90. Pero la carne consagrada que se ha vuelto ritualmente inmunda debe ser quemada (Lv. 7:19)
“Y la carne que tocare alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada. Toda persona limpia podrá comer la carne”
Lo
relativo a Levítico 7:19 forma parte de las instrucciones dadas por Dios a su
pueblo como parte de su pacto y debe entenderse en el contexto de lo señalado
relativo a las ofrendas de paz señaladas en ese mismo capítulo.
Levítico
7
11 Y esta es
la ley del sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehová:
12 Si se ofreciere en acción
de gracias, ofrecerá por sacrificio de acción de gracias tortas sin levadura
amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de
harina frita en tortas amasadas con aceite.
13 Con tortas de pan leudo
presentará su ofrenda en el sacrificio de acciones de gracias de paz.
14 Y de toda la ofrenda
presentará una parte por ofrenda elevada a Jehová, y será del sacerdote que
rociare la sangre de los sacrificios de paz.
15 Y la carne del sacrificio
de paz en acción de gracias se comerá en el día que fuere ofrecida; no dejarán
de ella nada para otro día.
16 Más si el sacrificio de su
ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en el día que ofreciere su
sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día siguiente;
17 y lo que quedare de la
carne del sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el fuego.
18 Si se comiere de la carne
del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le
será contado; abominación será, y la persona que de él comiere llevará su
pecado.
19 Y la carne que tocare
alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada. Toda persona limpia
podrá comer la carne;
20 pero la persona que
comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, estando inmunda,
aquella persona será cortada de entre su pueblo.
21 Además, la persona que
tocare alguna cosa inmunda, inmundicia de hombre, o animal inmundo, o cualquier
abominación inmunda, y comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de
Jehová, aquella persona será cortada de entre su pueblo.
Con
todo y todo, para entender a cabalidad lo relativo a lo señalado, ha de
entenderse primeramente qué simbolizaban las ofrendas de paz.
Levítico
3 contiene las prescripciones establecidas por Dios como parte de Su pacto con
Su pueblo respecto de las ofrendas de paz, las cuales, como señala el versículo
5, eran “ofrenda[s] de olor grato para Jehová”.
Las
ofrendas de paz, a diferencia de las ofrendas por el pecado o por la culpa, no
buscaban resarcir alguna transgresión hecha contra Dios o contra el prójimo,
sino que evidenciaba un acto voluntario de cercanía, de agradecimiento, con
Dios.
Respecto
del procedimiento, el oferente llevaba el animal para la ofrenda —el cual podía ser macho o
hembra de ganado vacuno, de cordero, o de cabra— y ponía sus manos sobre éste,
luego el mismo era degollado y el sacerdote derramaba la sangre de éste
alrededor del altar de bronce que estaba en el atrio; de la ofrenda se tomaba la grasa que cubría
los intestinos, los dos riñones y la grasa que estaba sobre ellos, la grasa que
estaba sobre el hígado haciendo arder todo esto sobre el altar de bronce.
De
manera general, si bien Levítico es material de un estudio por sí mismo, es
importante destacar algo respecto de los holocaustos, ofrendas y sacrificios.
Al ir leyendo Levítico, aparte de los diferentes holocaustos, ofrendas y
sacrificios que se encontrarán dependiendo de la intención y del oferente,
puede uno ir viendo que hay un tratamiento especial para ciertas partes de lo
que se ofrece como holocausto, ofrenda o sacrificio.
De
manera especial y reiterativa se menciona, respecto de los holocaustos,
ofrendas y sacrificios, las maneras en que debían de disponerse en estos de la
sangre (Levítico 1:5, 11), la cabeza y el sebo (1:8, 12), las entrañas y las
patas (1:9, 13), y los riñones y el sebo (3:3-4, 9-10, 14-15). Todas estas
sombras tiene su realización plena, en cuanto a significado, en la frase “Y
amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus
fuerzas” (Deuteronomio 6:5; Mateo 22:37). La sangre representa toda la vida en
sí (Levítico 17:11), la cabeza representa los pensamientos, es decir, lo que
creemos (Deuteronomio 6:8), el sebo, las entrañas y los riñones nuestro
interior, sobre todo la fuerza (Job 30:27), las patas nuestro andar, es decir lo que hacemos
(Jeremías 6:16; Oseas 14:9), en cuanto al estiércol éste representa aquello que
debe ser desechado de la vida propia (Deuteronomio 23:13) para vivir solo para
Dios. De esta forma las sombras del trato especial a estas partes de los
holocaustos, ofrendas y sacrificios eran un referente de la manera en que uno
debe entregarse a Dios: con toda nuestra mente, nuestro corazón, nuestra
voluntad, nuestras fuerzas, nuestro ser; lo que pensamos, hacemos, decimos,
sentimos.
Ahora
bien, en el caso específico de las ofrendas de paz, éstas eran sombras de lo
venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio redentor de Jesús.
1 Pedro 3:18
Porque también Cristo padeció una sola vez por
los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la
verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y
no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Colosenses
1:22
sin
embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte,
a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,
Pablo
disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos
Hebreos
10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues
donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que,
hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de
Jesucristo,
20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y
teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.
24 Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Y específicamente a la cuestión
relativa a las ofrendas de paz, Pablo escribiendo a los Efesios establece la
relación de ésta última con el sacrificio redentor de Jesús.
Efesios 2
14 Porque él
es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia
de separación,
15 aboliendo
en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre,
haciendo la paz,
16 y
mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando
en ella las enemistades.
17 Y vino y
anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que
estaban cerca;
De esta forma todo lo referido a la
ofrenda de paz se cumple en Cristo: la
vida en sí misma —sangre— y la fuerza de ésta —grasa— se ofrece en holocausto a
Dios; los pensamientos —cabeza—, lo externo —piel—, la manera de caminar
—piernas—, lo que se es —carne—, incluso aquello que debe desecharse de la vida
—estiércol—, es quemado fuera del campamento, consumido como parte de vivir en
el mundo, sí, pero si ser parte del mundo, viviendo para Dios. Ambas cosas
están relacionadas, lo último permite lograr lo primero. De nueva cuenta, como
escribe Pablo en Hebreos 10:5-7 “por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio
y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por
el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer
tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí”.
De igual forma, si uno es seguidor de
Cristo, una vez aceptado su sacrificio redentor, debe vivir santamente para
Dios, “el que dice que permanece en él [Jesús], debe andar como él anduvo” (1
Juan 2:6), “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1), lo
cual implica ofrecer de igual forma nuestra vida al Padre, no en expiación por
nuestras culpas, lo cual ya fue cumplimentado por Jesús, sino como parte de esa
vida a la que hemos sido traídos al aceptar el llamamiento del Padre para venir
a salvación en el presente siglo: “Así que, hermanos, os ruego por las
misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos
12:1-2).
Pero si las ofrendas de paz
prefiguraban, como todos los holocaustos, sacrificios y ofrendas del Antiguo
testamento el sacrificio redentor de Jesús, ¿por qué Levítico 7:19 señala que “y
la carne que tocare alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada.
Toda persona limpia podrá comer la carne”?
Como
ya se señaló, Las ofrendas de paz, a diferencia de las ofrendas por el pecado o
por la culpa, no buscaban resarcir alguna transgresión hecha contra Dios o
contra el prójimo, sino que evidenciaba un acto voluntario de cercanía, de
agradecimiento, con Dios.
La
ofrenda de paz, prefigurando al Mesías, apunta a la única manera en que tenemos
de acercarnos a Dios, “porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y
los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5) “y en ningún otro [aparte de Jesús]
hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en
el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Ahora
bien, relativo a lo que señala Levítico 7:19 de que “y la carne que tocare
alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada. Toda persona limpia
podrá comer la carne”, como puede verse el problema no está en la ofrenda de
paz sino que la misma ha sido contaminada por un elemento ajeno, extraño a
ella.
Dios
es muy claro al respecto en cuanto a abstenernos de mezclar su culto con
elementos extraños, tratando de mejorar lo que expresamente se nos ha dicho, pues
seremos como aquellos hijos de Aarón, Nadab y Abiú quienes ofrecieron un fuego
extraño, algo que no les había sido mandado, siendo destruidos por ello (Levítico
10:1-10).
Éxodo
23
20 He aquí
yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te
introduzca en el lugar que yo he preparado.
21 Guárdate delante de él, y
oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque
mi nombre está en él.
22 Pero si en verdad oyeres
su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y
afligiré a los que te afligieren.
23 Porque mi Angel irá
delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo,
del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.
24 No te inclinarás a sus
dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del
todo, y quebrarás totalmente sus estatuas.
Deuteronomio 7
1 Cuando
Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para
tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al
gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete
naciones mayores y más poderosas que tú,
2 y Jehová tu Dios las haya
entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no
harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.
3 Y no emparentarás con
ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.
4 Porque desviará a tu hijo
de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá
sobre vosotros, y te destruirá pronto.
5 Mas así habéis de hacer
con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis
sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
Deuteronomio 12
29 Cuando
Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para
poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra,
30 guárdate que no tropieces
yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes
acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a
sus dioses, yo también les serviré.
31 No harás así a Jehová tu
Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus
dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses.
32 Cuidarás de hacer todo lo
que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.
De igual forma Pablo es
reiterativo al respecto.
1 Corintios 10
14 Por
tanto, amados míos, huid de la idolatría.
15 Como a sensatos os hablo; juzgad
vosotros lo que digo.
16 La copa de bendición que
bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no
es la comunión del cuerpo de Cristo?
17 Siendo uno solo el pan,
nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel
mismo pan.
18 Mirad a Israel según la
carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar?
19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el
ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?
20 Antes digo que lo que los
gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no
quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.
21 No podéis beber la copa
del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del
Señor, y de la mesa de los demonios.
22 ¿O provocaremos a celos al
Señor? ¿Somos más fuertes que él?
2 Corintios 6
14 No os
unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la
justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?
15 ¿Y qué concordia Cristo
con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?
16 ¿Y qué
acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el
templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré
y andaré entre ellos,
Y seré su
Dios,
Y ellos
serán mi pueblo.
17 Por lo
cual,
Salid de
en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no
toquéis lo inmundo;
Y yo os
recibiré,
18 Y seré
para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor
Todopoderoso.
Cristo
es el único medio que tenemos para acercarnos al Padre, pero —y esto es muy
importante— debe ser de la forma en que Dios lo ha establecido, cambiar algo o
incorporar cuestiones ajenas para mejorarlo lo único que hace es contaminar la
ofrenda de paz y lo que debía ser una comunión íntima con Dios por medio de
Cristo se vuelve algo abominable para Dios.
Curiosamente,
a la par de la iglesia de Dios, estos dos mil años han estado matizados para la
existencia de la iglesia romana, y las que de ella salieron, que han caído en
aquella admonición cambiando lo establecido por la Palabra siguiendo sus
propios pensamientos siendo la principal argumentación aquella supuesta
autoridad que Jesús les dio para atar y desatar (Mateo 16:19; 18:18), pero ¿será
esto así?
Jesús en su momento claramente señaló “no
penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para
abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra,
ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De
manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y
así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos;
mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino
de los cielos.” (Mateo 5:17-19). Luego entonces Jesús en ningún momento fue
contra la Escritura, al contrario, la confirmó, la cumplió y la validó, ¿sus
discípulos tendrían aún mayor autoridad para que aquel atar y desatar les
facultase para hacer lo que Cristo no pudo? “El discípulo no es más que su
maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al
siervo como su señor” (Mateo 10:24-25). Si Jesús no cambió, abrogó o invalidó
la Palabra y sus discípulos no son más que Él, ¿cómo pueden ellos arrogarse una
facultad mayor que la de Él para cambiar algo o incorporar cuestiones ajena a
lo que Dios ha establecido relativo a la relación con Él?
Y
entonces ¿cómo entender aquella facultad de Jesús dada a los suyos para atar y
desatar? Claramente se refiere a la necesaria facultad dada a las autoridades
de la iglesia para decidir sobre cuestiones —culturales, sociales, éticas— que
necesariamente con el tiempo se enfrentaría la iglesia, pero esas decisiones
siempre deberían ir de acuerdo a la Palabra, tanto la escrita como la hecha
carne, siendo que así establecidas serían de observancia para la iglesia en
tanto no se resolviera en otro sentido, hacer contrariamente a esto implicaría cambiar
algo o incorporar cuestiones ajenas a aquello establecido por Dios contaminando
nuestra relación con Él.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que la carne
consagrada que se ha vuelto ritualmente inmunda debe ser quemada sigue vigente,
más sin embargo espiritualizado referido a cuidarnos de cambiar algo o
incorporar cuestiones ajenas a aquello establecido por Dios contaminando
nuestra relación con Él.

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