hebreos
10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues
donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que,
hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo,
20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y teniendo
un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.
24 Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Ahora
bien, en este mismo capítulo de Levítico se contempla la emisión natural de
semen, no como parte de un estado patológico, sino como parte de la naturaleza
misma del hombre.
Levítico
15
16 Cuando el hombre tuviere emisión de
semen, lavará en agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche.
17 Y toda vestidura, o toda piel sobre la
cual cayere la emisión del semen, se lavará con agua, y será inmunda hasta la
noche.
18 Y cuando un hombre yaciere con una
mujer y tuviere emisión de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos
hasta la noche.
Para
entender esto hay que comprender, respecto del último versículo, que
significaría yacer con una mujer teniendo una emisión natural de semen. Si como
ya se comentó el semen del hombre representa aquella semilla que simboliza la
Palabra de Dios (Lucas 8:11), el receptáculo de la misma, el vientre de la
mujer, representaría la tierra donde es sembrada, “más la que cayó en buena
tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y
dan fruto con perseverancia” (Lucas 8:15). Corroboración de esta interpretación
la tenemos en Salmos 139:13-16 donde el vientre de la madre es referenciado
como las entrañas de la tierra donde todo hombre es formado.
Salmos
139
13 Porque tú
formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el
vientre de mi madre.
14 Te
alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15 No fue
encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo
de la tierra.
16 Mi
embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
Una
vez aclarado esto, dada la comprensión obtenida hasta aquí donde la simbología
del semen apunta a la Palabra predicada en su forma de las verdades de salvación, ¿qué aplicación espiritual tiene
esto último señalado por Levítico 15 respecto de la emisión natural de semen?
Lo
primero que hay que notar es que en este caso no hay un sacrificio por el
pecado con lo que se concluye que la predica de las verdades de salvación no es
deficiente. Dicha predica puede dar o no fruto, referido esto con lo señalado
en los versículos 16 y 17 donde no hay fruto y lo señalado por el versículo 18
donde está implícito el fruto al yacer con una mujer, pero la predica en sí es
correcta en cuanto a las verdades de salvación, pero entonces ¿qué significa la
inmundicia incurrida y la necesidad de lavarse con agua?
Para
comprenderé esto hay que entender que aunque la predica de las verdades de
salvación sea correcta, lo mismo es incompleto en sí, ¿qué más se requiere?,
por un lado el Espíritu Santo, “el que cree en mí, como ha dicho la Escritura:
``De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva. Pero Él decía esto
del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el
Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado”
(Juan 7:38-39), de igual forma se requiere seguir adquiriendo comprensión
respecto de la Palabra, “maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó
a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola
purificado por el lavamiento del agua con la palabra” (Efesios 5:25-26) para
pasar del alimento líquido, las verdades de salvación, al alimento sólido, las
verdades de comprensión(1 Corintios 3:2) “para que ya no seamos niños
fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema
de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios
4:14), en tanto no se de esto aquella predica de las verdades de salvación está
incompleta. Y esto va para ambos, tanto para el que predica la Palabra como
para el que es Evangelizado, pues el uno tiene responsabilidad para con el otro
y el otro para con el uno.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que el varón con flujo seminal
debe llevar un sacrificio, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido,
el caso del flujo seminal anormal, a todos aquellos que comisionados por el llamamiento
al que han respondido proclaman el Evangelio de manera imperfecta siendo que
una vez corregidos en esto están de nuevo capacitados para reiniciar su obra
conforme a la voluntad del Padre, y en cuanto al flujo seminal normal, referido
a aquellos que predican correctamente las verdades de salvación pero que de
igual forma requieren del Espíritu Santo y de avanzar en la comprensión de las
Escrituras, para que la edificación sea plena, tal cual corresponde a todo hijo
de Dios.
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