91. Además, la carne no comida dentro del tiempo establecido también debe ser quemada (Lv. 7:17)
“y
lo que quedare de la carne del sacrificio hasta el tercer día, será quemado en
el fuego”
Lo
relativo a Levítico 7:17 forma parte de las instrucciones dadas por Dios a su
pueblo como parte de su pacto y debe entenderse en el contexto de lo señalado
relativo a las ofrendas de paz señaladas en ese mismo capítulo.
Levítico
7
11 Y esta es
la ley del sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehová:
12 Si se
ofreciere en acción de gracias, ofrecerá por sacrificio de acción de gracias
tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con
aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite.
13 Con
tortas de pan leudo presentará su ofrenda en el sacrificio de acciones de
gracias de paz.
14 Y de toda
la ofrenda presentará una parte por ofrenda elevada a Jehová, y será del
sacerdote que rociare la sangre de los sacrificios de paz.
15 Y la
carne del sacrificio de paz en acción de gracias se comerá en el día que fuere
ofrecida; no dejarán de ella nada para otro día.
16 Más si el
sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en el día que
ofreciere su sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día siguiente;
17 y lo que
quedare de la carne del sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el
fuego.
18 Si se
comiere de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofreciere no
será acepto, ni le será contado; abominación será, y la persona que de él
comiere llevará su pecado.
19 Y la
carne que tocare alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada. Toda
persona limpia podrá comer la carne;
20 pero la
persona que comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová,
estando inmunda, aquella persona será cortada de entre su pueblo.
21 Además,
la persona que tocare alguna cosa inmunda, inmundicia de hombre, o animal
inmundo, o cualquier abominación inmunda, y comiere la carne del sacrificio de
paz, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de entre su pueblo.
Como
parte de las instrucciones dadas por Dios a su pueblo con motivo del pacto
establecido entre ambos, existían diferentes sacrificios y ofrendas que se
presentaban: los holocaustos eran un símbolo de la entrega total a Dios, los sacrificios
por el pecado y los sacrificios por la culpa eran aquellos que se ofrecían
cuando se habían violado alguna normativa contra Dios, en el primer caso, o
contra el prójimo, en el segundo, mientras que las ofrendas de paz implicaban
una comunión íntima del oferente con Dios.
Pero
existía también la posibilidad, y así lo contemplaban aquellas instrucciones
dadas por Dios como parte de su pacto con su pueblo, para que quien lo desease,
más allá de los holocaustos, los sacrificios por el pecado o por la culpa, o
las ofrendas de paz, se pudiesen presentar ofrendas voluntarias, es decir,
aquellas que no estaban normadas como obligatorias,
necesarias o sugeridas, sino que se circunscribiesen a un deseo espontáneo de
quien así lo hiciese. Los versículos 16 y 17 de Levítico 7 se refieren a ello: “Más si el sacrificio de su ofrenda fuere
voto, o voluntario, será comido en el día que ofreciere su sacrificio, y lo que
de él quedare, lo comerán al día siguiente; y lo que quedare de la carne del
sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el fuego”. Tal vez la pregunta
interesante de esta disposición es ¿por qué dichas ofrendas podían comerse en
el día que eran ofrecidas, incluso al día siguiente, pero al tercer día ya no
debían ser consumidas sino debían ser quemadas?
Primeramente
hay que entender que todas los holocaustos, sacrificios y ofrendas, incluyendo
las ofrendas voluntarias, contenidos en el Antiguo testamento, éstas eran
sombras de lo venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio redentor de
Jesús.
1 Pedro 3:18
Porque también Cristo padeció una sola vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la
verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y
no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Colosenses
1:22
sin
embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte,
a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,
Pablo
disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos
Hebreos
10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues
donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que,
hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo,
20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y
teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.
24 Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
De esta forma todo lo referido a los
holocaustos, sacrificios y ofrendas, incluyendo las ofrendas voluntarias, se
cumple en Cristo: la vida en sí misma —sangre— y la fuerza de ésta —grasa— se
ofrece en holocausto a Dios; los pensamientos —cabeza—, lo externo —piel—, la
manera de caminar —piernas—, lo que se es —carne—, incluso aquello que debe
desecharse de la vida —estiércol—, es quemado fuera del campamento, consumido
como parte de vivir en el mundo, sí, pero si ser parte del mundo, viviendo para
Dios. Ambas cosas están relacionadas, lo último permite lograr lo primero. De
nueva cuenta, como escribe Pablo en Hebreos 10:5-7 “por lo cual, entrando en el
mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo,
oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de
mí”.
De igual forma, si uno es seguidor de
Cristo, una vez aceptado su sacrificio redentor, debe vivir santamente para
Dios, “el que dice que permanece en él [Jesús], debe andar como él anduvo” (1
Juan 2:6), “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1), lo
cual implica ofrecer de igual forma nuestra vida al Padre, no en expiación por
nuestras culpas, lo cual ya fue cumplimentado por Jesús, sino como parte de esa
vida a la que hemos sido traídos al aceptar el llamamiento del Padre para venir
a salvación en el presente siglo: “Así que, hermanos, os ruego por las
misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos
12:1-2).
Pero si las ofrendas voluntarias, como
todos los holocaustos, sacrificios y ofrendas del Antiguo testamento el
sacrificio redentor de Jesús, ¿por qué Levítico 7:16-17 señala que “más si el
sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en el día que
ofreciere su sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día siguiente; y
lo que quedare de la carne del sacrificio hasta el tercer día, será quemado en
el fuego”?
Para entender esto hay que considerar
la simbología referida al diseño de lo que en el Antiguo Testamento se conoce
como el Tabernáculo de Reunión, sobre todo lo relativo a sus medidas.
Respecto del Tabernáculo de Reunión, el
perímetro del Atrio medía 300 codos en total de largo (100 de cada lado sur y
norte –o sea 200 en total- y 50 codos de cada lado occidental y oriental –o sea
100 en total-), de igual forma ese perímetro medía cinco codos de altura, así
se tiene que el área del perímetro del Atrio medía 1,500 codos en total
(resultantes de multiplicar 300 codos de largo del perímetro del Atrio por sus
cinco codos de altura).
Si se continúa enfocándose en las
medidas del Tabernáculo, las siguientes son las relativas al lugar santo, las
cuales que eran de veinte codos de largo, por diez codos de ancho, por diez
codos de alto. El lugar santo, al igual que el lugar santísimo están techados,
lo cual da cubos para los cuales calcular el volumen (a diferencia del
perímetro del Atrio que no está techado por lo que no hay volumen que
calcular), es así como el volumen del lugar santo era de 2,000 codos
(resultantes de multiplicar 20 codos de largo, por veinte codos de ancho, por
veinte codos de alto).
Por último, considerando las medidas
del lugar santísimo que eran de 10 codos de largo, por 10 codos de ancho, por
10 codos de alto, siguiendo la misma argumentación que para el lugar santo, se
tiene que el volumen del lugar santísimo era de 1,000 codos (resultante de
multiplicar 10 codos de largo, por 10 codos de ancho, por 10 codos de alto).
De esta forma, y en resumen, el
perímetro del Tabernáculo medía 1,500 codos lineales, lo que seguía era el
lugar santo que medía en volumen 2,000 codos, por último está el lugar
santísimo que en volumen medía 1,000 codos. ¿Qué podían significar estas medidas?
Aparte de las medidas en sí, hay que
considerar que las mismas van apareciendo ante cualquiera que accediese al
Tabernáculo en ese orden, es decir, primero se encontraría uno con el perímetro
del Tabernáculo, luego con el lugar santo, y luego con el lugar santísimo. En
ese orden de ideas, ¿dónde encontramos una sucesión cronológica de eventos
relacionados con los números 1,500, 2,000 y 1,000? Para el estudioso de las
Escrituras esto no representa mayor problema pues la historia misma de la
salvación entrega de manera específica, y no sólo específica sino incluso
exclusiva para evitar confusiones, esa sucesión numérica, a saber: 1,500 años
relativos a la era de las leyes mosaicas, 2,000 años relativos a la era de la
iglesia, y 1,000 años relativos al milenio.
De igual forma el referente a
alimentarnos de la ofrenda voluntaria simboliza ese alimentarnos de Cristo a
través de su Palabra y de su testimonio.
Juan
6:48-49: “Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el
maná, y murieron”.
Juan
6:51: “Yo soy el pan, el vivo, el del cielo descendido; si alguno comiere de
este pan, vivirá por el siglo. Y el pan también que yo daré, la carne mía, es
por la del mundo vida”.
Juan
6:55: “Pues mi carne, verdadera es comida, y mi sangre, verdadera es bebida”.
Juan
6:57: “Según me ha enviado, el vivo, Padre y yo vivo por el Padre, también el
que me come, también aquél vivirá por mí”.
Juan
6:58: “Este es el pan el del cielo descendido; no según comieron los padres, y
murieron; el que come este pan vivirá por el siglo”.
Juan
6:35: “Díjoles Jesús: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí, no
hambreará, no; y el que cree en mí, no tendrá sed, no, jamás»”.
Mateo
4:4: “Y él respondiendo dijo: «Escrito está»: No de pan sólo vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»”.
Mateo
26:26: “Y, comiendo ellos, tomando Jesús pan y bendiciendo, partió, y, dando a
los discípulos, dijo: «Tomad, comed; éste es mi cuerpo»”.
De esta forma, lo señalado por Levítico
7:16-17 en el sentido de que “más si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o
voluntario, será comido en el día que ofreciere su sacrificio, y lo que de él
quedare, lo comerán al día siguiente; y lo que quedare de la carne del
sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el fuego”, se refiere, en el
caso de los dos días dados para lo señalado, los dos mil años de salvación referidos
a la era de la iglesia, recordemos “que para con el Señor un día es como mil
años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8), siendo que el tiempo de salvación
es este, ahora, pero llegará el momento en que el mismo cese siendo que a la venida
de Cristo solo aquellos que habiendo sido llamados y elegidos hayan permanecido
fieles. Estos son los que a su regreso serán resucitados/transformados para
reinar con Cristo en lo que se conoce como el Milenio.
El Milenio, conocido como el reinado
de mil años de Cristo en la tierra, es el tiempo cuando “Los mansos heredaran
la tierra.” Los Santos morarán en seguridad y paz, y regirán las naciones y
gente que quede después de la batalla del Armagedón (Mateo 6:9-10; Mateo 5:5;
Salmo 37:11; I Corintios 15:24-28; Zacarías 14:9; Revelación 2:26-27; 5:9-10; Revelación
12:5; 17:14; 19:15-16).
Con esa comprensión puede entenderse
esa parte de Levítico 7:16-17 que señala que “lo que quedare de la carne del
sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el fuego” ya que la misma se
refiere a todos aquellos que no fueron considerados dignos de ser resucitados/transformados
al regreso de Cristo, aquellos otros muertos a los que se refiere Revelación 20:5,
los cuales serán levantados al final del Milenio para juicio, por eso la
referencia al fuego, como dijo Jesús en su momento “porque todos serán salados
con fuego” (Marcos 9:49), esto en el contexto de aquel juicio que enfrentaran
quienes en el tiempo presente desoyen el llamamiento del Padre para venir a salvación.
Marcos 9
43 Si tu
mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco,
que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,
44 donde el gusano de ellos
no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere
ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos
pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,
46 donde el gusano de ellos
no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere
ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que
teniendo dos ojos ser echado al infierno,
48 donde el gusano de ellos
no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados
con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que la carne no
comida dentro del tiempo establecido también debe ser quemada sigue vigente,
más sin embargo espiritualizado referido a aquellos que desoyendo el llamamiento
del Padre para venir a salvación en el presente siglo no son considerados
dignos de ser resucitados/transformados al regreso de Jesús ni de reinar con Él
en el Milenio, siendo levantados después de éste para enfrentar juicio.

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